María Inés Falconi: “La preadolescencia me convoca mucho porque es un momento de mucho cambio”
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María Inés Falconi: “La preadolescencia me convoca mucho porque es un momento de mucho cambio”

Con una larga trayectoria, María Inés Falconi marcó a toda una generación con sus libros. Conversamos con la autora best-seller y multipremiada sobre cómo es escribir para los chicos y las chicas de hoy.

EQUIPO PENGUIN KIDS

@penguinkidsar

Llevás casi 50 años escribiendo para chicos y jóvenes con más de 70 libros publicados, ¿cómo fueron tus inicios, primero en la dramaturgia, y luego en los libros para infancias?

Las primeras cosas que escribí fueron obras de teatro. La entrada a la narrativa fue por un cuento que estaba incluido dentro de una obra de teatro. Lo mandé a un concurso y se ganó un premio, lo publicaron y a partir de ahí no paré más. Empecé a escribir en paralelo narrativa y un poco después llegó la novela.

Caídos del mapa nació como obra y luego fue una serie de libros que marcó a toda una generación, ¿cómo fue ese pasaje del mundo del teatro a las novelas?

Yo venía escribiendo obras para chicos pequeños, sobre todo primer ciclo y me intrigaba mucho el teatro para los preadolescentes, porque no había en ese momento obras dedicadas a esa franja etaria. Yo tenía hijos preadolescentes, por lo que estaba muy involucrada. Se me ocurrió Caídos y me enganché tanto que dije “Esto es para una novela”. Había un montón de cosas que no podía escribir, porque el teatro no me permitía ni en tiempo ni en espacio todo un desarrollo, por ejemplo, de los personajes adultos. Estaba en ese pensamiento cuando vino a ver la obra Carlos Silveira, que en ese momento estaba lanzando una colección de libros para adolescentes y me dijo si no me animaba a hacerla novela. ¡Y yo lo único que quería hacer en la vida era una novela de eso! Le dije que sí, la escribí, le pareció bien, la publicamos y de ahí no paró.

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Luego con Cartas a Julia, Hasta el domingo, Caro dice continuaste con la mirada puesta en la adolescencia, ¿qué te convoca de ese mundo?

La preadolescencia me convoca mucho porque es un momento de mucho cambio. Es ese pasaje entre la infancia y la adolescencia donde los chicos mantienen ambas cosas. Es su entrada al mundo o su confrontación con el mundo adulto, el primer momento en el que son críticos con él. Entonces, me parece que es un momento muy interesante de descubrimiento, posicionamiento, dificultades, amistad, es muy rico.

Coordenadas para un crimen, también está orientada a este público. Esta vez se trata de una suerte de novela policial, ¿por qué elegiste este género?

 

Nunca creí que iba a poder escribir un policial y, de pronto, salió un policial casi sin pensarlo. El género apareció después que el libro estuvo escrito. No había buscado escribir un género en particular, sino una historia que pudiera asustar un poco, que fuera más truculenta. Y terminó siendo un policial muy muy complicado de escribir, porque se tienen que unir todos los datos que uno tira ahí en el medio del texto. Son unos libros que van y vienen en el tiempo (la saga continúa con cuatro libros más), con lo cual hay que coordinar.

 

En el libro Toni, Fran y Vicky se encuentran con un GPS, pero no el del celular, que tiene el poder de llevarlos y traerlos en el tiempo, ¿cómo fue que llegaste a este disparador para la historia?

Cuando yo compré mi primer GPS me di cuenta de cuántas cosas uno dejaba de hacer por tenerlo. Cuando viajábamos en auto con mi esposo, yo era copiloto, iba con los mapas, estaba todo este código de discusiones, “doblar acá”, “en esta no”, “debe ser en la próxima”, “ay, te equivocaste”. Era todo un ritual.  Cuando apareció GPS dije: "Acá hay un montón de cosas que dejan de suceder". O sea, deja de suceder este diálogo, este ingenio de encontrar el camino, el sentido de ubicación de uno mismo, ¿no? Porque ya está resuelto y uno ni siquiera piensa cuál es la calle que sigue. Entonces, una parte de nuestro cerebro, el de la ubicación espacial se atrofia, como al hombre se le atrofió la cola, que no la usa más. De ahí nace mi obsesión con los GPS. Y, para que esto fuera literario, que tuviera algún tipo de interés, se me ocurrió esta historia del tiempo, que excedía sus funciones.

