Prólogo
Los manuales sobre lenguaje consideran a los prólogos como parte del llamado “paratexto”, es decir, a todo aquello que rodea al texto y sirve para orientar su lectura, para generar juicios previos que permitan ser confirmados cuando se suceda la práctica lectora principal. La función que tendría, entonces, es la de reducir los malos entendidos, las significaciones equívocas o, dicho en otras palabras, el azar de las interpretaciones. Paradojalmente, este prólogo tendría una ligazón doble con el azar: en el uso pero también en el contenido.
Recuerdo que cuando el talentoso Martín Tetaz me lo propuso, me sentí una persona con suerte. No tanto por tener el honor de que mis palabras fuesen publicadas en un libro tan importante, sino porque tendría el privilegio de leerlo pronto, incluso antes de que saliera en las librerías. Y así fue: lo esperé, me lo envió y lo leí a borbotones como se leen los libros estimulantes, poniendo en juego lo que ahí está con lo que uno conoce, promoviendo el diálogo.
A propósito de esto, mi campo de estudios específico son las neurociencias cognitivas, que conforman un conjunto de disciplinas que investigan los procesos cerebrales de manera integrada desde el nivel molecular hasta el ambiente social y cultural. A pesar de la complejidad de la tarea, este abordaje multidisciplinario y no reduccionista ha permitido arribar a conocimientos claves sobre el funcionamiento del cerebro tales como la capacidad de percibir las intenciones y cómo tomamos decisiones; aspectos de la conciencia, los deseos y las creencias de otros; áreas críticas del lenguaje, mecanismos de la emoción y circuitos neurales involucrados en ver e interpretar el mundo que nos rodea.
Este libro se hace interrogantes que son claves para los estudios de disciplinas sociales y también para las neurociencias: ¿cómo actúa el azar en nuestro cerebro?, ¿qué hace nuestro cerebro con el azar? Porque esto se liga, sin dudas, a la interacción del medio con la biología y, específicamente al fascinante proceso de toma de decisiones humanas a partir de un contexto que cambia permanentemente, a veces de manera “lógica” o esperable y otras veces de manera fortuita.
En diversas ocasiones me preguntan si puedo determinar aquel elemento que resulta distintivo del ser humano con respecto a otras especies y yo suelo responder: el lóbulo frontal es lo que nos hace humanos. Para figurarlo, apelo a un caso que me parece muy significativo. El 15 de enero de 2009, unos pocos minutos después de despegar del Aeropuerto de Nueva York, el piloto del vuelo 1549 se dio cuenta de que un problema en sus motores no le permitiría llegar exitosamente a destino y tampoco volver al aeropuerto. Para él, la tripulación y los pasajeros, una situación sumamente desafortunada. Pero el piloto comprendió ese contexto “desgraciado” y, a partir de eso, tomó una de las decisiones más trascendentales de su vida: amerizar en las frías aguas del Río Hudson y lograr, de esa manera, que todos los pasajeros y la tripulación salvaran sus vidas. Si el piloto de ese avión hubiese sido una computadora, posiblemente habría considerado como fatal la “mala suerte” y todos estarían muertos. Las 155 personas se salvaron porque Chesley Sullenberger II, el héroe del Hudson, tenía un cerebro humano y, particularmente, porque su lóbulo frontal estaba intacto. Los seres humanos, basados en nuestra experiencia, intuición, aprendizaje y emoción, integramos la información en un contexto que, con suerte o desgracia, cambia permanentemente de manera inmediata y automática. La corteza frontal desempeña un papel clave en la toma de decisiones y en integrar el contexto, aunque, por supuesto, otras áreas cerebrales también están involucradas.
El lóbulo frontal ocupa toda la región anterior del cráneo y es central para entender cómo influye el contexto en nuestras decisiones y, por ende, en nuestras vidas. Casual Mente de Martín Tetaz nos ayuda a comprender cómo ese contexto está fuertemente ligado al azar. Estoy seguro de que, con este libro en las manos, los lectores también se sentirán que la suerte esta vez estuvo de su lado.
Facundo Manes1
1. PhD in Sciences, Cambridge University. Rector de la Universidad Favaloro/Presidente de la Fundación INECO para la investigación en neurociencias /Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)/Profesor del Departamento de Neurologia de la University of California San Francisco. USA/Investigador del Australian Research Council (ARC) Centre of Excellence in Cognition and its Disorders/Presidente del Grupo de Investigación en Afasia, Demencia y TrastornosCognitivos de la World Federation of Neurology/
Introducción
En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta —simultáneamente—por todas.
Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan.
Jorge Luis Borges,
“El jardín de los senderos que se bifurcan”
En una de las bifurcaciones de los laberintos de Borges, Fernandinho intercepta el pase alemán y evita que Toni Kroos se haga de la pelota y termine habilitando a Miroslav Klose para poner a los teutones 2 a 0 arriba. El asedio de los brasileños surte efecto y el Mineirao termina explotando de algarabía porque los locales finalmente imponen su historia y su camiseta.
En una vida paralela, el número 5 de Brasil apenas roza la pelota, deja a su equipo desguarnecido y no puede evitar que Kroos conecte con el goleador del Mundial, la pelota termine en la red a los 22 minutos del primer tiempo y los brasileños entren en pánico por no tener la capacidad mental de asimilar las consecuencias no deseadas del azar
Como quiera que haya sido la historia, hay pocas dudas de lo que ocurrió en el Mundial de Fútbol 2014. Brasil quedó grogui, como esos boxeadores que reciben un golpe tan certero que extravían por un momento la capacidad de comprender lo que está pasando alrededor. El conjunto de la verdeamarela perdió la cabeza y con un rival letal como Alemania eso se paga con sangre: recibió dos goles más en los próximos 3 minutos y quedó 4 a 0 abajo en el marcador cuando habían transcurrido tan solo 26 minutos del primer tiempo.
Aunque no había existido semejante diferencia en el juego —Brasil era local, tenía una paternidad histórica de 12 encuentros a 4 en las 21 oportunidades que se habían enfrentado con los alemanes y era, por eso y por su plantel, uno de los favoritos para ganar el Mundial—, su incapacidad para comprender y asimilar una racha negativa lo condenó a acabar sufriendo una de las golead
