Lecciones sobre la vida del monje que vendió su Ferrari

Robin Sharma

Fragmento

Prefacio

Prefacio

Me inspiras respeto por haber elegido este libro. Al hacerlo, has tomado la decisión de vivir con más determinación, alegría y plenitud. Has decidido vivir tu vida como tú elijas y no dejando actuar a la casualidad, por intención más que por defecto. Y por esa razón te aplaudo.

Desde que escribí los libros anteriores de la serie El monje que vendió su Ferrari he recibido un sinnúmero de cartas de lectores que vieron cómo su vida cambiaba gracias a la sabiduría que hallaron en ellos. Los comentarios de estos hombres y mujeres me llenaron de inspiración y me conmovieron. Muchas de las notas que recibí también me animaron a destilar todo lo que he aprendido sobre el arte de vivir en una serie de lecciones vitales. Y por eso me propuse compilar lo mejor que podía ofrecer a los demás en un libro que estoy sinceramente convencido de que te ayudará a transformar tu vida.

Las palabras de las siguientes páginas son sinceras y están escritas con la esperanza no solo de que conectes con el saber que te ofrezco con todo respeto, sino de que actúes de acuerdo con este para que se produzcan mejoras duraderas en cada una de las áreas de tu vida. A través de las pruebas que yo mismo he pasado, he descubierto que no basta con saber qué hacer: debemos actuar de acuerdo con ese conocimiento para llevar la vida que deseamos.

Y por eso espero que a medida que pasas las páginas de este libro de la serie El monje que vendió su Ferrari descubras un tesoro de saber que enriquezca la calidad de tu vida profesional, personal y espiritual. Por favor, escríbeme, envíame un mensaje de correo electrónico o visítame en alguno de mis seminarios para compartir cómo has asimilado las lecciones de este libro a tu modo de vida. Haré lo posible por contestar a tus cartas con una nota personal. Te deseo una paz profunda, gran prosperidad y muchos años de felicidad en pos de un fin valioso.

ROBIN S. SHARMA

Línea abierta para lectores: 1-888-RSHARMA

E-mail: wisdom@robinsharma.com

Internet: www.robinsharma.com

Descubre tu vocacion

UNO

Descubre tu vocación

Cuando era niño, mi padre me dijo algo que nunca olvidaré: «Hijo, cuando naciste, llorabas mientras el mundo se regocijaba. Vive la vida de manera que cuando mueras, el mundo llore mientras tú te regocijas». Vivimos en una época en la que se ha olvidado cuál es el sentido de la vida. Podemos llevar fácilmente a una persona a la Luna y, sin embargo, nos cuesta un gran esfuerzo cruzar la calle para dar la bienvenida a un nuevo vecino. Podemos lanzar un misil al otro extremo del mundo con precisión milimétrica y, sin embargo, nos cuesta concertar una cita con nuestros hijos para ir a la biblioteca. Tenemos correo electrónico, fax y teléfonos digitales para conectarnos y sin embargo en ninguna otra época han estado los humanos más aislados unos de otros. Hemos perdido el contacto con nuestra humanidad. Hemos perdido el contacto con nuestro fin. Hemos perdido de vista las cosas que de verdad importan.

Y por eso, ahora que empiezas a leer este libro, te pregunto con todo respeto: ¿quién llorará cuando mueras? ¿Cuántas vidas conmoverás mientras tengas el privilegio de andar sobre este planeta? ¿Qué efecto tendrá tu vida en las generaciones venideras? ¿Y qué legado dejarás cuando exhales tu último suspiro? Una de las lecciones que he aprendido es que si uno no actúa sobre la vida, esta tiene la costumbre de actuar por su cuenta sobre ti. Los días se transforman en semanas, las semanas en meses y los meses en años. Pronto todo habrá terminado y descubrirás que solo te queda un corazón lleno de reproches por una vida vivida a medias. En su lecho de muerte, le preguntaron a George Bernard Shaw qué haría si pudiera volver a vivir su vida otra vez. Después de reflexionar unos instantes, replicó con un profundo suspiro: «Me gustaría ser la persona que habría querido ser, pero que nunca fui». He escrito este libro para que eso no te suceda.

Como orador profesional, paso buena parte de mi vida laboral proporcionando apuntes y notas clave en conferencias por toda Norteamérica, volando de ciudad en ciudad, compartiendo mis reflexiones sobre el liderazgo en los negocios y en la vida con muchas personas. Aunque los caminos de todas esas personas son muy distintos, sus preguntas invariablemente se centran en las mismas cuestiones: ¿cómo puedo darle mayor significado a mi vida? ¿Cómo puedo realizar una contribución duradera a través de mi trabajo? ¿Cómo puedo simplificar las cosas para poder disfrutar del viaje de la vida antes de que sea demasiado tarde?

