INTRODUCCIÓN
La economía está destrozada y tu empleo corre peligro, claro, si es que aún tienes uno. ¿Y sabes qué? Llevo años pregonándolo.
Sin embargo, fue necesario que hubiera una crisis económica mundial para que la gente empezara a escuchar. No obstante, este libro no es sobre la razón por la que todo se fue al demonio, ni sobre cómo sucedió. Este libro es sobre por qué esta terrible noticia es, en realidad, buena, pero sólo si sabes cómo aprovechar la situación.
Fueron dos personas las que me enseñaron sobre los negocios. La primera fue mi padre, un hombre con una sólida preparación académica, que tuvo altos puestos como empleado del gobierno. La otra fue el mejor amigo de mi padre, quien dejó la escuela antes de acabar la preparatoria y luego se convirtió en millonario por méritos propios. Mi verdadero padre tuvo problemas financieros durante toda su vida y cuando murió prácticamente no tenía nada que probara que la suya había sido una vida de arduo trabajo. Por otra parte, el mejor amigo de mi padre llegó a ser uno de los hombres más ricos de Hawái.
Siempre consideré que estos hombres eran mi “padre pobre” y mi “padre rico”, respectivamente. A mi verdadero padre lo amé y admiré muchísimo; asimismo, le juré que ayudaría a toda la gente que me fuera posible para evitar el sufrimiento, los fracasos y los tratos indignos que abundaron en su propio camino.
A partir de que me fui de casa, tuve todo tipo de experiencias. Serví en el Cuerpo de Marina como piloto de un helicóptero en la Guerra de Vietnam. Luego trabajé en Xerox; ahí empecé como vendedor y, cuatro años después, dejé el empleo con el título del mejor vendedor de la compañía. A continuación desarrollé varios negocios multimillonarios a nivel internacional, para retirarme a los 47 años y entregarme a mi pasión: enseñar a otros a crear riqueza y tener la vida de sus sueños, en lugar de conformarse con la mediocridad y la sombría resignación.
En 1997 escribí un libro sobre mis experiencias, y con él debo haber tocado las fibras de al menos unos cuantos lectores porque Padre Rico, Padre Pobre llegó a la lista de los más vendidos del New York Times, permaneció en ella más de cuatro años y, desde entonces, ha sido descrito como “el libro de negocios más vendido de todos los tiempos”.
A partir de ese momento comencé a publicar una serie completa de libros con la filosofía de Padre Rico y, aunque cada uno de ellos ha tenido un enfoque ligeramente distinto, todos describen el mismo mensaje del primero. Dicho mensaje también se encuentra en el corazón del libro que ahora sostienes en tus manos.
Responsabilízate de tus finanzas o acostúmbrate a recibir
órdenes por el resto de tu vida. Sé el amo del dinero o
conviértete en su esclavo. Es tu decisión.
Tuve la increíble suerte de que mis experiencias y mentores me enseñaran a generar riqueza genuina. Gracias a eso pude retirarme de la vida laboral por completo. Hasta ese momento trabajé para construir el futuro de mi familia, pero desde mi retiro sólo he trabajado para ayudar a construir el tuyo.
Durante los últimos diez años me he dedicado a buscar las maneras más efectivas y prácticas de ayudar a otros a transformar sus vidas en el siglo XXI a través del aprendizaje de cómo construir riqueza genuina. En nuestros libros de Padre Rico, mis socios y yo hemos escrito acerca de muchos tipos de negocios e inversiones, pero en todos esos años de intensa investigación, en algún momento encontré un modelo particular de negocio que, en mi opinión, es uno de los más prometedores para que el mayor número posible de gente pueda asumir el control de su vida financiera, de su futuro y de su destino.
Algo más: cuando digo riqueza genuina, no me refiero exclusivamente al dinero. Sí, el dinero es parte de ella, pero no lo es todo. Generar riqueza genuina tiene mucho más que ver con ser el constructor que con lo construido.
