Índice
Introducción
Capítulo 1 una llamada inesperada
Capítulo 2 un espacio seguro
Capítulo 3 un termómetro para las emociones
Capítulo 4 agua oxigenada para los pensamientos
Capítulo 5 la radiografía de tus emociones
Capítulo 6 analgésicos para las preocupaciones
Capítulo 7 pinzas y alcohol - desinfectando creencias y retirando obstáculos en la comunicación y los límites
Capítulo 8 árnica para los días difíciles
Capítulo 9 las vendas de las respuestas sociales
Capítulo 10 aspirina de autocompasión y aceptación radical
Capítulo 11 dosis de autocuidado
Capítulo 12 decir hola, en lugar de adiós
Introducción
Escribir este libro me hizo sentir muy vulnerable, no es que sea algo malo, simplemente te coloca en una posición donde, así como en terapia, expresas tus emociones, pensamientos, creencias e ideas. La diferencia es que, en lugar de quedarse en el espacio confidencial de la terapia, todo queda escrito para ser leído por otras personas. ¿Miedo? Sí y mucho.
Recuerdo que cuando escribí mi primer libro, Manual de las emociones, lloré durante días. Sentía que mis palabras no eran suficientes. Mi hermano me dijo: “Es una obra que vas a abandonar”. Al principio, no entendí, pero luego me di cuenta de que se refería a que, si esperaba a que algo fuera perfecto, nunca lo terminaría. Así que, al igual que con ese primer libro, decido “abandonar” la idea de que este tiene que ser perfecto. No prometo perfección, pero sí un viaje de introspección, curiosidad y, sobre todo, vulnerabilidad.
El miedo sigue presente, pero ha sido más llevadero gracias a la gente maravillosa que me rodea. Agradezco de todo corazón a mi esposo, familia, amistades, colegas, a mi editora, al equipo de Penguin Random House y a las personas que siguen la cuenta de @1minutodepsicologia por permitirme sentir, compartir y ser vulnerable en un espacio seguro.
Este libro nace de las muchas lecciones que he aprendido como terapeuta que trabaja con las infancias. Cada sesión me sorprende con las innumerables maneras en que los niños encuentran soluciones a problemas complejos. Me maravilla cómo abordan temas complicados sin los prejuicios y la rigidez que solemos adquirir en la adultez. A través de sus voces, he aprendido tanto y he recordado que mi propia curiosidad sigue viva, haciéndose preguntas sin juzgarse severamente. O al menos, eso intento.
Espero que, al terminar este libro, al menos te lleves un pedazo de las reflexiones y emociones que experimenté durante su escritura. Y que encuentres en estas páginas un poco de la vulnerabilidad y curiosidad que me guiaron en este viaje.
capítulo 1 una llamada inesperada
El teléfono retumba en la habitación, rompiendo el silencio de la noche. Con manos temblorosas, lo alcanzo y deslizo para descolgar. Siento las últimas vibraciones contra mis dedos.
—¿Hola? —mi voz temblorosa apenas logra articular la palabra, mientras trato de entender quién podría estar llamando a estas horas.
—911, ¿cuál es su emergencia? —la voz al otro lado es firme y serena, pero algo me desconcierta. Es una voz que yo conozco, pero ¿de dónde?
—Lo siento, debe haber algún error. ¿Por qué me están llamando desde el 911? —mis pensamientos se enredan en un torbellino de confusión y ansiedad.
—Escucha con atención, necesito que estés en calma y sigas mis instrucciones —la voz es firme, sin dejar espacio para la discusión.
—¿Quién eres tú?, ¿por qué estás llamando desde el 911? —mi voz tiembla, buscando respuestas en la oscuridad.
Y entonces, como un eco del pasado, una voz resuena en mi mente.
—¿Estás bien? —una voz infantil, inocente y preocupada al mismo tiempo. Una voz que conozco demasiado bien, pero que no había escuchado en años.
—¿Quién… quién eres tú? —mis palabras salen entrecortadas, la confusión se apodera de mí.
—Soy… soy tú —la respuesta es apenas un susurro, pero resuena en lo más profundo de mi ser.
Cierro los ojos con sorpresa, tratando de procesar lo que acabo de escuchar. ¿Yo? ¿Cómo es posible? Mi mente se tambalea, incapaz de comprender lo surreal de la situación. ¿Cómo puedo estar del otro lado de esta llamada si estoy aquí, agarrando el teléfono en mi propia habitación? Las preguntas se amontonan en mi mente, cada una más desconcertante que la anterior.
