Un alien, un profesor y una misión imposible: el fenómeno Andy Weir
Un profesor despierta solo en una nave espacial, sin memoria y con una certeza inquietante: su misión es salvar al Sol. Así arranca «Proyecto Hail Mary» (Nova), la novela con la que Andy Weir, autor de «El marciano», volvió a conquistar a millones de lectores en todo el mundo. Admirado por figuras como Brandon Sanderson y George R. R. Martin, Weir combina rigor científico, humor y una narración ágil para construir una aventura que es, al mismo tiempo, una carrera contrarreloj contra la extinción. En el corazón de la historia late también una inesperada amistad: la de un humano y un extraterrestre que deberán colaborar para sobrevivir. Ahora [marzo de 2026], el fenómeno salta al cine con «Proyecto Salvación», protagonizada por Ryan Gosling, confirmando el impacto cultural de una obra que celebra la inteligencia, la ciencia y la cooperación como únicas herramientas frente al desastre.

Ryland Grace (aka Ryan Gosling) a ojos de la ilustradora Maria Picassó i Piquer.
Proyecto Hail Mary forma parte de una larga tradición de novelas que imaginan el fin de la humanidad a manos de criaturas procedentes de otro mundo. Desde la pionera La guerra de los mundos (1898) de H. G. Wells, hasta la trilogía El problema de los tres cuerpos (2016) de Cixin Liu, son incontables los libros que han narrado nuestro exterminio. A pesar de esta ingente cantidad de obras, el libro de Weir plantea una propuesta verdaderamente original: los enemigos no son seres con una tecnología superior, sino microorganismos extraterrestres comesoles. Una singular propuesta que además está basada enteramente en la ciencia: si hay algo que caracteriza la obra de Andy Weir es que su fuente de inspiración, de dónde surgen sus historias, ha sido siempre el conocimiento científico y la tecnología.
Una pasión que ya vivió desde pequeño en su propio hogar, con un padre físico de partículas y una madre ingeniera eléctrica. Fue además un temprano lector de ciencia ficción, con predilección por libros como Las bóvedas de acero (1954) de Isaac Asimov, o Rebelión en el espacio de Robert A. Heinlein (1949). Su devoción por los ordenadores le llevó después a estudiar informática en la Universidad de California en San Diego, pero se quedó sin dinero antes de poder terminar la carrera. En busca de ingresos estables, se dedicó a la programación y trabajó para distintas empresas de videojuegos. Entretanto, se divertía publicando en su web sus propios textos, entre ellos capítulos gratuitos de El marciano. Como gustaron a muchos de sus lectores, subió el libro completo a Amazon, cobrando 99 centavos. En pocos meses, vendió más de treinta mil copias. Esto llamó la atención de un agente literario que se ofreció a ayudarle a conseguir un contrato para publicar el libro. A partir ahí el éxito fue inmediato.
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El marciano vendió unos cinco millones de copias en Norteamérica, y su adaptación cinematográfica fue dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Matt Damon. En esencia, El Marciano era una nueva versión del Robinson Crusoe pero en Marte. Un hombre completamente solo que lucha por la supervivencia en un entorno hostil y que se sirve de sus conocimientos científicos para poder vivir un día más. La soledad, como veremos, es un tema recurrente en su obra, quizá porque Weir la ha experimentado de cerca, primero cambiando constantemente de casa y de colegio tras el divorcio de sus padres, y luego viviendo por su cuenta. Como él mismo ha revelado en algunas entrevistas: «Una de las principales razones por las que el aislamiento es un tema tan recurrente en mis libros es que pasé gran parte de mi vida solo sin quererlo».
Con esta novela demostró que era un dotado escritor de la llamada ciencia ficción dura. Un subgénero que surgió a mediados de los años cincuenta del pasado siglo y que se basa en el rigor científico. Son novelas creíbles y documentadas que huyen de elementos demasiado fantásticos. Así, para cada uno de sus libros, Weir realiza toda clase de complejos cálculos e investigaciones. Como dijo Aditya Sood, productor que trabajó en la adaptación cinematográfica de 2015 de El marciano: «Literalmente, primero hace los cálculos para la idea y luego construye el drama a su alrededor». Para esta novela incluso creó un software que calculaba las trayectorias de empuje constante del motor iónico de una nave espacial, y estudió imágenes satelitales de la NASA para trazar el recorrido de más de 3.200 kilómetros.
Tráiler oficial de Proyecto Salvación (Phil Lord y Christopher Miller, 2026). Crédito: cortesía de Sony Pictures España.
