PRIMERA JORNADA
| Atlético Miau - Dínamo de M. | 0-0 |
| Cebolletas - Esperanza | 4-2 |
| Sobresalientes - Águilas de T. | 1-1 |
| Escualos - Genios de la C. | 0-2 |
SEGUNDA JORNADA
| Dínamo de M. - Cebolletas | 0-3 |
| Águilas de Torrejón - Escualos | 3-0 |
| Esperanza - Sobresalientes | 2-2 |
| Genios de la C. - Atlético Miau | 1-1 |
TERCERA JORNADA
| Atlético Miau - Águilas de T. | 3-3 |
| Cebolletas - Genios de la C. | 1-2 |
| Sobresalientes - Dínamo de M. | 1-1 |
| Escualos - Esperanza | 4-0 |
CUARTA JORNADA
| Dínamo de M. - Escualos | 1-3 |
| Águilas de T. - Cebolletas | 5-2 |
| Esperanza - Atlético Miau | 3-3 |
| Genios de la C. - Sobresalientes | 0-1 |
QUINTA JORNADA
| Cebolletas - Atlético Miau | 2-1 |
| Sobresalientes - Escualos | 1-5 |
| Dínamo de M. - Genios de la C. | 0-1 |
| Esperanza - Águilas de T. | 1-3 |
SEXTA JORNADA
| Atlético Miau - Sobresaliente | 0-1 |
| Cebolletas - Escualos | 2-5 |
| Águilas de T. - Dínamo de M. | 3-3 |
| Genios de la C. - Esperanza | 2-0 |
SÉPTIMA JORNADA
| Sobresalientes - Cebolletas | 3-3 |
| Dínamo de M. - Esperanza | 2-2 |
| Escualos - Atlético Miau | 4-1 |
| Genios de la C. - Águilas de T. | 1-1 |

Nada más volver del colegio, Tomi se quita la cazadora para colgarla del perchero que hay en el vestíbulo, pero no da con él.
«Qué raro —piensa—, ¿dónde estará?»
Lo descubre entre los brazos de su padre, que está montando un numerito en medio del salón...
—Uno, dos, tres, cuatro... Déjate llevar. Así, muy bien —dice Armando al perchero, mientras el equipo de música emite un vals.
El capitán lo mira desconcertado y pregunta:
—Papá, ¿tienes fiebre o te has dado un golpe en la cabeza?
—Hola, Tomi —responde Armando—. ¿No te has enterado del notición?
—Dime, dime... —le apremia el capitán.
—Sofía ha empezado a asistir a un curso de baile en el KombActivo y yo voy a ser su bailarín de referencia. Y no solo eso. Al final habrá un concurso entre los alumnos, que naturalmente tengo la intención de ganar.
—¿Bailando con el perchero? —comenta Tomi maliciosamente.
—No, hombre, ¡con tu madre! Ella también participará en el concurso. El perchero lo uso para ensayar.
—Entendido. ¿Has acabado de practicar por hoy? Me gustaría colgar la cazadora en tu bailarina...
Febrero, el mes más corto del año, está a punto de caerse del calendario. La primavera se prepara para engalanar los árboles y calentar el cielo.
El domingo se reanudará la liga autonómica de fútbol. Como sabes, los Escualos de Karranque, el equipo patrocinado por el gimnasio KombActivo, acabaron la fase de ida en primer lugar de la tabla, por delante de los Genios de la Colina, a un solo punto de diferencia, y de los Águilas de Torrejón, a dos puntos. Los Cebolletas y los Sobresalientes están más abajo, a cinco puntos de distancia.
La presencia de Pedro, César y Vlado en la parroquia de San Antonio de la Florida el día de entrenamiento de los Cebolletas es un indicio más de que la reanudación del campeonato es inminente. Como imaginarás, los Escualos han acudido para provocar a sus rivales...
—¿Estáis a punto para defender vuestro prestigioso cuarto puesto, Cebolluchos? —lanza Pedro.
—Cuidadito con lo que hacéis, porque he oído que el Atlético Miau está en forma y os podría alcanzar —añade César, hurgándose la nariz con el dedo.