—¿Qué… qué está pasando? —mi voz sale entrecortada, reflejando mi confusión y creciente ansiedad.
—No hay tiempo para explicaciones ahora. Quiero que me escuches y sigas mis instrucciones.
Abro los ojos con sorpresa, miro el teléfono como si pudiera ver a través de él. Y de repente, como si el mundo se desvaneciera a mi alrededor, me veo a mí. No como soy ahora, sino como era hace ya varios años. De vuelta en la cama de mi habitación, llena de juguetes y sueños infantiles.
—¿Qué… qué está pasando? —mi voz tiembla con emoción y confusión.
—¿Estás sintiendo eso? Todo lo que guardaste en lo más profundo, las emociones que creíste olvidadas. Supe que necesitabas escucharme —la voz de mi yo infantil suena sabia, más allá de su corta edad.
—Sí, pero ¿cómo…? —mis palabras se pierden en la incredulidad.
—No importa cómo; lo importante es que estás aquí y ahora, sintiendo, y puedo ayudarte a entenderlo. ¿Dónde estás? —la voz resuena con una calma reconfortante, como un faro en medio de la oscuridad emocional.
Con el teléfono todavía en mi mano me sumerjo en un viaje emocional que me lleva de regreso a la infancia, explorando los recuerdos y las emociones que habían estado enterrados durante tanto tiempo.
—Estoy en una habitación oscura, siento que no puedo ver nada. Todo es tan confuso, no puedo ver hacia dónde voy, no tengo idea de qué hacer ni por dónde empezar, y la desesperación es abrumadora.
—Eso suena difícil, lo siento mucho. Quiero que escuches mi voz, estoy aquí contigo acompañándote. ¿Puedes respirar profundo junto conmigo mientras seguimos hablando?
—Sí, supongo…
—¿Te puedo hacer unas preguntas?
—Sí…
—¿Me puedes decir cómo es el lugar donde estás?, ¿qué emociones sientes?, ¿qué sientes en el cuerpo?
—Es como si estuviera en una habitación sin luz. Las emociones son tan intensas que siento que me envuelven y no me permiten avanzar. Siento un nudo en el estómago.
—Sí que parece un lugar complicado. Con razón estás sintiendo todo esto. Estar en una habitación sin luz… a veces me da miedo la oscuridad. Aunque me han dicho que la oscuridad simplemente es algo sin luz, pero el miedo no se me quita. Cuando estoy en mi habitación oscura imagino que tengo una linterna en mi mano. ¿Alguna vez has intentado usar tu imaginación?
—Mmm… pues hace tiempo que no la uso, no sé cómo podría ayudarme en este momento.
—Ah, yo te explico. ¿Puedo ser tu guía en este espacio oscuro? Al fin y al cabo, ya nos conocemos.
—Sí, claro.
—Quiero que imagines que tienes en tu mano una linterna y que cuando comienzas a iluminar la habitación enfrente de ti encuentras un botiquín. ¿Lo puedes ver? Puede ser difícil verlo ahora, pero está ahí. ¿Puedes sentirlo?
—Sí, es una caja, me la estoy imaginando como un botiquín de emergencia.
—¡Súper! Este botiquín nos ayudará muchísimo. ¿Sabes lo que hay dentro?
—Pues supongo que alcohol, banditas y agua oxigenada.
—Éste es un botiquín diferente, este botiquín nos ayudará a entender las emociones y pensamientos. Con éste podremos ver nuestros recursos, herramientas y muchas cosas más. Me estoy emocionando sólo de imaginar lo que nos espera al abrirlo. También te va a ayudar a entender por qué he tenido que llamarte desde el 911.
—¿Cómo puedo abrirlo? ¿Qué hay dentro?
—Espera, espera… Antes de abrirlo te voy a enseñar a surfear.
—¿A qué?, ¿qué tiene que ver surfear con lo que está pasando y con el botiquín?
—Confía en mí. Sigue conmigo… Siéntate o acuéstate en un lugar cómodo. Pon tu mano en tu estómago y siente cómo se infla y se desinfla con cada respiración, como si fueran olas del mar que suben y bajan. ¿Puedes sentir cómo entra y sale de tu cuerpo el aire?
—Puedo sentir mi respiración agitada.
—Eso significa que el mar está agitado en este momento, como cuando el agua está revuelta. Vamos a darle chance a tu cuerpo de que sienta seguridad en lo que esperamos a que se calme ese mar. ¿Qué emociones estás sintiendo en este momento? No se vale juzgarte, ¿eh?
