Mariana Furiasse: “Nos enseñaron a avergonzarnos de nuestro cuerpo, ocultarnos, apagar nuestra voz”
Mariana Furiasse es escritora de novelas y cuentos infantiles y juveniles. A lo largo de su carrera recibió numerosos premios. A propósito de la reedición de sus novelas Rafaela e Intermitente Rafaela, conversó con Penguin Kids.

EQUIPO PENGUIN KIDS
¿Cuándo empieza tu relación con la lectura y la escritura?
Desde antes de saber leer y escribir. Me cuenta mamá que siempre pedía que me regalaran libros. Y quería contar historias, le dictaba a ella, la perseguía por la casa para que escribiera lo que se me ocurría o hacía obras de títeres para contarlas. Aprender a escribir y leer fue lograr mi independencia. Ya no dependía de otra persona para poder contar.
Sentí que quería contar una historia sobre un cuerpo que no obedeciera el mandato hegemónico de belleza
Rafaela, la novela que habla de los vínculos, los cuerpos, las ausencias, los miedos, la mirada ajena, se publicó hace 20 años y se sigue leyendo. ¿Por qué te parece que sigue vigente? ¿Qué aspectos de la novela te parece que siguen convocando a los y las jóvenes? ¿Qué te movilizó a escribirla allá por el 2000 y qué temas te movilizan hoy?
Sigue vigente porque lamentablemente sigue existiendo el bullying y el mandato de belleza hegemónica sobre los cuerpos. Todavía es feroz. ¿Se habla de eso? Sí. Pero sigue pasando. Y esos creo que son dos de los aspectos que convocan a lxs jóvenes, también las relaciones familiares, el amor, la amistad, el sentir que leen algo que les podría pasar. La escribí en el 2000 y en un principio sentí que quería contar una historia sobre un cuerpo que no obedeciera el mandato hegemónico. Fue una protesta.
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Intermitente Rafaela
Les cuento a lxs chicxs en las escuelas que no es una novela autobiográfica en el sentido de que me haya pasado exactamente a mí lo que le pasó a Rafaela, pero sí el clima. No podía entender cómo estaba naturalizado el bullying, completamente establecido, como si fuera parte de la experiencia escolar y los mandatos de belleza, por los que la gente se enfermaba, dejaba de estar presente en determinados espacios. Nos enseñaban a avergonzarnos de nuestro cuerpo, ocultarnos, apagar nuestra voz. Rafaela fue una protesta ante eso. Fue mi forma de decir cuando no escuchaba voces que dijeran otra cosa. Pero recién con los años fui comprendiendo la dimensión cuando veía cómo resonaba y replicaba en otrxs.
Los temas que me movilizan hoy son los mismos que me movilizaron siempre, la injusticia, la intolerancia, la ausencia de amor, el amor, los vínculos.
¿Alguna vez pensaste en escribir sobre esas mismas temáticas pero para un público infantil más que juvenil?
¡Me encantaría! Pero cada vez que me siento a escribir salen historias juveniles.

La continuación de Rafaela, Intermitente Rafaela, se publicó 14 años después. ¿Cómo fue retomar el personaje, la historia, los conflictos, en un contexto que se había transformado bastante?
Fue un desafío inmenso. En su momento, cuando se publicó Rafaela, escribí una continuación que no me gustó nada. Y quedó guardada. Por años pensé que no iba a haber una segunda parte. Pero estaba esa primera intención, más los pedidos en las escuelas y la invitación de mi editora y decidí intentarlo. Retomé la idea de un capítulo de esa primera versión, lo llamo el capítulo semilla y reescribí ese capítulo y una nueva continuación. Me costó mucho volver a sentir la piel de Rafaela, había cambiado el mundo, había cambiado yo, la tecnología, pero una vez que logré meterme en la historia no pude parar de escribir. Me costaron especialmente las primeras palabras y las últimas. Tuve que esperarlas, y llegaron.
Tus libros son muy leídos en las escuelas. ¿Cómo es el intercambio que sucede en las aulas cuando sos invitada a charlar sobre tus textos?
Es hermoso. Me sorprende y emociona siempre. El entusiasmo, la alegría, la emoción. Salen a recibirme con una ternura, me cuentan que es el primer libro que los engancho o que leyeron, que a partir de conocerlo empezaron a escribir o a leer. Es un intercambio amoroso, espontáneo y profundo, de reflexión, donde lxs chicxs se animan a compartir experiencias dolorosas que atravesaron o están atravesando.
Hace muy poquito salieron nuevas -y muy cuidadas- ediciones de Rafaela y de Intermitente Rafaela, con nuevas tapas y nuevo diseño de interior. ¿Cómo fue ese trabajo de reedición?
Fue otro desafío hermoso. Encontrar nuevas tapas y trabajar los textos, buscando la forma en la que sentía Rafaela ahora, fue un camino intenso, de pensar por dónde, conversando con amigxs queridxs, con mis editoras María Amelia Macedo y Florencia Escande. Me preguntaban en las escuelas qué le cambiaría a la novela y les decía, algunas expresiones o palabras que ya no se sentían orgánicas y eso fue lo que cambiamos. Además agregamos subrayados, círculos sobre algunas palabras y dibujos en los márgenes: rayitos, flechas, corazones, estrellas. Es un diario intervenido. Agregamos números de capítulos. Y pensamos las tapas, que también era difícil porque Rafaela había tenido esa tapa veinte años. Me encanta el trabajo que hizo Candela Insua en cada una de las tapas.

¿En qué estás trabajando ahora?
Ahora estamos trabajando con la reedición de Ramona revelada que va a publicarse a principios del año que viene. También estoy leyendo una novela que terminé de escribir hace una semana y trabajando sobre un taller de diarios que vamos a coordinar con mi amiga Valeria Sardi.
