
Parece que, como no tenía nada mejor que hacer, el verano se ha presentado con mucho adelanto. A primeros de junio el sol calienta ya como en agosto, y las gemelas han podido abrir oficialmente su piscina e invitar a sus amigos un sábado por la tarde a una fiesta de chapuzones y meriendas.
—Esto es vida... —comenta Fidu, derrumbado en su tumbona con un vaso de zumo de naranja recién exprimida en la mano—. Dentro de poco acabará la escuela y todavía será mejor. Ya sé que la idea no te hace ninguna gracia, sabelotodo, pero tienes que resignarte.
—Claro que me hace gracia —replica Nico—, aunque reconozco que hay algo que me preocupa...
—¿Que no verás a la maestra? —lo pincha Fidu.
—No, estoy pensando el Minimundial que disputamos hace tiempo en el lago de Como. ¿Os acordáis? —pregunta el número 10.
—Cómo lo íbamos a olvidar —contesta João—. Estaba a punto de empezar el Mundial de Fútbol y nos adelantamos jugando contra los equipos extranjeros de Madrid.
—Fue muy divertido y conocimos a un montón de chicos simpáticos —recuerda Becan—. ¿Os acordáis de Otto, el alemán, y sus aviones teledirigidos?
—Como si fuera ayer —interviene Tomi—, y de lo que nos divertíamos por la noche probando los platos de los demás países participantes y escuchando las historias de los campeones mundiales. Fue una forma estupenda de prepararnos para los partidos que luego seguimos por televisión.
—Por eso decía que estoy preocupado, capitán —explica Nico—. Me habría gustado organizar algo parecido para la Eurocopa que está a punto de comenzar en Francia.
—Demasiado tarde —zanja Becan—. Falta muy poco tiempo para que empiecen los partidos.
—Pero a lo mejor todavía estamos a tiempo de preparar algo... —aventura el número 10.
—Por muy listo que seas, no creo que puedas organizar un torneo entre veinticuatro equipos en un par de semanas... —comenta Lara, que aparece con una bandeja llena de galletas y sándwiches preparados por su madre Daniela.
—No hace falta que sean veinticuatro equipos —replica Nico, cada vez más absorto en sus pensamientos.
—¿Quién creéis que va a ganar la Eurocopa? —pregunta Dani.
—Menuda pregunta: Italia —salta Rafa—. Somos los mejores.
—Fuisteis los mejores —precisa Fidu—. Si no recuerdo mal, el último Mundial que ganasteis fue el de 2006 y en el último no pasasteis de la primera fase.
—Pues de España mejor no hablar —contesta el Niño.
—Es verdad que en el Mundial no nos lucimos, pero esta vez tenemos dos refuerzos que vienen con muchas ganas y han disputado una liga de primera: Aduriz y Sergi Roberto —observa Dani—. No digo que vayamos a ganar, pero seguro que hacemos un buen papel.
—¿Y tú quién crees que va a ganar, capitán? —pregunta Lara.
—A mí Alemania siempre me parece la selección favorita —contesta Tomi—. Son los actuales campeones del mundo, tienen un equipo joven y muchos de los jugadores son del Bayern de Múnich, o sea que están muy compenetrados.
—No os olvidéis de Francia —apunta Sara—. Tiene jugadores muy jóvenes, como Pogba, de la Juventus, y, sobre todo, juega en casa. No sé si será coincidencia, pero la última vez que Francia organizó un Mundial lo ganó.
—Pues yo os aconsejo que no subestiméis a mi Albania —añade Becan, provocando algunas risas ahogadas—. ¡No veo por qué os reís! —exclama el extremo derecho—. Por si no lo sabíais, tenemos un equipo estupendo y un entrenador italiano con mucha experiencia, Gianni De Biasi. Y, como es la primera vez que Albania se clasifica para un campeonato tan importante, jugaremos con el entusiasmo de los Cebolletas.

—Tienes razón, capitán, pero esta vez me ha pasado con el balón —explica el portero, que se levanta con una agilidad inesperada—. ¿Quién quiere jugar?
—¡Yo! —responden a coro Becan y João, siempre dispuestos a competir.
—Coged un balón cada uno y poneos al borde de la piscina, uno en cada lado —ordena Fidu—. Yo saltaré al agua y vosotros tenéis que darme. Las reglas son estas: si no me dais o si bloco el balón, punto para mí. Si me acertáis y no cojo la pelota, punto para vosotros.
—Comprendido: tiro al plato —concluye Becan.
—En vista del volumen, yo diría más bien tiro al lavaplatos... —le corrige João.
El portero sube al trampolín, da un par de botes y echa a volar.
Los dos extremos abren fuego cruzado...
Fidu se retuerce en el aire como un delfín para evitar el balonazo de João y agarra la pelota de Becan antes de zambullirse y reaparecer con un grito triunfal:
—¡Dos a cero para mí!
Los Cebolletas aplauden:
—¡Fabuloso, porterazo!
