Isis en guerra

Mariano Beldyk

Fragmento

Recta histórica

2003

Mayo

El grupo de Abu Musab al-Zarqaui comienza a operar en Irak tras caída del régimen de Saddam Hussein y ocupación de Estados Unidos y sus aliados.

Agosto

Atentado contra cuartel de Naciones Unidas en zona de máxima seguridad de Bagdad eleva amenaza de los fundamentalistas islámicos en el país.

2004

Mayo

Los primeros videos de decapitaciones en Irak shockean al mundo. Un contratista estadounidense, Nicholas Berg, es el primero en morir bajo el cuchillo de Al Zarqaui.

Octubre

Nace Al Qaeda en Irak (AQI) bajo el mando de Al Zarqaui, pese a haberse resistido por años a jurar lealtad a Bin Laden, aun en medio de la guerra afgana de 2001.

2005

Abril

Liderando la insurgencia local, AQI atrae a combatientes de otros países e inicia campaña de ataques contra chiitas, sin atender a la resistencia de la cúpula central.

2006

Febrero

El ataque de AQI a la mezquita chiita de Askari, en Samarra, desata conflicto sectario de grandes proporciones en el país. Se cumple el plan de Al Zarqaui.

2006

Junio

Al Zarqaui, el enemigo público número uno de Washington y Bagdad, muere en ataque aéreo a su refugio.

Octubre

Se forma el Estado Islámico en Irak (ISI), con Abu Omar al-Baghdadi como líder y el egipcio Abu Ayyub al-Masri como número dos, enviado por Al Qaeda para recuperar control en Irak.

2007

Enero

Con el contraataque de Estados Unidos (The Surge) y la alianza de tribus sunitas Anbar Awakening, la insurgencia iraquí e ISI sufren un grave revés.

2008

Mayo

Las continuas operaciones de las fuerzas aliadas occidentales y las tribus sunitas logran bajar el nivel de violencia a sus mínimos desde 2005.

2009

Enero

Nuri al-Mailiki se convierte en primer ministro de Irak con apoyo de Washington y pone en la mira a líderes tribales sunitas, lo que alivia la presión sobre ISI.

Agosto

ISI ataca Cancillería y Ministerio de Finanzas, asesinando 101 personas y dejando más de 500 heridos.

2010

Abril

Abu Omar al-Baghdadi y Abu Ayyub al-Masri mueren por un ataque aéreo de Estados.

Mayo

Abu Bakr al-Baghdadi asume como líder de un ISI disminuido por sucesivos golpes y bajas. Pasará los siguientes años reagrupándose en las sombras.

2010

Diciembre

En Túnez se dispara la Primavera Árabe que desbordará, entre enero y marzo de 2011, a Egipto, Libia, la península arábiga y Medio Oriente.

2011

Marzo

Inicio de revuelta siria, con una serie de marchas. La violenta represión del ejército de Al Assad da paso a la formación de los primeros grupos armados opositores.

Mayo

En un refugio en Abbotabbad, es asesinado Osama Bin Laden en una operación clandestina de los Navy Seals.

2012

Julio

ISI inicia su contraofensiva con la campaña Demoliendo los muros para liberar prisioneros de cárceles iraquíes. Muchos se suman a sus filas.

2013

Abril

Al Baghdadi revela que Al Nusra (JAN) forma parte de la Organización y la renombra ISIS por la conquista de Siria y el Levante. JAN lo rechaza.

Agosto

Mientras ISIS asesina soldados y líderes sunitas de los exgrupos Awakening iraquíes, en Siria se abre camino en la revuelta atacando a otros grupos islamistas.

2014

Enero

ISIS proclama a Al Raqa como capital del Emirato en uno de los gestos simbólicos más fuertes del camino al Califato. Será su capital.

Febrero

Crecen las diferencias entre Al Baghdadi y la cúpula de Al Qaeda con el egipcio Aymán al-Zawahiri. Rechaza su orden de retirarse a Irak y desbandar a ISIS.

2014

Junio

ISIS conquista Mosul y Tikrit, en el norte de Irak. Cambia su nombre por Estado Islámico y proclama la fundación del verdadero y único Califato.

Julio

El Califa Ibrahim, conocido como Abu Bakr al-Baghdadi, se revela ante el mundo desde una mezquita en Mosul, antes de perderse en las sombras otra vez.

Agosto

Las imágenes de miles de yazidís huyendo hacia el Monte Sinjar, en Irak, para salvarse de la muerte y de la esclavitud sexual ponen en vilo al mundo. ISIS decapita a los estadounidenses James Foley y Steven Sotloff.

Septiembre

Estados Unidos forma coalición de diez países para derrotar a ISIS y ataca en Irak. En Siria, el Congreso aprueba un permiso para armar a los “rebeldes”. ISIS ejecuta a los británicos David Haines y Alan Henning y al francés Hervé Gourdel.

Octubre

El Califato resiste embestida de coalición árabe-occidental y de fuerzas kurdas y avanza sobre Kobani, en el límite con Turquía. Ejecuta al estadounidense Peter Kassig.

Noviembre

ISIS apunta contra Japón por financiar la guerra en su contra. Pide rescate por los rehenes Haruna Yukawa y Kenji Goto. Los decapita.

2015

Enero

El piloto jordano Muath Safi Yousef al-Kasasbeh es quemado vivo por ISIS.

Marzo

Un escuadrón de tres hombres entrenados en Libia ataca el Museo del Bardo y mata 22 personas, la mayoría extranjeros. En Irak, el ejército recupera Tikrit.

2015

Mayo

El Califato toma control de Palmira. Tras la destrucción del sitio arqueológico de Nimrud en Irak, se teme que el milenario anfiteatro corra la misma suerte.

Septiembre

Francia se involucra militarmente con bombardeos sobre Siria. Rusia hace lo mismo, pero en apoyo de Al Assad, atacando posiciones de ISIS y los grupos opositores a Damasco en Homs y Hama.

Octubre

Grupos afiliados a ISIS en el Sinaí derriban avión ruso y asesinan a las 224 personas a bordo.

Noviembre

El ataque simultáneo al Stade de France, el Bataclan y diversos restaurantes y bares parisinos deja 130 muertos. París responde con bombas sobre Al Raqa. Turquía derriba jet de combate ruso por traspasar su espacio aéreo.

