Mensaje personal de Robin Sharma
Te escribo esta nota desde la casa de campo en la que vivo. A través de la ventana de la habitación donde trabajo veo un olivar, viñedos y una inmensa niebla que flota por encima de las colinas, que parecen alcanzar el cielo. Me gustaría que estuvieras aquí conmigo para contarte en persona todo lo que deseo compartir sobre cómo enriquecer tu vida. Quizá podamos hacerlo en el futuro. Ya veremos.
Mi sincero deseo mientras avanzas en este libro, que he escrito para ayudarte a vivir la versión más elevada de la mejor visión que tengas de tu vida, es irme ganando tu confianza a medida que pases las páginas. Y convertirme en tu compañero, amigo y mentor.
Te agradezco humilde y sinceramente que creas en el valor de las ideas que estás a punto de descubrir sobre cómo llevar una existencia llena de éxito verdadero y riqueza real, no la versión falsa que han programado en demasiadas buenas personas. Espero que este libro en el que tanto he trabajado te sirva para llenar tu vida de mucha más belleza y felicidad, valor y relaciones, además de con una paz interior sin límites.
Ten en cuenta que mi filosofía sobre lo que constituye una vida humana plena, en la que se basa esta obra, es muy diferente de la de otros libros sobre desarrollo personal. Solo te pido que tengas la mente abierta mientras avanzamos por sus páginas y valores si la información es valiosa en función de los resultados reales que te ofrezca día tras día.
Muy bien. Empecemos.
Muchos conocen el cuento de un chico que pasa las tardes en el campo observando cómo se pone el sol tras una casa perfecta, con ventanas que parecen de oro, situada en una colina lejana. Lo obsesiona la idea de, algún día, en el futuro, ir a ver ese lugar y, con suerte, vivir allí. Eso le proporcionaría la felicidad que tanto anhela.
Un día, cuando es un poco más mayor, se decide a hacer realidad su sueño. Viaja durante muchos días e incluso largas noches, y sobrevive únicamente gracias a la amabilidad de desconocidos que lo animan a seguir caminando cuando se enteran de su deseo de ver la casa perfecta con ventanas de oro puro. Al final, agotado, el chico llega a su destino.
Pero, por supuesto, no es en absoluto lo que él veía. Lo que encuentra no es una casa perfecta, sino un granero en ruinas. Y las ventanas no son de oro puro, sino de madera vieja, sucia y agrietada. Se da cuenta de que, desde lejos, la elevada posición del granero en la colina había creado una ilusión óptica: los rayos del sol sobre las ventanas hacían que parecieran de metal precioso. Pero lo que había visto desde la distancia era mentira.
¡Ay, en qué mundo vivimos! Nos enseñan a calcular si hemos triunfado por la cantidad de dinero que tenemos, el tamaño de los bienes que poseemos y si hemos dedicado nuestros mejores días a perseguir fama, fortuna e influencia. Esto hace que muchos de nosotros, en lo más profundo del alma, nos sintamos mal con nuestra vida, tristes con nosotros mismos y enfadados porque los sueños en los que alguna vez tuvimos tanta fe han quedado destruidos y han muerto en silencio a medida que los hemos ido sustituyendo por responsabilidades adultas, el estrés de la vida y los afanes humanos.
El dinero es importante, por supuesto. Tener una cantidad razonable nos permite llevar una vida más fácil, vivirla a nuestra manera y hacer cosas buenas por las personas a las que queremos. Tener suficiente dinero abre más ventanas de posibilidades y puertas a elegir. Pero el dinero es solo una forma de riqueza. En realidad existen otras siete formas en las que me gustaría que te centraras para que puedas alcanzar una vida que sientas que es de verdad rica, profundamente viva y todo lo que alguna vez esperaste que fuera. Te iré hablando de ellas, así como de un poderoso método, con todo mi entusiasmo, a medida que avancemos juntos.
A veces dedicamos tanto tiempo a mirar lo que otros poseen que olvidamos las cosas buenas que tenemos nosotros. Y no me refiero solo a cosas materiales. Me refiero más bien a los elementos fundamentales de una vida humana bellamente vivida. Esos que con tanta facilidad pasamos por alto en este mundo acelerado, demasiado complejo y siempre desordenado en el que nos encontramos tú y yo. Cosas que ahora pueden parecer sin importancia, pero que, cuando estás en la última hora de tu último día, ves con total claridad que son las más importantes.
