Termino de leer esta novela y poco puedo explicar. Es difícil. Es complicado. Son tantos, y tan sinceros, los sentimientos que agolpan en Anna, la narradora y protagonista de La botánica de los sentimientos, y tanta la nebulosa que consigue dirigiéndose al lector que, al final de la lectura, solo te quedas con una sensación de meta y de principio a la vez, tras un largo camino recorrido, que realmente es el comienzo para ella. Al menos eso es lo que me ha pasado a mí.
Por simplificar la historia, Anna comienza su narración haciendo una especie de retrospectiva, animada por una pitonisa, desde el día en que todo se torció, desde el momento en que su separación matrimonial se hace más cierta, desde que a María, amiga de su hermana, le da un ictus delante de ella, y desde que Alessandro, exnovio de su hermana, sufre un grave accidente de moto. Anna construye esta historia de subidas y bajadas utilizando esa especie de sesión, casi curativa, y nos envuelve con una prosa en parte poética, en parte intimista y en parte realista, que guarda tanta verdad sobre la vida actual, sobre nuestra relación con los padres, con los amores, viejos y nuevos, con los amigos, con los hijos y, sobre todo, con nosotros mismos, que, al terminar todo el relato, te das cuenta de todos los miedos y dudas por las que atraviesa Anna, que podrían ser las nuestras.
Todo este viaje lo realiza Anna, y, por tanto, nosotros, con el murmullo de las plantas, sus plantas, de fondo. Comienza con unas macetas marchitas que Anna hereda de la anterior inquilina del nuevo piso al que se muda. Llenas de toda la simbología que podemos extraer de su cometido, su ciclo vital y el mundo que crean, y a través del cuidado de María, veremos cómo la relación de Anna con ellas va cambiando, al igual que evoluciona, que avanza y que cambia la suya con los demás, y con su propia vida.
Imposible ignorar las preguntas que se hace Anna sobre la vida, sobre la muerte y sobre el amor. Ese tiempo limitado que tenemos todos, esos momentos que pasamos con los que queremos, a la vez que anhelamos estar solos. Es una novela donde el amor es esencial, y donde el miedo envuelve ese amor, sin dejar de lado la cotidianidad urbana de la vida. ¿Será verdad que Anna cuenta su propia historia y la de los que le rodean en este libro? Anna escribe y escribe, y aprende a cuidar las plantas y a aceptar a los demás, y Anna avanza, a pesar del miedo.
Maravillosa la relación entre Anna y Nico; maravillosa la relación de Anna con el mundo; maravillosa la relación de Nico con el mundo; maravillosa María y su amor por construir con plantas; maravillosa la verdad que he encontrado en estas páginas, que no juzgan y no obligan, solo enseñan.
Eso sí, no es un texto fácil; no es una historia que siga una linealidad sencilla; hay principio y hay desenlace, pero no con una narración al uso. Me ha parecido una lectura intimista, personal, y hasta poética.
Leer menos