2016

Marzo

El ejército sirio recupera Palmira con respaldo de los Spetsnaz rusos y sus bombardeos de precisión.

Junio

Fuerzas sirias irrumpen en Al Raqa y controlan algunos distritos. El ejército iraquí libera Faluya. 49 personas mueren en ataque al club Pulse en Estados Unidos.

Julio

Mohamed Lahouaiej Bouhlel embiste con un camión a la gente que disfruta del paseo costero en el Día de La Bastilla, en Niza. Mueren 87.

Agosto

Grupos opositores a Damasco denuncian catástrofe humanitaria en Alepo por bombardeos de rusos y sirios. Moscú y Damasco hablan de “terroristas”.

2016

Noviembre

Abu Muhammad al-Adnani, número dos de ISIS y presunto autor material de atentados en el extranjero, es abatido en las afueras de Alepo.

Diciembre

El embajador ruso en Ankara es asesinado en público al grito de “¡Alepo!”. ISIS reconquista Palmira y reivindica ataque contra mercado navideño de Berlín.

Introducción
El último rostro del terror

Un hombre yace inmóvil mientras cientos corren a su alrededor sin saber bien hacia dónde, solamente corren. No pueden escucharse gritos ni detonaciones en la captura del fotógrafo Peter Dejong de aquel instante en las cercanías del restaurante Le Petit Cambodge. Tampoco disparos ni chirrido de neumáticos, sirenas ni llantos, pero es fácil imaginarlos. Algo sucede en el lugar donde se obtuvo la imagen, porque su protagonista, un hombre cualquiera, otea hacia un horizonte invisible, y sus ojos están como petrificados.

Las personas que lo rodean provienen de esa dirección, pero se perciben fuera de foco, salvo por dos niños de no más de doce años que lloran aterrados mientras se aferran a él para que no los arrastre la estampida. El hombre los sostiene contra su pecho con los puños apretados por el esfuerzo. Si les susurra algo para consolarlos, para calmarlos, no es en el momento que inmortalizó Dejong, porque sus labios son una delgada línea, contraídos como toda su cara en un rictus de horror.

La noche del 13 de noviembre de 2015, ISIS1 tuvo su bautismo de fuego en el corazón de Europa. En un ataque coordinado, nueve hombres desataron el infierno durante tres horas en las calles de París2. Asesinaron a 130 civiles y otros 368 resultaron heridos, no menos de 100 de gravedad. De los atacantes, siete murieron matando y los dos restantes cayeron cinco días después en una batalla de una hora y cinco mil balas contra un centenar de policías en un departamento de Saint-Denis, al norte de la ciudad.

Lo que más estremeció al mundo, lo que puso a ISIS en un nivel superior de logística fue no solo haber planificado el ataque y entrenado a sus “leones” —así bautizó a sus hombres— dentro de los límites de su Califato, sino la capacidad como organización extranjera para volver a los asesinos contra su propia sangre y ejecutar el golpe más letal, en suelo francés, desde la Segunda Guerra Mundial.

“Creían que sus fortalezas los protegerían de Alá, pero Alá cayó sobre ellos desde donde no lo esperaban y liberó el terror en sus corazones”, arrancó el comunicado que ISIS publicó el 14 de noviembre al atribuirse la matanza. Dos días después, París devolvió el fuego con más fuego: una decena de aeronaves de la fuerza Chammal —nombre clave de la operación militar francesa en Irak para contener a ISIS— cruzaron a Siria y durante treinta minutos bombardearon la proclamada capital del Califato, Al Raqa, y redujeron a cenizas un cuartel de mando y entrenamiento de la Organización.

Cinco de los nueve jóvenes que gatillaron esa noche en París eran franceses de nacimiento, criados entre su gente bajo el estigma inmigrante de sus familias. Los otros dos tenían nacionalidad belga. Para ellos, el “Enemigo Lejano” en Medio Oriente no era tal. Los servicios de Inteligencia de París y Bruselas los habían marcado por supuestas conexiones con grupos fundamentalistas islámicos, y algunos de ellos tenían prontuarios por delitos menores. Sospechaban que podían haber viajado a Siria, pero hasta allí llegaba el rastro. Nunca detectaron su regreso.

De los dos atacantes no europeos, su identidad real sigue siendo un misterio excepto por los nombres que divulgó la Organización —Ali al-Iraqi y Ukashah al-Iraqi— y una huella que los ubicó entre los refugiados de la isla de Leros, en Grecia, con pasaportes sirios falsos. Hubo un décimo hombre, Salah Abdeslam, el único que sobrevivió a los ataques porque no cumplió con su objetivo y se fugó hasta ser capturado cuatro meses más tarde, el 18 de marzo de 2016, en un departamento del distrito belga de Molenbeek. Cuatro días después, los miembros restantes de la célula llevaron adelante el ataque al aeropuerto y al subte de Bruselas, que dejó 32 muertos y más de 300 heridos.

—Lo que sucedió anoche en París y Saint-Denis, cerca del Stade de France, es un acto de guerra —proclamó el presidente François Hollande en un mensaje televisivo3. Es un acto de guerra llevado a cabo por un ejército terrorista, Daesh [ISIS], un ejército yihadista contra Francia, contra los valores que defendemos en el mundo y contra lo que somos, un país libre. Es un acto de absoluta barbaridad.

El Califato fue proclamado el 29 de junio de 2014, pero ISIS carece de fecha de fundación. Es hijo de décadas de resentimientos y venganzas, odios sectarios milenarios, imperialismos cruzados, saqueos, abusos y muerte. ISIS tuvo muchos nombres y muchas caras. Fue ISI, antes Al Qaeda en Irak, también otras firmas menos populares, aunque no por ello menos letales, como Jama’at al-Tawhid wa’l-Jihad. Su historia puede rastrearse hasta la ocupación soviética de Afganistán en los ochenta y la guerra de los talibán con respaldo de la CIA en la agonía de la Guerra Fría. La conexión entre aquellos muyahidines y los de ISIS excede lo simbólico: hay puentes concretos entre ambos conflictos, nombres que reaparecieron durante la última década en Siria e Irak —como el de Abu Musab al-Zarqaui, el “padre” de ISIS— y contribuyeron a la expansión del grupo. Personajes, en definitiva, que Occidente y sus servicios de Inteligencia no desconocían.

