¡La Máximo Squad está al límite! En serio, tan al límite que acabarán tirando abajo la Máximo House. No exagero, chicos, ¡últimamente no paran de liarla parda todo el día!
Aunqueeeeee… ¡Un momento! ¡STOP! Primero tendré que presentaros a mis colegas para que los conozcáis y entendáis por qué están subiéndose hasta por las paredes de nuestra casa, ¿no?
¡Empecemos por Guille B! No, la B no es porque exista un Guille A, C o D. Por suerte, ¡solo tenemos uno en casa! En fin, dejémoslo en Guille. Le flipa hacer deporte, se piensa que está mazadísimo y se une a cualquier plan que le proponga, por muy bestia que sea.
Luego está Calvo. Aparte de calvo, obviamente, ¡el tío es un crac! No tiene un pelo de tonto y a veces se le ocurren las ideas más descabelladas. Creedme, no bromeo: ¡0 chistes, 100 % literal!
Sigamos con las chicas. ¡Abril y Valeria! Cuando se juntan, ¡son la bomba! Están enganchadas a hacer tik-toks, pero no hay nada que les mole más que un buen salseo. CUIDADO: tienen el superpoder de enterarse de todos tus secretos, lo quieras o no.
Y, finalmente, pero no por ello menos importante, ¡Unai y Sergi! Estos dos chavales no se quedan quietos ni un maldito segundo. Si no están jugando a videojuegos ¡es porque están liándola a niveles máximos!
En resumen, todos los miembros de la Squad tienen algo en común:
Y, por eso mismo, parece que Guille, Calvo, Abril, Valeria, Unai y Sergi se han puesto de acuerdo para aumentar a tope la tensión en la Máximo House.
En cuanto entro en el salón, ¡me topo con la madre de todas las movidas!

—Eeeeeeh, ¡estamos intentando ver una peli! —les chilla Abril desde la ventana a Unai y Sergi—. ¡¿Podéis parar cinco segundos?!
—O mejor: ¡para siempre! —se une Valeria, indignada también.
Pero Unai y Sergi, que están fuera probando un truco con la moto de Unai, no se detienen. En lugar de eso, se miran y empiezan a reírse mientras Sergi grita:
—¡Cincoooooo! —Oh, no—. ¡Cuatroooooo! —Por ahí no—. ¡Treeeeees! —Se la van a cargar—. ¡Doooooos! —Les da igual—. ¡Unoooooo!
Unai le da gas a la moto y esta empieza a hacer ruido y Valeria y Abril saltan del susto. ¡Los gritos llegan a un volumen ilegal! En serio, ya me veo a los vecinos llamando a la poli…
¿Y qué están haciendo mientras tanto Guille y Calvo? ¿Ordenando la casa? ¡No! ¿Vigilando a a los niños? ¡Tampoco! Están… ¡pasando máximamente de todo! Tienen las narices metidas en sus móviles y parece que ni se enteran de que el salón de la Máximo House está patas arriba.
¡Alucinante, chavales! Pero no alucinante de guay, sino ¡alucinante de fatal!
—¡BAAAAAASTAAAAAA!

Sí, he gritado yo. ¡Y no me mola nada todo este ambiente tan tenso! Al menos, consigo paralizarlos a todos, que me miran con los ojos como platos. No sé qué le estará pasando a cada miembro de la Máximo Squad, pero está clarísimo qué es lo que necesitamos: ¡unas vacaciones urgentes para divertirnos al máximo, despejarnos y descansar!
Pero, como un viaje tan ultragenial como ese no es algo que te saques del bolsillo de repente, voy a intentar ponerle remedio a la situación de ahora:
¿Veis? No hay nada como grabar un vídeo en grupo para concentrar la energía en algo que no sea destrozar nuestra supercasa.
—¿Y qué tipo de reto, Arta? —me pregunta Guille—. ¿Abdominales? ¿Flexiones? Aunque, aviso, ¡os meteré una paliza enseguida!
—Ya habló el motivado —le susurra Unai a Sergi.
—¡No! ¡Nada de deporte! —se niega Abril.
—Venga, será un reto de… ¡comer pizza! —decido—. El que se la coma más rápido ¡será el ganador!
—¿¿¿Y cuál será el premio??? —pregunta Sergi.
—Hummmmmm, pues…
¡otra pizza!
—¡Toma ya! ¡Pizza doble para cenar!
—¿Y helado de postre? —propone Valeria.
Yo creo que ya puedo dejarlos solitos debatiendo pacíficamente sobre el postre, ¿no? Salgo al pasillo para pedir las pizzas y el pizzero me asegura que las tendremos listas en quince minutos. ¡Quince minutos, chavales! ¡Exprés al máximo! Y eso que he pedido ocho. De tamaño extrafamiliar.
Mientras espero a que llegue el repartidor, de repente, escucho de fondo a Calvo discutiendo con Unai.
—Pero ¿cómo te flipas tanto, bro? —le suelta Unai.
—¡Lo que pasa es que eres un gallina! ¡Co, co, co! —empieza a cacarear Calvo—. ¡No te atreves a…!
¡Blablablá, yo ya no quiero saber nada!
Por suerte, llaman al timbre de casa y voy pitando hasta la puerta. Es el pizzero y carga una pila de pizzas similar a la torre de Pisa. Os lo juro: es altísima, está inclinada y a él… ¡ni siquiera puedo verle la cara!
—¡Gracias, tío! —le digo, recogiendo el pedido.

Entro en casa haciendo mil malabarismos para que las pizzas no se me derrumben, con toda la tensión de esta tarde, sería liada máxima.
Son las pizzas de la paz, ¡deben sobrevivir como sea!
—¡Ya están las pizzas, chicos! —les comunico mientras me dirijo a la sala donde solemos grabar todos juntos.
El suelo empieza a temblar como si el maldito apocalipsis se me fuera a echar encima, pero ¡son la Máximo Squad en modo estampida! Han salido corriendo del salón y se abalanzan sobre mí como zombis hambrientos.
—Eh, ni que llevarais un siglo sin comer —protesto.
—Como mínimo, ¡dos o tres! —suelta Guille, el muy exagerado.
Entramos en la sala, nos sentamos delante de la cámara, repartimos las cajas, le doy a grabar y arranco con la introducción del vídeo:
—¡AAAAAAAAAAAAAAAH! —gritan mis colegas, aplaudiendo y sonriendo.
En cuanto termino de ex