¡Mi familia es de otro mundo!

Cecilia Blanco

Fragmento

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Índice

Prólogo: Alrededor del fuego

El mundo de Juli - Dos casas

El mundo de Santi - Tomados de la mano

El mundo de Lu - Papá, papi y yo

El mundo de Sol y Matu - Un embarazo científico

El mundo de Leo - Uno más en la familia

El mundo de Vale - Dos años nuevos

El mundo de Fran - La familia enredadera

¿Cuántos mundos hay?

Glosario

Los autores

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Prólogo

Alrededor del fuego

Un grupo de seres humanos se sienta en círculo alrededor del fuego crepitante y luminoso. Afuera, las luces del día van desapareciendo, el cielo se salpica de estrellas y el frío avanza. Pero adentro de la caverna se está muy bien. La comida es abundante y el círculo se anima con sabores que calman el hambre y palabras que también alimentan. Alguien cuenta algo divertido que le sucedió ese día durante la cacería y los demás escuchan, opinan y ríen; los más pequeños se van quedando dormidos con el runrún de la conversación; los no tan pequeños interrumpen con preguntas porque su curiosidad es insaciable. Quizás la más anciana del grupo relacione lo narrado con una historia muy antigua y la cuente con voz pausada. Ese grupo, de caras iluminadas por el fuego y las palabras, es probablemente la primera conformación familiar que alguna vez tuvimos como especie. Si lo pensamos bien, mucho no ha cambiado: seguimos reuniéndonos a partir de las historias, la comida, la protección y el sentido de pertenencia.

A lo largo de la historia de la humanidad, y también de las propias historias personales, el concepto de familia fue variando. Durante mucho tiempo se lo asoció a la imagen de un grupo formado por un padre, una madre y dos o más hijos, que viven juntos y felices en una casa.

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La “familia tradicional” era, consciente o inconscientemente, un modelo a seguir. Estaba presente en películas, avisos publicitarios, dogmas religiosos, viejos álbumes de fotos, libros de cuentos infantiles, manuales escolares. ¿Pero no había otros modelos de familias? Por supuesto que sí. Separaciones, adopciones, madres solteras, parejas homosexuales e hijos extramatrimoniales hubo siempre, pero la sociedad los ocultaba bajo la alfombra de la hipocresía, la discriminación y el rechazo a lo diferente. Esta realidad fue cambiando poco a poco y hoy, a pesar de la resistencia que todavía tienen algunas personas, todas las conformaciones familiares están, legal y socialmente, en un pie de igualdad.

Cuando me propuse hacer este libro, primero me pregunté qué es lo que une a un grupo para que se considere familia. ¿Los lazos de sangre? ¿La convivencia? ¿Los hijos? ¿La pareja? ¿Un proyecto en común? ¿El hogar? ¿El tiempo compartido? Iba descartando cada pregunta a medida que me la formulaba. Ninguna de estas cosas es condición necesaria. Pero entonces, ¿será el amor la respuesta? Yo creo que sí. Porque cualquiera de los otros elementos puede faltar, pero no el amor. Esa es la llama que enciende, da sentido y reúne a la familia en un círculo que

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