Tras el éxito de El marciano, publicó Artemisa (2017), donde intentó desarrollar una trama más compleja y con más personajes situada en una ciudad de la luna. No tuvo tanto éxito como en su novela anterior, lo que provocó que regresara a su fórmula predilecta: el aislamiento en el espacio + solución de problemas. Con Proyecto Hail Mary, tuvo que investigar todavía más a fondo que en anteriores libros, ya que la novela le obligaba a abarcar un montón de ciencias diferentes: física, relatividad, mecánica cuántica, biología, química, etc. La historia, que se cuenta en dos niveles temporales, primero en la nave espacial, y luego a través de flashbacks situados cronológicamente antes del viaje, sigue a Ryland Grace, un profesor de ciencias de colegio que despierta solo en una nave espacial sin recordar quién es ni por qué está allí. Poco a poco recupera la memoria y descubre que es el único superviviente de un viaje que le ha llevado hasta al sistema de la estrella Tau Ceti. Tiene además una misión crucial, ya que la humanidad se enfrenta una crisis. Unas criaturas microscópicas alienígenas llamadas astrófagos están absorbiendo la energía del Sol, lo que provocará que la Tierra se enfríe y que la vida desaparezca en pocas décadas. Para salvar a la humanidad, se crea el proyecto Hail Mary. Todos los gobiernos del mundo se han unido para financiar esta misión, en la que se ha embarcado este humilde profesor después de haber sido el único científico que descubrió cómo los astrófagos podían reproducirse.
El trayecto, de tres años de duración, tendrá como objetivo descubrir por qué los astrófagos, que han formado una línea infrarroja que va del Sol a Venus denominada «línea Petrova», no están chupando la energía de la estrella Tau ceti, también infectada. Es entonces cuando aparece el elemento más relevante e interesante de la novela: el encuentro con una nave alienígena de otro planeta cuya civilización también está siendo amenazada por los astrófagos. A pesar de las enormes diferencias biológicas y de comunicación, ambos aprenderán a trabajar juntos. El extraterrestre, al que el profesor llama Rocky, tiene forma araña con cinco patas, caparazón, no posee sentido de la visión, respira amoniaco, y para colmo habla mediante acordes musicales. Todo lo cual no será impedimento para convertirse en colegas y, convertido en un singular equipo, darán con la solución al grave problema que está llevando al colapso a ambas civilizaciones.

Ryan Gosling en un fotograma de la película Proyecto Salvación, 2026, dirigida por Phil Lord y Christopher Miller.
Más allá de su trama, que ciertamente engancha, lo interesante de los libros de Weir es que la narración se construye a partir de escenas en las que el protagonista busca soluciones a problemas científicos. A Weir, como le sucedía a Asimov, no le interesa así tanto la psicología, el drama, sino la narración científica, esto es, explicar cada proceso, cada prueba y error, con una extraordinaria capacidad didáctica, algo muy necesario en los días que vivimos. Muestra tanto el proceso mental que lleva a una idea —el ingenio—, como su puesta en práctica, siempre basándose en la rigurosidad científica. Incluso la figura del extraterrestre, formado por lo que parece una piel de roca, y cuya sangre está a unos 300 grados, resulta convincente. Todo además siempre narrado con el peculiar sentido del humor de Weir, que hace a sus personajes cercanos y, digamos, dignos de darles un achuchón.
De hecho, esto es lo que más se ha explotado en la versión cinematográfica dirigida por Phil Lord y Christopher Miller, y que en España se ha titulado Proyecto Salvación. En ella la soledad no es la premisa principal, sino la camaradería, quizá un tanto infantil, entre el astronauta interpretado por Ryan Gosling, y la araña de piedra; dos colegas en el espacio a los que solo les falta beber cervezas mientras contemplan el atardecer, que colaborarán en salvar sus dos mundos. La adaptación resume con habilidad la trama de la novela y omite, de paso, todo el andamiaje científico que es la base de la novela Weir, y que en el filme apenas está apuntado. Potencia así el lado emotivo de la aventura, desde la preparación de la misión, hasta la relación con el alien, en ocasiones más bien un perrito de compañía. En la novela, sin embargo, la presencia de Rocky resultaba más crucial y sus conocimientos fundamentales para el descubrimiento de una especie de ameba que ayudará a acabar con los astrófagos.
Por otro lado, a la hora de escenificar la nave, se ha evitado al máximo el uso del croma —un fondo verde que se utiliza en los estudios para luego insertar sobre él imágenes digitales—, en favor de escenarios físicos. Esto ayuda a retratar de forma convincente la vida en una nave y también permite enormemente visualizar la novela. En este sentido, el filme es un complemento ideal para disfrutar del libro. Proyecto salvación además establece diálogos con numerosos filmes previos, caso de E.T. (Steven Spielberg, 1982), por la relación casi lacrimógena con el extraterrestre; Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977), por el tipo comunicación en cierto modo musical con Rocky; e incluso con Náufrago (Robert Zemeckis, 2000), por retratar la vida de un náufrago que, en vez de hablar a una pelota llamada Wilson, lo hace con una araña de piedra.
El personaje del profesor es, al igual que en el libro, un nerd con gafas caídas e inseguro, un antihéroe que por supuesto luego demostrará valentía en los momentos finales de la historia. Un filme que tiene el éxito garantizado, tanto por el carisma y el sentido del humor de Gosling —base del filme—, como por una trama original y fresca dentro del cine de ciencia ficción.
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