Se me hace bola

Julio Basulto

Fragmento

1

Alimentación infantil y salud

¿tienen algo que ver?

Merece salir engañado el que al hacer un beneficio cuenta con la recompensa .

Séneca «Se me hace bola» es una expresión a la que recurriré muchas veces a lo largo de este libro . La han puesto de moda niños de varias generaciones intentando masticar y tragar algo bajo la presión de sus padres o cuidadores . Dicha presión adopta diferentes formas y, sobre todo, distintos grados: oscila de un estímulo o apremio (acompañado o no de recompensa), pasa por la insistencia o la exigencia, y llega a adoptar características irracionales: la comparación, la coacción, la amenaza, el desprecio, el castigo, la humillación e incluso la violencia . Esta presión se ejerce por la consideración de la alimentación como algo fundamental para el crecimiento, el desarrollo y, desde luego, la salud del niño . Se ejerce, lo sé, con toda la buena intención del mundo, pero me gustaría contribuir a que pasase de moda y a su extinción . Para ello creo necesario empezar desde el principio: la relación entre alimentación infantil y salud .

La mala alimentación y la enfermedad tienen mucho que ver . La buena alimentación y la salud, no tanto . Me explico: mientras que una mala alimentación predispone a tus hijos a sufrir numerosas enfermedades en el futuro, la buena alimentación sencillamente disminuye el riesgo de sufrir esas mismas enfermedades . Dolencias que probablemente tus hijos padecerán si los alimentas con notables cantidades de comida que no es exactamente comida, como luego veremos . En definitiva, no es que una buena dieta les dé salud . Es que una mala dieta les «quita» salud .

Es un argumento que parece caer por su propio peso, pero las encuestas revelan que nuestra percepción es justo la contraria . Pensamos que una buena dieta nos dará salud, pero creemos que una mala alimentación no nos la quitará . Según una gran encuesta llevada a cabo por la Comisión Europea en 2010, nueve de cada diez europeos, aproximadamente, creen que una mala alimentación no perjudicará su salud . De igual forma ocurre con el tabaco: el 63 por ciento de los 175 .000 españoles participantes, también en 2010, en una encuesta avalada por la Federación Mundial del Corazón consideró que el tabaco no supone un riesgo cardiovascular .

¿Es saludable respirar aire puro? La cosa no funciona así: es más lógico pensar en lo arriesgado que es fumar o vivir en una zona con mucho tráfico de vehículos a motor . ¿Es bueno hacer deporte? Parece indiscutible . Pero los nuevos estudios nos indican que no es suficiente con practicar deporte algún día a la semana si el resto de la semana somos sedentarios . ¿Hidratarse una y otra vez con agua evita todos los males? Nones . Sin embargo, «hidratarse» a menudo con refrescos azucarados «causa» la temida obesidad, de la que se derivan numerosas enfermedades nada glamourosas . Eso por no hablar de las muchas enfermedades que puedes padecer si te «hidratas» con bebidas alcohólicas ¿Funciona la lactancia materna como una pócima curativa que convierte a los niños en superdotados e inmunes a todo mal conocido? No . Pero sí sabemos que la lactancia artificial aumenta las posibilidades de que el niño sufra determinados trastornos o ciertas enfermedades a corto, medio o largo plazo . ¿Comprobarás con tus propios sentidos el fruto de «esforzarte» en alimentar saludablemente a tus hijos? Pues probablemente no verás nada, porque la buena salud es algo que no se aprecia a simple vista, mientras que la mala salud, desgraciadamente, se hace notar de lo lindo . Por eso he encabezado este capítulo con la estupenda frase de Séneca sobre la espera de una recompensa como premio de un beneficio .

