Moverse sin dolor

Julien Leprêtre

Fragmento

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PRESENTACIÓN

Todo lo que los médicos se callan por falta de tiempo

En este libro encontrarás respuestas a todas las preguntas que has estado haciéndote sobre el dolor corporal que sientes. Si has decidido leerlo, te felicito: estás en el camino para sanar. Las investigaciones científicas de los últimos treinta años han permitido transformar y profundizar nuestra visión del cuerpo. Sin embargo, sigue habiendo demasiada desinformación en la televisión, en las redes sociales, en la publicidad y, lo que es peor aún, en los centros de salud.

Soy osteópata, instructor en prevención y docente de anatomía y biomecánica y me apasiona enseñarle a la gente cómo funciona su cuerpo. En este libro quiero compartir el conocimiento que les ofrezco a mis pacientes y a mis estudiantes desde un punto de vista científico actualizado. La salud no se puede dar o transmitir, pero creo, sinceramente, que es posible enseñar cómo alcanzar un estado de bienestar corporal. Por ello, el primer capítulo de este libro lo he titulado «Entender tu cuerpo». En él voy a tratar de responder a todas las preguntas que te haces cuando entras en un consultorio: ¿cuáles son las buenas posturas?, ¿cómo estirarse?, ¿cómo entrenar sin lesionarse?, ¿cómo vivir sin dolor?

En diez años de práctica como osteópata y durante seis años como instructor en prevención en empresas y clínicas, atendí a muchos pacientes y trabajadores con problemas de espalda. La osteopatía es una medicina complementaria que se enfoca en buscar las restricciones de movilidad en los tejidos del cuerpo e intentar corregirlas. Pero, al igual que sucede con muchas otras terapias pasivas (terapias que no necesitan movimientos voluntarios del paciente), la osteopatía tiene sus límites. En realidad, lo que suele buscar es el origen «estructural» del problema. El osteópata —o cualquier otro especialista en terapia pasiva— busca el tejido problemático y trabaja sobre él. Sin embargo, este suele olvidar la causa funcional que hay detrás del problema, es decir, lo que afectó la estructura al principio.

Nuestro estilo de vida actual, ciertos tipos de trabajo, los medios de transporte y, más recientemente, la pandemia, han limitado la cantidad y la calidad del movimiento de nuestro cuerpo. El sedentarismo es una problemática social que va en aumento. El 80 por ciento de la gente sufre o sufrirá algún día dolor de espalda. Sin embargo, los beneficios de la actividad física y del movimiento sobre nuestro metabolismo —y nuestros dolores— han sido muy bien documentados en estudios científicos. No solo se trata de moverse más, sino también de moverse mejor: buscando un equilibrio entre cantidad y calidad del movimiento.

Con este libro vas a entender cómo funciona tu cuerpo, para liberarte de tensiones y entrenar sin dolor. Encontrarás muchas explicaciones y respuestas a mitos que, posiblemente, hayas escuchado con frecuencia. Además, como la finalidad de este libro es ayudarte a realizar actividad física sin dolor, voy a proponerte movimientos sencillos y eficaces para que los pongas en práctica.

Al final del libro vas a encontrar un programa completo en seis semanas para entrenar sin dolor desde tu casa.

¡Empezamos!

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INTRODUCCIÓN

En este libro te voy a contar la historia de María. Al igual que infinidad de personas, María acudió a la consulta de su médico por un dolor de espalda que tenía desde hacía muchos años. El dolor no era muy fuerte, pero siempre estaba ahí. Le dolía desde por la mañana, al despertar; cada vez que se inclinaba y cuando estaba sentada; todo lo cual afectaba incluso a su estado de ánimo. Lamentablemente, los médicos no le ofrecían ninguna solución. «Descansa», le sugería un profesional. «Detén la carrera o deja de bailar», le indicaba otro médico. «Necesitas cambiar tu postura», le decía otro. Al principio, María tomaba analgésicos, pero dejó de tomarlos a diario debido a algunas molestias estomacales, y terminó aceptando que iba a estar toda su vida con dolor.

Sin embargo, existe otro camino. Hay una solución que va más allá de los mitos que le impedían mejorar. María no tenía por qué aceptar esa fatalidad.

En los últimos veinte años el conocimiento sobre el dolor ha evolucionado muchísimo. Lamentablemente, la falta de actualización de los profesionales en el tema del dolor perpetúa conceptos y conductas erróneas que perjudican la recuperación de los pacientes. Las redes sociales contribuyen a la expansión sin límites de estas falsas verdades, y lo más preocupante es que para muchas personas esta es la primera información que reciben cuando indagan acerca de su dolor corporal.

Hay muchas cosas que María podía hacer —y tú también— para liberarse de sus tensiones y moverse sin dolor. Existen soluciones y es lo que quiero compartir contigo en este libro. El primer paso que necesitas dar es romper los mitos que te impiden sanar.

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ENTENDER

TU CUERPO

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DESCUBRE

LA ANATOMÍA

DE TU CUERPO

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Desde siempre, me ha gustado resolver problemas. Cuando era niño, mis padres me compraban el periódico de Mickey (en francés, Le journal de Mickey). Era un periódico con historias, imágenes para colorear y juegos. Pero lo único que me interesaba era el enigma de Mickey, cuyo objetivo era ayudar al detective Mickey a resolver una investigación. Y, ahora, treinta años después, sigo tratando de resolver los enigmas de mis pacientes. Para solucionar el problema de María —y el tuyo—, hay que descubrir el «qué», el «porqué» y el «cómo». En este capítulo trataremos de averiguar el «qué».

