Introducción
En su tercer período como presidente de Colo-Colo, Robinson Álvarez propuso a la Confederación Sudamericana de Fútbol que los campeones de cada país afiliado jugaran en 1948 una Copa de Campeones de América. El presidente de la Confederación (Conmebol), el también chileno Luis Valenzuela —presidente de la organización entre 1939 y 1955—, aceptó la propuesta, dando origen al primer torneo sudamericano de clubes, disputado íntegramente en Chile. Participaron los campeones de 1947 de Argentina, River Plate; de Bolivia, Litoral; de Brasil, Vasco da Gama; de Ecuador, Emelec; de Perú, Deportivo Municipal; y de Chile, Colo-Colo. La Copa de Campeones del 48, ganada por el Vasco da Gama, fue el primer antecedente para la creación de la Copa Libertadores de América. La idea surgió nuevamente de dirigentes chilenos. Esta vez fue Antonio Losada quien, basado en el éxito de la edición del 48, apostó por la creación de un torneo permanente de clubes campeones que se sumara a los torneos Sudamericanos de Selecciones, disputados desde 1916. Luego de enfrentar la negativa expuesta por los dirigentes del fútbol uruguayo, el nuevo presidente de la Conmebol, el brasileño José Ramos de Freitas, logró convencer a los presidentes de todas las federaciones y oficializar en el congreso realizado en agosto de 1959 en Santiago la creación del torneo bautizado como Copa Libertadores de América. En el presente texto, el lector se va a encontrar con siete crónicas referentes a siete ediciones del campeonato, que se ha jugado anual e ininterrumpidamente desde 1960 hasta 2025, completando sesenta y seis versiones. Las crónicas narran diversos aspectos del campeonato de 1966, cuyo campeón fue Peñarol, de Uruguay; del de 1979, Olimpia, de Paraguay; del de 1989, Atlético Nacional de Medellín, de Colombia; del de 1991, Colo-Colo, de Chile; del de 2000, Boca Juniors, de Argentina; del de 2008, Liga Deportiva Universitaria de Quito, de Ecuador; y del de 2024, Botafogo, de Brasil. La elección de estos clubes, países y ediciones responden al criterio de lo que representan cada uno de ellos para el momento histórico en que llegaron a su máxima gloria. Peñarol, el equipo más popular de Montevideo, obtuvo el torneo del 66 en una de las finales más épicas de la historia, venciendo a los argentinos de River Plate, quienes iban ganando por 2-0 hasta el segundo tiempo del último partido de la final. La definición de esta edición fue disputada en el Estadio Nacional de Santiago de Chile y grafica lo que representó el principal recinto deportivo chileno como sede por excelencia de las definiciones que requerían la cancha de un país neutral. La hazaña de Peñarol, con el Estadio Nacional como escenario, es una muestra insigne de cómo se vivía el fútbol, en cuanto a lo deportivo y lo social, en la Sudamérica de mediados de los años sesenta. Olimpia, en 1979, protagonizó una revolución futbolística en su tiempo, debido a que se convirtió en el primer equipo de un país que no fuera Argentina, Uruguay o Brasil en ganar la copa, sobre la base de un equipo en el que el sacrificio fue lo más relevante. El campeonato, obtenido en una dura final disputada en el estadio del vigente bicampeón Boca Juniors, constituyó el nacimiento del apodo Rey de Copas para el club más antiguo de Paraguay, un país que a través del fútbol siempre ha buscado combatir la pobreza. En 1989, el Atlético Nacional de Medellín logró abrir otra puerta que parecía cerrada, convirtiéndose en el primer campeón de un país del océano Pacífico. Este hito tendrá un profundo impacto en el fútbol colombiano, que hasta la década de los ochenta nunca figuró en la primera plana internacional. El trofeo para el equipo de Medellín, además, iba a funcionar como un alivio nacional luego de las traumáticas derrotas sufridas por el América de Cali —otro de los grandes equipos cafeteros— en tres finales consecutivas, entre 1985 y 1987. El título del Nacional de Medellín representó un fuerte impacto en la sociedad colombiana, que a fines de los ochenta se encontraba en una profunda crisis de inseguridad provocada por la violencia de los carteles narcotraficantes. Precisamente los dineros provenientes de la droga posibilitaron el ascenso del fútbol local, como también sus tragedias.
En 1991, Colo-Colo por fin alcanzó la gloria para su país, luego de cuatro finales perdidas. Para ilustrar lo simbólico del logro, la crónica se centrará en la figura de Leonel Herrera hijo, quien con su gol aseguró el trofeo para los chilenos dieciocho años después del fracaso de su padre en la definición de 1973 ante Independiente de Avellaneda.
En 2000, por su parte, apareció Boca Juniors. El equipo con más adherentes de Argentina, clave en el proceso de creación de identidad popular en Buenos Aires durante el siglo XX, alcanzó su mejor momento histórico bajo la dirección técnica de Carlos Bianchi. El entrenador condujo a la institución a la obtención de tres copas Libertadores en 2000, 20