Vivir low cost

Marta Juste
Aranzazu Bustillo

Fragmento

Capítulo 1. Una filosofía de vida

Capítulo 1

Una filosofía de vida

¿De verdad tiene claro qué significa low cost? Seguro que ha viajado alguna vez con una compañía de bajo coste o ha comprado algún artículo rebajado más de un 50 %. Pero ¿se ha parado a pensar en el poder que usted tiene sobre esos precios...? ¿No? Pues quizá debería hacerlo. Esta fórmula de consumo ha originado una nueva filosofía de vida, la nuestra y, quizá, también la suya.

Nosotras nos presentamos ante todo como consumidoras low cost. Volamos en aerolíneas de bajo coste, nos gustan las marcas blancas y conseguir entradas de teatro con descuento. Pero el mero hecho de comprar en establecimientos o páginas web más baratos no nos convierte en buenas compradoras. Lo que realmente nos hace partícipes de lo que hemos denominado «vida low cost» es ser consumidoras inteligentes: compramos lo que nos gusta a buenos precios.

Este libro surge de nuestra propia experiencia. Somos periodistas económicas, y hace un tiempo comenzamos un blog dirigido a todo aquel que quisiera ahorrar de forma eficiente. No se trata de buscar siempre los productos más baratos, sino de aprender a comprar bien. Lejos de ser una continuación o una recopilación del blog, queremos compartir con usted lo que hemos aprendido en estos años en los que nos hemos movido por un universo de promociones y ofertas para llegar a la conclusión de que, en el fondo, los consumidores somos los protagonistas principales de esta historia.

Seguro que usted se ha hecho una idea del poder que tiene como cliente en el momento en el que ha pretendido cambiarse de compañía telefónica. Nosotras sí que hemos experimentado esa sensación cuando, tras once años «atadas» a una operadora móvil, quisimos cambiarnos a otra. Nuestra compañía de toda la vida apenas recompensaba nuestra lealtad y, además, era de las más caras del mercado. Por eso decidimos probar una oferta low cost. Nada más aceptar el cambio a la nueva compañía, la anterior, la que nunca se había preocupado de tenernos contentas ni de gratificar nuestra fidelidad, se puso las pilas. Al conocer la portabilidad a otra operadora, nos llamó para ofrecernos una tarifa mucho más ajustada a nuestro consumo, un teléfono de última generación y descuentos adicionales en servicios tales como la mensajería. ¿Había estado engañándonos hasta ese momento? No. Simplemente nos había tratado como un número más y ahora reaccionaba por miedo a perder un cliente. Nuestra iniciativa para buscar ofertas más rentables y las contraofertas que recibimos por parte de nuestra compañía telefónica de toda la vida nos hizo sentir realmente poderosas. Habíamos conseguido no solo encontrar una operadora más económica, sino también movilizar a la nuestra. Este es el verdadero poder del consumidor inteligente.

Antes de arrancar, tiene que quedar claro que durante las siguientes páginas no vamos a decirle dónde comprar más barato; confiamos en su criterio. Vamos a intentar ir un poco más allá y desgranar esta tendencia que se ha convertido para muchos en un modo de vida. Para ello partimos de una premisa fundamental: el low cost es un estilo de consumo dirigido a un consumidor discriminatorio, que sabe lo que quiere y, lo más importante, cuánto está dispuesto a pagar por ello.

Es un momento crucial para que se detenga a reflexionar sobre su poder como comprador. Pero antes de nada, dejemos los conceptos claros.

¿BAJO COSTE O BAJO PRECIO?

Siete días con un 20 % de descuento en El Corte Inglés, por muy Semana Fantástica que sea, no es una oferta low cost. El término se ha desvirtuado hasta designar cualquier compra barata.

¿Quiere saber cuál es realmente una buena estrategia empresarial de bajo coste?

Supongamos que un emprendedor decide iniciar un negocio low cost, concretamente un hotel. Antes de comenzar, debe saber que si pretende ofrecer habitaciones a un precio más bajo, habrá de prescindir de algunos servicios que se convertirán en «extras». Para ello, tendrá que cuestionarse qué es lo que quiere el turista cuando se aloje en su hotel. Y la respuesta es obvia: dormir a gusto.

