PRÓLOGO
En febrero de 1902, Lenin publicó un tratado sobre la necesidad de la revolución y las estrategias para llevarla a cabo. Lo tituló ¿Qué hacer? Emmanuel Ferrario también podría haber designado de ese modo a Coordenadas para antisistemas, que usted tiene entre sus manos.
El libro de Ferrario se inscribe en un género que se está volviendo cada vez más caudaloso, el de las reflexiones sobre la crisis de la democracia. El sistema democrático se sostiene sobre un entramado de reglas de validez, pero va quedando claro que también —para que estas sean aceptadas como legítimas— debe garantizar un mínimo de bienestar material. En la frustración de esa expectativa está la raíz de muchas aberraciones alarmantes que presenta la política.
Ferrario nos guía por los senderos de la reflexión académica. Pone al lector en contacto con teorías, argumentos y sistematizaciones de infinidad de autores que se preguntan por los problemas que presenta la sociedad actual a escala global. Es un aporte que debe ser agradecido. No solo por la diversidad de fuentes, sino también porque el autor no se tienta con enredarse y enredarnos en la selva de las discusiones. Todo el texto tiene un tono refrescante y directo. Ferrario nos “cuenta” esas teorías con enorme sencillez. Es la habilidad de quien está familiarizado con esa masa de conocimiento por su larga formación universitaria y por el ejercicio de la docencia. Ferrario se ha especializado en estudiar la economía del comportamiento.
Esta disciplina es el telón de fondo de casi todo lo que se examina en estas páginas. Los problemas de la democracia actual se abordan a la luz de categorías clásicas. Sin embargo, la singularidad de Coordenadas para antisistemas es que al observar esos problemas incorpora una variable que al saber convencional le resulta muy esquiva: el condicionamiento que ejercen los factores emocionales sobre la vida en común.
La democracia, en el caso específico de la peripecia argentina, está en crisis porque se produjo un estallido de pobreza que favorece el clientelismo. Porque el salario real se ha deteriorado desde hace décadas. También porque la clase política —en un proceso que Ferrario analiza apoyándose en los grandes teóricos del siglo XX— se ha encapsulado, volviéndose más opaca y, a menudo, más corrupta. Y porque los grandes agentes de la vida material miran cada vez menos hacia el mercado, encandilados por los negocios que son capaces de arrancar al presupuesto del Estado.
Estos fenómenos, o estas miserias, atraviesan todo el libro. Y el autor tiene la virtud de explicarlos en una dimensión esencial, a la que se le suele prestar poca atención, la de las ilusiones insatisfechas, el complejo vínculo con los líderes, la comunicación a través de redes, las manipulaciones discursivas envuelven a la polis en una atmósfera emocional que resulta determinante. Esta línea de observación atraviesa todo el trabajo de Ferrario y lo vuelve distinto.
Otra peculiaridad de Coordenadas para antisistemas, la más relevante, es que no se agota en el análisis. Se propone algo más que diagnosticar. Quiere transformar. Como Lenin, Ferrario se pregunta qué hacer. Estamos ante el libro de un político, de un hombre de acción. Esta es la razón por la cual usted va a encontrar en muchas de estas páginas el testimonio de alguien a quien le ha tocado gobernar, resolver problemas, chocar contra límites. Para abordar muchos temas, Ferrario recurre a su propia experiencia y nos la cuenta.
Sin embargo, la voz del funcionario, del gobernante, no es solo retrospectiva. El sentido último de estas páginas es proponer un cambio. El que las escribió está inquieto y, a la vez, quiere inquietarnos, frente a dos realidades. Una de ellas es el agotamiento del marketing como inspirador central —y superficial— de la oferta política. Ferrario nos hace notar, una y otra vez, a propósito de distintas cuestiones parti