Mi respuesta siempre empieza del mismo modo: encuentra tu vocación. Yo creo que todos tenemos talentos especiales que solo esperan un propósito que valga la pena para manifestarse. Todos hemos venido al mundo con un propósito determinado, con algún noble objetivo que nos permitirá manifestar al máximo nuestro potencial humano al tiempo que añadimos valor a las vidas de quienes nos rodean. Encontrar nuestra vocación no significa que abandonemos el trabajo que tenemos ahora. Simplemente significa que necesitas aportar más de ti mismo a tu trabajo y concentrarte en aquello que haces mejor. Significa que dejas de esperar que otras personas hagan los cambios que tú deseas y, como dijo Mahatma Gandhi: «Sé el cambio que deseas para tu mundo». Y, una vez que lo hagas, tu vida cambiará.

Cada dia se amable con un extrano

DOS

Cada día, sé amable con un extraño

En su lecho de muerte, Aldous Huxley reflexionó sobre lo que había aprendido a lo largo de su vida y lo resumió en unas sencillas palabras: «Que seamos más bondadosos los unos con los otros». Con demasiada frecuencia creemos que para realizarnos de verdad en nuestra vida tenemos que llevar a cabo alguna acción heroica o hazaña que nos lleve a las portadas de periódicos y revistas. Nada podría estar más lejos de la verdad. Una vida llena de sentido está formada por la suma de una serie de actos cotidianos de decencia y bondad, los cuales, irónicamente, solo se convierten en algo verdaderamente grande al final de la existencia.

Cada persona que entra en tu vida tiene una lección que enseñar y una historia que contar. Cada persona con la que uno se cruza durante los momentos que forman nuestros días representa la oportunidad de mostrar un poco más la compasión y la cortesía que definen nuestra humanidad. ¿Por qué no empezar a mostrar más de la persona que en realidad eres en el devenir de la vida cotidiana y hacer lo que puedas por enriquecer el mundo que te rodea? A mi modo de ver, si haces sonreír aunque solo sea a una persona durante el día o levantas el ánimo a un extraño, tu día habrá valido la pena. Sencillamente, la bondad es el alquiler que debemos pagar por el espacio que ocupamos en este planeta.

Busca maneras más creativas de mostrar tu compasión a los extraños. Pagar el peaje del conductor del coche que tienes detrás, ceder tu asiento a alguien que lo necesite en el metro y ser el primero en saludar son un buen comienzo. Hace poco recibí una carta de una lectora de El monje que vendió su Ferrari que vive en el estado de Washington. En ella me decía: «Tengo la costumbre de recompensar a las personas que me han ayudado a lo largo de mi camino espiritual. Por favor, acepte el cheque de cien dólares que adjunto con mi bendición y gratitud». Enseguida respondí a su generosa acción enviándole uno de mis programas grabados, de manera que ella recibió algo valioso por el regalo que me envió. Su gesto fue una gran lección de la importancia de dar sinceramente y desde el corazón.

No pierdas la perspectiva

TRES

No pierdas la perspectiva

Según cuenta una vieja historia, cierto día, un hombre gravemente enfermo fue llevado en silla de ruedas a una habitación de hospital donde otro paciente ocupaba la cama que había junto a la ventana. Al poco tiempo, los dos ya se habían hecho amigos y el que estaba al lado de la ventana miraba por ella y se pasaba las horas deleitando a su compañero postrado en la cama con vívidas descripciones del mundo exterior. Algunos días describía la belleza de los árboles del parque que había frente al hospital y la danza de las hojas en el viento. Otros días, entretenía a su amigo con minuciosas narraciones de lo que la gente que pasaba junto al hospital hacía. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, el hombre postrado en la cama empezó a sentirse frustrado porque no podía ver por sí mismo las maravillas que su amigo describía. Su antipatía continuó creciendo y acabó por odiarlo intensamente.

Una noche, durante un ataque de tos particularmente severo, el paciente de la cama junto a la ventana dejó de respirar. En vez de apretar el interruptor para pedir ayuda, el otro hombre eligió no intervenir. A la mañana siguiente, el paciente que le había proporcionado a su amigo tanta felicidad compartiendo con él lo que veía a través de la ventana fue declarado muerto y retirado de la habitación. Sin pérdida de tiempo, el otro hombre pidió que colocaran su cama al lado de la ventana, una petición que fue atendida por la enfermera de servicio. Pero cuando al fin se asomó, descubrió algo que le hizo estremecerse: la ventana daba a una desnuda pared de ladrillos. Su antiguo compañero de habitación había sacado las increíbles vistas que le describía de su imaginación como gesto de amor para hacer el mundo de su amigo un poco mejor en aquel momento difícil. Había actuado desinteresadamente, por amor.

Esta historia invariablemente siempre me ayuda a cambiar mi perspectiva de las cosas. Para disfrutar de una vida más feliz y sentirnos realizados cuando nos hallemos en circunstancias difíciles, debemos estar dispuestos a cambiar nuestra perspectiva y preguntarnos continuamente: «¿Hay un modo más sabio e ilustrado de ver esta situación aparentemente negativa?». Se atribuye a Stephen Hawking, uno de los físicos más grandes de la historia, haber dicho que vivimos en un planeta menor de un sistema solar bastante corriente situado en los confines de una entre diez mil millones de galaxias. ¿Qué tal eso para cambiar nuestra perspectiva? Con esta información presente, ¿son tus problemas de verdad tan importantes? ¿Son los problemas que has sufrido o los desafíos a los que ahora tal vez te enfrentas tan serios como crees?