A lo largo del libro, se busca esclarecer tres interrogantes: ¿puede el fenómeno ISIS marcar un antes y un después en la historia del fundamentalismo islámico radical más allá de su desenlace?, ¿de qué manera redefinió su uso de las comunicaciones digitales las estrategias de combate y propaganda para este tipo de organizaciones? y ¿por qué dos coaliciones internacionales, más de sesenta países mancomunados militar o logísticamente, no pudieron aplastar a una organización en semanas o meses, ni siquiera en años?, ¿acaso estamos frente a un nuevo tipo de guerra contra el terror con un enemigo mucho más versátil y peligroso, una presa que se vuelve cazador?

ISIS fue más allá de lo conocido hasta el momento y logró lo que ninguna otra organización similar: la creación de un Califato que quebró las fronteras del sistema internacional moderno, una conquista real que Al Qaeda no pudo concretar en su apogeo. No hay nada sorpresivo en ISIS porque todo lo ha anunciado de antemano, incluso el baño de sangre en París. Cada uno de sus pasos está revestido de una poderosa carga simbólica.

La primera parte del libro se sumerge en “El Califato” propiamente dicho para recorrer el interior de esta construcción protoestatal en su etapa de mayor crecimiento, entre junio de 2014 y junio de 2015. Entenderlo es esencial para decodificar la particularidad del fenómeno. La expansión de sus fronteras combinó un enfoque guerrero con una política de soft power, una estrategia que repitió en cada territorio conquistado en el que puso en marcha un plan maestro diseñado en detalle. Para muchos sirios e iraquíes, ISIS fue mejor que nada. O mejor de lo que había antes: un Estado sectario, al borde de la extinción, o uno ausente, sumergido en una guerra de supervivencia.

Miles de seguidores de todos los rincones del mundo se vieron atraídos por el poder y por la victoria. La web no era desconocida para estos grupos antes de ISIS y el denominado “yihadismo virtual” ha evolucionado tanto como sus prácticas de la mano de las nuevas tecnologías. ISIS se montó en estas herramientas y códigos de la comunicación digital para masificar su mensaje y revolucionar su intensidad y alcance. Quien quiera información sobre el Califato puede hallarla sin demasiada dificultad ni necesidad de comprender árabe, lo que facilitó la difusión del mensaje. De pronto, el llamado a la hermandad ya no era una utopía, sino la invitación a un territorio concreto, habitado por una nueva sociedad sin sesgos de origen. Los que se embarcaron hacia Siria e Irak tenían entre 18 y 29 años de edad. Muchos eran hijos y nietos de inmigrantes nacidos en un mundo que no concordaba con su herencia, igual que los hombres que asolaron París el 13 de noviembre de 2015. El sueño de engendrar una nueva generación de yihadistas que supere las barreras culturales y raciales propias de los Estados modernos y se reconozca hija y heredera de la única nación musulmana tenía un lugar: el auténtico Califato.

La segunda parte del libro, “Invencible”, se adentra en las fisuras de esta arrolladora máquina de combate para revelar fortalezas y debilidades. La construcción de una red por fuera de los canales tradicionales de financiamiento de estos grupos le permitió ejecutar un plan administrativo con lógica estatal sobre sus dominios y eludir el cerco internacional. ISIS se financió del saqueo de antigüedades, pero también del cobro de impuestos, el pago de rescates, los peajes y el contrabando de petróleo y otros commodities. George Kiourktsoglou y Alec Coutroubis, investigadores de la Universidad de Greenwich a cuyos estudios se alude en algunos de los capítulos, lo definieron como el próximo paso en la evolución del fundamentalismo militante islámico.

En lo militar, ISIS se formó bajo las narices de Estados Unidos en las diversas prisiones donde reunieron a islamistas y exmilitares de Saddam Hussein en tiempos de la ocupación de Irak. Una química incompatible décadas atrás que, en guerra contra un mismo enemigo, supo sintetizarse en una formidable maquinaria con ambición y sed de venganza. ¿Una guerrilla o un ejército? ISIS se movió, cuando fue necesario, como una fuerza irregular y, en otros momentos, como un cuerpo profesional, saltando de un lado al otro de la frontera sirio-iraquí.

La tercera y última parte del libro se concentra en la esencia guerrera de la Organización. Por ello lleva el nombre de “Yihad”, aunque este autor no suscribe a la idea militante a la que aluden las organizaciones radicales o ciertos gobiernos occidentales en su propaganda. Un capítulo está reservado a este concepto y al profundo debate que engloba la palabra. Si se usa el sustantivo “yihadistas” o su adjetivación es solo para respetar, con la mayor fidelidad posible, el tono que los protagonistas imprimen a su relato.

El sectarismo que impulsó ISIS no fue odio por el odio mismo. Aunque lo haya vestido con ropajes divinos, hubo un plan de acción detrás, un curso planificado para capitalizar el caos. Aunque se haya culpado a ISIS de los peores crímenes de guerra y de lesa humanidad, sus líderes y juristas jamás lo vieron de ese modo, ni siquiera como acciones malvadas. Eran los medios necesarios para lograr sus objetivos. ISIS formaba parte del Apocalipsis: siempre se consideró un actor fundamental para el cumplimiento de la profecía, la última batalla contra los cruzados y Roma. Por ello, el grueso de su guerra fue dentro de los límites del Califato y su periferia. Pero cuando hizo falta librar la guerra ante el Enemigo Lejano, lo hizo con una letalidad temeraria, a veces, a través de sus operarios y otras, de los furtivos “lobos solitarios”. Entre junio de 2014 y septiembre de 2016, ISIS golpeó 143 veces en 29 países y mató 2043 personas.

El número 13 de la revista Dabiq, editado desde el Califato en enero de 2016, puso en la contratapa el rostro de los nueve atacantes de París enfundados en sus ropajes militares con un mensaje al mundo: “Que París sirva de lección para aquellas naciones que quieran tomar nota”.

Ningún país está a salvo de su amenaza.

EL CALIFATO

Oh, musulmanes de todos lados, buenas noticias para ustedes, y solo esperen lo mejor. Alcen sus cabezas en alto porque hoy, por la gracia de Alá, tienen un Estado y un Califato que les devolverá su dignidad, voluntad, deseos y liderazgo.

