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PARA LUCAS, A. F.PARA MI FAMILIA, LOS FOX, POR SU ASTUCIA, E. F.Título original inglés: Fox Investigates. A Brush With Danger© del texto: Adam Frost, 2015.© de las ilustraciones: Emily Fox, 2015.© de la traducción: Rita da Costa, 2017.Ilustraciones de la contracubierta por cortesía de www.shutterstock.com © de esta edición: RBA Libros, S.A., 2017.Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.rbalibros.comPrimera edición: septiembre de 2017.RBA MOLINOREF.: ODBO093ISBN: 978-84-272-1262-6Composición digital: Newcomlab S.L.L.Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública otransformación de esta obra, que será sometida a las sancionesestablecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar oescanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com;91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.
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Un caso que ni pintadoADAM FROSTIlustraciones de Emily FoxTraducción de Rita da Costa
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WILLY FOXEran las nueve en punto de la mañana y la agencia de detectives Willy Fox acababa de abrir sus puertas. Fuera ya había una larga cola de animales esperando: ovejas, ratones, búhos, ocelotes, avestruces y muchos más. Dentro, Willy estaba sentado al escritorio, sacando brillo a su lupa preferida con la larga y sedosa cola. Echó un vistazo al reloj, guardó la lupa en un cajón y pulsó el botón que había en el escritorio. —Haga pasar al primer cliente, señora Mangosta —dijo por un pequeño micrófono.UNA ENTRADA TRIUNFALUNA ENTRADA TRIUNFAL
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6—Enseguida, señor Fox —contestó una voz entrecortada por las interferencias.—Espero que hoy surja algún caso interesante —musitó Willy para sus adentros—. Como me venga otra ardilla quejándose de que no encuentra su alijo de frutos secos, me...En ese instante se oyó un alarido, seguido de un enorme...Willy se levantó de un brinco y cruzó el despacho a la carrera. Fuera, en la recepción, reinaba el caos. Había humo por todas partes y los animales se encaramaban como podían a las paredes, saltaban por las ventanas y bajaban la escalera a trompicones.La señora Mangosta gritaba entre aspavientos:—¡Por favor, abandonen el edificio sin perder la calma! ¡BUUUM!
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7Willy estaba a punto de echar a correr escaleras abajo cuando el humo se dispersó, los gritos enmudecieron y una silueta esbelta entró despacio en la habitación. El detective se frotó los ojos y parpadeó varias veces. La silueta se convirtió en una elegante y joven caniche con grandes ojos castaños y suave pelo negro que lucía una boina ladeada sobre la cabeza. —Los fuegos artificiales pueden ser muy útiles en un momento dado —dijo con voz sensual y acento francés, enseñando una caja de petardos vacía—. Espero que no le importe que me haya... cómo se dice... hecho un hueco —añadió. Willy la miró con una media sonrisa. —No pasa nada. Menudo truco. Tal vez lo use algún día. —A los perros les gusta aprender trucos —replicó la caniche—. Puede que le enseñe alguno más. Pero de momento se acabó el espectáculo.
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La desconocida cruzó la recepción desierta, sonriendo a la señora Mangosta, que la miraba sorprendida, y pasó al despacho de Willy. —Todo en orden, señora Mangosta —dijo Willy—. Ya me encargo yo. El detective se sentó al escritorio y la caniche empezó a hablar. —Me llamo Suzie Pedigrí. Soy la dueña de una de las mejores galerías de arte de París, donde se conservan algunos de los cuadros más famosos del mundo. Compruébelo usted mismo...—Fascinante, mademoiselle, pero yo soy detective, no crítico de arte —dijo Willy cerrando el catálogo de golpe—. ¿Por qué iba a interesarme todo esto?Pezuñas enla nieveHuesoenterrado
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9—Porque me he enamorado del cuadro equivocado —contestó Suzie. Willy parpadeó. —Entiendo.—Hace dos semanas compré un cuadro en una galería que pertenece a un oso pardo ruso llamado Dimitri Culogordovich. Era un cuadro pequeño y un poco extraño, pero ME ROBÓ EL CORAZÓN. Al día siguiente, recibí una llamada telefónica. —¿De quién? —preguntó Willy. —De Dimitri. Dijo que la empleada de la galería había cometido un error, que el cuadro no estaba en venta. Quería que se lo devolviera. —Bien, a ver si lo adivino... usted se negó. —Por supuesto que me negué. Me había enamorado. Le ofrecí más dinero, diez veces lo que había pagado, pero él siguió erre que erre, diciendo que el cuadro no estaba en venta. Luego se puso grosero, y hasta ahí podíamos llegar. Nadie insulta a Suzie Pedigrí, así que le colgué.
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ES TU ÚLTIMA OPORTUNIDAD.DEVUÉLVEME EL CUADRO O ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.10—No parece propio de un comerciante —musitó Willy— rechazar una cantidad diez veces superior a la que pedía. —Ayer me llegó esto —continuó Suzie, enseñándole a Willy una nota que ponía:Willy estudió la caligrafía. Luego olisqueó el papel. Le pareció reconocer el olor, a oso pardo pero también a algo más...—Confieso que esta nota me inquietó —dijo Suzie—. Hoy no he abierto la galería al público. He cerrado la puerta con llave, he conectado las alarmas, me he subido a un avión con destino a Londres y me he venido derecha aquí.Willy alzó la mirada.
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11—Doy por sentado que ni se plantea la posibilidad de devolver el cuadro. Suzie negó con la cabeza. —Primero me insulta y ahora me amenaza. Puede que por fuera parezca una caniche, pero por dentro soy una rottweiler de pura cepa. —¿Y no quiere acudir a la policía?—¿Y si se ponen de parte de Dimitri? ¿Y si me dicen que le devuelva el cuadro? —replicó Suzie—. Además, los agentes de policía no son demasiado listos. Quiero conservar el cuadro y quiero saber por qué se empeña Dimitri en que se lo devuelva. O mucho me equivoco, o aquí hay gato encerrado. —Cierto —concluyó Willy—. De acuerdo, acepto el caso. Vuelva a París cuanto antes y yo me reuniré allí con usted. Puede que tenga usted cerraduras y alarmas, pero ese tal Dimitri tendrá palancas y taladros. Lo primero que hay que hacer es convertir la galería en una fortaleza. Luego aver
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