PREFACIO
por Deepak Chopra
Este libro celebra el giro más sorprendente que dio mi vida, el cual sucedió hace más de 30 años. Realizaba mi práctica médica en Boston con un ritmo tan ajetreado que estaba exhausto. Empecé a meditar para aliviar el constante desgaste de mi vida. Funcionó, pero tuvo un efecto secundario inesperado: me convertí en escritor. Sin experiencia como tal, pero con un entusiasmo desbordante, disfrutaba de un éxito modesto cuando, de repente, tuve una idea que me cambió la vida.
Me vino a la mente una imagen del cuerpo humano resplandeciente de luz y energía. No era una visión respetable desde una perspectiva médica. Sin embargo, en cierto nivel tenía sentido y, tras una búsqueda interior, tuve un descubrimiento. Lo que vi fue el cuerpo mecánico cuántico. Yo tenía una gran inclinación por la ciencia y sabía que todo objeto físico tiene su origen en el campo cuántico. Esto incluye el cuerpo humano. Detrás de la apariencia de la sangre que corre por nuestras venas, la flexibilidad de la piel y la misteriosa tormenta eléctrica que rompe el silencio del cerebro, somos creaciones cuánticas. Nuestra esencia comienza como ondulaciones en el campo cuántico, y eso es un hecho ineludible.
Me pareció emocionante y, como también estaba inclinado hacia el pensamiento innovador, la perspectiva de cruzar el horizonte cuántico me fascinó. Ninguno de mis colegas médicos me habría apoyado. Esto sucedió en una época en la que incluso la conexión mente-cuerpo se consideraba cuestionable. El término no se enseñaba en la facultad de medicina, donde incluso los beneficios médicos de la meditación eran un tema marginal.
El producto de mi pensamiento extraño desde una perspectiva médica fue un libro, Curación cuántica, que me dio el primer impulso para adquirir notoriedad. El libro fue un éxito y con su publicación llegó una mezcla de resultados positivos y negativos. Para los médicos convencionales, mi incursión en la medicina cuerpo-mente era vergonzosa, arrogante o suicida en términos profesionales. Donde me animaron fue en la comunidad espiritual y de meditación, junto con el campo de la medicina alternativa, que aún luchaba por ser aceptado.
Su lucha se convirtió en la mía. Treinta y siete años después, lo alternativo se ha vuelto centro de la conversación. La meditación, la conexión mente-cuerpo y la medicina alternativa (que se ha ampliado para convertirse en medicina integradora o complementaria) ya no son motivo de asombro. Nuevos estudios echan por tierra las creencias médicas dominantes y el futuro es prometedor.
Aun así, parecía el momento adecuado para darme una segunda oportunidad. El mundo cuántico es ajeno y extraño, y su conexión con el cuerpo humano desconcierta a la gente. Sería casi imposible encontrar a alguien calificado para escribir sobre medicina y realidad cuántica, pero, por una muy buena suerte, justo encontré a dos científicos con esas características profesionales: Jack Tuszynski, doctor en Física, y Brian Fertig, doctor en Medicina, endocrinólogo y profesor de Medicina. Juntos poseen una gran riqueza de conocimientos en un campo nuevo y apasionante: la biología cuántica. Sus trabajos de investigación abren nuevos caminos y refuerzan la ciencia que respalda la realidad del cuerpo cuántico.
Aunque se ha vuelto frecuente el uso de la expresión de vanguardia, sí hay implicaciones revolucionarias en la biología cuántica, porque hasta hace muy poco una barrera separaba el dominio cuántico de la escala muchísimo mayor de las células y los seres vivos que estudia la biología. Unir ambos mundos me despierta fascinación. Este libro te sitúa en la vanguardia de una revolución que promete alterar todo lo que sabemos sobre el cuerpo humano.
Hace 30 años, supe que Curación cuántica era solo el principio de la historia. Se ha tardado todo este tiempo en revelar muchos descubrimientos que solo se insinuaban hasta que la ciencia médica, la física y la biología se pusieron al día. Podría decirse que en Cuerpo cuántico estos nuevos conocimientos están recién salidos de la imprenta, aunque la ciencia procede con cautela cuando se trata de nuevos avances. El cuerpo cuántico es un recién nacido, pero mis innovadores coautores y yo estamos seguros de que llegó para quedarse.
SÍNTESIS
Conoce tu cuerpo cuántico
Como el cuerpo humano, así es el cuerpo cósmico. Como la mente humana, así es la mente cósmica.