Abu Bakr al-Baghdadi

El mensajero

Todo ocurrió ante los ojos del mundo, aunque pocos lo advirtieron. El 4 de julio de 2014, en los alrededores de la Gran Mezquita de Al Nuri, en Mosul, los teléfonos celulares perdieron la señal. Decenas de fieles se habían aproximado al templo para escuchar el sermón previo a los rezos comunitarios del primer viernes del ramadán, mes sagrado para los musulmanes. Ya no había guerra en la ciudad porque el régimen la había abandonado.

Los fieles huyeron espantados cuando la sombra se abatió sobre ellos. Primero, se fueron los oficiales. Después, al verse desprotegidos, los soldados se quitaron los uniformes y arrojaron las armas para que no los masacraran. Mosul fue de ISIS a partir de ese momento: leones4 armados, enfundados en trajes comando y con los dedos inquietos sobre el gatillo, vigilaban el perímetro.

Dentro de la Gran Mezquita, una bandera negra colgaba de una de las paredes. Había armas apiladas junto a la escalera de piedra que llevaba al mimber (púlpito del templo) y un solitario ventilador de pie. Pasados unos momentos, ingresó en la sala un hombre que nadie jamás había visto allí. Se movía pausado, pese a rondar los cuarenta. Subió los peldaños de a uno, sin prisa, y se dirigió a los congregados.

—La paz, misericordia y bendición de Alá sea con ustedes —los saludó, y todos dedujeron quién era.

En uno de los palcos, una mujer ahogaba el llanto por miedo a ser descubierta5. En el Islam, hombres y mujeres deben permanecer separados al rezar.

—La paz de Alá sea también contigo —le respondió el coro.

El predicador tomó asiento en uno de los escalones que llevaban al púlpito mientras los parlantes empezaban a entonar el llamado a la oración: “Alá es grande, Dios es Grande...”. El color oscuro de la ropa y del turbante contrastaba con algunos jirones canosos de la barba gruesa y despareja. De sus bolsillos extrajo un miswak (pequeño palillo de madera) con el que se frotó los dientes. Hasta que, luego de un largo eco, el canto metálico enmudeció. Entonces, se puso de pie, avanzó hasta el micrófono y contempló a los fieles. Sabía que su efigie permanecería grabada en la retina de la Historia, de quienes estaban ahí esa tarde y de cada uno que, en los meses y años siguientes, investigara lo que estaba a punto de suceder.

Porque así el Califa se reveló ante el mundo.

En los días posteriores, mucho se debatió sobre la autenticidad del video y sobre el mensajero. El Gobierno de Bagdad no se atrevía a confirmar que ese hombre era el insurgente cuya muerte había anunciado unos días antes. También Washington guardó silencio al ser tomado por sorpresa. Los medios de comunicación se refugiaron en el uso del condicional y en una fórmula desabrida: “El rostro que ISIS quiere mostrarle al mundo”. Hasta ese momento, nadie sabía con certeza cómo era físicamente Abu Bakr al-Baghdadi, el Jeque Invisible. Algunos llegaron a insinuar que no existía.

Aparecer en una de las ciudades más importantes del país para guiar una oración —cuatro días después de haber desafiado al mundo con la proclamación del Califato— no era, quizá, lo más prudente, aunque el rito fuese relevante. Mucho menos, con la recompensa millonaria ofrecida por su cabeza. No obstante, nada de lo que vendría después en la historia de ISIS —tampoco sus capítulos previos— podría examinarse en forma lineal. Cada una de las palabras pronunciadas aquella tarde en Mosul iba cargada de significado y sería estudiada durante mucho tiempo. Al Baghdadi, de carne y hueso, estaba allí presente: él mismo era el mensaje.

—Tras largos años de luchar contra los enemigos de Dios, sus hermanos combatientes, los muyahidines, fueron recompensados con la victoria y la consolidación. Dios Todopoderoso los guió y les dio fuerzas para alcanzar su propósito. Por eso, se apuraron a anunciar el Califato y a elegir a su imam. Era una obligación que los musulmanes habían erradicado de la faz de la Tierra.

El árabe clásico del Califa, de perfecta entonación, cautivaba y sorprendía a la vez.

—Es una carga aceptar esta responsabilidad. No soy mejor ni más virtuoso que ustedes. Si me ven en la senda correcta, ayúdenme. Si me ven en el camino equivocado, denme su consejo y hagan que me detenga. Y síganme conforme obedezca a Dios6.

Al día siguiente, cuando el video fue subido a la web por Al Furqan, brazo mediático de ISIS, Al Baghdadi se encontraba a kilómetros del lugar. O, quizá, no, imposible saberlo. Porque él debía moverse todo el tiempo para eludir a sus perseguidores. El 4 de julio, nadie pudo abandonar la Gran Mezquita hasta una hora después de su partida, y los teléfonos recuperaron la señal al rato. El sermón de veintidós minutos se viralizó en cuestión de horas: alcanzó el millón de visitas en YouTube ese mismo día7.

Mientras gran parte de los medios de comunicación occidentales centraba su análisis en el reloj pulsera del nuevo Osama Bin Laden y bromeaba sobre si se trataba de un Omega o de un Rolex, Ed Husain, director de Estrategia y consejero de la Tony Blair Faith Foundation (Fundación para la Fe Tony Blair), publicaba un breve texto analítico en la web8: “Aunque hablaba de la yihad9, ese término que tanto cautiva a los occidentales, el mensaje no estaba dirigido a ellos, sino a los propios musulmanes. Cada gesto de Al Baghdadi era un indicio más de quien se proclamaba sucesor de Mahoma. Ascendió al mimber, en forma deliberada, de a un escalón por vez. De ese modo —está escrito— actuaron el Profeta y sus compañeros: sin apuro, con serenidad”, resaltó. Asimismo, destacó que, históricamente, un rol importante del Califa era encabezar el sermón de los viernes10. Si ISIS había declarado el Califato, era imprescindible que Al Baghdadi se manifestara y cumpliera con su tarea de liderarlo. “Se había autoproclamado Califa —con bastantes críticas—. No podía permanecer oculto mucho más”, coincidió el investigador del Middle East Forum (Foro de Medio Oriente) y especialista en yihadismo Aymenn Jawad al-Tamimi11.