En este libro te mostraré por qué tienes que construir tu propio negocio, y qué tipo de negocio debe ser. Pero no sólo se trata de cambiar el tipo de negocio en el que ahora trabajas, sino de que te transformes también. Yo te puedo enseñar a encontrar lo que necesitas para desarrollar el negocio perfecto para ti, pero para que éste crezca, tú también tienes que hacerlo.
Bienvenido al negocio del siglo XXI.
órdenes por el resto de tu vida. Sé el amo del dinero o
conviértete en su esclavo. Es tu decisión.
PRIMERA
PARTE
Asume el control de tu futuro
¿Por qué debes tener un negocio propio?
1
Las reglas cambiaron
Vivimos tiempos difíciles. Los últimos años nos han traído un desfile constante de miedo y pánico que se refleja en los encabezados de los periódicos, en las salas de juntas y en las cocinas de todo Estados Unidos. La globalización, las importaciones, los decrementos, los remates, las hipotecas subprime, las coberturas tipo swap, los esquemas Ponzi, los fiascos de Wall Street, las recesiones… Una mala noticia tras otra.
En los primeros meses de 2009, los despidos en empresas estadounidenses alcanzaron la cifra de un cuarto de millón al mes. Ahora que escribo esto, a finales de 2009, la tasa de desempleo es del 10.2 por ciento y sigue en aumento. Asimismo, la situación de las personas que lograron conservar su empleo pero que vieron disminuidas sus horas de trabajo y los honorarios pagados por las mismas, es aún peor. La estrepitosa caída en el empleo es una epidemia a la que muy pocos son inmunes. De los ejecutivos y mánagers de nivel medio, a los empleados administrativos y los de escritorio; de los banqueros a los empleados de ventas al menudeo, todo mundo está en riesgo. Incluso la industria del cuidado de la salud que, hasta hace poco, era considerada una zona de empleos seguros, sufre recortes en su fuerza de trabajo de manera significativa.
En una encuesta realizada en 2009 por USA Today,
60 por ciento de los estadounidenses dijeron
que consideraban que la situación económica actual
representaba la mayor crisis en sus vidas.
En el verano de 2008, de pronto los portafolios para el retiro de mucha gente perdieron la mitad de su valor, o incluso más. Los bienes raíces se desplomaron. Lo que la gente creía que eran activos sólidos y confiables se vaporizó. La seguridad laboral se fue para siempre. Una encuesta realizada en 2009 por USA Today arrojó que 60 por ciento de los estadounidenses consideraban que la situación económica actual representaba la mayor crisis en sus vidas.
Por supuesto, tú ya lo sabes. Pero hay algo que quizá desconoces: Nada de esto es una noticia. Sí, claro, se necesitó de una crisis económica para que la gente comenzara a despertar ante el hecho de que su estilo de vida se encontraba en peligro, pero tus ingresos no se pusieron bajo riesgo de la noche a la mañana, siempre lo han estado.
La mayor parte de la población de los Estados Unidos ha vivido desde siempre al borde del precipicio, sobre la cuchilla que divide a la solvencia y la ruina; siempre ha confiado en que el siguiente cheque de nómina le sirva para cubrir los gastos de cada mes, aunque sólo le deje un colchoncito muy pequeño de ahorros en efectivo y, frecuentemente, ni siquiera eso. Ese cheque sirve para que “cambies tu tiempo por dinero” y, en una recesión, se convierte en la fuente de ingreso menos confiable que existe. ¿Por qué? Porque cuando el número de gente empleada comienza a caer, hay menos ingreso disponible en circulación con el que se puede pagar el tiempo que destinas a un empleo.
TE LO DIJE
No quisiera salir con el típico: “Te lo dije”, pero… Te lo dije.
Lo he repetido durante años: Ya no existen los empleos seguros. El Estados Unidos corporativo del siglo XXI es un dinosaurio que tiembla porque está al borde de la extinción, y la única manera de que puedas tener un futuro seguro es que asumas el control del mismo.
