Todo libro es en cierto modo un exorcismo, una manera de soltar lastre, un intento de dejar atrás una pegajosa fantasía o una insistente pesadilla.
De todos modos, sería ingenuo por nuestra parte pensar que somos capaces de tomar la distancia suficiente de nosotros mismos como para poder conocer la fuente última de la que emergen esos fantasmas que tanto nos atraen o que quizás nos aterran, pero siempre resulta factible aproximarnos a ellos con pape