Una de las razones por las que he escrito La riqueza que el dinero no puede comprar es porque muchas personas sufren en todo el planeta. Sufren pensando y sintiendo que no tienen suficiente. Suficiente dinero. Suficientes bienes materiales. Suficientes likes, seguidores y estatus social. Esto provoca a su vez lo que en mi trabajo como mentor llamo «el sufrimiento por no sentirse digno». Somos demasiados los que tenemos la profunda sensación de que no importamos, de que no hemos alcanzado el éxito y de que nuestra vida es demasiado pequeña en comparación con las vidas que nos dicen que son perfectas y sensacionales.
La verdad es que eres absoluta, única e innegablemente suficiente. Tienes muchos dones, talentos y bondad. Y mucho que agradecer ahora mismo. Pero muchos sentimos una especie de agujero dentro de nosotros. Y ahí está la trampa: nos esforzamos obstinadamente por buscar cosas y más cosas externas con las que llenar ese agujero. Nos decimos que algún día, cuando tengamos mucho dinero, coches impresionantes, ropa a la moda y seguidores en internet, nos despertaremos y por arte de magia nos sentiremos bien. Y seremos felices para siempre. Pero tú y yo sabemos que ese día nunca llegará, porque nada del mundo exterior conseguirá nunca que te sientas mejor por dentro. Como confirma el proverbio zen: «Eres quien eres vayas a donde vayas».
¿Y cuál es la solución? Muy sencillo: entender que lo que persigues en esa búsqueda colectiva de escalar la montaña del éxito (que la sociedad nos ha entrenado para que escalemos) no te llevará al éxito real, porque llegar a la cima de la montaña del dinero sintiéndote vacío, solo e infeliz no es ganar. Es perder. No seas como el chico del cuento que te he contado, que persigue un ideal y al final descubre que era mentira.
«El éxito tiene lugar en la privacidad del alma», escribió el famoso productor musical Rick Rubin. El éxito mundano sin alegría es el oro de los tontos. Mi humilde deseo es que experimentes ambos. El libro que tienes en las manos es mi amable ofrenda, que te llevará a experimentar las verdaderas victorias, la enorme alegría y la magia (sí, magia) que hacen grande la vida humana. He volcado mi mente, mi corazón, mi cuerpo y mi espíritu en esta obra. Espero que te sirva maravillosamente en tu ascenso.
Con amor y respeto,

Introducción
La otra tarde, Elle se sentó en el sofá a mi lado, en la sala de estar de nuestra casa en la campiña italiana. Nos mudamos aquí hace unos años, con las posesiones más importantes de mi vida metidas en tres maletas. Necesitaba una nueva aventura, así que vendí mi casa, regalé muchas cosas y abandoné el país en el que había vivido durante cincuenta y cinco años. Después de aterrizar en Roma, esperamos en la cinta de equipajes, emocionados ante el inicio de nuestra nueva vida. Esperamos un rato más, y otro. Sí, nuestro equipaje se había perdido. El universo tiene un delirante sentido del humor, ¿verdad?
En fin, la tarde que estaba a punto de describirte, la perrita de Elle, Holly, que ahora se ha convertido en mi perrita porque está conmigo casi todo el tiempo, se sentó en mi regazo ronroneando como un gato (aunque sea una perra). Llamo a Holly «SuperChum» (Superamiga), porque eso es exactamente para mí.
Al otro lado de los antiguos marcos de la ventana, vi el cielo del atardecer, ardiente y cautivador, de tonos rojizos con toques de naranja tostado. Era magia en su forma más simple. Italia tiene estas cosas. Un amigo me dijo hace poco: «Cuando vives aquí, lloras dos veces. La primera cuando llegas, porque no es el lugar más eficiente del mundo. Y después lloras una segunda vez, cuando tienes que marcharte». Sí, tan especial es.
Elle tenía una leve sonrisa en el rostro. Y de vez en cuando algunas lágrimas en los ojos. Estaba leyendo el manuscrito de este libro por primera vez.
La escena era muy sencilla. Y profundamente perfecta.
Entonces pensé: «Esto es riqueza».
No digo que mi vida sea o haya sido alguna vez ideal. En absoluto. He pasado por dificultades dramáticas y he soportado momentos tremendamente duros. Me han derribado, me han tratado mal, me han traicionado y me han desanimado.
Y, desde luego, no quiero que pienses que soy una especie de gurú que lo sabe todo. Porque no es así.