Husain subrayó que Al Baghdadi “vistió un turbante porque se cree que el Profeta lo usó durante su conquista de La Meca y cuando brindó el último sermón”. El color negro también pertenece al clan abásida, la segunda dinastía de Califas sunitas heredera de sangre del profeta Mahoma a través de su tío Abbas ibn Abd al-Muttalib (566-652). Establecieron el Califato de Bagdad, uno de los imperios más florecientes de la historia del Islam. Hasta el miswak, que no escapó al registro de la cámara, cargaba su simbolismo: el Profeta llevó uno igual en el rito de ablución, ceremonia de limpieza física y mental previa al encuentro con Dios.

Ed Husain destacó que Al Baghdadi habló en un exquisito árabe clásico que, aun entre los clérigos, pocos manejan sin traspiés gramaticales. Era parte de la mise-en-scène. Y encabezó el sermón con la condena a la bi’dah (innovación dentro de la religión), dogma central del salafismo que considera al Corán única fuente de gobierno y legitimación.

“Todo desvío conduce al Infierno”, resaltó. Citó de memoria múltiples fragmentos del Corán durante el sermón y parafraseó a Umar, segundo Califa del Islam, quien así había exhortado a los fieles en torno al púlpito de Medina: “Si ven que obedezco a Dios, entonces obedézcanme. Si desobedezco a Dios, rebélense contra mí”. Por último, Husain expresó: “Cada una de las acciones de Al Baghdadi aquella tarde mostraron a los testigos de la mezquita y del mundo que no era ningún novato”.

Fue la consagración del camino que había llevado a ISIS hasta Mosul y de la profecía del terror que se desataría en los meses siguientes. En veintidós minutos. El 4 de julio de 2014, primer viernes del ramadán, ISIS revolucionó el mundo, aunque muchos gobiernos de Occidente lo subestimaron.

En esa fecha, la imagen del Califa completó la proclama, iniciada cuatro días antes, en la que reclamaba 680 km² de territorio sirio-iraquí. En pocas palabras, borrar las fronteras y fundar un proto-Estado: el Califato. Un territorio bajo su gobierno con seguridad propia, leyes y tribunales, una economía diversificada y un ejército temible. Asentado sobre una sociedad de tribus, jefaturas y clanes tradicional. Y con un objetivo unido a la profecía del mito fundacional: librar el malahim (última batalla de los musulmanes contra los ejércitos cruzados en las tierras sirias de Dabiq).

1.
Qué es ISIS

Las raíces de ISIS se hunden en el tiempo y en países que no son Irak ni Siria, sino Jordania y Afganistán. Como todo imperio, su poder no se construyó en un día. Es el resultado de acciones y reacciones, de ideas y creencias, y de una espiral de violencia. Es una criatura hija de fracturas sociales, venganzas, el colapso de un país y la desintegración de otro, en el marco de la polarización ideológica y social que convulsiona a Medio Oriente, al golfo Pérsico y a Asia Central desde hace décadas e, incluso, siglos.

PALABRAS DE ISIS

La sangre se mezcla

Es un Estado donde el árabe y el no árabe, el hombre blanco y el negro, el occidental y el oriental son todos hermanos.

Su sangre se mezcla y se vuelven uno, bajo una única bandera, en un solo pabellón, disfrutando de esta bendición, la bendición de la hermandad fiel.

Dabiq, N.º 1, pág. 6.

ISIS fue ISI y, antes de eso, Al Qaeda en Irak. En árabe es conocido como Dawla al Islamiya fi al Iraq wa al Sham y también por el acrónimo Da’ish o Daesh, que ellos detestan por su carga peyorativa. El primero se asocia fonéticamente con el plural árabe daw’aish, que significa ‘fanáticos’: se lo asignaron sus enemigos más próximos. Daesh, en cambio, es el nombre que le impuso Francia: en la fonética gala, dèche alude a ‘miseria’ y tache, a ‘mancha’12. La sigla ISIS corresponde a la traducción al inglés de su nombre árabe: Islamic State of Syria and Sham (Estado Islámico de Irak y el Levante). La segunda “S” no se refiere a la Siria actual, sino al Levante, región de la Siria histórica que incluye el Líbano, Jordania y Palestina.

Menos conocido es el nombre que le asignó Egipto a través del Instituto Dar al-Ifta, autoridad legal del mundo islámico: QSIS, por Al Qaeda Separatists in Iraq and Syria (Separatistas de Al Qaeda en Irak y Siria). En un comunicado, el Gran muftí Shawki Ibrahim Allam repudió toda relación entre ISIS y religión: “Lo que el mundo occidental denomina Estado Islámico no guarda relación alguna con el Islam”13. Y, dentro del propio Califato, lo llaman con un omnipresente al-Tanzeem (La Organización)14.

A ninguno de estos nombres responde el propio ISIS. Tras haber proclamado el Califato el 29 de junio de 2014, optaron por al-Dawla (el Estado), otra de sus huellas abásidas, o Estado Islámico, con el que se lo identifica en los medios de comunicación. Los sucesivos cambios de nombre marcan las distintas etapas desde el primer intento, entre 2006 y 2008, de instituir el Califato, que fracasó por el peso de sus ambiciones y por la falta de maduración de ciertas condiciones.

A partir de ese momento, sus líderes evolucionaron junto con el contexto: se adaptaron y aprendieron con sangre. Toda la Organización lo hizo. Un proceso de metamorfosis y alianzas logró que, de una estructura pequeña y débil, se transformara en el poderoso cuerpo que gobierna como Estado Islámico más allá de las fronteras nacionales15. A través de una serie de documentos que aún circulan por la web, se sistematizó la construcción de su modelo de gobierno paso por paso. Asimismo, un año antes de proclamar el Califato, el 22 de julio de 2013, en el escrito Madd al-ayadi li-bay’ at al-Baghdadi, se expusieron los requisitos básicos para la elección del Califa. Como líder, Al Baghdadi cumplía todos y cada uno de ellos16.

Ningún especialista puede alegar que ISIS lo tomó por sorpresa: o miente, o no es tan experto. Siempre estuvo latente. Una conjunción de factores desencadenó semejante poder unilateral en tan poco tiempo. Lo increíble fue que la fórmula se sintetizó. “ISIS nos dijo exactamente lo que iba a hacer, y luego lo hizo. Esta era una conspiración secreta a la vista de todos”, describió David Ignatius, columnista estrella del Washington Post17.