—Pero ¿y si no sé lo que estoy sintiendo?
—En ocasiones es difícil saber qué sentimos, a mí hay veces que me pasa igual. ¿Te digo qué me ayuda a mí?
—Sí, por favor.
—Me ayuda primero pensar si lo que estoy sintiendo me hace sentir bien o me hace sentir mal, si es algo que me gusta o no. Luego pienso si es algo muy fuerte. ¿Me lo imagino como si fuera electricidad, se sentiría como algo que me mueve mucho, que me quita energía o como si me apachurrara?
—Voy entendiendo.
—También me ayuda mucho si le pongo un color, una forma, tamaño o hasta una textura. Le puedes dar el nombre que tú quieras, no hay respuesta equivocada.
—Ya lo tengo.
—Ahora quiero que prestes atención a tu cuerpo. Observa muy atentamente lo que sientes sin juzgarte, ve cada rincón de tu cuerpo como si fueras un explorador. Ahora, mientras sigues explorando vamos a respirar lento y profundo.
—¿Por la nariz o por la boca?
—Tú elige lo que sea más fácil y cómodo. A veces será más fácil de una manera que de otra. Inhala contando hasta cuatro segundos, paramos la respiración por cuatro segundos y luego exhala por otros cuatro segundos. ¿Puedes sentir cómo llena tus pulmones el aire y luego sale lentamente? Hazlo varias veces… lento y profundo, se llenan y se vacían. Puedo escucharte, ¡lo estás haciendo muy bien! Sigue así.
—Gracias, hago lo mejor que puedo.
—¡Muy bien! Ahora vamos a usar otra vez nuestra imaginación. Imagina que la emoción que me platicabas es como una ola en el mar. Quiero que veas cómo esa ola se hace grande y más grande poco a poco y llega hasta muy alto. Sigue respirando lento y profundo conmigo, aquí estoy contigo.
—Es grande.
—Está bien sentir lo grande de la ola, la podemos ver hasta lo alto. Crece y llega hasta lo máximo que puede llegar y luego empieza a hacerse pequeña y más pequeña. Es como si tu respiración la estuviera guiando hacia abajo, como cuando una ola se aleja en la playa. La ola, antes grandota, comienza a cambiar y hacerse poco a poco más pequeña. ¿Puedes sentir cómo la emoción se va haciendo más chiquita?
—Sí, empieza a disminuir.
—Seguimos viendo cómo la emoción poco a poco se aleja suavemente y la ola también. Tu respiración se une con el ritmo natural de la marea. Respira y deja que la emoción se vaya poco a poco. ¿Cómo está el mar?, ¿sigue revuelto?
—No, ya está más en calma.
—No lo había visto de esa forma, pero es verdad que algunas emociones se sienten como una gran ola que te arrastra o que te provocan la sensación de que te vas a ahogar.
—¡Sí! Algunas llegan muy fuerte como si se estrellaran, otras se deslizan suavecito, pero algo que he visto es que siempre van y vienen. Nunca se quedan. No podemos decirles a las olas del mar que dejen de llegar, eso sería como pedirle al sol que deje de salir. Pero podemos prestarles atención para que no nos tumben, no sentir que nos ahogamos ni que nos arrastran… sino aprender a manejarlas, a poder “surfearlas”.
—Claro, es como cuando una ola suave llega y flotamos sobre ésta, nos lleva suavecito. No sentimos desesperación, sino que fluimos con ella.
—Sí, mira cómo sube y baja esta ola del mar, nos recuerda lo que siente nuestro cuerpo y las emociones que nos hacen humanos. No podemos controlarlas, pero sí decidir qué hacer con ellas. Van y vienen, no se quedan para siempre. Aprender a “surfearlas” me ayuda mucho a sentirme mejor cuando las cosas se ponen difíciles. Así aprendo a “surfear” las mareas emocionales de la vida.
A medida que practicas el ejercicio sientes que algo ha cambiado en la habitación oscura. La oscuridad emocional cede ante la luz tenue que proviene del botiquín emocional. Esta luz tenue te permite ver la manija del botiquín para poder abrirlo. Al acercar tu mano al botiquín puedes sentir el borde de la manija y jalarla lentamente. Al observarlos por completo te percatas de que cuenta con compartimentos adicionales, cada uno esperando a ser explorado. Cada compartimento es un recurso que se agrega al botiquín emocional. Al abrirlos, notas cómo cada herramienta se entrelaza con las demás, formando una red de apoyo integral.
