Fusco. El fotógrafo de Perón

Matías Méndez

Fragmento

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PRÓLOGO

Cuando el 11 de septiembre de 2011 cayeron las Torres Gemelas, pocos supieron que —entre los objetos destrozados por el atentado— se encontraba una caja fuerte que había guardado los 40.000 negativos que Jaques Lowe había tomado a John Fitzgerald Kennedy y a su familia entre 1958 y 1963. De esas fotografías únicas, que revelaban la intimidad del presidente, sólo sobrevivieron algunas copias de papel que se guardaban en otro sitio.

Diez años antes de que Lowe comenzara a fotografiar a Kennedy, un fotógrafo argentino, Pinélides Fusco, ya estaba embarcado en la realización de la maravillosa serie de fotografías de Juan Perón, Eva Duarte y del primer peronismo que se reproducen en este libro. Como en otros casos, un argentino se hallaba a la vanguardia.

La fotografía siempre estuvo ligada a la realidad. Por su propia esencia. Y, desde hace mucho, los políticos son conscientes del poder de la imagen en la comunicación de sus actos de gobierno. En esa relación entre fotografía y realidad, algunas veces una foto es capaz de mostrar mucho más de lo deseado. Por eso, cuando califico de maravillosa a esta serie de imágenes de Fusco que retratan buena parte del primer peronismo, me refiero no sólo a su calidad como material institucional y a la riqueza de información que contienen acerca de un momento político, sino también a la presencia viva de la intimidad de Perón y de Evita que aflora en muchas de las tomas. Basta ver la fotografía antológica de Eva llorando en brazos de Perón, del 1º de mayo de 1952, captada por el obturador de la cámara Speed Grafic de Fusco, como ejemplo de un momento único, espontáneo e irreproducible en el que se entrelaza política y humanidad.

Pero las imágenes de Pinélides Fusco tienen, además, otro valor extra: provienen del ojo de alguien que pensaba como reportero gráfico pero no olvidaba que la fotografía es además una disciplina artística. Para confirmarlo, sólo habría que recordar que, en 1953, fundó la “Carpeta de los Diez” junto a Fred Schiffer, Annemarie Heinrich, Ilse Meyer, Anatole Saderman, Hans Mann, George Friedman, Alex Klein, Max Jacoby y José Malandrino. Este grupo de fotógrafos fue el primero que planteó en la

Argentina una propuesta en la que se mostraba a fotografía como un arte de características propias, en oposición a las ideas decimonónicas de los fotoclubs, que consideraban a esta disciplina como subsidiaria de la pintura. Si esto no bastara para medir el valor artístico de la obra de Fusco, habría que recordar que, después del derrocamiento de Perón, Pinélides Fusco también fundó el Grupo Forum junto a Max Jacoby y Sameer Makarius, en cuya declaración de principios artísticos se planteaban reflejar nítidamente la forma de vivir y de pensar que tenían y fijarla inequívocamente con la fotografía.

Fusco llegó a ser “Fusquito” para Perón y eso le abrió las puertas a una intimidad que pocos fueron capaces de registrar. También lo convirtió en perseguido político cuando, luego del golpe de Estado de 1955, tuvo que esconder las fotografías y fue acusado de pornografía con la excusa de que había fotografiado a Gina Lollobrigida desnuda, gracias a una película infrarroja que le permitía atravesar la ropa.

Esta anécdota, que hoy parece parte de un mal guión de ciencia ficción, resulta una alegoría de la capacidad de Pinélides Fusco para atravesar diferentes especialidades fotográficas sin inmutarse. Porque Fusco fue el primer fotógrafo argentino en transitar por el mundo del periodismo gráfico y el de la fotografía de arte sin las contradicciones que a veces parecen enfrentar a esos universos. Pareciera que, para él, la fotografía era una sola. Que el sentido último de fotografiar era mostrar el mundo que le tocaba con el mayor arte posible y, además, hacerlo con verdad e integridad. Por algo, cuando algunas productoras internacionales le ofrecieron comprar sus fotografías de Eva Perón, respondió, fiel a sus principios: “Les agradezco muchísimo pero no puedo cobrar por un material que ya me han pagado.” Con esa frase rubricó su compromiso férreo con una verdad muchas veces pregonada en fotografía, pero pocas veces ejercida con la entereza de Pinélides Fusco.

MARCOS ZIMMERMANN

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INTRODUCCIÓN

Este libro reúne la obra fotográfica sobre el peronismo que realizó Pinélides Aristóbulo Fusco. Esto implica un recorte sobre su obra que pone foco en su trabajo como parte del equipo de la Subsecretaría de Informaciones del Gobierno Nacional, realizado entre 1948 y 1955. Si bien al ingresar a esa institución ya tenía una trayectoria destacada (había realizado coberturas como reportero gráfico y redactor en publicaciones como “Rico Tipo”, “Vosotras” y “Radiolandia”), el corpus que realizamos se limita a esos años en los que produjo una serie de imágenes históricas y son presentadas en conjunto por primera vez.

