Introducción
El 2 de septiembre de 2015 la insoportable imagen del cadáver del niño sirio Alan Kurdi, devuelto por las olas a la orilla de una playa turca, generó estupor y una explosión de sentimientos fraternales, pero desgraciadamente su efecto fue efímero. Ni la contundencia de las imágenes, ni el testimonio de las organizaciones sociales, ni las imágenes de miles de fotógrafos y periodistas pudieron cambiar la dinámica imperante y poner los derechos humanos por delante del de los estados. O lo que es lo mismo: que franquear las fronteras de Europa no sea una acción de vida o muerte, ante la indiferencia colectiva.
Un lustro después, cuando la memoria ya se había transformado en olvido, justo cuando se cumplían cinco años de la imagen de aquel cadáver inocente tendido en la arena, otro mes de septiembre, pero ahora de 2020, el campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos, ardía en llamas. Las imágenes también dieron la vuelta al mundo, volviendo a cuestionar la negligencia que convierte la vida de los refugiados en un infierno.
También había niños y menores entre los miles de personas confinadas en aquel campo, atrapadas, sin poder dar un paso hacia adelante y sin capacidad de regresar. Nada ha cambiado. Solo ha pasado el tiempo, cinco años. La primera ola de llegadas pilló a Europa desgarrada por las secuelas de una crisis económica y otra de identidad fomentada por nacionalismos radicales. Ahora, con el continente desconcertado por un virus que no venía entre inmigrantes o refugiados, la epidemia de COVID-19 ha acabado postergando cualquier propuesta que defina algún camino de esperanza a quienes han viajado en busca de protección, y que al final solo han logrado trasladarse de un infierno a otro.
Cuando imaginaba este libro solo pensaba en la manera de poner orden y dar cierta lógica a la multitud de preguntas que despiertan cada una de esas imágenes. Desde la razón por la que las personas se mueven en busca de nuevas oportunidades hasta las causas que originaron el éxodo masivo de Siria en 2015. El vacío que provoca la respuesta a todas esas cuestiones señala la actitud negligente hacia la afluencia de refugiados a Europa en un momento crítico. La idea inicial era entender el fracaso, el porqué de las respuestas tan distantes a la lógica que reclama ayudar a otra persona cuando su vida está en peligro. Para superar la dinámica que nos lleva a ser solo espectadores de un drama que no nos debería parecer ajeno, he intentado encontrar pistas en la historia, en la cultura, en la manera en la que hemos ido construyendo este mundo que consideramos libre, pero a la vez salvaje, capaz de entregarse a una crueldad que decide quiénes pueden seguir con vida y quiénes no.
Lo que sigue en estas páginas es un viaje por todas estas preguntas y por algunos de los paisajes que nos las han traído, con la intención de ayudar a pensar en otras respuestas y a frenar este impulso que nos empuja a la barbarie.
He imaginado el camino de los refugiados como el regreso a Ítaca de Ulises en la Odisea, después de la guerra de Troya, disputada en lo que hoy es Turquía. El viaje de los que han ido saliendo de aquellas playas sigue su rastro, surcando las mismas aguas y recalando en las islas que fueron la cuna de donde emergió la cultura que siglos más tarde acabaría dando sentido a lo que ahora somos. Ulises tardó diez años en volver a casa, después de superar todo tipo de obstáculos y barreras para encontrar finalmente el descanso. La Odisea es la evocación del viaje vital y de la fuerza para sobrevivir a las dificultades naturales y divinas con que se topó por el camino. En los cinco años que han transcurrido desde las primeras llegadas, los refugiados han encontrado multitud de otras barreras. No son divinas sino humanas: desde la crueldad de la guerra hasta la indiferencia de una sociedad que los rechaza. Cuestionarlas ante su sufrimiento es la intención que me ha llevado a escribir estas páginas.
Cronología de una crisis
1990
La Unión Europea toma una de las medidas de mayor calado entre los Estados miembros al aprobar el Acuerdo de Schengen, que suspende los controles entre países de la Unión. Se levantan fronteras y se armonizan medidas de visados, asilo y cooperación policial y judicial. Europa se convierte en un espacio libre de barreras internas.
A partir de este acuerdo, la Unión Europea aprueba el Reglamento de Dublín, que determina que las solicitudes de asilo serán tramitadas en los países de llegada, es decir, en el primer país donde el refugiado entre al continente.
España construye la valla en Ceuta para reforzar las fronteras y evitar la entrada de inmigrantes. Es la primera en todo el territorio común de la Unión Europea.
1991
Con la entrada de España en el espacio Schengen, a cambio de suprimir las fronteras interiores pasa a realizar los controles de las fronteras exteriores, convirtiéndose en el guardián de la Unión Europea con África, dado que es el único país con fronteras con este continente.