El tiempo que pasamos en este planeta es muy breve. En el esquema general de las cosas, nuestras vidas son solo notas pasajeras en el lienzo de la eternidad. Por eso, ten la sensatez de disfrutar de tu viaje y saborear el proceso.

Practica el amor duro

CUATRO

Practica el amor duro

El hilo de oro de una vida feliz y llena de sentido es la autodisciplina. La disciplina te permite hacer todas esas cosas que en tu corazón sabes que debes llevar a cabo, pero nunca estás de humor para hacer. Sin autodisciplina, no podrás marcarte unos objetivos claros, organizar tu tiempo efectivamente, tratar bien a la gente, resistir durante los tiempos difíciles, cuidar tu salud o tener pensamientos positivos.

Yo llamo al hábito de la autodisciplina «Amor duro» porque ponerse duro con uno mismo es en realidad un gesto de gran amor. Siendo más estricto contigo, empezarás a vivir la vida según tú elijas, en los términos que tú estipules en lugar de reaccionar a la vida como una hoja que flota en el agua al capricho de la corriente. Como afirmo en uno de mis seminarios, cuanto más duro eres contigo, más fácil es la vida para ti. La calidad de tu vida viene determinada en última instancia por la calidad de tus elecciones y decisiones, que van desde la carrera profesional que eliges hasta los libros que lees, la hora a la que te levantas cada mañana hasta las ideas que ocupan tu pensamiento durante las horas de vigilia. Cuando persistentemente ejercitas tu voluntad tomando aquellas decisiones que sabes correctas (en lugar de las más fáciles), retomas el control de tu vida. Las personas realizadas y eficaces no pierden su tiempo haciendo lo más conveniente o lo más cómodo, sino que tienen el valor de escuchar a su corazón y hacer lo sensato. Este hábito es lo que las hace grandes.

«Las personas con éxito tienen el hábito de hacer las cosas que a las fracasadas no les gusta hacer —comentó el ensayista y pensador E. M. Gray—. No es que a aquellas les guste necesariamente hacerlas, pero su desagrado queda subordinado a la firmeza de su propósito.» El escritor británico del siglo XIX Thomas Henry Huxley llegó a una conclusión similar: «Quizá el resultado más valioso de la educación es la capacidad de obligarse uno mismo a llevar a término las tareas que hay que hacer, cuando hay que hacerlas, le guste a uno o no». Y Aristóteles argumentó esta sabia conclusión de otro modo: «Todo lo que aprendemos a hacer lo aprendemos haciéndolo: los hombres se convierten en albañiles construyendo, y los arpistas, tañendo el arpa. De la misma manera, emprendiendo acciones justas llegamos a ser justos, realizando acciones de autodisciplina llegamos a ser disciplinados y realizando acciones valerosas nos convertimos en seres valerosos».

Lleva un registro diario

CINCO

Lleva un registro diario

Llevar un registro diario es una de las mejores iniciativas de crecimiento personal que podrías emprender. Reflejar por escrito tus experiencias cotidianas junto con las lecciones que has extraído de ellas te hará más sabio con el transcurso de los días. Con el tiempo desarrollarás una aguda conciencia de ti mismo, lo que te ayudará a cometer menos errores. Y mantener un registro diario te ayudará a aclarar tus intenciones y de ese modo mantenerte centrado en las cosas que realmente cuentan.

Escribir un registro diario te ofrece la oportunidad de mantener regularmente conversaciones a solas contigo mismo. Te obliga a pensar con detenimiento en un mundo en el que ese acto ha quedado relegado al pasado. Te convertirá también en un pensador más perspicaz y te ayudará a llevar una vida ilustrada y con propósito. Además, proporciona una base en la que puedes registrar tus ideas sobre temas importantes, anotar estrategias clave para el éxito que han funcionado en tu caso y comprometerte con todo aquello que sabes que es importante alcanzar con el fin de disfrutar de una vida profesional, personal y espiritual de calidad. Y tu registro personal te proporciona un rincón privado en el que ejercitar tu imaginación y definir tus sueños.

Un registro no es un diario. Un diario es un lugar en el que se anotan sucesos, mientras que en un registro se analizan y evalúan tales sucesos. Llevar un registro te anima a meditar en lo que haces, las razones por las que lo haces y en lo que has aprendido de tus acciones. Y escribir en un registro estimula el crecimiento personal y la sabiduría porque te proporciona un foro para estudiar y luego utilizar como impulsor tu pasado y así disfrutar de un futuro mejor. Los investigadores médicos incluso han descubierto que escribir en un registro privado solo quince minutos al día contribuye a la salud, refuerza el sistema inmunológico y mejora la actitud general. Recuerda: si vale la pena meditar en tu vida, también vale la pena escribir sobre ella.

Desarrolla la filosofia de la honradez

SEIS

Desarrolla la filosofía de la honradez

Vivimos en un mundo de promesas rotas, en un tiempo en el que las personas trata

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos