La gorda del grupo

Agustina Cabaleiro

Fragmento

La gorda del grupo

Dedico este libro a todos los pibes que me enseñaron cómo se siente ser amada, deseada y respetada… haciendo exactamente todo lo contrario.

A los varones que sí se pusieron las pilas y me demostraron que una relación de iguales es posible.

A las mujeres que me enseñaron que amarlas era igual de válido que amar a un varón.

A Maki, por dejarme cumplirle el sueño de casarnos, y por cumplir el mío: estar con ella para siempre.

A Lusi, por enseñarme todos los días que la amistad es una de las formas más hermosas de amar.

A mi mamá y a mi papá.

A Dani Portas y a Mica Ortelli que, con toda la paciencia del mundo, me ayudaron a construir este libro y a contar estas historias. Y a Candela Insua, que diseñó este objeto hermoso.

A lxs activistas gordxs, body positive y lgbtq+, que nos abrieron el camino para que hoy podamos discutir, debatir y ser cada día un poco más libres.

A todas las mujeres que alguna vez sintieron que no merecían respeto, amor, consentimiento o placer.

A las que me escriben todos los días confiándome secretos e historias que por primera vez se están animando a contar.

A mis pipis, la #OnlineArmy, que me bancan casi ciegamente pero no tienen miedo de decirme cuando me equivoco y me ayudan así a crecer un poquito todos los días.

La gorda del grupo
Abro hilo: todavía mucha tela para quitar (con consentimiento) (y ganas)

Alta la vara, amiga. Te lo digo por tu bien —que para mí es nuestro libro— sigue girando a pleno. Mientras en mi mente ya se empieza a configurar una parte dos, mientras arranco a tipear las primeras ideas, a escribir en post-its y notas del celular, recorro el país contando sobre el libro y, más que nada, escuchando lo que tienen ustedes para contarme sobre sus lecturas.

Me escriben diciéndome que lo leyeron de un tirón, en un día o hasta en una noche. A muchas de las charlas me traen sus libros subrayados, con señaladores, anotaciones. Yo soy muy wacha y siempre pregunto, miro si lo compraron recién o si tiene el lomo y las hojas marcadas. Les pregunto si ya lo leyeron, qué les pareció y qué es todo eso que destacan. Ustedes me cuentan que terminaron llorando, me marcan las frases que les gustan: Me re pasó, me dicen. Es como si hubieras escrito mi vida.

También me cuentan que le prestan el libro a sus amigas,hermanas, mamás… Cuando empecé a escribirlo, lo que más quería era que quien lo tuviera en sus manos se viera reflejada en esas vivencias que no son solo mías sino de todas nosotras. Para mí, Te lo digo es el relato colectivo de lo que implica ser una mujer gorda y de lo solas que atravesamos todas las experiencias que vienen con eso. Entonces, que se compartan y pasen el libro entre ustedes me llama un montón la atención. Después de tantos años callando nuestras experiencias, que se presten Te lo digo o que lo lean en compañía habla de la necesidad de sacar finalmente a la luz un secreto guardado bajo llave, es señal de cómo nos hartamos de vivir en silencio lo que nos pasa.

Otra cosa que me sorprendió es que muchas me contaron que lo leyeron con sus mamás, uno de los vínculos más difíciles de sanar porque, como decíamos ahí mismo en el libro, la familia es la única relación que no se elige. No es un novio al que podés dejar, un colegio del que te podés cambiar, una amiga a la que podés mandar a freír churros. Cuando te une la sangre, podés cortar la relación pero no reemplazarla, al menos no por completo. Y cuando la sangre te une con una mujer que por haberte dado la vida piensa que tiene lugar a opinar cuando quiera y lo que quiera sobre vos y tu forma de vivir, la cosa se complica. Las mamás son esas primeras mujeres que tenemos de referentes y por eso la gordofobia y los mandatos de belleza duelen más cuando vienen de ellas. Así que cuando me cuentan que leen el libro con sus mamás o que por primera vez pudieron tener ciertas conversaciones con ellas gracias a Te lo digo, es más de lo que podría haber soñado alguna vez.