João y Becan intercambian miradas de asombro y, mientras Fidu vuelve al trampolín, organizan a toda prisa la contraofensiva.

—¡Hundido! —salta alborozado el albanés.
—¡Dos a dos! —lo celebra el brasileño, mientras los Cebolletas sueltan una nueva carcajada.
Fidu nada hasta la escalerilla y sale de la piscina masajeándose la barriga.
—¿Te he hecho daño? —pregunta Becan, preocupado.
—No, pero el balonazo en el estómago me ha abierto el apetito. El partido acaba en empate —anuncia el guardameta, antes de abalanzarse sobre los sándwiches.
—Bueno, en ese caso ¡se abre oficialmente la veda de la merienda! —exclama Sara.
Nico es el único que no se mueve: se queda garabateando un cuaderno.
Fidu se da cuenta y suelta un grito atronador:
—Mira, lumbrera, como estés haciendo los deberes vas a acabar en el agua junto con tu tumbona...
—No, no estoy haciendo los deberes —asegura Nico iluminando su rostro con una sonrisa—. ¡Creo que se me ha ocurrido la manera de que juguemos una Eurocopa!
—¿En cinco minutos has encontrado veintitrés equipos para montar un torneo? —pregunta Dani, sorprendido.
—Con veinticuatro Cebolletas dispuestos a jugar nos basta —explica el número 10—. ¿Qué os parece, los podemos encontrar?
—Hombre, no parece demasiado difícil... —responde Tomi—. Algunos, como Giorgio y David, ya se han ido de vacaciones, pero entre Cebolletas y amigos seguro que llegamos a veinticuatro.
—¿Vamos a jugar solos? —pregunta Lara, extrañada.
—Ahora os lo explico —anuncia Nico—. Venid aquí...
Los Cebolletas históricos rodean la tumbona del número 10, que empieza a contar su proyecto:
—Veamos, en la Eurocopa de Francia participarán veinticuatro selecciones nacionales. A cada uno de nosotros, por sorteo, le corresponderá un equipo. Con otro sorteo decidiremos los emparejamientos, es decir, quién jugará contra quién en la primera fase.
—¿Partidos de uno contra uno? —pregunta João.
—Exacto —confirma Nico—. Dibujaremos un campo pequeño con yeso, colocaremos dos miniporterías y jugaremos partidos de tres minutos. Si un equipo marca tres goles, el partido se dará por finalizado. En caso de empate, iremos a los penaltis.
—Y los ganadores pasan a la ronda siguiente —deduce Becan.
—Exacto. Después de la primera fase quedarán doce selecciones en juego —prosigue el lumbrera—. Los Cebolletas eliminados se unirán por sorteo a los que sigan en competición, así que cada equipo tendrá dos jugadores. ¿Está claro?
—No lo acabo de ver —responde Dani—. Supongamos que soy Francia y que me eliminan en el primer partido. Después del sorteo me toca con Becan, que representa a Albania y que ha superado la primera fase. Ahora Becan y yo defendemos los colores de Albania.
—Exacto —confirma Nico—. Ese es el sentido del torneo: las selecciones que ganan siguen adelante y los Cebolletas derrotados son repescados y cambian de camiseta. Así seguimos jugando todos y nadie se aburre.
—Vale, después de la primera fase quedarán doce selecciones. ¿Y luego qué pasa? —pregunta Dani.
—Se disputan seis partidos de dos contra dos en el mismo campo y otra vez con las miniporterías, y de ellos saldrán las seis selecciones finalistas —acaba el número 10.
—Un momento, hay algo que falla... —interviene Fidu—. ¿Qué pasa con los porteros?
—No participan —aclara Nico.
—Pues ahora vas a salir volando al agua, con las gafas puestas además —replica el portero, antes de coger al pequeño centrocampista y echárselo al hombro como si fuera una mochila.
—¡Espera! ¡Suéltame, pedazo de animal! —aúlla el número 10—. ¡Deja que me explique!
Fidu deposita en el suelo a Nico, que continúa:
—Los porteros entrarán en juego en la fase decisiva de la Eurocopa. Se vuelve a hacer un sorteo con los Cebolletas eliminados, que se unirán a los seis equipos ganadores de los partidos con dos jugadores. Así tendremos seis selecciones de cuatro jugadores, que disputarán un pequeño torneo. Cada equipo se enfrentará a todos los demás y esta vez con un portero, Fidu o el Gato. Jugaremos en el campo para equipos de cinco porque cada selección tendrá ahora cinco jugadores.
—Esto ya me gusta más —comenta Fidu.
—Entonces, ¿el torneo lo haremos con esos seis equipos? —pregunta Tomi.
—Bueno, yo había pensado en dos fases de tres equipos —responde el director del juego—. Las dos selecciones ganadoras en su grupo disputarán la gran final de nuestra Eurocopa, y esta vez será un partido de verdad: once contra once, porque los Cebolletas eliminados se sortearán y entrarán en los equipos finalistas.
