Introducción
La salud mental de una persona nunca será tan frágil como el primer año después de dar a luz.
- Más de la mitad de las mujeres (el 57,4 por ciento) que experimentan síntomas de depresión a los nueve o diez meses de posparto no los tenían a los dos o seis meses.[1]
- La depresión posparto afecta a una de cada seis madres en el mundo, es decir, a un 17,22 por ciento.[2]
- En el Reino Unido, el suicidio es la causa más frecuente de muerte materna entre las seis semanas y el año tras el parto; la salud mental explica más de un tercio de esas muertes tardías.[3]
Los mecanismos de tortura más antiguos son muy parecidos a la realidad que viven muchas madres recién paridas: privación del sueño, aislamiento social y cambios en la dieta.
Los estudios longitudinales de sueño materno muestran que en las primeras dieciséis semanas las madres pueden sumar unas siete horas de sueño nocturno, pero se pasan casi dos horas desveladas debido a los microdespertares. Esta fragmentación del sueño puede durar semanas e incluso meses, ya que en el primer año de vida del bebé hay distintas fases de regresión del sueño y etapas de crecimiento que afectan al buen descanso del peque y, por consecuencia, al del adulto que lo cuida. El resultado es un perfil similar al de los trastornos por sueño fragmentado: más fatiga diurna, menos capacidad de atención y peor regulación emocional. No es simple cansancio, sino neurocognición bajo estrés.
Muchas mujeres describimos el posparto como soledad en compañía. El mundo gira alrededor del bebé, pero nosotras sentimos que desaparecemos. Es complicado mantener una conversación, sumarse a los planes que antes frecuentabas o simplemente disfrutar de una comida. Además, es una época en la necesitamos aprender muchas habilidades —cambiar pañales, plegar el carro, ponernos el sistema de porteo o dar el pecho—, y toda esta carga de información y nuevos aprendizajes junto con la falta de sueño propician en ocasiones la dificultad de socializar. La evidencia cualitativa y algunas revisiones recientes conectan la soledad y el aislamiento con un mayor riesgo de depresión perinatal.
El posparto es un maratón metabólico. En nuestra mente se repite la falacia de que debemos recuperar el cuerpo que teníamos antes del embarazo, necesitamos producir leche (si la hay) y a su vez sostener el día a día y dormir de forma interrumpida. Comer es necesario para nuestra supervivencia, pero en ocasiones se convierte en un verdadero reto. Planificar comidas, cocinar, lavar los platos y cuidar de un bebé al mismo tiempo puede llegar a ser demasiado. Y por ello muchas madres cambian su dieta. No por convicción ni deseo, sino porque no consiguen comer lo que les gustaría.
Este cóctel va acompañado de una presión social de expectativas y deseos arrolladora. No todas las madres viven lo mismo, por supuesto, pero hay patrones frecuentes. Según C. L. Dennis (2017), prevalece la irritabilidad, la hipersensibilidad y la sensación de «cerebro nublado». Eso provoca que tomar decisiones sencillas resulte complicado y, por lo tanto, decidir qué comer, a quién ver o cuándo salir se convierte en un reto. A su vez, como el cerebro «no va» como solía muchas veces sentimos culpa por no llegar a todo.
El mismo estudio determinó que más de un 15 por ciento de las madres viven con ansiedad (miedos, inquietudes y tensión corporal), y su prevalencia puede llegar a convivir con la depresión posparto (que se calcula que la viven entre el 15 y el 18 por ciento de las mujeres).