Pero he descubierto cómo convertir los contratiempos en fortalezas, las heridas en sabiduría y los problemas en prosperidad. He aprendido a golpes muchas lecciones sobre cómo llevar una vida hermosa que compartiré contigo durante el tiempo que pasemos juntos en las siguientes páginas.
Una vez tuve un monitor de esquí que me ayudó a esquiar mejor (porque es lo que hacen los monitores de esquí). Un día, mientras subíamos la montaña en el telesilla, me dijo: «Mira, los monitores de esquí no somos ricos, pero tenemos una vida rica». Y ese hombre, con las mejillas siempre sonrosadas por el sol y el frío, una mujer a la que adoraba, hijos a los que quería y que vivía en una montaña con vistas que me dejaban sin aliento, era la persona más rica que he conocido nunca.
De esto trata La riqueza que el dinero no puede comprar, de las riquezas verdaderas que a menudo tenemos ante nosotros, pero pasamos por alto porque nos han programado para no valorarlas. Pienso en esta cita de Dale Carnegie: «Todos soñamos con un mágico jardín de rosas en el horizonte en lugar de disfrutar de las rosas que florecen hoy al otro lado de nuestras ventanas». Así es, ¿verdad?
Permíteme que te haga una pregunta: ¿por qué nuestra cultura adora al multimillonario y no al maestro que encuentra la manera de inspirar a una clase de veinte niños semana tras semana? ¿O al bombero que vela por la seguridad en nuestros hogares y nuestra comunidad con heroica dedicación? ¿O al jardinero que embellece las calles gracias a su incansable labor plantando, regando y cuidando las flores del barrio?
Este libro trata de una filosofía y una metodología del éxito y la riqueza completamente nuevas que no nos enseñan y ni siquiera nos animan a considerar, pero que te proporcionarán felicidad constante, libertad personal y paz interior duradera.
Ahora bien, como he comentado, estoy de acuerdo en que el dinero es importante. Todos tenemos facturas que pagar, obligaciones que cumplir y actividades que cuestan dinero. Y contar con ahorros y una sólida situación económica te permite vivir con menos estrés, más libertad y una sensación de soberanía personal (hacer lo que quieres, donde quieres, cuando quieres y con las personas a las que quieres). De modo que sí, el dinero es un elemento fundamental para llevar una vida más rica. Debo ser muy claro a este respecto. Es importante, pero no lo único que importa.
Como verás en el sistema de aprendizaje que estoy a punto de exponerte (que he enseñado durante muchos años a los clientes a los que asesoro con excelentes resultados), la prosperidad económica es solo una de las ocho formas de riqueza. He sido mentor de muchos multimillonarios en mis casi tres décadas de trabajo con grandes empresarios, deportistas famosos, estrellas de cine y líderes de movimientos de todo el mundo. Y puedo decirte sin temor a equivocarme que muchos de ellos lo único que tienen es dinero. Son ricos en dinero, pero pobres en vida.
Debe irte bien en cada una de las ocho formas de riqueza para que puedas considerarte exitoso y una persona que de verdad vive en la abundancia. Y de forma hermosa.

En las páginas siguientes consideraremos con atención cada una de estas ocho formas de riqueza para que te resulte sencillo aplicarlas y divertido entenderlas, y marquen la diferencia en tu vida. En capítulos breves pensados como sesiones personales de mentoría diaria, te ofreceré ideas, sugerencias, instrucciones e historias inspiradoras para que puedas vivir con más plenitud cada una de ellas. Y, mientras lo haces, verás que serás recompensado con una vida más rica.
El modelo de aprendizaje de las ocho formas de riqueza se basa en ocho hábitos ocultos (porque no se suelen considerar) que te insto a que adoptes:
Crecimiento: El hábito diario de la superación personal. Este hábito se basa en la idea de que los seres humanos somos más felices y más verdaderamente ricos cuando somos conscientes de nuestros dones personales y nuestros talentos primordiales. La búsqueda constante de crecimiento personal es uno de tus activos más valiosos.
Bienestar: El hábito de optimizar tu salud constantemente. Este hábito se basa en la profunda comprensión de que alcanzar la máxima vitalidad mental, emocional, física y espiritual y vivir una larga vida llena de energía, bienestar y alegría son fundamentales para que seas rico de verdad.