1992
Se aprueba el Tratado de Maastricht, que fija el concepto de ciudadanía europea —y, por defecto, también el estatus de todos aquellos que no son ciudadanos—, al tiempo que marca las líneas de la política exterior y de seguridad común.
España y Marruecos firman un acuerdo para regular la circulación y el tránsito de personas entre ambos países con el objetivo de controlar el flujo migratorio clandestino. Será el proyecto piloto que dará la pauta para firmar un acuerdo similar entre la Unión Europea y Turquía durante la salida de los refugiados sirios, en 2016.
1997
Se firma el Tratado de Amsterdam, que amplía competencias de la Unión Europea en materia de asilo y migraciones.
1998
Se construye la valla en Melilla y se termina todo el perímetro de Ceuta.
2000
Entra en vigor la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, que garantiza el derecho de asilo en los países de la Unión y obliga a todos los países que se incorporen posteriormente a aceptarla y cumplirla.
Se firma el Acuerdo de Cotonú con el fin de reducir la pobreza en África mediante políticas de desarrollo sostenible. La Unión Europea establece por primera vez la condicionalidad de la ayuda a la cooperación con los países firmantes, e introduce una cláusula de aceptación y readmisión de inmigrantes devueltos a cambio de las ayudas.
2001
Los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos dan pie a una nueva etapa que marcará el inicio del siglo XXI. Comienza la denominada «guerra contra el terror». Como consecuencia, se extiende la islamofobia en Occidente y se empieza a vincular la inmigración y a los refugiados con el terrorismo, especialmente para los que llegan de Oriente Medio, Afganistán, Somalia y de todo el mundo árabe en general.
2002
En el Consejo Europeo celebrado en Sevilla, la Unión Europea establece que la Ayuda Oficial al Desarrollo estará condicionada a que los países emisores de inmigración controlen las salidas y acepten los retornos forzados.
2003
Se aprueba el Reglamento de Dublín II, que limita los movimientos de los demandantes de asilo en el interior de la Unión Europea e impide la libertad de circulación y trabajo.
2004
Se crea Frontex, la nueva agencia para el control de las fronteras de la Unión Europea. Se incluye a los estados que mantengan acuerdos con terceros países, pero estos siempre serán complementarios a las directivas comunitarias y a la acción de esta agencia.
2005
Las vallas de Ceuta y Melilla incorporan concertinas. El flujo de inmigrantes comenzará a virar hacia las islas Canarias.
2007
Se firma el Tratado de Lisboa, que establece el principio de reparto equitativo y solidario de inmigrantes que entren clandestinamente entre todos los países de la Unión Europea. Esta directiva nunca se cumplirá.
2008
Se aprueba la directiva europea del retorno, que establece normas y procedimientos para expulsar a los inmigrantes en situación irregular de la Unión Europea.
2010
Mohamed Bouazizi se quema vivo en Túnez en protesta por la confiscación de los bienes de su comercio ambulante. Empiezan las primaveras árabes, protestas de jóvenes por todo el arco de estos países que Europa y Occidente verán inicialmente como los vientos de democratización del mundo árabe.
2011
Se crea la Oficina Europea de Apoyo al Asilo, con el fin de asesorar a los Estados miembros con los casos más críticos y a los países que sufren más tensión migratoria.
En marzo, las protestas pacíficas en Siria, fruto de las primaveras en los países vecinos, terminan en las primeras masacres. La represión inicial del Gobierno derivará en una guerra civil en este país.
2012
Grecia despliega 12 kilómetros de valla con concertinas en la frontera terrestre con Turquía.
2013
Se crea Eurosur. Este sistema europeo de vigilancia de fronteras busca reforzar el intercambio de información entre estados para detectar la inmigración ilegal en el Mediterráneo.
Con la irrupción del Estado Islámico en la guerra de Siria se intensifica la salida de refugiados hacia el Líbano, Jordania y sobre todo Turquía. Los que huyen empiezan a ver Europa como el próximo destino.
Como consecuencia de la tragedia de Lampedusa, la marina italiana inicia la operación Mare Nostrum, un dispositivo humanitario que salvará miles de vidas en el Mediterráneo.
2014
Se firma un nuevo acuerdo de migraciones en la Unión Europea. Frontex asumirá las tareas de vigilancia de fronteras cuando los Estados miembros no garanticen la seguridad del espacio Schengen.
Bulgaria cierra la frontera con Turquía con 160 kilómetros de alambre y concertinas.
