Vivir es un asunto urgente

Dr. Mario Alonso Puig

Fragmento

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Prólogo
¿Qué significa ser humano en la era de la IA?

Hoy muchas personas en nuestra sociedad miran con una mezcla de ilusión, respeto e incluso temor los grandes avances que están teniendo lugar en el campo de la Inteligencia Artificial Generativa. Conscientes en cierta medida de los cambios que se están produciendo y de los que sin duda vendrán, uno se pregunta: ¿qué significa ser humano en la era de la IA? Quisiera dar a los lectores una posible respuesta a esta pregunta que, de una u otra manera, nos interpela a todos.

Hace muchos siglos, el mundo occidental emprendió un viaje hacia fuera para intentar conocer y gobernar la realidad exterior. Sus avances son innegables, y muchos de ellos han traído un gran bienestar y un excepcional confort a nuestras vidas. Occidente ha aplicado el análisis para estudiar su entorno, ha fraccionado las cosas para reducir su complejidad y así poderlas estudiar mejor y, sin embargo, en el proceso se ha olvidado de algo esencial, y es que todo está conectado y forma parte de una singular e inmensa unidad.

A veces nos preguntamos exclusivamente por las consecuencias que va a tener la IA en nuestro trabajo, y quizá no tanto en las que va a tener en dimensiones más profundas de nuestra existencia.

Durante mucho tiempo, las mal llamadas «soft skills» fueron poco valoradas cuando se comparaban con competencias más científicas y técnicas y, por supuesto, salían perdiendo. Hoy, ante el desarrollo tecnológico tan extraordinario que estamos viviendo, lo que para mí siempre han sido «Human Skills», esto es «Habilidades Humanas», adquieren y adquirirán una relevancia cada vez mayor, ya que no es lo mismo lo fabricado, la máquina, que lo creado, el ser humano. Por eso, estas reflexiones solo pretenden inspirarnos para que cuidemos lo que siempre debería haberse cuidado si queremos que la ciencia y la técnica estén al servicio del ser humano, y no al revés.

Para mí hay algo que ninguna forma de tecnología tendrá por más inteligente que la declaremos. Me refiero a consciencia, sabiduría, capacidad de amar, de tener fe, y esperanza. La razón es sencilla y todos lo vamos a entender en cuanto caigamos en la cuenta de que consciencia, sabiduría, amor, fe y esperanza no emergen de la materia, aquello que es fabricado, sino del Alma, aquello que ha sido creado. Una máquina animada por IA puede tener una gran inteligencia, pero lo que nunca tendrá es esa alma, esa consciencia que nos permite trascender este mundo material que se encuentra encerrado en unas coordenadas de tiempo y espacio, y elevarse a ese otro mundo, el mundo del Espíritu, en el que uno descubre la conexión entre todo lo existente y también que la muerte no es el final de la vida, sino el comienzo de un nuevo tipo de vida. Por eso, en estas breves reflexiones quiero proponer cómo cuidar y alimentar eso que nos hace realmente humanos.

Seres humanos y máquinas podemos coexistir perfectamente si somos conscientes de lo que nos distingue y, por supuesto, de aquello que nos complementa. ¿Quién podría decir que una prótesis de brazo «inteligente» puede ir en contra del ser humano, si le permite hacer a quien perdió su brazo humano lo que de otra manera no podría llevar a cabo? De igual manera, la IA suplirá algunas de nuestras funciones, pero lo que nunca podrá es equipararse a lo que en realidad es un ser humano. Por eso exploremos ahora esas cinco dimensiones que son tan profundamente humanas.

Si hablamos de la consciencia, nos encontraremos con afamados científicos que consideran que la consciencia es solamente una propiedad emergente de la actividad neuronal. Sin embargo, hay otros científicos de la talla de David Bohm, Albert Einstein, Carl Gustav Jung o Wolfgang Pauli que consideran que esto no es así. Si utilizamos una analogía, los primeros consideran que de la radio (el cerebro) surge la música (consciencia), mientras que los segundos creen que esa misma radio (el cerebro) es necesaria para que podamos escuchar esa música (consciencia). Sin embargo, la radio (cerebro) por sí misma no es capaz de producir la música (consciencia).