Empezaremos por la anatomía. No te preocupes, vamos a hacer un recorrido muy sencillo y te va a encantar. Voy a explicarte cómo son los huesos, cómo se articulan entre ellos, de qué manera los músculos mueven los huesos y de qué forma los nervios lo controlan todo.

LOS HUESOS Y LOS LIGAMENTOS

El cuerpo humano tiene 206 huesos. A veces más, a veces menos. Tenemos huesos largos, cortos, planos e irregulares.

¿Sabías que existen huesos supernumerarios? No todo el mundo los tiene, ni se encuentran siempre en el mismo lugar, ni se trata del mismo número constante en todos los individuos. Por ejemplo, algunas personas tienen un par de costillas supernumerarias al nivel de las cervicales, es decir, lo que se conoce como «costilla de Eva».

Los huesos pueden moverse porque están conectados mediante las articulaciones, que poseen una superficie de deslizamiento llamada «cartílago». Para que los huesos se deslicen mejor, los cartílagos están lubricados y alimentados por el llamado «líquido sinovial». Este líquido no puede escaparse, pues está contenido dentro de la articulación por un tejido que permite cerrarla y forma la cápsula articular.

Los ligamentos refuerzan la cápsula articular. Un ligamento es como una banda de fortalecimiento que mantiene en su sitio la articulación para evitar las dislocaciones, conecta los huesos y permite la estabilidad pasiva de la articulación. Al mismo tiempo, los ligamentos son lo suficientemente elásticos como para permitir el movimiento de la articulación. A diferencia de los músculos, los ligamentos no se pueden contraer.

Si la articulación está sometida a una tensión demasiado fuerte, los ligamentos se estiran y se lesionan. El tiempo de recuperación depende del tipo de ligamento, de su vascularización, de la gravedad de la lesión y de las otras estructuras lesionadas durante el traumatismo.

En el capítulo «Tu cuerpo siempre se adapta» voy a compartir contigo el tiempo promedio de adaptación según los diferentes tejidos.

¿Y los meniscos? ¿Y los discos intervertebrales?

Algunas articulaciones soportan tanta carga que necesitan una estructura adicional para amortiguar los choques, y ahí intervienen los meniscos y los discos intervertebrales, que son como almohadillas de fibrocartílago y cuyo trabajo es absorber las fuerzas y repartirlas en el hueso de manera homogénea.

¿Cuál es la diferencia entre artrosis y artritis?

La artrosis es un desgaste progresivo de un cartílago, es decir, se trata de un proceso natural de envejecimiento que puede aparecer demasiado temprano. El cartílago tiende a desaparecer, haciendo que el roce se produzca directamente entre los huesos, lo cual no es nada agradable. Con el movimiento, eso puede generar dolor, aunque mejorará con el reposo y una ausencia de movilidad en las articulaciones.

Por su parte, la artritis es una inflamación de una articulación a causa de una infección, de un traumatismo o de una enfermedad autoinmune. En este caso, el dolor está presente también en el reposo. Son síntomas de artritis una articulación roja, caliente o hinchada, o una deformación de la misma. Adicionalmente, podría estar acompañada de otros síntomas como una pérdida de peso, cansancio, etcétera.

LOS MÚSCULOS LO MUEVEN TODO

Los músculos son tejidos que se contraen para realizar los movimientos o para frenarlos, participando así en la estabilidad de la articulación de manera activa. Se insertan en los huesos a través de los tendones. Así, generalmente, el músculo se halla entre dos tendones, siendo estos los llamados «músculos simples». No obstante, existen músculos que cuentan con diferente número de tendones, como, por ejemplo:

• Existen músculos con 3 tendones (2 cabezas): los bíceps.

• Existen músculos con 4 tendones (3 cabezas): los tríceps.

• Existen músculos con 5 tendones (4 cabezas): los cuádriceps.

Los músculos pueden ser más o menos fuertes y más o menos elásticos, y sus capacidades mecánicas dependen del tipo y de la cantidad de fibras que los constituyen. La buena noticia es que tu estilo de vida influye directamente sobre este aspecto, como veremos en el capítulo «Tu cuerpo siempre se adapta».

¿Sabías que contraer los músculos es esencial para la circulación sanguínea? Los músculos de las piernas ayudan al corazón gracias al sistema de bomba muscular: cuando se contraen estos músculos, se comprimen las venas de la red profunda de las piernas, lo que favorece la circulación de la sangre hasta el corazón.

De hecho, la función de los músculos no es solo mover los huesos, sino que también regulan el volumen de los órganos, movilizan sustancias dentro del cuerpo y producen calor.

La tendinitis

Cuando el tendón de un músculo está sometido a demasiada intensidad, tu cuerpo reacciona generando una inflamación. Es una respuesta de defensa de tu cuerpo para decirte: «Detente, algo no está bien aquí, mejor deja de usar este tejido por un rato». Este mensaje se traduce en dolor, en hinchazón para limitar tu capacidad de mover este tejido y en calor. Este proceso de inflamación puede durar desde algunas horas o días hasta varios meses.

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