Familia: El hábito de que una familia feliz es una vida feliz. Este hábito se basa en el conocimiento de que tener todo el dinero y el éxito material del mundo no tiene ningún valor si estás solo. Así que enriquece las relaciones con tus seres queridos. Y llena tu vida de amigos fantásticos que aumenten tu felicidad.
Trabajo: El hábito del trabajo como plataforma para tus propósitos. Este hábito se basa en la práctica constante de ver tu trabajo como una búsqueda noble y una oportunidad no solo para sacar mayor partido de tu talento, sino también para hacer de nuestro mundo un lugar mejor. La maestría es un valor en el que merece la pena invertir.
Dinero: El hábito de la prosperidad como combustible para la libertad. Este hábito se rige por el principio de que la abundancia económica no solo está lejos de ser mala, sino que es necesaria para vivir de manera generosa, fascinante y original.
Comunidad: El hábito de convertirte en tu red social. Este hábito se estructura en torno al hecho científico de que el pensamiento, el sentimiento, el comportamiento y la producción de los seres humanos están profundamente influidos por sus relaciones, conversaciones y mentores. Para llevar una gran vida, llena tu círculo de grandes personas.
Aventura: El hábito de que la alegría procede de explorar, no de poseer. Este hábito se formula en torno a la realidad de que lo que crea gran alegría no son los bienes materiales, sino los momentos mágicos que pasamos haciendo cosas que nos llenan de gratitud, fascinación y asombro. Enriquece tus días con ellos y tu vida se elevará a un nuevo universo de inspiración.
Servicio: El hábito de que la vida es corta, así que sé muy servicial. Este hábito se basa en el convencimiento de que el objetivo principal de una vida rica es mejorar la vida de los demás. A medida que te pierdas en una causa que es más grande que tú, no solo encontrarás tu mejor yo, sino que iluminarás el mundo. Y descubrirás tesoros que van mucho más allá de los límites del dinero, las posesiones y el estatus social.
Muy bien. Gracias de nuevo por tu fe en mi trabajo y por acompañarme. Ahora empecemos. Y llenemos tus días con la riqueza que el dinero no puede comprar.
LA PRIMERA FORMA DE RIQUEZA

Crecimiento
El hábito diario de la superación personal
La riqueza que hay dentro de ti,
tu esencia, es tu reino.
RUMI
La primera forma de riqueza
Crecimiento / Breve resumen
Llegar a ser todo lo que puedas ser es un premio mucho más valioso que cualquier cosa que el dinero pueda comprar. El dominio personal es un valor que te hará rico de verdad. Y tu inversión más inteligente es convertirte en todo lo que puedes ser.
Analizar los miedos a los que no te has enfrentado, liberarte de las limitaciones que te sabotean, aventurarte en ámbitos desconocidos de tu potencial innato y saber lo sabio, fuerte, talentoso, resiliente y cariñoso que eres aportará más magia a tu vida que toda la fama, la fortuna y el éxito mundano que una persona pudiera tener.
El crecimiento interior y el desarrollo personal diario son formas muy reales de riqueza, aunque nuestra sociedad no suele valorarlas. En nuestra época, el que aparece en las portadas es el gran financiero multimillonario, y a quien se coloca en un pedestal es a la famosa superestrella del deporte, no a la persona cuya prioridad ha sido alcanzar una mente pura y un gran corazón, forjarse un carácter fuerte y desarrollar un espíritu elevado. Para mí, ganar en mi interior es mucho más importante que ganar en el mundo. Lo primero es duradero. Lo segundo es efímero.
Pero que nuestra cultura no coloque la superación personal y la materialización de tus facultades naturales y tu talento primordial en la parte superior de la lista de las cosas más importantes para vivir bien no significa que tú no debas hacerlo. De hecho, deberías.
Mahatma Gandhi dijo en cierta ocasión: «Los únicos demonios que hay en el mundo son los que habitan dentro de nosotros. Ahí es donde debemos librar la batalla». Y créeme: en cuanto entiendas el valor de profundizar en tu crecimiento personal, todo cambiará para ti, porque una vida exterior brillante empieza con una vida interior hermosa. Y nunca podrás crear, producir, hacer prosperar o saborear nada superior a ti mismo.
Bien, mi nuevo amigo, analicemos juntos la primera forma de riqueza.
1
Honra tu grandeza
Una idea sencilla que con demasiada frecuencia pasamos por alto. Valorarte. Por todo lo que has pasado y aquello en lo que te has convertido. Por los miedos a los que te has enfrentado y de los que te has liberado. Por los sueños que no solo has soñado, sino que has tenido la valentía de convertir en realidad. Por todas las personas a las que has ayudado y por todo el bien que has hecho. Importas más de lo que crees, así que no midas tu valor por lo que la mayoría te dice que deberías ser, hacer y tener.
