«Presentes», de Paco Cerdà: Ese uno
El español es un territorio compartido y en permanente transformación, un espacio donde conviven voces diversas que amplían los límites de la literatura. Desde esa mirada surge Mapa de las Lenguas, la iniciativa de Alfaguara y Random House que cada año identifica y proyecta las narrativas más significativas escritas en nuestro idioma. En su edición 2026, el mapa se compone de ocho libros que atraviesan géneros, estilos y geografías: del testimonio a la distopía, de la fábula a la crónica. Ocho propuestas que dialogan con el presente y desafían fronteras literarias y simbólicas. Aquí, Paco Cerdà escribe sobre «Presentes» (Alfaguara).
Por Paco Cerdà

Paco Cerdà. Crédito: Jeosm.
Está el margen y el olvido, y luego está el dolor y su constelación: muerte, cárcel, exilio, soledad; la decepción y sus infinitas declinaciones.
El fracaso es la victoria más resplandeciente. Esa frase de Leopoldo María Panero siempre me atrajo, fatalmente quizás.
Al principio fue esa Nada demográfica habitada por los últimos de un mundo en extinción. Los cuatro quijotes sin electricidad y aislados por la nieve en la aldea de El Collado. Las vidas de Matías o Faustino, únicos habitantes de sus pedanías en Guadalajara. Los maquis rurales del interior valenciano. La chaqueta de Simón colgada en aquella aldea ventosa y abandonada un cuarto de siglo atrás.
Después llegaron los peones que habitaban debajo del tablero del poder. Arturito y Bobby, sí, movidos por sus regímenes de la Guerra Fría y el franquismo. Pero, sobre todo, los otros. La melancolía enquistada de Diego Martínez Barrio como presidente de la Segunda República en el exilio. El último vuelo del piloto Rudolf Anderson en la crisis de los misiles de Cuba. Las largas tardes de Marcos Ana en prisión. Las penurias de George Fryett, secuestrado en Vietnam y olvidado por su país. Los pequeños mineros asturianos capaces de decirle no a una dictadura. La escritora Dolores Medio encerrada donde las Trece Rosas. La trastienda emocional de Francis Gary Powers, el espía estadounidense atrapado por la URSS. Esos peones y todos los demás.
Luego estaba la épica del olvido en aquella revolución naufragada con el tiempo que fue el 14 de abril y la República española. Insisto: el margen, el olvido, el dolor. Las vidas rotas del encuadernador Emilio, de Cándida la pescadera, de Teresa la anarquista, del telegrafista Pàmies, de Antonio el jornalero, de Francisco el manifestante, del militar Eduardo. De ese soldado desconocido, tantas veces civil sin uniforme ni rastro en la Historia.
Presentes prolonga ese viaje por la minúscula de la memoria que habla, con todo, de nuestro tiempo. Que habla –creo, temo, espero— un poco de mí.
Lo hace a través de Eulalio, el chico encerrado en un campo de concentración francés que se cartea con Silvia, un amor por correspondencia. Lo hace a través del capitán Dickson, capaz de decir no para salvar de la muerte a 2.639 pasajeros del Stanbrook. Lo hace a través de Pepe, el chico de diecisiete años encuadrado, pico pala pico pala, en el 127 Batallón de Trabajadores en el Valle del Roncal. Lo hace a través del silencio y la vergüenza de La Muchacha, violada por un militar. Lo hace a través de esos hombres escondidos durante años en falsos techos, armarios y desvanes por temor a la represión. Lo hace a través de Miguel de Molina. O de Elena Fortún. O de Miguel Hernández. O de Pilar de Valderrama y sus paseos amorosos con el Poeta. O de esos ocho intelectuales refugiados en una embajada que de noche escriben la primera revista de la resistencia y que al alba oyen el tableteo de las ametralladoras ante los paredones de fusilamiento.
La posguerra y todas sus declinaciones, tal vez. Seguramente algo más: el precio del compromiso personal; las armas y el miedo —el poder— y su insaciable trituradora; también la fuerza masiva de construcción y destrucción que es la palabra. De fondo, el viento en la cara y la sensación de libertad. La victoria más resplandeciente.
Dice Wislawa Szymborska que la historia redondea los esqueletos por decenas. Que mil y uno siguen siendo mil y que ese uno es como si no existiera.
Ese uno es mi territorio.
El español es un territorio compartido, un espacio diverso habitado por múltiples voces que lo transforman cada día. Desde esa mirada nace Mapa de las Lenguas, una iniciativa conjunta de Alfaguara y Random House que, cada año, traza una cartografía de la mejor narrativa escrita en nuestro idioma.
Cada país selecciona las obras más prometedoras, relevantes o singulares de su escena literaria: títulos que merecen ser leídos más allá de sus fronteras. Mapa de las Lenguas es la plataforma que les permite expandirse y ser publicados de manera simultánea en todo el ámbito del español. Una colección que refleja la temperatura de lo que está ocurriendo en la literatura de cada país.
En 2026, ese mapa se dibuja con ocho libros que revelan la amplitud y la diversidad de la narrativa contemporánea: del testimonio histórico a la distopía, de la fábula poética a la crónica de lo real. Cada uno de estos libros es una forma de resistencia: contra el realismo, contra el olvido, contra las fronteras.
Desde Argentina, Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores de Roberto Chuit Roganovich combina el terror ecológico y la ciencia ficción para crear una criatura que atraviesa la historia y las entrañas del planeta; mientras que en México, Soñarán en el jardín de Gabriela Damián Miravete convierte la fantasía especulativa en un acto de resistencia y esperanza.
En España, Presentes de Paco Cerdà reconstruye la memoria desde la no ficción con la intensidad de una novela, y Laura Chivite, con El ataque de las cabras, transforma la rareza de crecer en una celebración del humor y la imaginación.
Desde Colombia, Andrea Mejía deja fluir en La sed se va con el río una prosa poética que une lo humano y lo natural, mientras Antonio García Ángel mezcla sátira y vértigo en Que pase lo peor, una fábula brillante sobre el desorden contemporáneo.
En Chile, Alfredo Andonie irrumpe con Serpiente, una novela queer y nocturna que captura el deseo y la historia en los años setenta; y desde Perú, Dany Salvatierra imagina con Criaturas virales una Lima distópica donde la belleza se abre paso en medio del colapso.
Mapa de las Lenguas no busca fijar una geografía, sino mostrar su movimiento: el idioma como materia viva, la literatura como territorio en expansión.
Te damos la bienvenida a nuestro MAPA DE LAS LENGUAS 2026.

