Capítulo 1
Bryden
Fuera, la tormenta golpeaba los cristales del que ya podía considerar mi nuevo despacho.
Hacía años que mi hermano Evans y yo habíamos tenido aquella charla que lo cambiaría todo, esa en la que me ofrecí a ayudarlo en la carga de ser señor de Eilean Mo Chridhe. Debido a esto, pasaba largas temporadas en Baileaghràid, y más después de su boda con Alba y posterior embarazo.
Vivir esa nueva etapa junto a ellos me ilusionaba. No quería perderme nada y mucho menos las primeras navidades de mi cuñada en Escocia. Esto último hacía que en el castillo se respirara un ambiente entre ilusionado y nervioso.
Melissa y Gertrude no paraban un instante con los preparativos, pese a que aún quedaba más de un mes para el inicio de las fiestas. La primera había encargado unas decoraciones nuevas para las zonas más importantes, mientras que la segunda iba ya por la décima prueba del menú. Aunque de esto no me iba a quejar, pues gracias a ello llevaba dos semanas degustando platos deliciosos. Me relamí los labios al recordar la cena del día anterior.
El reloj de pie daba las campanadas de las diez; era temprano, disponía de casi toda la mañana para mí, así que decidí ir a la biblioteca.
En la última reforma que habíamos hecho en el despacho de mi padre, actualmente de mi hermano, habíamos tenido que mover muchas cajas con documentos antiguos y ahora era el momento perfecto para clasificarlos como era debido. Algunos eran simples facturas, contratos que ya no tenían validez, pues unos nuevos los habían sustituido; recibos y cosas por el estilo. Sin embargo, como buen historiador me negaba a aceptar que todo era lo mismo y guardar las cajas sin echarles un ojo. Sonreí satisfecho, tenía por delante un trabajo de investigación de los que me gustaban y, además, de mi familia. Eso me mantendría entretenido mientras la universidad decidía si mi próximo proyecto se aprobaba o no.
Entré en la biblioteca con la intención de adueñarme de la mesa principal, esparcir todos los papeles de la primera caja y no volver a recogerlos hasta dar por satisfecha mi curiosidad natural.
Escuché cómo la puerta se abría y no tardó en aparecer Alba. Cargaba un plato con una taza de chocolate y algunas galletas.
—Uy, perdona, creía que estarías en tu habitación.
—No te preocupes, la biblioteca es enorme, podemos compartir espacio. ¿Te ayudo? —pregunté mientras me acercaba a ella para cogerle el plato.
—Gracias, esta tripa enorme no me deja ver por dónde voy.
Con una mirada le pedí permiso para acariciarla y ella me lo concedió con una sonrisa.
—Ya falta menos para que te veamos la carita —dije hablándole a la barriga.
—No veas las ganas que tengo. El doctor me dijo la última vez que podía adelantarse y este es capaz de llegar en plenas fiestas.
—Lo haga cuando lo haga será una alegría. ¿Cómo vais con el tema del nombre?
—No me hables, es una discusión constante entre tu hermano y yo, no hay manera de ponernos de acuerdo.
—Bueno, aún hay tiempo, no os preocupéis —dije acompañándola a sentarse en la zona de sofás que había frente a la ventana y junto a la chimenea.
—¿Seguro que no te molesto? —preguntó una vez acomodada.
Le dejé el plato en la mesa baja que tenía enfrente.
—Seguro, ¿quieres que te acerque algún libro?
—No. —Bajó la mirada y puso cara de estar a punto de hacer una trastada—. Creo que voy a pasar el rato viendo redes.
Mi cuñada era una persona maravillosa con la que podía conversar durante horas de infinidad de temas. Teníamos gustos muy parecidos en cuestiones musicales y de arte. En alguna ocasión mi hermano se había ido a dormir aburrido ya de escucharnos divagar sobre temas de ocio que él no entendía, como Instagram y los nuevos famosos.
—Me parece un modo perfecto de pasar una mañana como esta. Yo voy a ver si adelanto un poco en la investigación familiar.
—¿Algo de interés? —preguntó cogiendo ya el teléfono.
—No de momento, pero la paciencia es la primera cualidad de un historiador.
—Ya, por eso no estudié Historia.
Sonreí y me puse a ordenar los documentos por clase, había papeles sueltos que tenían pinta de ser algo oficial, y después algunos cuadernos a modo de diario.
La chimenea crepitaba y la lluvia golpeaba los cristales. Aspiré profundamente cerrando los ojos, sintiendo la tranquilidad y la familiaridad de trabajar en casa. Mucho mejor que en aquel diminuto apartamento de Londres, donde solo habría podido hacer esa división en el suelo del salón y de seguro habría llegado hasta la cocina. Cogí una libreta nueva y acaricié la primera página, cerrando los ojos y planteándome por dónde empezar. Estaba sumido en mis pensamientos cuando un grito me devolvió de forma brusca a la realidad.
—¡Será cabrón!
Abrí los ojos para ver a Alba, que observaba el móvil como si de pronto estuviera ardiendo. Del salto que había dado estaba de pie frente a la ventana.
—¿Qué ocurre?
—Es que no me lo puedo creer. Es que tienes que ser mala persona. ¡Tóxico, eso es lo que eres! Lo sabía, lo sabía, mira que nunca me caíste bien —decía hablando al aparato.
Me acerqué hasta ella preocupado y le acaricié el hombro.
—Alba, ¿estás bien?
Ella me miró como si se diera cuenta en ese momento de que estaba allí, y por lo visto así fue.
—Bryden. Ay, perdona, estaba tan metida en este video que ni me acordaba de ti.
—¿Qué video? ¿Quién es un cabrón? ¿Tenemos salseo? —pregunté frotándome las manos y dispuesto a hacer un parón en mi trabajo de documentación. Nada me gustaba más que los videos sobre famosos.
—Uy, esta vez hay mucha tela que cortar, y mira que me sabe mal por ella, porque me parece una chica maravillosa; y ya sé que no los conocemos, que nunca se cuenta la verdad de lo que ocurre en sus vidas, pero es que...
—Te cae bien y ya. Deja de justificar nada y dame la carnaza.
Alba rio, se recostó en el sofá y dijo:
—Pues prepárate porque este salseo es de los largos. Resulta que a una de las influencers que sigo desde hace un montón de tiempo la ha dejado el novio a dos meses de la boda.
—¡¿Qué?!
—Y no solo eso, sino que, bueno, la versión oficial es: la deja y un día después se va con una «amiga» a Bali para pasar el disgusto por una relación perfecta rota. Obvio que le habrá puesto los cuernos a la pobre con esa «amiga» y encima ahora está intentando que ella tenga la culpa. Es que está insinuando que se ha terminado porque está gorda.
Parpadeé tratando de asimilar toda esa información.
—¿La ha dejado porque ha engordado?
—No, siempre ha sido una chica «poco normativa». Uy, el asquito que le tengo a ese término. El caso es que es una chica que se muestra tal cual es, que si le sale un michelín, pues le sale; mira, la vida es así, con michelines incluidos. Hace videos de maquillaje, de estilo de vida, y la pareja que formaban era top. Él, un guaperas modelo que ahora quiere empezar a ser actor; y ella, una modelo curvy.
Torció el labio y supe que era por tener que poner la palabra curvy después de «modelo». Podría haberle dicho muchas cosas, pero esa historia me estaba empezando a sonar demasiado.
—Dime quién es ella.
No me escuchó y siguió hablando.
—Bien, pues ahora el t