Como actor no estatal, representa un movimiento transformador de las políticas de Medio Oriente. Uno cualitativamente diferente del otro protagonista de los últimos tiempos: Al Qaeda Central18. ISIS no hubiera alcanzado jamás tal proporción —que ni Al Qaeda pudo conseguir— si Occidente y las potencias del Golfo y Medio Oriente hubieran actuado de manera distinta. Pero las posibilidades lo favorecieron, y sus líderes supieron aprovecharlas.

PALABRAS DE ISIS

Del Este al Oeste

La bandera del Califato se elevará sobre Makkah (La Meca) y al-Madinah (Medina) aunque apóstatas e hipócritas la desprecien. Ascenderá sobre Baytul-Maqdis y Roma aunque judíos y cruzados la desprecien. La sombra de esta bandera bendita se expandirá hasta cubrir todos los rincones del este y el oeste de la Tierra, llenando al mundo con la verdad y la justicia del Islam.

Dabiq, N.º 5, pág. 3.

Es cierto que Al Qaeda tuvo, desde un inicio, la resurrección del Califato como meta. De alguna manera, el Emirato Islámico de Afganistán fue una versión acotada, pero ISIS llegó más lejos. Y el hecho mismo de rebautizarse Estado Islámico, en su última versión, o al-Dawla19 alude a una voluntad de construcción de tipo estatal preconcebida desde su narrativa. Constituye un modo de pensarse como organización y, a la vez, una carta de presentación diferencial dentro del mundo musulmán.

Solo puede haber un Califato. Proclamarlo coloca a las otras organizaciones islamistas en la disyuntiva de aceptarlo y prestar juramento, o desconocerlo y enfrentarlo. Que haya tenido relativo éxito en su funcionamiento interno lo vuelve, además, un caso sui generis. Definitivamente, ISIS no es una criatura simple, aunque cabe preguntar si alguna organización lo es.

Posee una faceta religiosa y una política, también una psicológica y hasta una tecnológica20. Sus voceros denuestan el sistema económico internacional, pero acuñan moneda y se financian con el mercado negro del petróleo y de las antigüedades. Maldicen la degenerada influencia occidental que corrompe el espíritu de los musulmanes a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, pero hacen de internet un arma, quizá la más importante de todas: la propaganda.

Videos, tuits, revistas y libros, Instagram, chats: ISIS ha explorado todos los canales disponibles para sortear la censura. Asimismo, sus voceros ignoran a Naciones Unidas, la acusan de haber entregado Palestina a Israel y repudian cualquier tipo de negociación con los poderes globales, sin que ello implique cerrarse por completo a posibles intercambios. “Si alguna vez negocia, lo hace bajo sus propios términos”, dejan claro sus emisarios21.

La Organización ciñe su eslogan a las enseñanzas de Ibn Taymiyyah, uno de los teólogos más influyentes de la ortodoxia islámica: “La fundación de esta religión es un libro que guía (el Corán) y una espada que lo respalda”22. Y, aunque abraza al padre de la escuela wahabita23 que patrocina Arabia Saudita, le ha declarado la guerra a la corona en la península arábiga por su complicidad con Occidente. No piensa detenerse hasta ver ondear la bandera de ISIS en La Meca y en Medina, las ciudades del profeta Mahoma y dos de las más importantes para los musulmanes. La Meca lo vio nacer. En Medina, murió y yace su cuerpo hoy.

Por lo que hemos planteado —y lo que desarrollaremos más adelante—, la conducta de ISIS se sustenta en una literalidad harto simbólica, aunque suene contradictorio. Su conducta solo se puede interpretar a través de la historia. La prédica y acciones de la Organización están plagadas de íconos del pasado que están vigentes para ella.

Por qué ve un enemigo en Occidente, en “Roma”24 y, sobre todo, por qué descarga ese salvajismo sobre diversas minorías religiosas y, en particular, sobre otros musulmanes es un dato que suele pasar desapercibido para quienes solamente retienen el morbo de sus mensajes.

Más allá de los ataques en París y en Bruselas, y de los golpes de “lobos solitarios”25 y de grupos afines a lo largo del mundo que prestaron su juramento de lealtad al Califa, el blanco principal de las masacres en Irak y en Siria han sido los regímenes chiitas de Bagdad y de Damasco, y las tribus y clanes chiitas —incluso algunos sunitas— que los apoyan. ISIS los acusa de apóstatas, traidores a la fe y enemigos declarados. En la ideología del Califato, todos estos crímenes conocen un castigo acorde: la espada.

2.
Sunitas contra chiitas: guerra de clanes

¿Cuándo nace el enfrentamiento entre chiitas y sunitas? Para empezar, vale aclarar que no es una pugna nueva ni reciente.

El cisma del mundo islámico, la división en madhahib (diversas escuelas), se relaciona con la desaparición del profeta Mahoma, ocurrida en el año 632. El llamado Mensajero de Dios murió sin haber designado a un sucesor, y eso abrió la disputa entre los clanes y la familia de Mahoma por las riendas de la ummah (comunidad de musulmanes que se había extendido por la península arábiga, parte de Siria y Palestina). Abu Bakr, suegro del Profeta y uno de los primeros creyentes, asumió la conducción con la venia de una asamblea convocada en Medina. Quienes lo respaldaron asumieron que, si Mahoma le había encomendado la oración en su ausencia, esa era señal suficiente de confianza en él como sucesor. El Mensaje se completaba con el Corán y la sunnah (enseñanzas del Profeta); por ende, cualquier musulmán justo y sabio podía ejercer la potestad de la comunidad como Califa.

No todos aceptaron a Abu Bakr. Alí Ibn Abi Talib, primo hermano de Mahoma, hermano de crianza y yerno por partida doble, junto con el clan del Profeta, los Banu Hashim, conformó el shi’ah (partido de Alí), de donde deriva ‘shiita’ o ‘chiita’. Afirmaba que la legitimidad de la familia que sucedería a Mahoma residía en el linaje y que el Mensaje aún requería de la interpretación de un imam (guía espiritual). Fueron minoría frente al resto de los clanes encolumnados detrás del suegro del Profeta hasta que, dos años más tarde, Abu Bakr murió —algunos aseguran que envenenado— habiendo designado a su propio heredero: Umar Ibn al-Jattab, otro de los suegros de Mahoma. Si bien Alí y los chiitas tampoco reconocieron al segundo de los llamados Califas ortodoxos, no lo enfrentaron.