El hecho de que estés aquí conmigo no es un accidente. Algo en ti (en una cultura en la que demasiadas personas excelentes caminan sonámbulas en un sueño digital durante sus horas más valiosas) busca algo más elevado. Siento que, aunque a veces la vida es dura, no has perdido la esperanza. Has conservado tu optimismo en un futuro mejor y has confiado en esa llamada que sientes en tu alma y te dice que alcances tus aspiraciones éticas durante el tiempo que te quede por vivir.
Esto, a mis ojos, cada vez más viejos, te convierte en un héroe. Has pasado por mucho. Podrías haberte rendido. Haberte hartado, haberte vuelto escéptico y supercrítico, y haber cerrado tu corazón.
Pero estás aquí. Listo para ascender, apasionado por avanzar y decidido a crecer gracias a la orientación que recibas de mí, como tu mentor. ¿Sabes? Estar dispuesto a dejar ir a la persona que eras ayer para convertirte en alguien aún mejor, más sabio, más sano y más feliz mañana, es un acto de gran valentía.
Ah, e insisto en que el trabajo de desarrollo personal es el mejor que puedes hacer. Muchas personas se ríen o ponen los ojos en blanco (o ambas cosas) cuando oyen el término «superación personal», pero ¿qué es más valiente y sensato que realizar de forma constante y progresiva el entrenamiento profundo para convertir la cotidiana inseguridad humana en una excepcional seguridad en ti mismo, las limitaciones personales en habilidades fuera de lo común, y un modo promedio de avanzar por la vida en un viaje impresionante que honre la promesa con la que naciste? «La inversión más importante que puedes hacer es en ti mismo», dijo el famoso financiero Warren Buffett. Y la mejor estrategia para mejorar el mundo es mejorarte a ti mismo, ¿verdad?
A medida que reelaboras, elevas y ajustas tu universo interior, tu relación con lo que en mi metodología llamo tu «yo heroico» (que es lo contrario de tu «yo egoico», la parte falsa, defectuosa, restringida y asustada de ti que se ha formado por las creencias negativas y las heridas humanas que has sufrido en el pasado) aumentará sin la menor duda. Y cuando tu relación primordial con tu yo más grande aumenta, todas las demás relaciones de tu vida aumentan también.
Crea un conocimiento y una intimidad más fuertes con tu yo heroico (mediante las filosofías y las herramientas por las que te guiaré), y la relación con tu familia, tu vitalidad, tu trabajo, tu prosperidad, tu comunidad, tus aventuras y tu servicio a los demás volarán con él.
Por cierto, ahora deberías saber que soy de origen humilde. No nací en cuna de oro. Nací en África, de padres inmigrantes. Hace dos años llevé a Elle, mi compañera de vida, a ver la casa donde crecí. El actual propietario estaba regando el césped cuando nos acercamos. Le conté que hace más de cincuenta años yo vivía en su casa, así que nos invitó a entrar. Un hombre muy amable y sonriente.
Después de marcharnos, Elle me dijo: «Es la casa más pequeña que he visto en mi vida». Yo también.
Y crecí con un montón de defectos, como todos los seres humanos. Lleno de carencias, timidez, inseguridad y modos de actuar que encadenaban mis talentos, frenaban mi optimismo y asfixiaban mi libertad.
Pero una cosa me salvó (y me transformó): un amor ilimitado (y a veces obsesivo) por crecer. Si no sabía cómo mejorar algo, podía aprender a hacerlo. Todo lo que deseaba llegar a ser y todo lo que soñaba experimentar podía hacerse realidad enriqueciendo mis conocimientos. Tú también puedes hacerlo, por supuesto. Y por eso estoy tan emocionado por ti.
Mientras escribo estas palabras, recuerdo lo que dijo la filósofa y escritora Ayn Rand:
No dejes que tu fuego se apague chispa a chispa en los desesperanzados pantanos de lo que no es del todo, de lo que aún no es y de lo que no es en absoluto. No dejes que el héroe que tienes en el alma muera solo y frustrado por la vida que merecías, pero que no has podido alcanzar. El mundo que deseas puede conquistarse, existe, es real y es tuyo.
Estos son mis mejores deseos para ti.