La sabiduría es aquello que nos conecta con las Leyes del Universo y nos hermana con todo lo existente. Uno encuentra esa conexión en el silencio y en la contemplación. Es así como se abre esa puerta a un mundo cognoscible e inefable. Cognoscible porque podemos experimentarlo, e inefable porque no podemos describirlo con palabras. Los grandes pintores taoístas en China, sentados frente a una cascada o ante una formación rocosa, simplemente manteniéndose en un estado de contemplación, eran capaces de percibir el fondo de las cosas, aquello que nuestros sentidos externos tienen dificultad para captar. Por eso, dichas pinturas, a pesar de haber sido hechas en tonalidades grises, transmiten tal nivel de serenidad. Es como si a esos artistas sumergidos en un proceso de contemplación se les abrieran los ojos metafísicos, unos ojos que solamente se abren cuando se aquieta la mente y así la consciencia puede ver lo que se mantenía oculto. Por eso, en esta época de explosión de la IA, hemos de buscar momentos de quietud, silencio y contemplación. Esto es algo especialmente necesario en una época como la actual, en la que hay tanta distracción y mucha menos capacidad de prestar atención.

El amor es lo que da un profundo sentido a nuestras vidas, y por eso, cuando notamos que dicho amor falta en nuestra vida, o bien lo buscamos por doquier, o intentamos apagar el clamor de su ausencia con un poco más de distracción. No hay manera de vivir desde, por y para el amor si somos incapaces de trascender nuestros egos particulares y salir al encuentro del otro. Hoy sabemos que necesitamos el amor tanto como necesitamos respirar. Aquellos pequeños macacos a los que se los privó de amor en etapas tempranas de su vida se convirtieron en monos agresivos, torpes y enfermos. Hoy sabemos asimismo que el amor alarga los telómeros, esas estructuras en los extremos de los cromosomas que predicen nuestra expectativa de vida. También sabemos que el amor favorece el funcionamiento correcto del sistema inmune que nos protege frente a agentes dañinos. El amor estimula la liberación de oxitocina, un neurotransmisor capaz de reducir la actividad de los núcleos amigdalinos, que son unas estructuras cerebrales responsables en gran medida de nuestras reacciones de miedo y de ira. El amor también cura.

La fe es la certeza de que cuando uno cree firmemente en algo porque así lo decide, pasa del juego finito, de lo que resulta razonable y predecible, a ese Juego Infinito que hace que lo que parecía imposible se haga posible. Cuántas veces hemos podido ver a lo largo de nuestras vidas cómo la fe tiene el potencial para cambiarlo todo, hasta aquello que nuestra razón analítica dice que no se puede cambiar. Vivimos en una «Tierra de Milagros» y no nos hemos dado cuenta de ello. Vivimos en un mundo de infinitas posibilidades y no lo sabemos.

La esperanza es la otra cara de la Fe. La esperanza no consiste en esperar que suceda lo que yo quiero que suceda, sino que es abrirse a que algo nuevo con un extraordinario poder sanador, manifestador y transformador pueda nacer en nuestras vidas, como nace una preciosa flor en medio de un suelo pétreo o de una carretera asfaltada.

Vivir como humanos es más que nunca un asunto urgente. De la misma manera que quien ceda todas sus funciones cognitivas a la IA descubrirá al cabo de poco tiempo que las suyas se han atrofiado, quien deje de cuidar aquello que le hace humano acabará diciendo que la IA le robó su identidad, en lugar de reconocer que lo que no se cuida, se protege y se alimenta, antes o después desaparece.