Mientras tanto, en guerra contra los bizantinos y el Imperio sasánida en Persia, Umar empujó las fronteras del Califato hasta el Mediterráneo, Egipto y la Mesopotamia (Irak). No forzó la conversión o el exilio de quienes profesaban una religión diferente, sino que los puso bajo la protección del Califato a cambio de un impuesto. Así gobernó durante una década con el título de Príncipe de los Creyentes: fue el primero en recibir ese honor. En el año 644, un esclavo persa lo asesinó en la mezquita de Medina. Este fue el final de los tiempos de relativa calma para la nación musulmana.

Durante el Califato de Umar, se había instaurado el Consejo de la Shura (Deliberación), encargado de elegir al sucesor. La responsabilidad recayó en Uzman Ibn’ Affan, otro de los yernos de Mahoma. Con su gobierno, empezaron las disputas. En esencia, Alí y los chiitas culpaban al clan del sucesor, los Banu Umayyah (omeyas), de haberse apropiado de las riquezas conquistadas en África y en Persia. Uzman perdió la vida en una revuelta. Entonces, Alí y los suyos asumieron el liderazgo —o se apropiaron de él, según quien cuente la historia— desde Kufa, su baluarte en Irak. La guerra intestina, primera fitna (división) o guerra civil musulmana, ya estaba declarada. La propia familia de Mahoma se fracturó. De un lado quedaron los chiitas, con Alí a la cabeza. Del otro, los omeyas, liderados por Muawiya Ibn Abi Sufyan, gobernador de Siria. En las llanuras de Siffin, junto al río Éufrates y muy cerca de la ciudad siria de Al Raqa, los ejércitos se enfrentaron el verano del año 657. Combatieron durante tres días: la sangre de los musulmanes regó la tierra. Hasta que un grupo enarboló un ejemplar del Corán exigiendo el fin de la matanza y un arbitraje justo ante los ojos de Dios. No todos los chiitas lo aceptaron. Un grupo acusó a los mediadores y a sus laderos de sacrílegos por arrogarse la interpretación divina en semejante juicio, y se retiró del campo de batalla. Desde ese día, se los conoció como jawãriy (los que salieron) y quedaron enfrentados a sunitas y chiitas26. Alí perdió el arbitraje y se retiró a su ciudad en Irak. Durante el Ramadán del año 661, mientras rezaba en la gran mezquita de Kufa, el jariyita Abd-al-Rahman ibn Muljam lo mató con una espada envenenada. Ese mismo año, en Jerusalén proclamaron Califa a Muawiya, su rival en Siria. Era el segundo de su clan (los omeyas) y el primero de la dinastía a la que le daría su nombre.

Desde entonces, hubo muchos Califas. El último se extinguió junto con el Imperio otomano cuando el líder de los nacionalistas turcos Mustafa Kemal Atatürk sentó las bases de la Turquía moderna y secular en 1924. Si “el repudio del Califato por los turcos marca una época de expansión de las ideas de Occidente sobre el mundo no occidental” —como afirmó The Economist27 en su edición del 8 de marzo de ese año—, ISIS bien podría encarnar la demorada contraofensiva. Una que no lo tiene como único protagonista, ya que revivirlo ha sido la bandera de más de una organización islamista: desde la Hermandad Musulmana en Egipto hasta Jammah Islamiya en India28. Nadie cuestiona, a estas alturas, que son ellos quienes más lejos han llegado.

3.
La resurrección del Califato

“Califa” significa ‘el sucesor’. El Califato es el gobierno de la nación de fieles que, en los primeros tiempos del Islam cuando lideraba el Profeta, reconocieron que eran parte de la ummah. Revivir este concepto hoy es desconocer el sistema internacional moderno, desde el orden de equilibrio westfaliano29 hasta el juego de hegemonías absolutas posterior a la Segunda Guerra Mundial.

El Califato es universal por naturaleza, único por definición y exige el alineamiento de todos los creyentes musulmanes a su autoridad. Los Estados modernos, sus leyes y su soberanía son incompatibles con esa lógica geopolítica. El Califa es el monarca de un mundo islámico unido —aunque su poder no sea absoluto, en teoría— y, por ello, resulta imposible que encuentre un lugar en un Estado nacional, ya sea república o monarquía constitucional30, donde la soberanía reside siempre en el pueblo y se manifiesta a través de las instituciones que lo representan.

El Califato de ISIS se extendió desde el noreste de Siria, cruzó la frontera oriental iraquí hasta arañar Bagdad. Entre fines de 2014 y comienzos de 2015, las fuerzas de la coalición árabe-occidental liderada por Estados Unidos, Arabia Saudita y Francia apenas lograron contenerlo cuando rondaba sus puertas. Otra historia comenzaría con el recrudecimiento de la ofensiva rusa. Hasta entonces, el territorio que luego quedó bajo control de ISIS equivalía al estado de Nueva York, pero la extensión total del campo de operaciones de la Organización, los kilómetros a través de los cuales sus miembros podían moverse con relativa tranquilidad, equivalía a la superficie de Gran Bretaña31. No se trataba de un territorio compacto. A veces, los rebeldes, las milicias o los ejércitos de Irak y de Siria controlaban las rutas, e ISIS, las tierras que atraviesan.

PALABRAS DE ISIS

Un fenómeno único

Este es un fenómeno que nunca ha ocurrido en la historia de los hombres, excepto por el caso del Estado Islámico. Y nunca nada semejante volverá a ocurrir, salvo con relación a él; Alá lo sabe mejor.

Dabiq N.º 3, pág. 5.

Estableció su capital en la ciudad siria de Al Raqa, que había sido, entre los años 796 y 809, sede del Califato abásida, en el que ISIS se inspiró. La segunda de las dinastías suníes, que derrotó a los omeyas, había fundado el Califato de Bagdad en Kufa, en el año 750. Doce años después, trasladó la capital a la urbe que le daría su nombre y allí permaneció hasta su caída en 1258, salvo por el interludio en la ciudad siria. La propaganda de ISIS proclama el tipo más puro de gobierno dentro de la historia musulmana: khilafa ala minhaj al-nubuwwa (el Califato según el modelo profético), es decir, el método instaurado por el propio Mahoma hace mil cuatrocientos años32. Sus métodos y argumentos, lo que dice y lo que hace, se retrotraen a ese momento de la historia del Islam porque el modo como concibe su gobierno así lo requiere.