2
La ley de que el cambio exterior sigue al cambio interior
Mientras te escribo este mensaje, espero que estés de muy buen humor, lleno de entusiasmo (¡qué gran palabra!) y buscando con pasión una vida maravillosa de la que te sientas orgulloso cuando seas anciano. Y si ya eres anciano, entonces deseo que ya estés orgulloso de tu vida.
Me he levantado a las tres de la mañana (me fui a dormir poco después de las nueve de la noche) para meditar, visualizar y orar. Después me he subido a la elíptica. Es mi aparato de ejercicio favorito, aparte de mi fiel bicicleta de montaña, que para mí es la mejor. Cuando conocí a Elle (en nuestra segunda cita, para ser exactos), lo primero que le enseñé cuando vino a mi casa fue mi bicicleta de montaña. Después me confesó que le había parecido un poco raro, pero han pasado muchos años y sigue conmigo, así que supongo que el gesto no estuvo tan mal.
En cualquier caso, quiero contarte una historia. Una noche, un padre estaba sentado en su sillón favorito leyendo un periódico. Su hijo pequeño estaba sentado cerca de él.
—Papá, vamos a jugar —le dijo alegremente el niño.
Pero el hombre estaba demasiado ocupado siendo adulto y siguió leyendo su artículo.
—¡Papi, vamos a jugar! Vamos a divertirnos —le repitió el niño.
Pero el padre no le prestó atención y siguió con su lectura.
El niño insistió, pero el hombre no le hizo caso. Al final el padre tuvo una idea. En el periódico había una foto del globo terráqueo, así que la arrancó, la rompió en pedazos, se los entregó a su hijo y le dijo que uniera los trozos creyendo que tardaría mucho en conseguirlo.
Pero los niños llegan más evolucionados que los adultos para enseñarnos las lecciones que debemos aprender. Y tras solo unos minutos el niño volvió con el globo terráqueo perfectamente unido.
—Hijo, ¿cómo lo has hecho? —le preguntó el padre, asombrado.
—Muy fácil, papá. En la otra cara del globo terráqueo había una persona. Y en cuanto he recompuesto la persona, el mundo ha quedado bien.
Poderosa idea, ¿verdad? En cuanto te recompongas, tu mundo quedará bien. Más que bien. En realidad, fantástico si pones en práctica las filosofías, los métodos, las rutinas y las tácticas que me entusiasma compartir contigo (nada funciona para una persona que no esté dispuesta a hacerlo funcionar, ¿verdad?).
Uno de los tatuajes cerebrales que me encanta compartir con mi público cuando doy una conferencia en alguna ciudad de este pequeño planeta es este: «Las víctimas ponen excusas; los líderes consiguen resultados». Ser líder no significa que debas tener un título, una posición, autoridad o un montón de dinero. No, para nada.
El liderazgo es justo lo contrario del victimismo. Y los seres humanos que renuncian a su capacidad de crear resultados maravillosos quejándose, buscando culpables y esperando que otros les mejoren las cosas son personas que han caído en la trampa de hacerse las víctimas.
El otro día estaba en un coche compartido con un conductor joven y muy simpático. Me contó que había llegado como inmigrante con doscientos sesenta dólares en el bolsillo. Era todo el dinero que tenía. Pero centrándose en sus objetivos, trabajando duro y con ganas de crecer, ahorró lo suficiente para comprarse una casa y ahora mantenía a once (sí, ¡once!) miembros de su familia. Podría haberse quejado de su duro pasado, haber echado la culpa a su pésima infancia y haber esperado a que sucediera algo que le mejorara la vida, pero no lo hizo. Empezó con muy poco, fue avanzando día a día, y con el paso del tiempo transformó su situación. Este conductor consiguió resultados en lugar de poner excusas. Y me contó que su auténtico secreto era su profunda dedicación a la superación personal constante, que es en lo que consiste el crecimiento, la primera forma de riqueza.
Por alguna razón, la historia de este hombre me hace pensar en las palabras del poeta guerrero Charles Bukowski: «¿Recuerdas quién eras antes de que el mundo te dijera quién debías ser?».
Deberíamos terminar aquí este capítulo, porque necesito un descanso y mi fiel bicicleta de montaña está esperándome.
3
No colecciones resentimientos
Una persona nos mira mal. Una persona cercana a nosotros nos decepciona. Una persona en la que confiábamos nos miente. Cosas así forman parte de la esencia de la vida. Por mucho que lo intentes, no puedes evitarlas.