ANTIGUO UPANISHAD
Tu cuerpo no es lo que crees que es, o, para ser más precisos, tu cuerpo real no es lo que crees que es, porque tu cuerpo real no se ve en el espejo. No enferma ni envejece. No cabe en el paquete de carne y huesos que ocupa unos metros cúbicos de tiempo y espacio. En los libros de medicina se habla muy poco de tu cuerpo real y cuando los estudiantes de esta ciencia aprenden anatomía al diseccionar el cuerpo físico, nunca tocan tu cuerpo real y mucho menos miran dentro de él con sus bisturís.
Tu cuerpo real es una creación cuántica. Surge del mismo campo cuántico que creó el universo, pero en tu caso el acto de creación es constante y nuevo cada segundo. Tu génesis está aquí y ahora. Esto no es nuevo para tus células. Su conexión con el dominio cuántico es indiscutible. Cada pensamiento que tienes requiere que tus neuronas intercambien señales eléctricas, y la electricidad es cuántica, ya que forma parte del campo electromagnético. Aunque no te des cuenta, eres una creación cuántica, porque cada célula, no solo las cerebrales, emite un campo eléctrico autogenerado. Si este campo se apaga, la célula muere.
Más allá de estos hechos básicos, el campo eléctrico de tu cuerpo, a veces conocido como biocampo, te conecta con algunas posibilidades espléndidas y desconocidas. Los impulsos eléctricos de tu cerebro no son aleatorios. No hay una tormenta de relámpagos microscópicos en tu cerebro, sino un proceso organizado. De alguna manera, los impulsos eléctricos del cerebro saben lo que están haciendo. Cuando quieres tener un pensamiento, las palabras aparecen en tu cabeza; no oyes estática ni el ruido blanco que generarían las frecuencias aleatorias. Para imaginar el misterio que se esconde detrás de esto, piensa en vivir en una casa donde la electricidad fluye por el cableado y decide hacer funcionar todos tus electrodomésticos como le da la gana.
Eso es imposible cuando se trata de electricidad doméstica, pero al leer esta frase las palabras significan algo porque el biocampo parpadea con una actividad significativa. Ahora amplía la imagen: no se trata solo de células individuales o grupos de células, ni siquiera de órganos enteros como el corazón y el cerebro, sino que todo tu cuerpo está unido por una actividad significativa. Cada célula sabe lo que debe hacer. Incluso se ha propuesto que el biocampo es en realidad un electroma, una totalidad como tu genoma. Tu genoma es una enciclopedia del conocimiento contenido en los 20 a 25 mil genes del cuerpo humano. Los genetistas ahondan sin cesar en la información codificada en el ADN humano, pero sería imposible acercarse de la misma manera a tu electroma. Los genes pueden verse bajo el microscopio, en tanto que los impulsos eléctricos son ondulaciones o fluctuaciones invisibles en el biocampo. Los genes son estables —los que tienes al nacer permanecen fijos toda la vida—, pero los impulsos eléctricos están en constante cambio. No hay dos segundos de tu vida que contengan el mismo mapa de actividad en tu electroma.
Este breve esbozo indica que ya posees un cuerpo cuántico en una sola dimensión. A nivel cuántico sucede algo mucho más allá que las señales eléctricas. Hay una dimensión psicológica de la realidad cuántica que debe explorarse, y una dimensión espiritual que aporta asombro y conocimiento sobre la condición humana. Estas dimensiones son hermosas, pero tendrán que esperar. Por ahora, necesitamos comprender la naturaleza básica del cuerpo cuántico. La siguiente ilustración muestra la configuración donde la realidad física existe por encima de la línea y la realidad cuántica por debajo.
Para utilizar los términos científicos aceptados, un físico se referiría al mundo por encima de la línea como el mundo macroscópico, es decir, el mundo de los objetos más grandes que un átomo. El mundo cuántico está en el límite de lo físico, pero es mucho, mucho más pequeño que el mundo macroscópico. La escala es tan pequeña que es casi imposible de imaginar.
En el mundo cotidiano tu cuerpo físico tiene una forma definida, mientras que tu cuerpo cuántico es difuso: se funde en el campo cuántico, que es infinito en todas direcciones. En el nivel más fino, todos los objetos físicos, incluido tu cuerpo, se disuelven en una bruma de nubes de energía. A un nivel aún más sutil, estas nubes pierden completamente sus bordes, se disipa su forma y desaparecen como ondas invisibles en el campo cuántico.
Más allá de este acto de desaparición, lo asombroso es que la realidad cotidiana se controla desde el nivel cuántico. Tu cuerpo físico es como las hojas y ramitas de una planta enraizada bajo tierra, fuera de la vista. Si riegas las hojas y las ramitas sin prestar atención a las raíces, la planta morirá. La analogía es válida también para el cuerpo, que debe su existencia a la oleada de energía del mundo cuántico.
No te dejes intimidar por la palabra cuántico y su aplicación en la física moderna. Basta con que sepas una cosa: tu verdadera fuente —el origen de lo que eres— existe en el nivel más fino de la naturaleza, que es el campo cuántico. El hecho de que ocupes el tiempo y el espacio es un acontecimiento cuántico, al igual que la existencia de la materia y la energía de tu constitución física.
Llevas toda la vida navegando por el campo cuántico y este viaje es muy importante. El cuerpo que ves en el espejo no puede existir fuera del campo cuántico; tampoco tus pensamientos, sentimientos o sensaciones. Si quieres resolver los problemas más preocupantes de tener un cuerpo humano, especialmente la enfermedad y el envejecimiento, las respuestas yacen solo en la fuente. Lo mismo sucede con los problemas mentales y psicológicos, desde la ansiedad y la depresión hasta la enfermedad de Alzheimer. La razón de que estos misterios sigan sin resolverse se debe a una visión limitada. No hemos sabido mirar más allá de la carne y la sangre para encontrar su origen.
Expande tu visión y surgirán nuevas verdades. He aquí la primera y más importante: no puede sucederte nada, para bien o para mal, hasta que sucede a nivel cuántico. Una onda en el campo cuántico determina si sientes placer o dolor, te enamoras, sientes hostilidad, experimentas un momento revelador o tienes los mismos pensamientos rutinarios. Una célula cancerosa se vuelve maligna debido a una distorsión en su actividad genética que ocurre como un acontecimiento cuántico, antes de cualquier manifestación física de la enfermedad.
La visión expandida revela una segunda verdad sumamente íntima: tu bienestar, o la falta de él, depende por completo del campo cuántico. Parece una generalización. Si te sientes vibrante y vivo, puedes explicarlo de muchas maneras: tienes una autoestima sana; tu cuerpo está en forma y saludable; tus relaciones son amorosas y seguras. Las finanzas, el éxito en el trabajo e incluso el tiempo contribuyen a ello, pero estos elementos separados tienen la misma fuente: el campo cuántico. Y el cuerpo cuántico es tu parte de ese campo, aquella que llamas “yo” en cuerpo, mente y espíritu.
Aquí ofrecemos una perspectiva revolucionaria y en las páginas siguientes explicaremos con más detalle qué es en verdad el cuerpo cuántico y cómo convertirlo en una realidad cotidiana. Sin embargo, es urgente un nuevo modelo del cuerpo humano. El modelo existente se ha encontrado con muchos misterios sin resolver. Muy aparte de la lucha permanente contra la enfermedad y el envejecimiento, la simple mecánica del cuerpo es totalmente inexplicable. Consideremos algunos hechos básicos.
En este momento, tu cuerpo físico es como una fotografía que solo existe un instante antes de que todo lo que eres siga adelante, dejando atrás esa foto como una imagen desechada. Tu “yo” que ves en una fotografía ya no existe. Dentro de cada célula, mil procesos han cambiado en el tiempo que tardaste en leer esta frase. En el mismo instante, tu cerebro se disparó en patrones impredecibles entretejidos dentro de sus mil billones de conexiones. Miles de millones de moléculas de oxígeno entraron en tu torrente sanguíneo y miles de millones de moléculas de dióxido de carbono salieron de él. El simple hecho de que elimines 20 millones de células de la piel al día indica la naturaleza transitoria de la vida.
El modelo actual del cuerpo humano se ve desbordado por esta desconcertante complejidad. En todos los niveles —físico, mental, emocional y más allá—, el cambio constante sigue avanzando y 99.999% de este cambio se produce de forma automática. O te beneficias del cambio o te perjudica.
Este es el punto crucial del bienestar. Suceden tantas cosas de forma automática que tratar de impulsarlas en una dirección positiva parece imposible, como intentar recoger gota a gota el agua de un chubasco. Incluso con todos los avances médicos que giran en torno al genoma humano, el movimiento del bienestar sigue estancado en el viejo modelo. El bienestar de por vida se ha topado con serios obstáculos, entre ellos los siguientes:
- Por muy buena que sea tu dieta, no tienes ningún control sobre lo que sucede con los alimentos una vez que entran en tu tracto digestivo.
- Por muy positivos que sean tus pensamientos, no tienes ningún control sobre cómo interactúan con toda una vida de recuerdos almacenados, que son las reliquias de tus pensamientos pasados.
- Por muy perfecta que sea tu comprensión del cerebro humano, no puedes predecir el próximo deseo, anhelo, miedo, intuición o recuerdo. Una vez que surge cualquiera de estos impulsos, ya se ha desvanecido antes de que aparezca el siguiente.
Esto es apenas un esbozo de por qué hay que revolucionar nuestra visión del bienestar. Piensa en todo lo demás que la medicina moderna dice que no puedes controlar: tu respuesta inmunitaria, la actividad de tus genes, la capacidad de tus células para eliminar toxinas, los microorganismos que habitan en el interior de tu tracto digestivo. Cada una de estas áreas encierra una docena de misterios, pero el verdadero misterio es cómo logramos existir como seres humanos funcionales.
Ese es el misterio que este libro pretende resolver. La esencia de lo que eres, ese 99.999% fuera de tu control consciente, está totalmente bajo control en el nivel cuántico. Tu cuerpo cuántico contiene los interruptores maestros de todas las funciones de tu interior. Aquí es donde puedes encontrar tu verdadero yo. Tu verdadero yo abarca el cuerpo y la mente como un todo. No tiene una ubicación fija: ninguna región del cerebro crea el yo. Para ser tu verdadero yo es necesario que toda la corriente de la vida fluya a través de ti.
Así como el campo cuántico es infinito, también lo es tu cuerpo cuántico. Esto parece inconcebible si solo te identificas con tu cuerpo físico y sus muchas limitaciones, pero la verdad surge si cambias tu atención a la información. Todo lo que existe puede reducirse a información, como los ceros y unos digitales del sistema operativo de una computadora. Tu torrente sanguíneo transporta miles de millones de bits de información a cada célula, lo cual es impresionante pero no infinito.
Nos acercamos a lo infinito con el sistema inmunitario. Cuando un glóbulo blanco se topa con bacterias o virus invasores, lo que realmente sucede es que la información se enfrenta a la información. Si el glóbulo blanco detecta que la información genética del invasor coincide con una amenaza conocida, el invasor es destruido. El sistema inmunitario almacena el conocimiento de quién es amigo o enemigo, remontándose hasta su línea ancestral e incluso antes, hasta el surgimiento de los homínidos y la aparición de los mamíferos. En términos de información, una sola célula encapsula de forma invisible cada respuesta inmunitaria ocurrida durante millones de años.
La información es invisible, pero, al igual que la materia y la energía, no puede destruirse, solo distorsionarse. Si tienes alergia primaveral o al polen, tu sistema inmunitario está malinterpretando un polen completamente inocuo. “Soy inofensivo” se interpreta como “soy un peligro” y, basándose en un mensaje erróneo, la respuesta alérgica se dispara. Una serie de defensas (como la respuesta histamínica que desencadena la secreción nasal, los ojos rojos, la congestión y la falta de energía) te hace sufrir. La realidad es que estos síntomas físicos se basan en información invisible. Pero ¿dónde se torcieron las cosas?
Podemos responder a esta pregunta al saber solo una cosa: la información es perfecta a nivel cuántico. Antes de invadir tu cuerpo, una partícula de polvo o polen es un conjunto de sustancias químicas codificadas con información, ninguna de las cuales es nociva en sí misma, como tampoco lo son el hidrógeno y el oxígeno de una gota de agua.
La información inofensiva se distorsiona en algún punto del siguiente camino.
Cuerpo cuántico ➡ ? ➡ Cuerpo físico
El signo de interrogación representa un profundo misterio. De alguna manera, en algún lugar, la información que empieza siendo perfectamente inofensiva toma un rumbo equivocado. ¿Por qué? Por un fallo de inteligencia. La razón por la cual al sistema inmunitario se le suele llamar “cerebro flotante” es que cada glóbulo blanco contiene una enorme inteligencia. Sabe lo que tiene que hacer. Por lo tanto, si hace algo mal —que estornudes todo el día por alergia al polen o que un niño alérgico a los cacahuates sufra un choque anafiláctico potencialmente mortal—, se trata de un fallo de inteligencia. No hay diferencia entre que una célula inmunitaria confunda la identidad de una partícula de polvo y que tú confundas el rostro de alguien que conoces con la cara de un completo desconocido entre la multitud.
Tu cuerpo cuántico es el eje central de todos los procesos que requieren inteligencia, igual que una central eléctrica es el eje central de todo lo que requiere electricidad. La perspectiva de que la red eléctrica se caiga por un fallo técnico o un sabotaje es mucho más terrible que la perspectiva de que se queme un tostador o un foco. Del mismo modo, la perspectiva de que tu cuerpo cuántico te falle es mucho más grave que cualquier síntoma de enfermedad y envejecimiento.
Hemos llegado a las dos conclusiones más poderosas que impulsan este libro.
- El bienestar se debilita siempre que falla la inteligencia.
- El bienestar se refuerza cuando la inteligencia fluye con naturalidad.
Cuando desgranemos estas dos ideas en las páginas siguientes, podrás revolucionar tu estado de bienestar desde la fuente.
Por fortuna, tu cuerpo cuántico sabe cómo cuidar de ti y no puede perder ni un ápice de su inteligencia. La enfermedad y el envejecimiento surgen más adelante. Cuando alguien sucumbe a un infarto o a un cáncer, la inteligencia ha fallado en un sistema (el sistema cardiovascular, en el caso de un infarto) o en una sola célula (la célula maligna a partir de la cual se desarrolla el cáncer). En comparación, se trata de la fracción más pequeña de la inteligencia que mantiene vivas todas las células.
Ahora te enfrentas a una perspectiva emocionante. En lugar de estar ansioso por las células, tejidos, órganos y sistemas, que no están bajo tu control, puedes vivir desde la fuente donde todos los controles son supervisados por tu cuerpo cuántico. Ahí toda la información es perfecta, el flujo de inteligencia nunca se equivoca ni se distorsiona y las posibilidades creativas para el futuro son ilimitadas. Vivir desde tu fuente revela que el infinito es personal y está a tu alcance.
Vivir esta nueva realidad requiere un conjunto de habilidades que te enseñaremos a dominar. Borraremos el signo de interrogación que mantiene el cuerpo cuántico como un misterio. Por su propia naturaleza, el flujo de inteligencia debería ser ininterrumpido. Las distorsiones locales se pueden arreglar, pero esto solo es posible al nivel de las soluciones, no al nivel del problema.
Ten la seguridad de que todos los aspectos del bienestar están controlados por el cuerpo cuántico. Tu verdadero yo te espera ahí, guardando secretos más allá del alcance de la imaginación.
PRIMERA PARTE
Bienestar para toda la vida
CÓMO SE ESTANCÓ EL BIENESTAR
Todos vivimos una paradoja que debemos desentrañar. A nivel del cuerpo cuántico, la existencia es perfecta. Un flujo de inteligencia creativa lo organiza todo sin cometer errores. No hay envejecimiento, enfermedad ni muerte. El campo cuántico ondula con una energía vibrante que es inagotable. La paradoja surge cuando se desplaza la mirada al mundo cotidiano, plagado de imperfecciones. Todos envejecemos, enfermamos y morimos. El ADN que controla todos los procesos vitales comete errores. La gente vive con problemas para los que no encuentra soluciones creativas o inteligentes.
La solución a esta paradoja ha eludido al ser humano durante milenios, pero la conciencia sigue evolucionando y, conforme lo hace, han aparecido soluciones parciales. El bienestar implica soluciones creativas en más de una dimensión de la vida.
El bienestar físico existe si eres capaz de vivir una larga vida con buena salud.
El bienestar mental existe si mantienes un pensamiento claro y agudo.
El bienestar psicológico existe si eres feliz y uno de sus principales componentes es no padecer ansiedad ni depresión.
El bienestar espiritual existe si tu vida tiene un propósito y un significado más elevados.
Hay especialistas en todas estas áreas (médicos, psicoterapeutas, coaches de vida, ministros, sacerdotes y rabinos), y ninguno de ellos estudió física. La revolución cuántica no ha llegado al complejo tema del bienestar. Un físico tiene derecho a decir que ese no es su trabajo, pero la cuestión más importante es que no se ha establecido la conexión entre el campo cuántico y la vida cotidiana.
En el capítulo anterior hicimos la conexión a un nivel intelectual, ya que nuestro objetivo era deshacernos del signo de interrogación en un diagrama sencillo.
Cuerpo cuántico ➡ ? ➡ Cuerpo físico
Ahora ya sabes que la inteligencia creativa elimina el signo de interrogación. La conexión entre el cuerpo cuántico y el cuerpo físico es un flujo de inteligencia creativa que sustenta todo lo existente. Lo cuántico no habita un mundo microscópico apartado por completo de la vida c