La alimentación es trascendental para la salud de tus hijos

Creo que no hay nada mejor para entender la relación entre dieta y salud que el documento titulado «Promoción de alimentos y bebidas no alcohólicas dirigida a los niños», que forma parte de «Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud» de la Organización Mundial de la Salud (OMS):

Una dieta malsana es un factor de riesgo clave de las enfermedades no transmisibles (ENT) que puede modificarse . Si no se combate, la mala alimentación —junto con otros factores de riesgo— aumenta la prevalencia de ENT en las poblaciones por mecanismos tales como un aumento de la presión arterial, una mayor glucemia, alteraciones del perfil de lípidos sanguíneos, y sobrepeso u obesidad . Aunque las muertes por ENT se dan principalmente en la edad adulta, los riesgos asociados a las dietas malsanas comienzan en la niñez y se acumulan a lo largo de la vida .

Los riesgos de las «dietas malsanas», ya lo ves, comienzan en la niñez, así que debemos «combatirlos», tal y como expone la OMS, para prevenir las enfermedades no transmisibles . ¿Cuáles son esas enfermedades? Las principales te sonarán sobremanera:

•   Enfermedades cardiovasculares (matan a 17 millones de  personas/año) .

•   Cáncer (mata a 7,6 millones de personas/año).
•   Enfermedades respiratorias (mata a 4,2 millones de personas/año) .

•   Diabetes (mata a 1,3 millones de personas/año).

Hay más, claro, como las enfermedades osteomusculares, los trastornos neuropsiquiátricos o de los órganos sensoriales, las afecciones bucodentales o digestivas, o los trastornos genitourinarios . ¿A que las has oído más de una vez, y más de dos y más de tres? Como sabes, en el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular (la enfermedad más asesina de las anteriores) influye notablemente el colesterol elevado . Lo que no sé si sabes es que una alarmante cantidad de niños españoles presenta niveles de colesterol por encima de lo recomendable . No hablaré de la desnutrición grave, ya que en España, aunque existen notables desigualdades dietético-nutricionales y bolsas de población con muy bajos ingresos, esta situación no existe .

Pero sigamos con la OMS, porque el golpe de gracia, y que da sentido a este capítulo, aparece en su libro Food and health in Europe: a new basis for action . Se indica que de entre los muchos factores que influyen en la pérdida de salud (la OMS señala literalmente «años de vida sana perdidos») la alimentación es uno de los más importantes .

En conjunto, las evidencias sugieren que mejorar la nutrición podría ser el factor aislado más importante para reducir las enfermedades en la Región Europea de la OMS .

Se llega a concretar que el 41 % de las enfermedades graves tienen un componente nutricional «muy acusado» y que en el 38 % de las enfermedades ese componente nutricional es «acusado» . Así las cosas, sólo dos de cada diez dolencias causantes de «años de vida sana perdidos» no tienen un factor nutricional que las condicione . O, visto de otro modo, ocho de cada diez enfermedades guardan relación con lo que comemos, tal y como puedes comprobar en el gráfico de la página siguiente .

Las enfermedades muy relacionadas con la alimentación son, por orden de importancia, las cardiovasculares, el cáncer y la diabetes tipo 2 . ¿Pensabas que el cáncer era culpa de la gené

Relación entre aspectos dietético-nutricionales y pérdida de años de vida saludable

Otras enfermedades 21%

https://fragmentos.megustaleer.com/MES-035920/images/9788490320617_CAP00105-00.jpg 100x98 (pixels)

tica? La genética está ahí, qué duda cabe, pero la gran mayoría de los casos de cáncer no tienen que ver con este factor . Una tercera parte de los casos se debe al tabaco, mientras que otro tercio es responsabilidad de la confluencia de tres factores: 1) el exceso de peso corporal, 2) una dieta desequilibrada, y 3) la inactividad física . Así pues, nada menos que siete de cada diez casos de cáncer podemos prevenirlos si no fumamos (activa o pasivamente), evitamos el sedentarismo, mantenemos un peso saludable y seguimos una dieta sana . Mejor dicho, si evitamos una dieta «malsana» . Son datos publicados por la Sociedad Americana del Cáncer en enero de 2012 en su revista oficial (CA: a cancer journal for clinicians) .

Sé que las principales causas de mortalidad en la infancia son los accidentes, la mayoría de ellos prevenibles .1 Soy cons

Enfermedades con un componente nutricional acusado 38%

Enfermedades con un componente nutricional muy acusado 41% ciente de que cabe la posibilidad de cuidar la alimentación de los niños pero descuidar otras facetas de la salud infantil . Es decir, no estoy sugiriendo que una buena alimentación constituya un pasaporte a la inmortalidad, pero no debemos obviar la clara desventaja que supone una mala dieta frente a una alimentación saludable .

La «lista de Basulto» y la dieta variada

Como exponía al principio, si buscas una alimentación saludable para tus hijos, lo más sencillo y práctico es que interiorices en tu mente lo que no debe formar parte habitual de su dieta . Es mucho más útil, en mi opinión, que intentar recordar platos y recetas equilibrados, o alimentos, nutrientes o complementos dietéticos «naturales» y «protectores» . En los siguientes capítulos intentaré detallar esto último por edades, pero antes te imploro que leas con atención la siguiente lista . La elaboré garabateando en un papel (que acabó quedándose pequeño . . .) determinados «alimentos» (ejem, ejem) con los que iba tropezándome en uno de los supermercados que hay justo al lado de mi casa . Los seleccioné precisamente pensando en qué productos no deberían tomar nuestros hijos de forma habitual . Antes de empezar, avisé de mis turbias intenciones a la responsable del local, a quien conozco a fuerza de años de ir a hacer la compra, y que de vez en cuando me pregunta por alguna duda dietéticonutricional . Le avisé, eso sí, para que nadie me tomara por un infiltrado de la competencia o algo parecido . Se corrió la voz, y varias cajeras y el guardia de seguridad esperaron ansiosos para ver qué aparecía en la que denominaron «lista de Basulto» . Ahí va, con algún comentario (casi siempre irónico) de regalo:

•   Anillas fritas de maíz (¿no dicen que hay que basar la dieta en cereales, y el maíz lo es? Pues a por las anillas se ha dicho) .

•   Aperitivos fritos con sabor a queso (¿qué se toma uno si  no de aperitivo?) .

•   Barquillos.
•   Barritas de chocolate, tipo Kinder Bueno (en una charla,  un niño me dijo: «No puede ser malo, se llama Kinder  Bueno» . «Ay, madre», pensé yo) .

•   Batido de cacao (con o sin lactosa, por supuesto).
•   Batido de cacao «crecimiento» (a lo ancho, eso sí).
•   Batido  de  fresa  «ecológico»  (que  no  se  traduzca  en  tu  mente como «sin calorías», por favor) .

•   Berlinas (Donuts) de azúcar o de chocolate, tanto blanco  como negro .

•   Biscuits (es decir, galletas, pero así suena más chic).
•   Bizcocho (casero, cómo no).
•   Bizcocho relleno de crema con cobertura de color rosa;  vaya, tipo Pantera rosa (¿esto —y vale para los Pitufos, las nubes Haribo y un largo etcétera— no es «explotar la confianza de los menores en personajes de series de ficción» y, por lo tanto, vulnerar el «Código PAOS»2?) .

•   Bizcochitos (con el diminutivo gana en salud, faltaría, así  que tomemos el doble) .

•   Bloque helado de turrón, de vainilla, de nata, de chocolate  (y de todo lo que quepa en tu imaginación, siempre que sea altamente calórico) .

•   Bollo.
•   Brioix.
•   Cacahuetes tostados y grajeados con chocolate (para que  nos entendamos: Conguitos) .

•   Cakes (si Cervantes levantara la cabeza...).
•   Cañas rellenas de lo que sea (crema, chocolate, chorizo o  de lo que se te ocurra) .

•   Caramelos de miel (con todas las propiedades de la miel,  que son . . . sus muchas calorías) .

•   Carquiñol (receta artesana, desde luego). 
•   Cereales de desayuno... azucaradísimos (desayunar otra  cosa ¿es de retrógrados?) .

•   Chocolate en veinte formatos diferentes (¿no decían que  adelgazaba?) .

•   Conos fritos.
•   Conos helados (un día harán conos helados y fritos a la  vez, será la bomba) .

•   Copa de chocolate y nata.
•   Cortezas de cerdo.
•   Cortezas de trigo (¿habrá cortezas de cerdo alimentado  con trigo?) .

•   Crema  catalana  (postre  tradicional,  es  decir,  imposible  que sea alto en calorías) .

•   Crema de cacao con avellanas (productos tipo Nocilla, vamos . Que, por cierto, mientras escribo está en promoción en botes de 1 kg con Tom y Jerry dibujados en sus vasos).

•   Cruasán normal o micro (de chocolate, de avellana —sic—  o de crema) .

•   Delicias de fruta (con un 0 % de fruta en su composición  y un casi 100 % de azúcar y gelatina) .

•   Dulce de leche (leche «ser» sana, por consiguiente, todos  sus derivados también serlo) .

•   Ensaimada.
•   Flan de huevo.
•   Flan de vainilla.
•   Galletas (son sanas, seguro. La prueba es que las dan en el  cole) .

•   Galletitas saladas (sin el diminutivo no es lo mismo).
•   Ganchitos («ganchos» sonaba fatal, claro).
•   Gelatina azucarada.
•   Gofres.
•   Gominolas.
•   Grageas de chocolate, tipo Lacasitos (¡sin colorantes artificiales!) .

•   Hojaldres.
•   Horchata (si la toman en Valencia, será por algo).
•   Lazos.
•   Leche condensada.
•   Magdalena (con ingredientes naturales, cómo no).
•   Melindros.
•   Mermelada.
•   Mini biscuit de nata-chocolate.
•   Morro frito.
•   Mousse (de chocolate o de caramelo).
•   Muffins.
•   Naranja helada (¿acaso no es un cítrico? Entonces ¿qué  tiene de malo?) .

•   Nata montada.
•   Natilla (normal o de chocolate fundido).
•   Nubes Haribo (de los Pitufos —sic—).
•   Ositos de goma.
•   Palmeritas.
•   Palomitas azucaradas de colores.
•   Pastas de té.
•   Patatas chips, paja, onduladas, gourmet y un larguísimo e  inquietante etcétera .

•   Pececitos salados.
•   Pestiños.
•   Piruletas.
•   Polvorones (¡en verano! A eso lo llamo yo «estacionalidad»).
•   Postre cremoso sabor turrón.
•   Refresco (ejem) azucarado o edulcorado de: cola, limón,  tropical, fresa, naranja, mandarina, etcétera, etcétera y requeteetcétera .

•   Regaliz azucarada.
•   Roscos.
•   Ruedas de patata (la patata es una hortaliza, ¿no?, pues a  por ellas) .

•   Sobaos.

•   Surtido integral (¡sin un triste cereal integral en su composición!) .

•   Tarrina helada con nueces de macadamia (seguro que es  nutritiva, ¿acaso no lleva nueces de nosequé?) .

•   Tarta.
•   Té helado (y ultraazucarado).
•   Tocino de cielo (atocinante).
•   Tortas de aceite.
•   Yogur  griego  (cuidado,  el  «desnatado»  tiene  más  grasa  que un yogur normal, y no es broma) .

•   Zumo con 10 vitaminas (a ver quién cae).
•   Zumo con fibra dietética y antioxidante (y si cuela, cuela).
•   Zumo de todo lo imaginable (excepto, quizá, de cantos  rodados) .

Para que luego digan que es difícil seguir una «dieta variada» . Basta con que alternes estas 85 «sustancias comestibles» a lo largo del día en la dieta de tus hijos, y asunto resuelto . Para acabar de rematarlo, dales un suplemento polivitamínico-mineral y, hala, que crezcan felices y sanos . Es broma, claro . No me equivocaré mucho si me aventuro a comparar lo que está ocurriendo en nuestros supermercados, cada vez más invadidos por sustancias insanas y más faltos de «comida», con lo que ocurría en el Reino de Fantasía a causa de la Nada, en el maravilloso libro La historia interminable . Para Michael Ende esa «Nada» era una ausencia, un «no ser», que extendía sus garras por doquier adueñándose cada vez de más espacios, llenándolos de una oscura noche, del vacío . ¿Te suena la frase «calorías vacías»? Hace referencia justamente a lo que tienen en común los 85 «alimentos» detallados: aportan muchas calorías, pero son claramente deficitarios en las decenas de nutrientes conocidos o los miles de componentes nutritivos por conocer (ej: fitoquímicos) . El parecido con la Nada de Ende es asombroso:

—¿Qué aspecto tiene [ . . .] esa Nada? —preguntó el silfo nocturno .

—Eso es precisamente lo que es tan difícil de describir —aseguró el fuego fatuo con tristeza— . En realidad, no se parece a nada . Es como . . . como . . . Bueno, ¡no hay palabras para describirlo! [ . . .] —¡Un momento! —rechinó el comerrocas interviniendo— . ¿Eso ha ocurrido en un solo lugar?

—Al principio sí —explicó el fuego fatuo—-; es decir, el lugar se hizo cada vez mayor . Cada vez faltaba algo más en la región . [ . . .] A veces era al principio muy pequeño, una cosa de nada, del tamaño de un huevo de gallineta . Pero esos lugares se ensanchaban . [ . . .] Tiene una fuerza de atracción irresistible, que se hace tanto más intensa cuanto mayor es el lugar .

Entrar hoy en un supermercado y no meter en el carro de la compra alguno de estos productos requiere de buenas dotes contorsionistas porque, como bien describe Ende, su fuerza de atracción es irresistible . Están ubicados, además, en estanterías que coinciden con la altura del niño, para que alcance a cogerlos y nos sea más difícil negarnos a comprárselos (a esta estrategia se la conoce como «nang factor» —factor de fastidio—) . La fruta, las hortalizas, los cereales integrales (pan, pasta, arroz, etc .), las legumbres o incluso los frutos secos nunca están tan a la vista como la comida basura . Si vas con tus hijos, es más difícil todavía evitar la tentación: los niños tienen un detector de comida desequilibrada . A lo que ayuda la industria alimentaria instándolos a que nos digan «mami, quiero eso» mediante la publicidad televisiva, radiofónica, impresa (prensa y revistas), en la vía pública (vallas, marquesinas), patrocinando eventos infantiles, a través de internet o, sobre todo, cuando planta los personajes de dibujos animados favoritos de nuestros hijos en las etiquetas y envoltorios de dicha «comida» . Vivimos absolutamente rodeados de alimentos superfluos hipercalóricos (¿«alimentos»?), y de su sempiterna publicidad . Con razón encabezamos las listas de obesidad infantil a nivel mundial . No permitas que esa Nada se apropie de la salud de tus hijos (ni de la tuya) . La Academia Americana de Pediatría y la Asociación Americana del Corazón (revista Circulation, septiembre de 2005) coinciden en lo siguiente:

Los profesionales sanitarios deben advertir a los padres/cuidadores del alto contenido calórico y de la baja calidad nutricional de determinados alimentos .

En eso estamos . Justamente a causa de ese largo listado de comida basura que nos tienta a cada paso, y que trastoca nuestra idea de lo que es y lo que no es un «alimento», es por lo que no soy partidario de incluir el concepto «dieta variada» (o «comer de todo») cuando definimos qué es una dieta saludable . En mi experiencia, y tal y como suscriben varios investigadores, a más variedad dietética, más ganancia de peso con los años . Resulta comprensible, tanto por lo difícil que es dejar de comer cuando ampliamos la oferta de texturas, sabores y olores, como por lo muy probable que es acabar masticando algo que no es un alimento si variamos mucho lo que comemos . Una revisión de todos los estudios disponibles sobre el tema de la «variedad dietética», publicada en mayo de 2001 en la revista Psychological Bulletin, concluyó que a más variedad, más riesgo de obesidad . Sucedió lo mismo en una investigación publicada en la revista oficial de la Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad en octubre de 2003 . Más recientemente, en 2009, el renombrado libro Krause Dietoterapia recogía este interesante argumento:

La investigación apoya el hecho de que los alimentos y sus elementos de sabor despiertan respuestas placenteras, y que la infinita variedad de alimentos disponibles en todo momento a un precio razonable pueden contribuir a una mayor ingesta de calorías porque las personas comen más cuando se les ofrecen muchas opciones .

Una vez leí (no recuerdo dónde, lo confieso) una reflexión la mar de ilustrativa: para culturizarte viendo la televisión, si eso es posible, ¿tienes que ver una amplia variedad de toda la oferta de canales disponibles? No, claro que no: lo que hay que hacer es seleccionar de forma inteligente dichos canales . Porque gran parte de la programación televisiva es infumable e incluso, diría, deseducadora . Pues ocurre lo mismo con la alimentación: no es cuestión de comer «de todo», sino de realizar una buena selección dentro de los alimentos saludables disponibles . Si es que los encuentras . . .

La marca comercial Kinder Chocolate pidió recientemente la aprobación de su declaración de salud «ayuda al crecimiento» a las autoridades sanitarias. ¡Cuántas veces habremos leído o escuchado alusiones al crecimiento de nuestros hijos por parte de anunciantes de alimentos altamente calóricos! La respuesta de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria fue, gracias al cielo, que «no hay tu tía» (www.goo.gl/6Nt4R). ¿Resultado? Kinder ha tenido que retirar la declaración. Yo la mantendría, pero así: «Ayuda al crecimiento de tus caries y de tus células grasas».

¿Con qué riegas las plantas?

Que no te quepa duda: hoy la inmensa mayoría de los niños de todas las edades no se alimenta de forma saludable . ¿Crees que exagero? No lo hago: siete de cada diez niños de ocho meses toman demasiada sal, según un estudio la mar de serio publicado en el número de enero de 2012 de la revista European Journal of Clinical Nutrition . Puedes extrapolar este dato con total tranquilidad, y sin miedo a equivocarte, al resto de las edades y de

3. En todos los casos como éste debe accederse a las páginas web directamente desde la banda de direcciones, y no desde la banda del buscador . (N. de la E.)

los nutrientes que tomamos en exceso (energía, proteína animal, grasas saturadas y trans, azúcares) o en defecto (fibra dietética) .

Aproximadamente el 40 % de las calorías consumidas por los niños de 2 a 18 años provienen de azúcares añadidos y grasas sólidas, según un estudio publicado en la revista Journal of the American Dietetic Association (octubre de 2010) . Más de lo que sucede en adultos (35 %) . Seguro que sabes dónde encontrar los azúcares añadidos, aunque, por si acaso, te daré una pista: están en 76 de los 85 productos de la «lista de Basulto» . En cuanto a las grasas sólidas, pues son las que forman parte de la leche entera (sí, has leído bien), los quesos, las cremas, los helados, la carne roja (ternera, cordero, cerdo, etc .), el beicon, las salchichas, la bollería, repostería y pastelería .

Me dirás que el estudio anterior fue realizado con población estadounidense, y tienes toda la razón . Te explicaría que la alimentación de nuestros hijos se está americanizando a marchas forzadas (y nuestras estrategias gubernamentales para detener este hecho son más bien tímidas) . Pero sigue leyendo y verás por qué no voy tan desencaminado citando dicho estudio . Una investigación estrictamente española, el estudio enKid, que evaluó la alimentación de una muestra representativa de la población infantil y juvenil española, mostró lo siguiente:

El 96,4 % de la población infantil y juvenil española consume usualmente productos de bollería y galletas [ . . .] . El 88,2 % del colectivo consume habitualmente aperitivos y snacks salados  [ . . .] . El 99,4 % del colectivo estudiado incluye habitualmente en su dieta dulces y golosinas [ . . .] . El 92,6 % del colectivo consume habitualmente refrescos [ . . .] . El 73 % de la población mayor de 14 años consume usualmente bebidas alcohólicas [ . . .] .

¿Suspiras? Espero que sí . En un foro de internet leí la semana pasada esta frase genial, firmada por una tal Bego: «De igual manera que no todo lo que sale por la boca es “lenguaje”, no todo lo que entra en ella es “comida”» . Tienes toda la razón, Bego .

Una pregunta: ¿seguimos nosotros, los adultos, una dieta saludable? ¿Todo lo que entra en tu boca es «comida»? Sabes que no . Los datos disponibles señalan que el 61 % de las calorías que tomamos provienen de alimentos «altamente procesados» . Hay quien se refiere a estos productos como «alimentos transformados», acepción que me encanta . Según la Asociación de Fabricantes de Aperitivos, los españoles ingerimos doscientos ochenta millones de kilos de aperitivos cada año. Cada uno de  nosotros podríamos estar dieciséis días sin comer sólo con las calorías que nos aportan tales aperitivos . Repasa la lista anterior y confiésate a ti mismo/a cuántas horas han pasado desde que ingeriste alguno de dichos productos . ¿Cuánto hace que no tomas arroz integral, a todo esto? Te lo pregunto porque tú, como veremos más adelante, tienes que ser un modelo y un ejemplo para tus hijos si quieres que ellos sigan unos hábitos saludables . No solo debes ofrecerles una dieta sana, sino (sobre todo) seguirla .

Si le añades a la «lista de Basulto» los derivados cárnicos de todo tipo (salchichas, chorizo, hamburguesa, mortadela, etc .) y unas cuantas bebidas alcohólicas (vino, cerveza, ginebra, etc .), entenderás de dónde sale el 61 % antes citado . Ahora imagínate que el 61 % del líquido que utilizas para regar tus plantas no fuese agua clara, sino otro líquido o semilíquido, como quitaesmalte, gasolina o pintura . ¿Qué tal crecerían esas plantas?

No les insistas para que coman saludablemente

La mala alimentación, digo, tiene muchísimo que ver con la pérdida de una buena salud, esa que casi todos los niños traen «de serie» . Y alimentarnos nosotros, o alimentar a nuestros hijos, con «preparados alimenticios», que no «alimentos», no es trigo limpio . ¿Estoy diciendo que debes insistir para que tu hijo coma saludablemente? ¿Se lo recuerdas de vez en cuando? ¿Le explicas que es muy sano consumir a menudo frutas, hortalizas, legumbres, frutos secos e integrales? Cuando te dicen «mamá, mira qué bien me columpio», ¿les contestas «muy bien, hijo, eso es porque comes mucha fruta»? (se oye cada cosa en los parques . . .) . No deberías hacerlo, y por tres razones (como mínimo, aunque a lo largo del libro descubrirás unas cuantas más) .

En primer lugar, porque a determinadas edades los niños no están preparados para entender y asimilar según qué cosas, ciertos conceptos de las explicaciones de los adultos, su significación y su alcance . Algo que para ti parece simple para ellos es muy complejo e incluso mágico . Un día, no recuerdo bien cuándo (quizá hace cinco o seis años; el tiempo pasa volando . . .), mi hija mayor me preguntó: «¿Qué pasa con los alimentos cuando nos los comemos?» . Le dibujé sucintamente el mecanismo de la digestión, y ella, tras mi explicación, me miró a los ojos y me dijo: «Es broma, ¿verdad, papi?» . Buenísimo . Pues bien, igual que a determinadas edades los niños no están preparados para entender según qué (como que tenemos órganos dentro del cuerpo con diferentes funciones coordinadas pero independientes a la vez), tampoco son capaces de entender que comer es un requisito para mantener una buena salud . Y ya está bien que así sea . De hecho, yo mismo hasta bien mayor (28 años, concretamente) no entendí que la alimentación y la salud iban de la mano . Hoy lo tengo clarísimo . Hay quien dice que se me nota . Habladurías .