Llegado a este punto, el emprendedor se planteará las formas de ahorrarse costes sin perjudicar lo que realmente busca su cliente, que es un alojamiento confortable. Veamos los pasos que debe dar el dueño de ese establecimiento:

1. Eliminar todo lo prescindible. Para ello puede plantearse ofrecer habitaciones de categoría única. De este modo, podrá decorarlas todas de la misma forma y comprar para todas el mismo tipo de cama, recurriendo a los mismos proveedores. En su hotel tampoco habrá jacuzzi ni gimnasio. Lo único que está vendiendo es un lugar para dormir.

2. Invertir en tecnología. Habrá de informatizar todo lo posible el hotel, pues aunque suponga una inversión inicial importante, el ahorro final será mayor.

3. Eliminar intermediarios. Una de las máximas del low cost es el «háztelo tú mismo». ¿Por qué pagar un porcentaje de las reservas a una agencia de viajes si puede crear un sistema de reservas por internet para que el cliente gestione su habitación?

4. Trasladarse a la red. Para hacer efectivo el paso anterior, es importante que la inversión en tecnología cuente con internet como pilar básico. Cualquier compañía de bajo coste debe tener en cuenta que ahorrará una importante suma de dinero trasladando parte de su negocio a la red.

5. Establecer «extras». Que el hotel no ofrezca servicio de desayuno, toallas en las habitaciones o minibar permitirá al dueño ofrecer estos servicios como extras. El cliente que lo desee podrá contratarlos, pero pagando un coste adicional por ello.

Una vez calculado el recorte de gastos, el hotelero podrá fijar el precio de sus habitaciones muy por debajo de lo que costarían en un hotel tradicional. En ese negocio se ofrecerá un servicio básico, desnudo, un verdadero negocio low cost.

La diferencia entre este ejemplo y el de El Corte Inglés estriba en que en el caso del hotel el empresario ha tenido que reorganizar todo su negocio para conseguir un producto final más barato. Si se fija, en la Semana Fantástica simplemente se reduce el precio de un artículo que está a punto de ser retirado por el cambio de temporada y que ha perdido valor para la marca.

A lo largo del libro abarcaremos las dos consideraciones del término, hablaremos de precios bajos y de costes bajos, pues como consumidores lo que realmente nos importa es lo que cuesta el producto y, sobre todo, por qué tiene ese precio, ya sea una rebaja o un low cost original.

UNA FILOSOFÍA MÁS ALLÁ DE LA CRISIS

Con su permiso, antes de entrar en materia queremos demostrar que la dura crisis económica que afecta a la sociedad actual no ha sido el origen de este nuevo modelo de consumo. Habrá podido impulsar su crecimiento, pero de ninguna manera ha sido el catalizador de lo que llamamos low cost. Para que no quepa duda, nos detendremos un momento en el inicio de esta forma de consumo y analizaremos algunas cifras que son imprescindibles para conocer la evolución del bajo coste en nuestra sociedad actual.

Habrá quien se sorprenda al saber que la famosa expresión existe desde hace cuatro décadas, concretamente desde 1971. En ese año, la compañía estadounidense Air Southwest puso la primera piedra de un nuevo modelo de negocio que cambiaría para siempre el sector aeroespacial. La aerolínea modificó su estrategia. Cambió su nombre por el de Southwest Airlines y decidió reducir sus rutas a dos: de Dallas a Houston y San Antonio. Eran trayectos cortos dirigidos a la clase media norteamericana, con una flota de solo tres aviones del mismo modelo —Boeing 737—, lo que facilitó ajustar su tripulación y la formación de la misma. Estos recortes permitieron a la compañía reducir sus tarifas y la convirtieron en una de las más populares del sector. La aerolínea estadounidense es ahora la sexta firma aeroespacial de su país.

El éxito de las compañías de bajo coste (emplearemos el término CBC de aquí en adelante) traspasó fronteras y aterrizó en Europa, pero España no contaría con una propia hasta el nacimiento de Clickair en 2006. Para entonces, firmas como Ryanair o EasyJet ya llevaban algunos años dando guerra a las compañías españolas de bandera que veían descender su número de pasaj

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