Entradas por el Mediterráneo: 216.054
Muertos y desaparecidos: 3.538
2015
La Unión Europea presiona a Italia para que termine la operación de rescate humanitario Mare Nostrum ante la afluencia de refugiados.
Frontex duplica su presupuesto y sustituye a la marina italiana. Empieza a patrullar con el objetivo no de salvar vidas, sino de evitar que las embarcaciones clandestinas entren en aguas comunitarias.
En enero, el Estado Islámico reivindica el atentado en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo en París. Aunque los terroristas han nacido en la Unión Europea, el miedo a que entre los refugiados se filtren posibles terroristas será a partir de ahora un argumento recurrente para avivar la islamofobia.
Angela Merkel, la primera ministra alemana, anuncia la política de «puertas abiertas» para los refugiados que quieran entrar en Alemania.
En mayo, la Comisión Europea propone por primera vez que los refugiados se repartan en cuotas entre todos los Estados miembros.
Comienza la intervención de Arabia Saudí en la guerra de Yemen.
Vuelven las fronteras internas a la Unión Europea. Ante la llegada de los inmigrantes, Europa se desagarra. Hungría cierra su frontera con Serbia y suspende temporalmente el derecho de asilo. Eslovenia cubre su frontera con Croacia con 130 kilómetros de concertinas. Francia cierra con un muro de 3 kilómetros la estación del Eurotunnel en Calais y rodea el campo, denominado «la jungla de Calais», con muros de cemento.
España aprueba la ley mordaza, que, además de limitar un gran número de derechos en favor de una pretendida seguridad, incluye una disposición para legalizar las «devoluciones en caliente», es decir, el retorno del inmigrante sin tener en cuenta sus circunstancias ni considerar si tiene derecho a solicitar y recibir asilo.
Alemania suspende el Reglamento de Dublín para los refugiados sirios, lo que significa que no serán devueltos a los países europeos por los que entraron para pedir el derecho de asilo.
El 2 de septiembre, la imagen del cuerpo sin vida del niño Alan Kurdi viraliza la crisis de los refugiados sirios y evidencia la falta de una respuesta coherente por parte de la Unión Europea.
Unos días después nace el eslogan Refugees Welcome como símbolo de acogida, pero también como un grito social a los gobiernos europeos, estatales, regionales y locales, a fin de dar respuesta a la crisis humanitaria.
En noviembre un atentado terrorista, de nuevo en el centro de París, acaba con la masacre de ciento treinta personas. El Estado Islámico lo vuelve a reivindicar.
La noche de fin de año se producen asaltos, abusos sexuales y robos en la plaza de la Estación de Colonia por parte de un grupo de solicitantes de asilo.
Entradas por el Mediterráneo: 1.015.078
Muertos y desaparecidos: 3.771
2016
Ante la afluencia de refugiados, la ruta de los Balcanes, por la que llegan al norte de Europa, se cierra entre Macedonia, Serbia y Hungría, y deja a cientos de miles de refugiados atrapados en Grecia, sin poder avanzar ni retroceder.
Se firma un acuerdo con Turquía: a cambio de seis mil millones de euros y de acelerar la hoja de ruta para comenzar las negociaciones de adhesión de este país a la Unión Europea, Turquía se compromete a aceptar el retorno rápido de todos los inmigrantes que han llegado a Europa y no pueden demostrar que necesitan protección internacional.
Turquía comienza a pedir visados a los iraquíes para entrar en el país. Hasta entonces podían entrar durante treinta días sin visado.
Se levantan más fronteras internas. Austria cierra la suya con Eslovenia y construye una valla de alambre y concertinas entre los dos países; Macedonia cubre 30 kilómetros de valla con concertinas en la frontera con Grecia; Suecia establece controles en la frontera con Dinamarca para evitar la entrada de inmigrantes y refugiados; Noruega clausura 200 metros de frontera polar con Rusia para evitar que los refugiados sirios crucen en bicicleta (Rusia prohíbe pasar a pie). Europa, poco a poco, se va fracturando, poniendo cerrojos entre países y olvidando el principio de espacio de libre circulación. El Acuerdo de Schengen es visto como una pérdida de soberanía por gran parte de los estados.
Ante el regreso del cierre de las fronteras nacionales, la Unión Europea anuncia que los países que no cumplan las cuotas asignadas recibirán una multa de 250.000 euros por cada refugiado no acogido. Esta sanción nunca se cumplirá. Por ejemplo, en el caso de España, con un incumplimiento de quince mil refugiados sobre una cuota asignada de cerca de diecisiete mil, el importe de la multa habría ascendido a 3.700 millones de euros, es decir, el doble de lo que España destina a cooperación internacional ese mismo año.
En junio, con un discurso incriminatorio sobre