Algo que pasa, siento, es que cuando nos dan un poquito de letra soltamos todo y empezamos a contar un montón de cosas. Apenas sentimos que estamos en confianza entre otras pibas (o, más específicamente, entre otras gordas), abrimos la canilla de experiencias y compartimos todo. Un poco el espíritu del libro es ese, el “charlémoslo”, y en cada evento al que me invitan ya sé que 45 minutos van a ser de pibas contando sus cosas, pero no para que les des un consejo, simplemente porque quieren hablar. Creo que es una señal de que la cuestión de a nadie le puedo contar esto sigue extremadamente vigente. Nos abrimos como flores apenas pisamos un espacio seguro; lloramos delante de desconocidas contando cosas que antes no nos habíamos animado a hablar con amigas, familia o parejas.

Me encantaría que este nuevo libro mantenga el espíritu de abrir la charla, pero que podamos profundizar más en algunas cuestiones —conceptos, escenas, personajes— que de alguna manera nos ayuden a todes a pensar en lo que nos pasa, lo que sentimos, cómo nos relacionamos con nosotras mismas y con los demás.

Casi todos los mandatos de lo que implica ser una mujer que además es gorda tienen que ver con la mirada del otro, con las relaciones sexo-afectivas, el gustar y no ser gustada. Si nos guiamos por lo que dice la sociedad, no hay nada peor que una gorda que se cree linda, sexy, que muestra la piel. Pero además, que no lo hace solo por gusto y diversión personal sino para quienes osan sentirse atraídos por ella (hello, ¿te suena el comegordas?). Mientras que de una mujer cualquiera se espera que sea sensual sin ser trola, que se case, tenga hijos y sea un ama de casa ejemplar, de las gordas se espera justamente que no hagamos NADA de eso. Pero esto no nos deja en un lugar de “libertad”: no es que entonces por ser gordas podemos elegir nuestro destino. Lo que se nos dice tácitamente es que prefieren que seamos invisibles, que no existamos hasta bajar de peso. Hasta que no nos reivindiquemos por haber roto la regla de oro de ser flacas, no calificamos como mujeres.

Tengo ganas de remontarme en el tiempo y contar cómo fue para mí el proceso de descubrir lo que me gusta mientras intentaba esquivar estereotipos y fallaba completamente en el intento. Quiero hablar sobre ser gorda y navegar las aguas complejísimas de las relaciones, el amor y el sexo. Aguas que pueden ser las más cálidas del mundo, que te hacen flotar panza arriba mientras te pega el solcito en la cara, o que pueden ser heladas y revolearte con olas traicioneras. El sexo y el amor son espacios complicados para las mujeres porque tenemos que obedecer reglas muy específicas para que no se nos tilde de trolas o frígidas. Y para las gordas en particular son espacios tan prohibidos que todas esas experiencias las vivimos a oscuras, en secreto y, aunque literalmente estemos con alguien, en soledad.

A medida que crecemos y atravesamos distintas relaciones sexo-afectivas nos vamos encontrando con roles que delimitan la función que nos toca por ser gordas. ¿Sos la gorda que se cree atractiva? Alguien que avise por acá que las gordas lindas no son, eh. ¿Sos la gorda gauchita, agradecida de que le dieron bola? Porque si te ponés la 10 en la cama siempre es para satisfacer, no porque vos la querés pasar bien… ¿Sos una gorda que cree que todo el mundo le tira onda? Ubicate, tu segmento son los comegordas nomás. ¿O sos la que separa a los pibes en “categorías” y solo se anima a hablarles a los que pertenecen a la propia (g-word), por más que no te gusten? Elige tu propia aventura. Pero nunca, NUNCA te salgas del papel.

A veces me dicen cos

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