INTRODUCCIÓN
Como mujeres podemos sentirnos exitosas en muchas áreas profesionales o domésticas. Tengo amigas que exceden toda expectativa en sus profesiones o en el cuidado de su hogar. Sin embargo, me parece que cualquier mujer que sea madre, y que sea honesta consigo misma, llegará a la misma conclusión que yo.
Si bien podemos acumular logros y trofeos, diplomas y menciones honoríficas en diversas áreas, en el arte de la maternidad solemos enfrentar constantes fracasos y resbalones; siempre hay algo más que podemos hacer; de hecho, también en muchas ocasiones nos arrepentimos de cosas que decimos o no expresamos.
Toda madre necesita ayuda. Ayuda de su pareja, de sus padres, de su círculo de amigos. Pero en el arte de criar a un ser humano, se requiere ayuda sobrenatural. Necesitamos a Dios. Requerimos de unos hombros más anchos que los nuestros que carguen a toda la familia; oídos más atentos que se preocupen por el cólico del bebé y del adolescente rebelde; brazos tiernos que nos abracen en el día de dolor y que festejen con nosotros en las celebraciones.
Acudir a Dios en oración es lo más sabio que toda madre puede hacer. Por eso, te invitamos a orar junto con nosotros durante ciento ochenta días, en un ejercicio de humildad y dependencia, de alabanza y adoración, de búsqueda y encuentro. Doblemos las rodillas, inclinemos la cabeza, alcemos las manos, dejemos que las lágrimas corran o la risa refresque: Dios oye la oración de una mamá que quiere guiar a sus hijos para que hagan su voluntad.
Con esa promesa en mente, pidamos a Él la ayuda que tanto necesitamos.
Tú nos conoces
Antes que te formara en el vientre, te conocí.
Jeremías 1:5ª (RVR60)
Señor, nuestras vidas no pueden leerse como un periódico, sino como una novela, donde hay un desarrollo del personaje y una trama; donde cada párrafo es esencial para entenderla. Si yo escribiera una historia, mucho antes de que el lector se sentara y comenzara el primer párrafo, incluso antes de que yo escribiera la primera palabra, crearía el personaje en mi mente. ¿Es así cómo lo haces tú? Tu palabra dice que antes de que nosotros te conozcamos, tú ya nos conoces. Este pensamiento me resulta profundo y conmovedor. Tú, Señor, eres el centro de la existencia de este bebé que espero, ya que estuvo primero en tu mente. Por esa razón, gracias. Gracias por conocernos antes de nosotros conocerte a Ti.
Promesa de vida eterna
Habrá siempre enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la de ella. El descendiente de la mujer te aplastará la cabeza, mientras tú solamente le morderás el talón.
Génesis 3:15 (NTV)
¡Qué hermosa promesa diste cuando la mujer y el hombre pecaron! Tu gracia y misericordia fueron evidentes, pues cuando estábamos en lo más bajo, tu gracia nos atrapó. Prometiste que un hijo de Eva aplastaría a Satanás. Ese hijo es Jesús. Tu fidelidad es impresionante, Señor. En los momentos más oscuros, tu luz brilla. En los pozos más hondos, tu mano nos alcanza. Ciertamente, el bebé que traigo hoy en mis entrañas vendrá a este mundo pecador, pero te agradezco porque gracias a Jesús hay esperanza para Él. ¡Vida eterna! Que mi bebé experimente tu gracia y tu perdón. Amén.
Dios se acuerda de mí
Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos.
Génesis 30:22 (RVR60)
¡Gracias por acordarte de mí y conceder que cargue un bebé en mi vientre! Señor, realmente no es porque antes te hayas olvidado de mí. Tampoco lo hiciste con Raquel. Cuando en tu palabra dice que te «acuerdas», es una manera de expresar tu amor y compasión para los tuyos. En otras palabras, tú jamás nos olvidas. Jamás nos abandonarás. Te acuerdas al mostrarnos, una vez más, tu misericordia y concedernos los deseos del corazón. En este caso, me has dado algo que anhelé muchas veces y durante muchos años: un bebé. Te alabo y bendigo por darme la promesa y la oportunidad de ser madre. Te doy gracias porque he podido concebir. ¡Mil veces gracias!
