Cómo ser padre primerizo y no morir en el intento

Frank Blanco

Fragmento

Indice

Índice

Portadilla

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Dedicatoria

Cita

Prólogo de Pedro Piqueras

1. Houston, tenemos un predictor

2. La metamorfosis. Ahora vas y lo "kafkas"

3. Que viene, que viene...

4. ¡Me parto!

5. La leche que te han dado

6. Ojito a esto

7. ¡El primer mes-tresa!

8. La cuarentena principales

9. Ni un «segundo» de respiro

10. Al tercero voy vencido

11. Ponme «cuarto» y mitad

12. ¡Quinto levanta!

13. El sexto consentido

14. Me han hecho un «siete»

15. El «octavo» pasajero

16. De la Mary Poppins a la de «la he liado parda»

17. Más fuera que dentro

18. Llevo un «décimo» y no es de lotería

19. El del «once» siempre toca

20. ¡Feliz año nuevo!

Epílogo. De bien nacido es ser agradecido

Sobre el autor

Créditos

Dedicatoria

A mis hijos, Martín y Mateo. Por hacerme renacer.

A mi padre, Dionisio, por ser mi guía siempre, aun sin estar.

Cita

«Seré tu compañero todos los días de mi vida.

Harás de mi fuerza la tuya.

Verás mi vida a través de tus ojos, y yo la tuya a través de los míos.

El hijo se convertirá en padre, y el padre en hijo».

Superman, RICHARD DONNER (1978)

Prologo Cap1

1

Houston, tenemos un predictor

Hay fechas que uno nunca olvida: el día que ves a las Mamachicho por primera vez en televisión, el día en que te proponen dirigir y presentar el ¡Anda ya!, el día en que te proponen dejar de hacerlo o el día en que te suena el despertador a las cuatro y media de la madrugada por primera vez. Y, por encima de todos, el día que te enteras de que vas a ser padre. En ese momento cualquier fecha anterior se borra de tu memoria. Al escuchar la noticia mi disco duro dijo adiós a las Mamachicho y hola a «papá Frank».

Fue el 11 de junio del año 2010. Viernes por la noche. Exactamente a las nueve, ocho en Canarias. Perdón, son costumbres radiofónicas. Mi chica y yo llevábamos tiempo buscando la ansiada criatura, y no es que hubiéramos tirado la toalla pero sí habíamos decidido no agobiarnos. Íbamos a tomárnoslo como si fuera el euromillón: si viene, será bien recibido, pero si no seguiremos jugando. Total, buscar un hijo es más divertido como juego que echar el euromillón. Después de unos días en los que mi chica parecía una compañía aérea, es decir, tenía un retraso considerable en lo que es el tema, nos hicimos con un predictor. No era la primera vez que usábamos uno y tampoco pensábamos que iba a ser la última. Casi sin querer se había establecido una especie de ritual. Ella se iba al baño, hacía lo que se hace en el baño con el predictor y volvía al salón —sin mirar el aparatejo— para que viéramos juntos el resultado. La espera dura más o menos un minuto. Imaginaos la escena: un hombre y una mujer en un sofá mirando un termómetro que tiene restos de pis de uno de los dos en un extremo y una pantallita en el centro. Una escena muy romántica, sí señor. A esto le pones música de piano y violín, y te lo puede protagonizar Sandra Bullock seguro. Pero no, ni mi chica ni yo somos Sandra Bullock. ¿Que qué pensé en ese minuto en el que ese artilugio hacía su trabajo? Muy buena pregunta. Pues podría decir que en mil profundidades intelectuales y emociones contenidas, pero lo cierto es que me vino una pregunta a la cabeza que todavía hoy no he podido responder con total certeza. ¿De qué polvo venía esta criatura, si es que venía? Como he dicho todavía no sé la respuesta. En un primer momento y echando la mente hacia atrás creo que mi hijo es fruto de una noche divertida en el Rock in Rio de Portugal. Oh, Dios, a lo mejor mi hijo es portugués. No lo sé con seguridad. Ya me daré cuenta cuando crezca si al decirle que tiene que estudiar me contesta mientras me mete un dedo en el ojo: «¿Y por qué? No entiendo por qué»...

Volvamos al predictor. Como veis, un minuto en estas circunstancias da para mucho. Una vez transcurrido el tiempo de espera mi chica coge el predictor, lo acerca

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