Aunque estuvieron enfrentados a Al Qaeda en lo estratégico, no siempre ISIS desconoció su liderazgo. Incluso, el ascenso y caída del Emirato Islámico de Afganistán, entre 1996 y 2001, fue un capítulo más de la historia que los líderes de la Organización estudiaron. Sus diferencias son notables —como subraya Kamran Bokhari, investigador del Programa sobre Extremismo de la George Washington University—, porque uno estaba emplazado y confinado al Estado-nación afgano y contaba con el apoyo logístico de Pakistán y de otros Estados del Golfo Árabe, mientras que la fisonomía de ISIS arrolla la geografía y los alineamientos, enfrentándose a los históricos patrocinadores del salafismo al que suscribe. Como si esto no bastara, el propio líder de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi, calificó al movimiento fundado por el Mullah Mohammed Omar de entidad “desviada”33, vaciándolo de toda legitimidad.

Con todo, el Emirato afgano en manos de los talibanes ha sido la experiencia más acabada de construcción de un Estado islámico de esta naturaleza hasta la forja de ISIS y de su Califato. Los estrategas de la Organización tomaron nota de su fortaleza y de su debilidad para lograr superarlo.

4.
Atracción

Poder y victoria. Lo que atrajo del Califato a miles de seguidores del mundo no difiere tanto de aquello que hizo grande a otros imperios. Aunque en perspectiva el de ISIS resulta pequeño, y nadie sepa a ciencia cierta cuánto durará, tampoco los romanos, los persas o cualquiera de los otros conquistadores imaginaban cuán grande sería su sombra y cuándo llegaría su final. ISIS promete la gloria a sus militantes. La reviste de una misión divina. Abraza esa fe con vehemencia. De la convicción, del credo más absoluto toma la determinación para resistir el cerco de las potencias y hasta para devolver los golpes letales.

Se nutrió, en esencia, de dos tipos de seguidores: sirios e iraquíes, oriundos de las tierras que proclamó como propias, y extranjeros de todos los rincones del mundo. Una migración que no se veía desde la guerra de Afganistán en los años ochenta cuando las tribus de muyahidines afganos convocaron a combatientes de todas partes para resistir y derribar el Imperio soviético. Algunos especialistas afirman que la atracción de ISIS supera esa llamada34. “La campaña de difusión de ISIS apela [en particular] a la juventud sunita alienada de todo el mundo presentando a la Organización como un poderoso movimiento de vanguardia capaz de alcanzar la victoria y la salvación. Les aporta tanto una cosmovisión utópica como un proyecto político”, sostiene Fawaz Gerges, profesor de la London School of Economics and Political Science (Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres)35.

La hermandad —y todo lo que encierra el concepto— fue la piedra basal del Califato. No hay demasiada originalidad en esto: fueron y son muchas las organizaciones islamistas que fundan su discurso sobre esa polarización, cada cual adaptándola a su circunstancia. La diferencia de ISIS es que su invitación a formar parte de la hermandad se materializó en un lugar físico, real. No se trató de una utopía, sino un territorio concreto. Y de una nueva sociedad en la que poder encontrarse con los iguales. Este era el sentimiento que primaba, aun por sobre la oportunidad de venganza, que llegará con la narrativa de la construcción del Califato y de su misión. En un principio, solo se le pedía al interesado que se atreviera a tomar la decisión de formar parte y de viajar.

¿Qué tan eficaz resulta este mensaje? A juzgar por los números, muy eficaz. Fueron cientos los que respondieron a la llamada del Califato. Miles. Los informes de los servicios de Inteligencia más conservadores han identificado a 19 000 combatientes extranjeros de cerca de noventa países. En otros, la cifra asciende a 31 00036 e incluye a los extranjeros que se movilizaron hacia Siria e Irak para formar parte de ISIS y de las demás organizaciones islamistas que operan en la zona.

De acuerdo con el informe Greenbirds: Measuring importance and influence in Syrian Foreign Fighter Networks (Aves del Paraíso: un análisis de su importancia e influencia en las redes de combatientes extranjeros en Siria), el 55 % de los extranjeros que arribaron a las tierras del Califato se unió a ISIS, mientras que el resto se repartió entre el Frente Jabhat al-Nusra (14 %), el Ejército Libre Sirio y las organizaciones islamistas Liwa al-Tawhid y Ahrar al-Sham (apenas 2 %), que también actuaron en la zona. Del 29 % restante, se desconoce su destino37. El ranking lo encabezan los tunecinos (3000), seguidos por los sauditas (2500), los jordanos (2089) y los marroquíes (1500). Entre los occidentales, se destacan los británicos (488) y los franceses (412)38. Los seguidores proceden de todo el mundo: hay bosnios y estadounidenses, africanos y asiáticos, incluso sudamericanos. Informes privados que trascendieron en la prensa, como los de The Soufan Group, hablaron de seguidores de la Organización que volaron hacia el Califato desde Brasil y la Argentina39. Ninguno de los dos Gobiernos reconoció su veracidad, ni oficial o extraoficialmente.

PALABRAS DE ISIS

Hacer la diferencia

Durante décadas, hemos visto demasiadas vidas inocentes sesgadas por aquellos que se dicen “héroes”. Estas jóvenes almas quieren hacer la diferencia. La Historia se escribe de dos formas, con tinta o con sangre. Y estos hombres han tomado la segunda opción.

Bird of Jannah

Diary of a Mujariha

Thomas Hegghammer, especialista en la historia del movimiento yihadista, afirma: “Los combatientes extranjeros parecieran estar sobrerrepresentados entre los responsables de cometer los peores crímenes del Estado Islámico. De algún modo, contribuyen a radicalizar el conflicto, a hacerlo más brutal. Es posible que hasta sean más difíciles de tratar, porque son, en promedio, más dogmáticos que el típico rebelde sirio”40. A estas alturas, todas las cifras son estimativas, como ocurre con los datos que surgen d

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