Con este mensaje no deseo alarmarte ni infundir terror, pues no soy fan de la cultura del miedo. Pero sí quiero poner sobre la mesa aquello que me preocupa, ser crítica con lo que me rodea y, sobre todo, valorar cada gota de esfuerzo que se derrama.
Tener un hijo es increíble. Yo tengo dos y (hoy día) soy muy feliz, pero el posparto no es sencillo. Crear dentro de una misma una vida que luego cruza la piel y volver al estado anterior no es fácil lo mires como lo mires.
Quiero recordarte que las hormonas no son, ni mucho menos, una tara en nuestro sistema, sino todo lo contrario. Una mujer está diseñada para tener hijos, pero la sociedad que hemos construido hasta el momento ignora estas necesidades.
Nada de lo que acabo de describir define a una madre, más bien habla del contexto y la carga que ello impone. La diferencia la marca el apoyo empático y el reparto real de lo invisible.
Este libro es para ti, que quieres formar parte del cambio y acompañar este proceso. No estás aquí para «arreglar» a nadie, sino para sostener.
El libro no libro
Si tienes este libro entre tus manos quizá sea:
- Porque tu pareja está embarazada.
- Porque ya estás viviendo el posparto.
- Porque quieres documentarte sobre el posparto.
Aquí encontrarás una guía rápida de lo que molaría que supieses sobre cómo acompañar el posparto. La originalidad de este ensayo estriba en que no está orientado a las mamás, que ya cuentan con numerosos libros de ayuda. Este manual es para ti, la persona que está a su lado, para que empieces a ver a mamá con una mirada de respeto y conciencia sin tener la sensación de que la cagas todo el rato.
Bienvenido a la guía sobre cómo acompañar el posparto. Te recomiendo que anotes, marques y subrayes todo aquello que te parezca relevante. No te cortes, completa la información, interactúa con el libro y hazlo tuyo.
¡Cada posparto es único y tu guía debe serlo también!
I
ENCUENTRA A MAMÁ
Hay tantas madres como mujeres existen en el mundo, y cada una vive la maternidad desde su historia, su cuerpo, sus creencias y su manera de sentir. El eneagrama es una propuesta de autoconocimiento que, desarrollada y difundida a lo largo del siglo xx (inspirada en las enseñanzas de Gurdjieff y consolidada por varias escuelas modernas), identifica nueve patrones básicos de personalidad con motivaciones profundas, miedos centrales y estilos de afrontamiento distintos.
Esta mirada no pretende encasillar, sino ofrecer un mapa para comprender por qué cada mujer puede vivir el posparto de forma diferente y qué tipo de apoyo la alivia más. Algunas se sentirán culpables por no alcanzar ese ideal de perfección, otras necesitarán más control o validación y, en ciertos casos, temerán no ser suficientes. Entender desde dónde reacciona mamá nos ayuda a acompañarla con más compasión y menos juicio.
Es importante que sepas cómo usar los eneagramas para no crear conflictos. Antes de empezar:
- − Observa, no diagnostiques. Úsalo como hipótesis amable, no como etiqueta fija.
- − Pregunta con cariño. «¿Esto te encaja?». Eso vale más que acertar el número.
- − Acompaña la necesidad, no el rasgo. Recuerda que el objetivo es aliviar.
- − Evita el «siempre/nunca». Las personas cambian, y el posparto también.
- − Cuando dudes, valida. «Lo que sientes tiene sentido. Estoy aquí».
Tipos de maternidad
Dicho esto, vamos allá. A continuación, veremos los tipos de maternidad según el eneagrama. Si quieres saber más sobre el tema, te invito a leer Encantado de conocerme, de Borja Vilaseca.
En cada caso, te daré una descripción de cada tipo de madre y unas indicaciones para que sepas cómo ayudar a esa nueva mamá.
1. La reformadora (o la perfeccionista)