Como un rompecabezas emocional, cada capítulo agrega una pieza, revelando la imagen completa de tu bienestar emocional.
La experiencia se vuelve intrigante, pues no sabes qué revelará el siguiente capítulo ni qué tesoros esconde el siguiente compartimento. El botiquín emocional se va abriendo, no de golpe, sino poco a poco, como si la narrativa misma fuera la llave que despierta su interior, guiándote por un viaje emocional transformador.
Este ejercicio es sólo el comienzo. El botiquín emocional se abrirá aún más a medida que continuemos esta travesía en conjunto. Estaré aquí contigo en cada paso del camino. Te doy la bienvenida a Emociones 911, ¿qué hago con lo que siento? Un libro lleno de información psicoeducativa y de ejercicios dinámicos para entender más sobre las emociones, pensamientos, sensaciones corporales y otras formas en las que respondemos ante acontecimientos de la vida. Este manual de ejercicios será una guía para que puedas construir paso a paso tu propio botiquín, lleno de herramientas funcionales y adecuadas para ti y tu estilo de vida. ¿Nos preparamos para construirlo?
capítulo 2 un espacio seguro
—Antes de seguir con el botiquín, vamos a construir un espacio seguro juntxs, ¿sale? —dijo esa voz infantil con entusiasmo y seguridad.
—¿Un espacio seguro? —repetí con escepticismo—. Pero ¿tú qué vas a saber de eso si eres pequeñín?
Me sonríe con confianza y respondió:
—¡Claro que sé sobre lugares seguros! ¿No te acuerdas de cuando nos escondíamos bajo las sábanas y jugábamos con nuestros peluches? O cuando nos inventábamos historias en nuestra cabeza para dormirnos tranquilxs por las noches.
—Me quedé en silencio por un momento, asombradx por las palabras de mi yo infantil. Nunca había considerado esas pequeñas acciones como construcciones de seguridad.
A menudo subestimamos la capacidad de las infancias para enfrentar situaciones difíciles. Sin embargo, al igual que los adultos, ellas tienen sus propios recursos y una gran creatividad para construir un espacio seguro. Ya sea a través del juego, la música, el arte, los cuentos o la imaginación, encuentran formas de expresarse, entender el mundo a su alrededor y procesar sus emociones.
Este capítulo nos sumerge en la importancia de establecer un refugio seguro antes de aventurarnos a explorar los compartimentos del botiquín emocional. La seguridad se presenta como un sólido cimiento para enfrentar nuestras emociones y pensamientos más profundos. Antes de abrir y examinar cualquier compartimento del botiquín, es esencial asegurarnos de que, tanto interna como externamente, estemos en un entorno propicio para este autodescubrimiento.
Imagina este capítulo como la entrada a tu propio santuario, un lugar donde puedes ser tú mismx sin temor a juicios, ni críticas. Exploraremos diferentes facetas de la seguridad, desde su significado hasta dónde se experimenta, cómo se manifiesta física, mental, social y emocionalmente, entre otros aspectos.
Este espacio seguro no es algo que yo pueda adivinar de forma anticipada, ya que todavía no hemos definido lo que es seguridad para ti, por lo que será un proceso que descubriremos y construiremos en conjunto. Juntxs nos sumergiremos en una serie de preguntas reflexivas para explorar qué significa la seguridad para ti, dónde la encuentras y cómo puedes hacerla presente en este espacio.
Cuando piensas en seguridad, ¿qué te viene a la mente? Por ejemplo: una definición, una palabra, un lugar o una sensación en tu cuerpo.
¿Qué sensaciones físicas te brindan seguridad? Por ejemplo: respiración relajada, cuerpo suelto y sin tensión, corazón tranquilo, mandíbula y rostro relajados.
¿En qué situaciones, espacios o momentos experimentas esa sensación de seguridad? ¿Qué elementos contribuyen a sentirte así? Por ejemplo: en tu habitación mientras escuchas música, disfrutando de la tranquilidad y la privacidad que brinda; rodeadx de tus mejores amigxs, compartiendo risas y apoyo mutuo; al escribir en mi diario porque conecto conmigx a un nivel profundo y reconfortante; o al hacer una actividad física como caminar, porque encuentro fuerza y calma en mi cuerpo.
A menudo, sin darnos cuenta, tomamos decisiones para colocarnos en espacios seguros o mantenernos en ellos.
Crear espacios seguros imp