Entrevista a Cecilia Pisos: “Lo mejor es salir al encuentro de los poemas y leer hasta encontrar aquellos que nos hagan emocionar, pensar, divertir”
Poesía, cuentos o novelas, todo lo que escribe la autora Cecilia Pisos está lleno de magia. Lleva publicados más de cien libros para niños y jóvenes y su obra recibió numerosos premios. A propósito de la publicación de El té de la princesa conversó con PenguinKids.

EQUIPO PENGUIN KIDS
Empezaste a escribir cuentos desde muy pequeña y, al día de la fecha tenés más de cien libros publicados. ¿Cuándo te acercaste a la literatura infantil? ¿Cuáles dirías que son los hitos en tu prolífica trayectoria como escritora?
Empecé a escribir desde muy chica, es verdad, pero tardé un ratito en llegar a publicar. Mi primer libro para chicos, Las hadas sueltas, fue editado por Canela para la colección Pan flauta, cuando yo tenía 37 años. Sin embargo, todo lo que hice antes, me fue llevando a ese preciso momento: la carrera de Letras, la escritura de poesía, la docencia e investigación universitaria, el trabajo como editora, mi participación en las tareas de la Coedición Latinoamericana de Libros para Niños y Jóvenes (Cerlalc-Unesco).
A partir de mi primer libro, cada libro es/fue un hito para mí. Cada uno tiene una razón de ser completada luego por las razones de existir con las que lo invisten los lectores, cuando se lo apropian, Sin embargo, hay dos que siento indudablemente muy entrañables: Como si no hubiera que cruzar el mar, la historia de mi abuela inmigrante mezclada con la de mi propia migración, y El té de la princesa, en cuyo corazón sigue vivita y coleando la infancia de mis hijos.
Gran parte de tu producción se centra en la poesía. En Una bandada de brujas sobre una pila de ogros, por ejemplo, las poesías se van mechando con hechizos, chistes, talismanes, también un cuento... ¿Creés que la poesía ocupa un lugar subordinado al de la narrativa en el mundo editorial? ¿Cómo se puede acercar a los chicos y chicas a la poesía?
Definitiva y cuantitativamente (y esto es muy fácil de comprobar revisando los catálogos de las editoriales o las mesas de las librerías) la poesía es, en cuanto a su publicación y difusión, un género menor. Las editoriales más importantes no publican tantos libros de poesía porque no venden tanto; los mediadores no leen con los chicos tantos libros de poesía porque no se publican tanto. Y tantos más tanto, más tantos, más tanto, se muerden la cola y nos dan como resultado cualitativo una pobre relación entre los lectores en formación y los textos poéticos.
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Más allá de lo editorial, la mediación juega su parte, y en este sentido, muchos adultos arrastran los efectos de pobres aproximaciones a la poesía en su formación, Lo mejor, y lo más sencillo que puede hacerse para remediar esta situación y no cortar la transmisión poética a los chicos, es salir al encuentro de los poemas y leer hasta encontrar aquellos que nos hagan emocionar, pensar, divertir. El reciente formato de álbumes ilustrados de poesía creo que puede ser un primer acercamiento para romper el miedo. Y a partir de ahí, compartir sinceramente los textos, desde ese gusto genuino que experimentemos, con los niños y niñas. ¡Y a no preocuparse si hay versos que pueden ser entendidos de un modo o de otro! Esa vacilación, esa cualidad difusa es precisamente lo que hace a la poesía, avecita de plumas siempre tornasoladas.
El mundo mágico (brujas, ogros, hadas. dragones) parece ser inspiración para tu escritura. ¿Qué otras cosas son fuente de inspiración?
Cualquier cosa que uno observa, o alguna noticia que lee, o una anécdota que alguien cuenta, puede disparar una historia. También, a veces, hay cosas que suceden en la vida real, historias de vida que uno siente necesidad de escribir para que se conozcan. Y finalmente están aquellas situaciones que surgen de dar vuelta las cosas, de pensarlas patas arriba o de un modo diferente a como se dan en la realidad, los "¿Qué pasaría si…?” Los lectores tenemos tanto recuerdos reales como recuerdos de lectura, y ambos se mezclan también y están presentes cuando escribimos.

¿Qué lugar ocupa el humor en tu escritura?
Un lugar central porque también es importante en mi vida. Detesto las situaciones y las personas solemnes; creo que en el fondo revisten de una importancia que no tienen a las cosas sencillas, naturales. No hay nada mejor que cultivar el sentido del humor ¡hasta en contra de uno mismo! para que nos florezcan la humildad y la risa. Además, humor y poesía se tocan, en su modo indirecto de dar cuenta de la realidad: en tanto están cargados de imágenes conceptuales, un chiste, un poema presentan una o varias capas discursivas, que el lector debe atravesar. Por eso, la sensación intelectual y física, de placer, de llegar al corazón de un verso o a la comprensión de un chiste verbal se parecen.

Imagen cortesía de la autora
¿Cuál es el vínculo con tus lectores y lectoras? ¿Qué sucede en las visitas a las escuelas, donde muchas docentes trabajan con tus libros?
Estar en contacto frecuente con mis lectores, semana a semana, en mis visitas a las escuelas, me permite recibir en tiempo real sus sentimientos y opiniones. Que los lectores se identifiquen con sucesos y personajes de mis ficciones, que repitan, reciten, susurren versos que escribí, que sientan curiosidad, que se conmuevan, que algo en los textos los ponga a pensar en su realidad, en sus vidas, que exista una comunicación entre ellos y yo, a partir del libro, es mi idea de la literatura. Cuando esas cosas suceden, mediadas amorosamente por maestras y bibliotecarios, se perciben en el encuentro y nos producen alegría, felicidad, tanto a lectores como a escritores.
Acaba de publicarse en Penguin El té de la princesa, en el que la princesa Sofi -como Sukimuki, el personaje de María Elena Walsh-, movida por el aburrimiento, desafía el lugar de obediencia y quietud que le fue asignado. ¿Te interesa, a través de tu obra, poner en tensión roles y estereotipos?
¡Sí! El rol y el estereotipo son los lugares comunes donde ubicar con comodidad personajes y personas. Lo divertido en literatura, por el contrario, es la tensión que provoca el gesto de desubicarse, la descolocación misma, que es precisamente lo que da singularidad a los personajes y situaciones. Sofi no es tanto princesa como nena, y entonces, su día fatal de aburrimiento se superpone con las experiencias similares de aburrimiento de los lectores, y no con las de una princesa-princesa. Por suerte, como autora, se me ocurrió poner al alcance de esta "prince de entrecasa", un dispositivo maravilloso, el libro de encantamientos y así la mantuve entretenida, por lo menos, en lo que dura su historia. Con varita mágica de cucharita o lápiz negro, como las que yo usaba cuando era chica, Sofi se encarga de ir transformando a Pepo, su sapo de peluche, en sucesivos juegos, y así logra pasar la tarde. Hasta que el último hechizo la alcanza también a ella y se requerirá de la ayuda atenta de los lectores para el correspondiente deshechizo y final de la novela. Pero final hasta por ahí, porque en esta nueva edición pusimos con la genial Mey, la ilustradora del verde libro que acaba de salir, tres finales de cómic, Y con esto, le abrimos la puerta a cada quien que lea para que dibuje y escriba otros tantos más que se anime a imaginar...