Y otra cosa que sucedió es que yo quería que suceda en un pueblo del interior. Yo viajo mucho por los libros y voy a muchos lugares muy poco visitados, muy poco turísticos, muy pequeños. Ahí descubro costumbres y formas de vivir que en la ciudad no existen ni se conocen y yo quería, de alguna, manera reflejar eso. Es esa forma de vivir de los chicos que no viven en la gran ciudad.

 

Ya llevás cuatro libros publicados de Coordenadas, ¿creés que el hecho de que sea una serie es un atractivo mayor para los jóvenes lectores?

Creo que sí. En todos los casos que escribí sagas funcionó. Pero no pueden preverse. O sea, la saga funciona si funciona el libro uno, si funciona el dos y así como una cadena. Es que hayan ganas de seguir leyendo sobre eso. Me funciona a mí, a mí sí me da ganas de seguir escribiendo sobre eso.

Ahora los tres amigos vuelven a sus andanzas en Nuevas coordenadas para un crimen: sobre fuegos y fantasmas. Ya tienen un manejo más preciso de este particular GPS y, esta vez, les toca detener un incendio. ¿Qué desafíos encontraste a la hora de escribir esta historia?

El incendio surgió, porque cuando yo lo empecé a escribir había incendios en Corrientes, Córdoba, en el Sur. Por eso, tomé idea del incendio, donde, además, hay una cuestión crítica (como todos los libros de la serie). Estos descubrimientos que hacen los chicos no son solo de delincuencia o asesinos. Hay una cuestión social detrás. En este caso, el background es que había gente que quería comprar los campos para hacer barrios privados, un tema bien actual. Si bien no es el centro de la situación, siempre hay un trasfondo en donde eso se muestra, donde hay alguien que por una ventaja personal está tratando de perjudicar algo o a alguien.

 

En tus libros, además, se tocan la amistad, la lealtad, los primeros y desesperados amores (en este nuevo volumen Tonio y Vicky están de novios), ¿buscás una identificación de los lectores en estas temáticas?

No es que lo busco, sino que al tomar personajes de esa edad surgen ese tipo de problemáticas, porque son alrededor de las cuales transcurre su vida. No está particularmente buscado, pero al ponerlos en acción aparecen ese tipo de cosas.

 

Dado que los cuatro libros van y vienen en las “coordenadas temporales”, ¿cómo es el proceso de escritura para no perderte en el camino?

Tomo notas, me hago un mapa por días, tengo que tener permanentemente referencia de fechas, días, sucesos. Releo mucho cuando voy escribiendo para no complicarme y es muy muy divertido y muy difícil de escribir. Es como armar un rompecabezas. En Nuevas coordenadas, yo creo que le hicimos unas 10 relecturas para ver que no hubiera ninguna falla. Lo que escribís tiene que tener un justificativo, no puede ser porque sí. Hay toda una cadena de secuencias que hay que tener en cuenta.

 

Desde tus inicios a hoy, luego de una vasta trayectoria, ¿qué cambios ves en tus lectores? ¿Se modificó la forma de recepcionar la literatura?

¡Qué buena pregunta! Creo que no. A mí me sorprende, por ejemplo, que Caídos lo sigan leyendo. ¿Cómo puede ser? A mí me parece que el lector, cuando está con un libro, es bastante virgen, en el sentido de que su vínculo con el libro, es su vínculo con el libro y todo lo demás de los cambios deja de tener importancia en ese momento. No buscan tanto el reflejo exacto de la tecnología, que es lo que más cambia. Podrían tener una actitud más crítica o más exigente o indiferente, pero yo sigo recibiendo el mismo tipo tipo de respuesta.

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