Dios nos aparta
Antes que nacieras, te santifiqué.
Jeremías 1:5b (RVR60)
Padre, me acuerdo de las veces que no me eligieron en el equipo de voleibol o de fútbol. Pero a Jeremías le dijiste que tú lo habías santificado, es decir, lo apartaste para ti. Lo escogiste para tu equipo antes de que naciera. No esperaste a que naciera para entonces decidir si lo querías contigo o no, si valía la pena o no. Tú, Señor, lo elegiste desde antes. Nuevamente, este pensamiento me resulta asombroso y demasiado grande. Sin embargo, lo creo, y por eso mismo, aparta para ti a mi bebé antes de que nazca. No deseo nada mejor para este bebé que el que sea parte de tu equipo. Amén.
Un Dios que da
Antes que nacieras… te di por profeta a las naciones.
Jeremías 1:5c (RVR60)
Dador de vida, dador de toda buena dádiva, tú eres un Dios que da. Eres muy generoso, abundantemente generoso. Dice tu palabra que antes de que Jeremías naciera, ya le habías dado por profeta. No estamos en esta tierra para recibir, sino para dar. Yo, como madre, doy vida y nutro a este bebé en mi vientre. Me doy a mis hijos y a mi esposo. Encuentro el sentido de mi existencia en mi servicio a los demás. Del mismo modo, tú estás preparando a este bebé para un propósito especial, donde dará de sí para el beneficio de otros. Prepárame para ser una madre que ponga el ejemplo del servicio a mi hijo cuando nazca. Ayúdame a no vivir para mí misma, sino para ti, y por consecuencia para los demás. Y, del mismo modo, permite que mi bebé llegue a este mundo para marcar la diferencia. Amén.
El ultrasonido
Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.
Salmos 139:13 (RVR60)
Dios Creador, en cada visita al ginecólogo experimento un asombro indescriptible. Cada ultrasonido es una revelación de tu poder. Puedo ver en esas imágenes que se adentran en mi vientre el milagro de la vida. El salmista, a pesar de no contar con tanta tecnología, lo comprendió bien. Tú eres quien crea las delicadas partes internas de mi bebé. Tú entretejes un niño dentro de mí. Ya en la quinta semana empieza a desarrollarse el cerebro de mi bebé. En la semana 19 comienza a oír y se mueve de forma más activa. En la semana 27 madura el sistema nervioso y aumenta su tamaño. En la semana 35 ya tiene patrones de sueño. ¡Cuánta exactitud! Gracias, Señor, por el milagro de la vida.
El Dios que me ve
A partir de entonces, Agar utilizó otro nombre para referirse al Señor, quien le había hablado. Ella dijo: «Tú eres el Dios que me ve».
Génesis 16:13 (NTV)
Padre, estoy pasando por un desierto financiero, emocional, físico y espiritual. Llevo un bebé en mis entrañas que depende de mí y yo me siento desfallecer. Me siento abandonada. No hay nadie a mi alrededor. Pero, así como tú oíste la aflicción de Agar cuando, embarazada de Ismael, huía de Sara en el desierto, del mismo modo, posa tus ojos sobre mí hoy. Ayúdame a dar a luz a este bebé y multiplica su descendencia. Que sea un ser humano fuerte y que, a diferencia de Ismael, te busque solo a ti. Eres el Dios que ve. Pon tus ojos hoy sobre nosotros, príncipe de paz.
La importancia de los nombres
Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús.
Mateo 1:25 (RVR60)
Padre, entiendo la importancia de los nombres. Los nombres significan algo. No solo designan a una persona, sino que también los llama a ser lo que todavía no son. Al decidir el nombre que daré a mi bebé, te pido sabiduría. Danos, a mi esposo y a mí inteligencia para elegir, no solo un nombre bonito que suene bien, sino un nombre que hable de los deseos que albergamos para su futuro. Que su nombre sea una marca de su carácter o su personalidad, o tal vez una forma de llegar a conocerte. Danos el nombre perfecto para este bebé. Amén.
La importancia de un niño
Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.
Mateo 1:2