En segundo lugar, porque se trata de un experimento . No sabemos qué sucederá si nuestros hijos perciben que nos hacen felices cuando ponen cara de gusto mientras se comen una coliflor al vapor aderezada con perejil troceado . No sabemos, digo, si dicho experimento saldrá bien . Es decir, ¿de verdad amarán las verduras sobre todas las cosas, o quizá acaben odiándolas como al peor de los pecados? Varios comités de expertos en nutrición infantil son de la opinión de que premiar (aunque sea mediante un simple «muy bien») a los niños que comen saludablemente puede ser contraproducente .

Y en tercer lugar, porque disponemos de otras estrategias de las que sí tenemos bastante evidencia de éxito . Una de las más importantes se llama «predicar con el ejemplo» . Que quede claro que predicar con el ejemplo no es lo mismo que predicar con la palabra . O sea, que no vale utilizar maniobras como:

¡Mmmmmm¡ ¡Qué buenas están estas zanahorias hervidas que me estoy comiendo ahora mismo, Manolito! ¿Te das cuenta de cómo le gustan a papá?

Eso no es dar ejemplo, eso es una maniobra manipuladora como una catedral, y los niños, que no son tontos, se dan cuenta de la artimaña . Cuando sencillamente te aplicas a ti el cuento y adoptas unos buenos hábitos de vida, sin pregonarlo eufóricamente, eso acaba traduciéndose en muchísimas más posibilidades de que quienes te rodean, hijos incluidos, también lo hagan . Dicho esto, puedes preguntarte, ¿se alimenta mi médico saludablemente, o más bien le da al fast food como un poseso? ¿Realiza ejercicio físico frecuentemente? ¿Fuma? ¿Bebe alcohol? Una interesante investigación publicada en el número de otoño de la revista Preventive Cardiology reveló que unos buenos hábitos de salud de los médicos se traducen en un mensaje mucho más creíble para sus pacientes . Lo mismo sucede con tus hijos y tu modelo de conducta .

Además de nuestro ejemplo, otra estrategia a nuestro alcance (tan poco común como la anterior, desgraciadamente) consiste en no ofrecer a nuestros hijos, y no tener en casa, alimentos superfluos . No exagero cuando digo que es poco común . ¿Cuántos papás y mamás acuden a buscar a sus hijos al cole cada tarde empuñando una bolsa de plástico transparente llena de cruasanes y galletas para merendar, y un zumo (o dos) para beber? Delante de mis narices, en estos trece años que llevo de papá, decenas (me atrevería a decir que «centenas») de padres y madres han alimentado a sus hijos, en buena medida, con alimentos superfluos . ¿No saben que el actual consumo de bollería, aperitivos, snacks, dulces, golosinas, refrescos y zumos por  nuestros hijos les predispone a la obesidad, y que la obesidad es una enfermedad, tan enfermedad como la hipertensión o la otitis? Seguramente no, y por eso tiene algo de sentido escribir este libro (o eso espero) .

El río de la salud infantil

Hace unos días, mi amigo Paco López, decano de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés, me sugirió una buena metáfora para entender que es más importante evitar que tus hijos se alimenten habitualmente de forma insana que instruirlos para que coman saludablemente . La metáfora es la siguiente: imaginémonos un río contaminado por culpa de una serie de fábricas que vierten sustancias nocivas en sus aguas . ¿Cómo solucionamos el problema? Una posibilidad, según Paco, es depurarlo . Es una solución, por supuesto, aunque es muy cara, y además no siempre funciona del todo bien . Otra es realizar una serie de canalizaciones desde otros ríos con aguas limpias para que co

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