Aquí te presento lo que escribí en 2001, en un libro intitulado, La escuela de negocios para la gente a la que le gusta ayudar a otros:
En mi opinión, los Estados Unidos y muchas otras naciones occidentales sufrirán un desastre económico que se avecina, y que será ocasionado porque el sistema educativo ha fallado y no ha podido ofrecerles a sus estudiantes un programa de educación financiera realista, de manera adecuada.
Ese mismo año, en una entrevista para Nightingale-Conante, dije:
Si crees que los fondos mutualistas van a estar ahí para ti, si quieres apostarle tu vida a los altibajos del mercado de valores, entonces estarás apostando tu jubilación misma. ¿Qué sucede si el mercado de valores sube y luego vuelve a caer cuando tengas 85 años? No tendrás control. No estoy diciendo que los fondos mutualistas sean malos, sólo digo que no son seguros y que no son la decisión más sabia. Que yo no apostaría mi futuro financiero con ellos.
Nunca antes en la historia del mundo tanta gente había apostado su retiro en el mercado de valores. Es una locura. ¿Tú crees que Seguridad Social estará ahí para cuidarte? Entonces seguramente también crees en el conejo de Pascua.
Y en una entrevista que di en marzo de 2005, dije:
La mayor fortaleza de un activo de papel es su liquidez, pero eso también es su mayor debilidad. Todos sabemos que habrá otra caída del mercado y que nos va a volver a afectar. ¿Por qué habrías de adquirir este tipo de activos?
¿Y qué fue lo que sucedió? Que hubo otro colapso del mercado y mucha gente volvió a resultar afectada. ¿Por qué? Porque no pudimos cambiar nuestros hábitos ni nuestra forma de pensar.
En 1971, la economía estadounidense dejó de regirse por el patrón oro. Y por cierto, esto sucedió sin la aprobación del Congreso; sin embargo, lo más importante es que pasó. ¿Por qué es tan importante? Porque nos permitió imprimir más y más dinero, todo el que quisimos, sin que estuviera sustentado por ningún valor real o sólido.
Esta desviación de la realidad nos abrió la puerta al auge económico más grande de la historia. Durante las siguientes tres y media décadas, la clase media norteamericana experimentó una suerte de explosión. Mientras el dólar se devaluaba y el valor en libros de los bienes raíces y otros activos se inflaba, la gente común se fue volviendo millonaria. De repente hubo crédito disponible para cualquier persona, en cualquier momento y lugar; y las tarjetas de crédito comenzaron a aparecer como hongos tras las lluvias primaverales. Para pagar esas tarjetas de crédito, los estadounidenses utilizaron sus casas como pagarés: refinanciando y pidiendo prestado, prestando y refinanciando.
Porque, después de todo, el valor de los bienes raíces siempre sube, ¿verdad?
Pues no. Para 2007 ya le habíamos inyectado a este globo financiero todo el aire caliente que podía soportar, y la fantasía se desplomó hasta golpear el suelo de nuevo. Pero no solamente colapsaron Lehman Brothers y Bear Sterns. Millones de personas perdieron sus planes 401(k) para el retiro, sus pensiones y empleos.
El número de personas que viven oficialmente por debajo
de la línea de pobreza se incrementa con rapidez.
El número de personas que trabajan después de cumplir
los 65 años también va en ascenso.
En la década de los cincuenta, cuando General Motors era la empresa más poderosa de los Estados Unidos, la prensa tomó una declaración del presidente de GM y la convirtió en una frase publicitaria que duró décadas: “Mientras GM avance, también lo hará el país.” Pues bien, amigos, tal vez ya no sea tan buena frase porque en 2009 GM cayó en bancarrota y, ese mismo verano, el estado de California comenzó a pagar sus deudas con pagarés en lugar de efectivo.
Justamente ahora está disminuyendo el porcentaje de estadounidenses que son dueños de su propia casa. Los remates hipotecarios están a la alza, y el número de familias de clase media a la baja. Las cuentas de ahorro, si acaso existen, son cada vez más pobres, y el endeudamiento familiar es cada vez mayor. El número de personas que viven oficialmente por debajo de la línea de pobreza se incrementa con rapidez. El número de personas que trabajan después de cumplir los 65 años también va en ascenso. La cantidad de