En el primer capítulo, las fotografías que tienen como protagonista a Juan Domingo Perón lo muestran en actividades oficiales, hablando desde el balcón de la Casa Rosada, en un viaje a Chile en la que compartió actos con el Presidente Ibáñez y trabajando en la intimidad de su despacho. En el segundo capítulo se recopilaron fotografías realizadas por Fusco donde se advierte su labor puesta al servicio de la construcción del imaginario peronista. Aquí se encuentran coberturas sobre el ingreso de inmigrantes a la Argentina, la obra pública que se llevó adelante en el período y el mundo del trabajo. En este bloque se destacan fotografías aéreas de los barrios y hoteles que se edificaron y una foto inéditas de Eva Perón junto a un grupo de cocineras. Son inéditas también una secuencia de retratos en color del General Perón con las que se abre el tercer capítulo. El lector podrá apreciar el trabajo que hace el fotógrafo en la búsqueda del mejor ángulo, la expresión exacta y la luz correcta. Se considera a Fusco como uno de los pioneros de la fotografía color en Argentina y por eso son un hallazgo las fotos color tomadas en el despacho presidencial. Otra serie de fotografías en blanco y negro fueron tomadas en la Quinta de Olivos y tienen la particularidad de incluir una de las pocas imágenes de Perón junto a Raúl Alejandro Apold. Este bloque se cierra con fotografías del

La fotográfia es una forma de inteligencia

HENRI CARTIER-BRESSON

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líder del movimiento en motos, autos y a bordo del coche de Juan Manuel Fangio, durante una visita que el quíntuple campeón mundial hizo a la residencia presidencial.

Eva Perón es la figura central del capítulo cuarto, que comienza con retratos de la pareja y continúa con la crónica de una extensa jornada que el fotógrafo pasó con la pareja en la quinta de San Vicente. La sesión fue reconstruida a partir del testimonio de quien acompañó a Fusco ese día, y colaboró con él en el traslado y uso de equipos y luces. Han quedado registradas algunas de las pocas imágenes en la que se ve a Eva Duarte con el pelo suelto, incluido el famoso retrato que aún hoy es utilizado como ícono por militantes para ilustrar banderas, remeras y afiches. Aquí también se ven fotografías de Evita trabajando en la fundación y, por último, la cobertura que realizó del velatorio de Eva Duarte de Perón en julio de 1952 que se desarrolló en el Congreso de la Nación. Se incluyen una serie de fotos aéreas en las que se aprecia la multitud que despidió a la “abanderada de los humildes” y fotos premiadas.

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En enero de 1947, Raúl Alejandro Apold fue designado Director General de Difusión de la Subsecretaría de Informaciones y Prensa de la Presidencia de la Nación. Al poco tiempo asumió como director del diario “Democracia”, el primero que se incorporó a la cadena de medios oficialistas; sin embargo, continuó con su cargo en el Poder Ejecutivo. En marzo de 1949 fue nombrado Subsecretario de Prensa y se desempeñó en el cargo hasta que renunció el 4 de julio de 1955 para ser reemplazado por León Bouché.

Apold fue una figura clave en la construcción de la comunicación del gobierno peronista. Muy joven entró a trabajar en el diario yrigoyenista “La Época” por iniciativa de su fundador, José Luis Cantilo.

Al poco tiempo, Cantilo ganó la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires en 1922 y el joven Apold, con 24 años, se convirtió primero en Jefe de la Mesa General de Entradas, luego en Director de Publicaciones y oficial segundo del Ministerio de Obras Públicas. El Presidente Alvear intervino la provincia de Buenos Aires y en 1929 Cantilo fue designado por Hipólito Yrigoyen como Intendente de la Ciudad de Buenos Aires y Apold lo siguió como Jefe de la Mesa de Entradas de la Municipalidad.

Después del golpe de Estado de 1930 trabaja como redactor aeronáutico en el diario “El Mundo” y como cronista ante la Presidencia de la Nación y los ministerios de Guerra y Marina. También colaboró en las revistas “Sintonía”, “Leoplan”, “Aquí Está”, “Caras y Caretas”, “Fray Mocho”, “Vosotras”, “El Hogar” y “Mundo Argentino” y es posible que representara artistas.

El investigador especializado en la historia de la fotografía, Luis Priamo1 explica que “La Subsecretaría de Informaciones —luego Secretaría de Prensa y Difusión— de la Presidencia de la Nación era dirigida por Raúl Apold. La División Fotografía de esa dependencia estaba a cargo de Emilio Abras2, su editor responsable (había una pequeña sección dedicada a fotografías de obras públicas, a cargo de Ángel Libarona). Esta división funcionaba como la de una agencia de noticias o la de un gran periódico”. Alrededor de veinticinco fotógrafos trabajaban en turnos rotativos, de los cuáles la mayoría eran personal de planta y otros, colaboradores que cobraban entregando sus facturas mes a mes. Ese el caso de Fusco. De las coberturas que se hacían durante el día, se seleccionaban unas diez que se ponían a disposición de los casilleros de los diferentes medios. El periodista e historiador Hugo Gambini llegó a entrevistar a Apold en su libro Historia del peronismo: “Me asignaron un presupuesto que, en 1955, llegó a los 40 millones de pesos, de los cuales 25 millones cubrían los salarios del personal y el resto servía para atender los gastos

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generales de funcionamiento. Nuestro personal superaba los mil agentes, distribuidos en las distintas direcciones generales: Prensa, Difusión, Publicidad, Espectáculos Públicos, Archivo Gráfico, Registro Nacional y Administración. Este mecanismo incluía dos imprentas, una de las cuales imprimía el Boletín Oficial”.

Así explicó Apold el funcionamiento del material que se producía: “Eran todos folletos referidos a obras y

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