PRÓLOGO
ENGIMAS POLÍTICOS DE NUESTRA THE CROWN
¿Por qué un libro sobre el rol del aparato peronista en democracia? ¿Qué aporta, qué agrega a lo que tantos intelectuales han escrito sobre el tema, sin alcanzar conclusiones definitivas o, incluso, extendiéndole por anticipado un acta de defunción que nunca llegó?
Una respuesta corta: porque esta implacable maquinaria de poder, fatigada pero no muerta, ha devenido en la verdadera biografía de la Argentina. Un artefacto que controla el juego político desde su mito fundacional, el 17 de octubre de 1945, al que digita sin importar el lugar que ocupe, sea gobierno u oposición.
Juicio al peronismo es un alegato que explica y devela misterios de esta intriga política mayor.
¿Cómo llegó el peronismo a convertirse en el suelo que pisamos o, si se quiere, en el verdadero poder permanente de la Argentina? ¿Fue el populismo lo que arruinó al país o fue la socialización populista previa, la que ya existía en nuestra tierra, la que hizo del peronismo una fórmula tan exitosa como duradera?
Es la historia del huevo y la gallina. ¿Por qué? Porque sucede que el populismo no sólo es una fórmula de poder sino también un modo de pensar. Un sistema de creencias políticas, sociales y económicas y, paralelamente, un patrón que guía la vida cotidiana contaminando, en mayor o menor medida, toda nuestra cultura. Tal vez por eso Perón decía que “peronistas somos todos”.
Si esta tesis es correcta, en la comprensión del verdadero funcionamiento de este mecanismo —y de su actual crisis, que no es simplemente una más— podrían encontrarse las claves cifradas para la transformación de la Argentina. Claves necesarias, por lo demás, para la construcción de una fuerza política novedosa capaz de encarar las reformas profundas que el país requiere para salir adelante.
Un país que ha sido una gran promesa de prosperidad a principios del siglo XX pero que, capturado por el populismo, fue empujado al borde de la africanización.
Sería una simplificación o una ingenuidad, sin embargo, proponer que el peronismo es el único villano de esta serie. Claramente, no lo es. Sin embargo, es la fuerza política que, a través de sus diversos ropajes, más tiempo nos gobernó y, por ende, la que mayor responsabilidad tiene en la tragedia social que vive el país. Sin contar dictaduras y proscripciones, el 75 por ciento del período, entre 1946 y 2023, fue hegemonizado por el peronismo en el poder. Sobre cuarenta años de democracia, entre 1983 y 2023, más de veintisiete fueron controlados por las sucesivas encarnaciones del movimiento. La Matanza, por caso, un feudo que define elecciones y que equivale, por su volumen y peso, a los electores de cinco provincias pequeñas, devino en un showroom de esta hegemonía. Desde 1983 no conoce la alternancia.
La Argentina política tiene una matriz mafiosa. Pero ¿por qué fue el peronismo, con sus diferentes ropajes, la fuerza que mejor ha encarnado esa matrix?
Cada capítulo de Juicio al peronismo es parte de una documentada investigación sobre estas últimas cuatro décadas, en las que los herederos de Perón formatearon a su gusto la Justicia, bloquearon reformas desde el Senado, fabricaron una inflación descontrolada, enredaron y dividieron a los argentinos con su narrativa psicopática, crearon feudos que nos empobrecieron, edificaron una casta privilegiada de sindicalistas, punteros y dirigentes. Se adueñaron de medios de comunicación, establecieron connivencia con los narcos, estigmatizaron a los opositores. Provocaron muertos y “suicidados”, envueltos en enigmas mafiosos. Incentivaron a una generación de empresarios prebendarios y corruptos, generaron “socios” fuera del Estado para robarles plata a los argentinos, engañaron al país vendiendo falsas encarnaciones nuevas.
Aunque prometieron prosperidad, terminaron provocando la dolorosa figura del trabajador pobre, con la mitad de la Argentina hundida. Si en 1983 la pobreza era del 6 %, a fines de 2023, cuando el peronismo derrotado entrega el poder, seis de cada diez chicos son pobres y siete de cada diez no entienden lo que leen ni pueden resolver un cálculo matemático simple.
Pero si este artefacto político tuvo un objetivo fijo, a lo largo de las últimas cuatro décadas, fue destruir cualquier amago de alternancia, esmerilando, bloqueando y boicoteando a
