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INTRODUCCIÓN
Aprender a volar
El miedo a volar es lógico. Los aviones asustan por su tamaño, su peso, sus ruidos y vibraciones, porque vuelan muy alto, porque se meten en tormentas que los sacuden… El hombre no posee naturalmente los engramas mentales que le ayuden a entender que es posible volar.
Sin embargo, volar puede ser un placer. Es una de las conquistas humanas que más se identifica con la libertad. Libertad de elegir a qué rincón del planeta llegar y concretar un viaje: ese alimento esencial para crecer, desarrollarse y comprender qué es ser humano.
A medida que pasan los años, ya próximo a jubilarme, miro hacia atrás y noto que pasé la mayor parte de mi vida ayudando a que miles de personas puedan tener confianza en los aviones.
En cursos individuales y grupales, o durante consultas puntuales, transmití argumentos racionales para aplacar temores irracionales y vencer el miedo a volar.
Sin darme cuenta, desarrollé y consolidé un método muy eficaz, alimentado por una combinación de estudios sobre la materia e intuición ordenada por la experiencia.
Siento que llegó el momento de volcar todo ese aprendizaje en este libro y de aportar las claves, los secretos y los tips que dieron mejores resultados.
El objetivo es aliviar el sufrimiento de la gran cantidad de pasajeros que todos los días y a toda hora están ansiosos por la proximidad de un vuelo, de los que rezan en sus asientos, de los que directamente no pueden volar.
Sentir miedo a los aviones es equivalente a estar en una cárcel. Nadie que pueda pagar un pasaje en avión debe abstenerse del placer de comprender y ampliar la visión de la vida y del mundo ni de conocer otras culturas, otros paisajes, otras realidades.
Volar en avión es una de las actividades más seguras y es la llave a una de las experiencias más ricas que existen: los viajes, sean de negocios o de placer, culturales o de descanso, simples vacaciones o la conquista de nuevos territorios.
El secreto de vencer el miedo al avión está en equiparse con herramientas para familiarizarse con la máquina y con las múltiples variantes de normalidad que proponen los vuelos: habrá despegues sobrios y otros más ruidosos, diferentes alturas, virajes más o menos escarpados, cruceros que ni se sienten o que sufren turbulencias magníficas, aterrizajes suaves o bruscos…
En un mismo vuelo, dos pasajeros distintos pueden armar un relato completamente diferente sobre lo vivido. La realidad es multidimensional y se la percibe a través de los cristales de nuestras experiencias previas, de las fantasías, de las creencias y de pensamientos con diferentes grados de objetividad certera.
El miedo es contagioso. Una anécdota exagerada sobre un mal trago en un viaje previo, un grito de ansiedad o una persona que reza en pleno vuelo contaminan a otros pasajeros, presentes o futuros.
Al menos diez millones de pasajeros por día se suben a un avión y quedan involucrados en todo tipo de contingencias meteorológicas: lluvia en el despegue, fuertes ráfagas de viento, nubes de tormenta y turbulencias de todo tipo. Todos llegan a destino. Muchos, no obstante, comienzan a sentir miedo ante esa experiencia que los hizo sentir inseguros y les quitó las ganas de seguir volando.
La buena noticia es que el miedo a volar tiene solución.
El 95 por ciento de quienes inician una consulta para tratar el tema logra mejorar su calidad de vuelo y alivia de manera considerable el es