Cuando no nos tratan como queremos que nos traten, es muy fácil enfadarse. O retirarse. O guardar un secreto resentimiento.
Y a medida que avanzamos en la vida e interactuamos con otros seres humanos, es fácil seguir añadiendo experiencias a lo que yo llamo «la pila del resentimiento».
Estás cada vez más desanimado y, en lugar de procesar las emociones de dolor, frustración e irritación que te crean estas experiencias para liberarte de ellas, te limitas a tragártelas. Y a regodearte en ellas. Y dejas que los resentimientos se pudran, como una gran herida abierta (que mancha todo momento que vives y empaña tu creatividad, tu productividad, tu prosperidad y tu serenidad).
Eres sabio y brillante, y eliges a mentores fantásticos, así que ya sabes que esta no es la mejor manera de vivir. Las heridas que no se curan se convierten en potenciales no realizados, y además te absorben la energía, una energía que podrías utilizar para conseguir resultados elevados y disfrutar del regalo supremo y la expedición que es tu vida.
Y también recuerda que cuanto más crece tu pila del resentimiento, más influye en tu forma de verlo todo.
Empiezas a ver desprecios que ni siquiera han existido. Empiezas a observar que las personas hacen cosas malas que en realidad no han hecho. Empiezas a creer que este universo a veces difícil pero también asombroso en el que vivimos es un lugar aterrador. Vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros, ¿verdad?
Así que mi sincera sugerencia para ti, mientras doy un sorbo a mi té de menta fresca con una rodaja de jengibre y escucho la preciosa canción country «Fall» de Kolby Cooper, mientras un gallo muy escandaloso sigue despertando al mundo, es que te conviertas en un maestro de dejar ir las cosas. Protégete, por supuesto, y no dejes que te traten mal. Es obvio, y de hecho enseñamos a los demás cómo tratarnos. No debes permitir que te pisen, pero también te sugiero que tengas más compasión con los demás. No sabemos qué batalla están librando. Y todos los que nos rodean hacen lo que pueden (incluso si lo que pueden es un desastre).
Y aunque esto no significa que no debamos responsabilizarlos de lo que hacen, sí significa que merecen nuestra comprensión. Imagínate lo brillante que será la vida humana que crearás si optas por la rareza de intentar ver las bendiciones de las personas que pretenden maldecirte. Este es el comportamiento de las almas más grandes de la historia. Y el de una persona rica de verdad.
«En mis años más jóvenes y vulnerables, mi padre me dio un consejo al que no he dejado de dar vueltas. “Cada vez que quieras criticar a una persona, recuerda que no todo el mundo ha tenido las ventajas que has tenido tú”», dice Nick Carraway, el narrador de la estupenda novela de F. Scott Fitzgerald El gran Gatsby.
Haz bien esta parte, y tu alegría diaria y tu tranquilidad general aumentarán de forma exponencial. Y con la vida que lleves, propiciarás sutilmente que estalle la paz en todo el planeta.
4
Está bien ser desordenado
«Sé perfecto», «sé superordenado» y «ten abdominales definidos», nos enseña la sociedad. ¡Qué absurdo!
¿Llevar una vida equilibrada no es señal de gran sabiduría?
Hay momentos para ejercitar una fuerza de voluntad excepcional (mientras creamos un proyecto inspirador, perseguimos una meta importante de aptitud física o llevamos a cabo una aventura espiritual importante, por ejemplo) y mostrar una autodisciplina heroica. Y también hay periodos para tumbarse, descansar más, hacer poco y simplemente ser un ser humano.
Y cuando digo en el título de este mensaje que está bien ser desordenado en determinadas etapas del viaje de tu vida, no me refiero solo a no hacerte la cama cuando no te apetece y a tener la agenda vacía para concederte la libertad de aburrirte. También quiero decir que está bien no ser perfecto en lo que respecta a tu vida interior. El autodominio y el crecimiento personal nunca deben ser una rutina. De lo contrario, agotarás la magia del proceso.
Anoche vi un vídeo en internet de un hombre que decía que deberíamos tratarnos a nosotros mismos como un bloque de piedra, golpearnos hasta el límite para esculpir algo hermoso. Su energía era intensa, agresiva y al parecer enfadada.
