Los que no vas a poder soltar

La mejor literatura

Anticipo de «Puerto Stanley, 1982», de Nicolás Cassese 

Historias inolvidables

Para entender el mundo

Así empieza «Una historia familiar» de Daniel Guebel 

«Esta es una historia de muertos que arden en mi memoria, la belleza esquiva y atroz de los difuntos, y la contó hace unos veinte años mi tía Blanca. Su relato era un entramado de enfermedades, exilios y desgracias que se remontaba a comienzos del siglo pasado y que ella iba desgranando con tono distanciado y casi ausente, como si nada la afectara. Fue durante una cena, y mientras la escuchaba lamenté que mi memoria no pudiera retenerlo enteramente.

Blanca estaba de visita, vivía en los Estados Unidos, así que apenas terminó el cuento le pedí que nos reuniéramos de nuevo. Volvimos a encontrarnos en la casa de uno de sus primos. Por esas cuestiones de la vida, mi madre y ella ya no guardaban parentesco político, pero se tenían afecto y quiso acompañarme. 

Como yo quería que el tono de la narración permaneciera en ese registro en apariencia despojado de todo sentimiento, le pedí que no mostrara emoción alguna mientras Blanca hablaba. Mi madre me lo prometió, y así fue durante cinco minutos. Al sexto, se le escapó un suspiro. La miré feo y se contuvo. Al minuto, un parpadeo compungido. Al siguiente, nuevo suspiro acompañado de brillo de lagrimales, y a la media hora, cuando promediaba el cuento, ya moqueaba y se secaba los ojos con pañuelitos de papel tisú.» VER MÁS

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