—Los que tenéis que ir con cuidado sois vosotros —replica Sara—, porque los que sí estamos en forma somos nosotros y los que van a ser alcanzados sois vosotros.
—Ya lo podías haber deducido por lo que pasó durante las vacaciones en Italia —insiste Nico, dirigiéndose al hermano de Fernando.
—Hombre, no jugasteis del todo mal —admite Pedro—. Pero nosotros no estamos tan tiernos como los TaorMini. Somos Escualos, y vuestras tácticas nos las tragamos de un bocado.
—Después de una bonita entrada contra los tobillos ya veremos si os seguís divirtiendo con florituras y taconazos... —comenta Vlado mirando a Tomi.
Pedro y César se carcajean.
El capitán no aparta la mirada.
—Para eso primero nos tendréis que alcanzar.
Lara interviene para disipar la tensión:
—Pedro, ¿por qué no haces también tú una promesa, ya que estás tan seguro de que vais a ganar?
—¿Como Fidu, que no comerá bollos hasta que acabe la liga? —se burla el capitán de los Escualos.
—Exacto —confirma la gemela—. Por ejemplo, podrías prometer que te cortarás la coleta si ganamos nosotros.
—Si te hace feliz, ahí va esa promesa —acepta Pedro—. De todas formas, es imposible que ganéis...
—¡Venga esa mano, entonces! —dice Sara—. ¡Te cortarás el pelo en la fiesta que daremos para celebrar nuestro triunfo en la liga!
El Escualo choca la mano de la gemela.
—Venga, chicos, Champignon acaba de entrar en el campo —avisa Tomi.
Los Cebolletas entran en los vestuarios para prepararse para el entrenamiento.
Delante de la puerta se encuentran con una sorpresa: Bruno con un simpático perrito en los brazos.

—¡Qué monada! Si parece de peluche... —exclama Sara, acariciándolo—. ¿Es tuyo?
—Sí —contesta Bruno—. Una vecina tenía siete cachorros y debía deshacerse de ellos. Corrían el riesgo de acabar mal, así que convencí a mi madre de que adoptara uno.
—¿De qué raza es? —se interesa Ígor.
—Labrador. Una raza dócil e inteligente. Nadan muy bien y son muy cariñosos con los niños.
—¿Cómo se llama? —pregunta Elvira.
—Felipe —contesta el centrocampista—. Pipo para los amigos.
La segunda sorpresa la descubre Fidu en el vestuario.
Nico ve al portero mirando fijamente el interior de su bolsa de deporte, con los ojos como platos, y le pregunta:
—¿Qué mosca te ha picado? Cualquiera diría que te han metido dentro ratones muertos...
—Peor. Alguien me ha llenado la bolsa de merengues —replica el guardameta enseñándole uno.
—Pedro es incansable —comenta Sara—. Durante las vacaciones en Sicilia probó de todo para que incumplieras tu promesa.
—Tira enseguida esos merengues —indica Nico.
—No me los puedo comer, pero soy incapaz de tirar estas obras de arte a la basura —se excusa el cancerbero—. Sería peor que un delito. Coméoslos vosotros, por favor.
—Yo no me fío —comenta Becan—. Son capaces de haber metido algo dentro para que nos sienten mal.
Fidu introduce la cabeza en la bolsa y, después de inspirar profundamente, asegura:
—Hacedme caso, son auténticos merengues hechos por Champignon con sus propias manos. Si me concentro, os puedo decir incluso a qué hora han salido del horno.
El portero inspira por segunda vez y luego anuncia:
—Bueno..., son de hoy. Gaston los ha metido en el horno esta mañana, hacia las once. Diría que a las once menos cuarto. Comeos uno cada uno, os dará fuerzas para el entrenamiento. Pero esperad a que salga de aquí, no podría soportar el espectáculo...
Fidu se viste a toda prisa y sale a calentar.
Tomi da un mordisco a su merengue y comenta:
—Quiero ganar la liga cueste lo que cueste, por Fidu. Se lo merece más que nadie.
—Tienes razón, capitán —reconoce Morten—. Esta promesa le debe de estar costando un montón.
Al cabo de medio minuto la bolsa del portero está vacía. Sara le da la vuelta y la agita para tirar las migas.
Es un detalle afectuoso, propio de una amiga