Entiendo lo que quería decir, por supuesto. No podemos ceder en todo momento a impulsos débiles y aun así esperar tener una vida deslumbrante, llena de excelencia y satisfacción. Entendido. Envíame la camiseta con el lema. Algunos mensajes de la mentalidad del trabajo duro y el esfuerzo constantes tienen algo de verdad. A las personas que hacen cosas difíciles les suceden cosas felices.
Pero, para mí, una experiencia humana gloriosa debe contener cierto desorden. Algunos momentos de «pereza estratégica». Algunos hermosos días de serio desorden en los que nos permitimos dejar la cama sin hacer, la llamada sin atender y los platos sin fregar. No somos máquinas, somos seres humanos.
Supongo que lo que me gustaría que consideraras es que debes confiar más en el fluir de las cosas. Deja de resistirte a tus ritmos naturales. Acepta las etapas en las que parece que no pasa nada, como el campesino acepta tanto las épocas de barbecho como las de cosecha, porque entiende que sin las primeras no sería posible el crecimiento espectacular de las segundas. Honra los días en los que tienes toda la energía del mundo. Y descansa más los días en que no la tengas.
5
Memoriza el principio PENAM
¿Alguna vez te has preguntado cómo has llegado a ser la persona que eres?
¿Alguna vez has pensado en cómo se desarrollaron las cosas para dar lugar a quien eres hoy? (Por cierto, no hay nadie en el mundo exactamente igual que tú).
Mi respuesta puede condensarse en un acrónimo de cinco letras: PENAM.
Sí, esa es mi respuesta.
Tus creencias fundamentales, tus comportamientos básicos, tus hábitos diarios y tu forma de ser los originaron y crearon las cinco fuerzas que representa el acrónimo PENAM.
La «P» corresponde a tus padres. Lo más probable es que tuvieran buenas intenciones, claro, pero lo cierto es que también te transmitieron su programación defectuosa. Hicieron lo que pudieron basándose en lo que sabían y en lo que les enseñaron sus padres. Si tenían problemas de dinero e ideas limitadas sobre la abundancia económica, tú también las adoptaste (porque un niño asume el pensamiento y copia inconscientemente el comportamiento de quienes lo cuidan, que le enseñan cómo funciona el mundo). Si tus padres creían que la vida siempre es trágica, que la mayoría de las personas son malas y que los seres humanos no pueden controlar lo que acontece, tú aceptaste estas creencias y asumiste estos hábitos. Y los has puesto en práctica tantas veces que se han convertido en tus verdades y en tu realidad, aunque fueran erróneos.
La «E» corresponde a tu entorno. Tu ecosistema tiene una influencia impresionante en la manera en que te muestras cada día. Permite entradas mediocres en tu órbita personal, como programas de televisión violentos, noticias tóxicas y mensajes de influencers narcisistas, y con el tiempo estas fuerzas degradarán tu positividad, tu rendimiento y tu alegría. Además, el entorno en el que creciste durante los años de formación que dieron forma a tu identidad ha tenido un enorme impacto en la persona que eres ahora en el mundo.
La «N» corresponde a nación. Si creciste en una zona de guerra o en un país que sufre inestabilidad social, esto afectará mucho a tu forma de ver las cosas. Si eres de una nación próspera, estable y segura, esto también crea una lente a través de la cual procesas lo que es posible para ti. Y en quién puedes convertirte en el futuro.
La «A» corresponde a tus asociaciones. Con quién pases el tiempo tiene un efecto enorme en tu forma de pensar, sentir y actuar. Tu círculo de amistades, por ejemplo, es un fuerte indicador de tus ingresos, tu estilo de vida y la huella que dejes. Establece relaciones con reinas del drama y reyes del caos, y con el tiempo estas influencias te afectarán profundamente.
La «M» corresponde a los medios. Cada día, vivas donde vivas, recibes un torrente constante de hipnosis y seducción de muchos medios. En él podríamos incluir anuncios pensados para inducirte a comprar productos, sugerencias sobre qué valores son importantes y consejos sutiles sobre cómo deberías vivir para encajar en el molde. Todo esto, con el tiempo, infecta tu identidad e influye en tu manera de interactuar con las oportunidades.
PENAM. Estas letras explican cómo te has convertido en quien eres. Piensa en ellas. Coméntalas con un amigo. Y medita sobre ellas en soledad. Porque a medida que eres más consciente de las cinco fuerzas que te han dado forma, aumenta tu autodominio. Y se incrementa tu capacidad de tomar mejores decisiones, que, sin duda, generarán resultados más espectaculares.
6