- Características: Se exige muchísimo y necesita hacer las cosas bien. Puede tener una idea rígida de lo que debería estar haciendo como madre. En consecuencia, le cuesta delegar o relajarse.
- Cómo puedes ayudarla: Valida su esfuerzo y ayúdala a soltar el control con amor. No le digas «relájate» sin ofrecerle una forma real de hacerlo. Evita expresiones como «No seas tan exagerada» o «No pasa nada».
2. La ayudadora (o la que cuida de todos)

- Características: Antepone las necesidades de los demás a las suyas. Puede olvidarse de comer, de descansar o de pedir ayuda.
- Cómo puedes ayudarla: Recuérdale que ella también merece cuidado. Ofrece ayuda sin esperar a que la pida. Pregúntale «¿Qué necesitas tú hoy?». Evita decir «Si necesitas algo, avísame», porque nunca lo hará.
3. La triunfadora (o la eficiente)

- Características: Necesita sentirse útil, valiosa y reconocida. Puede frustrarse si no «avanza» o si todo parece sumido en el caos.
- Cómo puedes ayudarla: Celebra sus pequeños logros. Ayúdala a aceptar que no hacer nada también es hacer algo. Recuérdale que no tiene nada que demostrar. Evita expresiones como «No es tan difícil» u «Otras madres hacen más».
4. La individualista (o la emocionalmente intensa)

- Características: Lo vive todo con mucha intensidad emocional. Puede llegar a sentirse incomprendida, experimenta altibajos emocionales y necesita expresarse.
- Cómo puedes ayudarla: Escúchala sin interrumpir ni minimizar sus sentimientos. Déjale espacio para sentir y refuerza tu apoyo con declaraciones como «Estoy aquí. No necesitas estar bien para que te acompañe». Evita frases del tipo «Estás muy sensible» o «Ya se te pasará».
5. La investigadora (o la que lo piensa todo)

- Características: Por un lado, precisa entender antes de actuar y puede parecer distante emocionalmente. Y, por otro, le cuesta expresar lo que necesita.
- Cómo puedes ayudarla: Respeta sus silencios y ayúdala a expresar lo que piensa. No la obligues a hablar si no quiere y evita decir «Pero ¿no te emociona ser madre?».
6. La leal (o la que busca seguridad)

- Características: Requiere certezas y estructuras y se angustia con lo nuevo.
- Cómo puedes ayudarla: Crea rutinas y previsibilidad y refuerza su confianza. Sé coherente y cumple tus promesas. Evita decir «No te rayes» o «No es para tanto».
7. La entusiasta (o la que necesita libertad)

- Características: Le cuesta quedarse quieta y puede sentirse atrapada en la rutina del posparto.
- Cómo puedes ayudarla: Dale espacio, pues requiere momentos de respiro. No la obligues a estar feliz siempre y proponle planes simples. Evita expresiones como «Tú que siempre estás feliz, no entiendo por qué lloras».
8. La desafiadora (o la fuerte)

Características: Parece tenerlo todo bajo control y le cuesta dejarse cuidar.
Cómo puedes ayudarla: Pregúntale cómo está de verdad. Recuérdale que no tiene que sostenerlo todo sola y ofrécele apoyo sin invadir. Evita decir «Tú puedes con todo».
9. La pacificadora (o la que evita el conflicto)

Características: Le cuesta poner límites o negarse. Suele decir que todo está bien cuando no es así.
Cómo puedes ayudarla: Crea espacios seguros para que pueda abrirse. Pregunta dos veces: «¿Te encuentras bien o estás aguantando?». Ayúdala a priorizarse sin culpa y evita frases como «Si no dices nada, es que estás bien».
¿Y ahora qué hago?
Si has reconocido la nueva mamá en algún eneatipo, perfecto; y, si no, también. Esto no va de colgar etiquetas, sino de recordar que no hay una sola manera de acompañar y que cada madre necesita algo distinto.
Tu tarea es observar, escuchar y aprender. Y cuando no sepas qué hacer, pregunta con cariño; así es como, de verdad, se encuentra a mamá.
Es habitual que aparezcan rasgos de varios eneatipos a la vez; somos más que un número y el posparto cambia de un día a otro.
Si tienes claro con qué estilo resuena la mamá a la que acompañas, mejor, pues desde ahí podremos adaptar las frases, los límites y los apoyos de este libro a su manera de vivir el posparto. Si quieres tener a mano las mejores respuestas para cada tipo de madre, te invito a consultar la tabla del anexo 1 sobre eneagramas.
La barca
Siempre he imaginado mi relación con Miguel (mi pareja) como si de una barca se tratara. En los primeros meses de pasión y amor incontrolables, la barca viaja sola por el río y casi sin impulso sondea los parajes más inhóspitos.
A medida que avanzan los meses y los años, hay épocas de todo. A veces, él rema por los dos y otras lo hago yo. En ocasiones, los dos impulsamos el navío con energía y alegría y resulta fácil, y otras parece que nadie tiene fuerzas para que la barca siga su camino.
¿De qué manera puede servirme esta imagen para acompañar mejor? En primer lugar, debemos establecer qué tipo de acompañante eres:
—Soy la pareja (sigue leyendo, encontrarás la información en el pr