El vuelo de la inteligencia

José Antonio Marina

Fragmento

cap-1

Aprender a aprender

por MARGARITA RIVIÈRE

Es muy sencillo: si algo distingue a los humanos es nuestra capacidad de inteligencia, es decir, de contrastar, de proyectar, de crear. Pero, a veces, las cosas más sencillas son las más difíciles y las que más se olvidan.

Sinceramente, desde hace bastante tiempo, y así lo he escrito en otros lugares, doy vueltas a una inquietante cuestión: ¿nos estamos volviendo tontos? Nuestro mundo, en cambio acelerado y envuelto en un papanatismo galopante, da pie a plantearse si ejercemos, como individuos y como grupo social, todas las posibilidades de la inteligencia humana. Está claro que, muchas veces, no sabemos qué hacer con esa capacidad insustituible. Está claro, creo que todos lo hemos podido comprobar, que hay ocasiones en las que mutilamos, acallamos, guardamos esa facultad para mejor ocasión; la inteligencia, frecuentemente, es incómoda, provocativa y parece algo fuera de lugar. Todo lo cual, sin duda, es una muestra de la falta de inteligencia, nunca reconocida, de nuestra orgullosa civilización tecnicocientífica.

Con estos planteamientos sobre la mesa y con la idea (sinceramente, obsesiva) de que el mundo del pensamiento y de la inteligencia es algo que nos afecta a todos y, en consecuencia, nuestra inteligencia individual también depende de la «inteligencia colectiva», abordé a José Antonio Marina. No podía ser de otra forma: Marina lleva años llamándonos la atención a través de maravillosos y exitosos libros sobre el poder de la inteligencia. No sólo eso, lo más atractivo de este pedagogo, profesor de instituto e investigador, es su enorme amplitud de miras respecto a la inteligencia: para él la inteligencia es esa capacidad de aprender a aprender en todo momento, no sólo de libros, sino de la vida misma, de los sentimientos y de las emociones, de las experiencias, de las relaciones con la realidad. En este aspecto, José Antonio Marina ha sido un precursor de lo que los norteamericanos, siempre tan «retrasados», han calificado después como «inteligencia emocional». Marina ha ido incluso mucho más allá de todo esto y pienso que ha elaborado ya una «teoría integral de la inteligencia», aunque él, modestamente, crea que sólo ha emprendido un camino muy largo... El único problema del camino que lleva a descubrir las posibilidades de la inteligencia es que, desde luego, a medida que se avanza se vislumbra un horizonte infinito.

A José Antonio Marina le pedí una excepcional muestra de inteligencia: que resumiera sus conocimientos en un libro sencillo, breve y asequible a un público universal. Hablamos de que la nueva inteligencia que necesitamos ha de ser capaz de trasladar las grandes ideas y conceptos a toda clase de personas,

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