Este libro nos va a hablar de nuestra humanidad a través de una serie de relatos y vivencias. Su objetivo es despertar en nosotros ese anhelo que nunca muere. Hablo de un anhelo, no de tener más, sino de vivir de acuerdo no a quienes creemos que somos, sino a quienes realmente somos. En estas páginas pondremos en evidencia muchas de nuestras luces y, también, algunas de nuestras sombras. Si hay dos situaciones en las que ambas se manifiestan con más claridad, es en las situaciones de estrés, y asimismo cuando surgen dificultades en la comunicación. Es en esos momentos, en los que nos vemos sometidos a una presión intensa y sostenida y aparecen los conflictos entre las personas, cuando sale lo mejor y lo peor que tenemos en nuestro interior. Por eso, si queremos comprender qué es lo que nos hace humanos, hemos de profundizar en las dimensiones cognitivas, afectivas, somáticas y espirituales, que son las que hacen que nos relacionemos con lo que nos pasa de la manera en la que lo hacemos. Ojalá la conclusión que saquen los lectores de Vivir es un asunto urgente es que la IA por supuesto suplirá muchas de nuestras funciones e incluso las mejorará; sin embargo, nunca nos convertirá a nosotros, los seres humanos, en algo prescindible, sino que seguiremos teniendo un extraordinario valor y la capacidad de decidir acerca de nuestro futuro.

DR. MARIO ALONSO PUIG

Madrid, julio de 2025

PRIMERA PARTE
El camino del héroe

«Sienta orgullo por hasta dónde ha llegado. Tenga fe en hasta dónde es capaz de llegar».

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Bienvenidos al mundo de la incertidumbre

Las personas nos solemos sentir más cómodas en cualquier entorno que podamos controlar y en el que podamos prever de antemano lo que vamos a encontrar. Algunos seres intrépidos, grandes exploradores fueron, sin embargo, un ejemplo de lo contrario y se atrevieron a poner sus pies en tierras nuevas y desconocidas. Su coraje abrió para el resto de nosotros entornos insospechados.

El mundo en el que hoy en día vivimos nos pide que también desarrollemos ese espíritu de aventura. Muchas veces la aventura no consiste en viajar a una selva o a un inmenso desierto, sino en atrevernos a explorar y a desarrollar nuestro verdadero potencial.

Joseph Campbell, el gran erudito del «camino del héroe», investigó a lo largo de su vida las grandes tradiciones y los mitos tanto de Oriente como de Occidente. En sus libros nos habla del proceso de transformación interior que se produce en el ser humano cuando al enfrentarse a sus miedos en un universo desconocido, empieza a descubrir en su interior unos recursos, fortalezas y posibilidades que jamás soñó poseer. Es como si más allá de la idea que tenemos de nosotros mismos existiera un gigante dormido que estuviera deseando despertar para mostrarnos todo lo que podemos lograr. La belleza del camino del héroe consiste en que uno aprende a verse a sí mismo desde una perspectiva completamente diferente y aprende a quererse y a valorarse de otra manera. En cierto modo nos vemos reflejados en un tipo de espejo completamente diferente y, por tanto, contemplamos otra realidad.

No existen recetas para avanzar por el camino del héroe, lo que sí existen son guías que nos pueden ayudar de una manera muy notable en nuestro propio despertar. Para poder comprender y utilizar esas orientaciones con la máxima eficiencia, precisamos conocer antes ciertos aspectos de la naturaleza humana y descubrir la forma en la que los seres vivos nos relacionamos con el mundo de la incertidumbre. Las guías han de ser sencillas, porque de lo contrario no se utilizarán a diario, y el empleo sostenido de estas será clave, porque nos va a permitir entrenarnos a fin de crecer y evolucionar.

Para poder desarrollar y ejercitar esas orientaciones necesitamos conocer en profundidad algunos aspectos de nuestra mente y de la manera en la que se comporta en ciertos entornos. Por todo ello, las páginas que siguen están enfocadas en este sentido.

Muchos de nosotros hemos experimentado en más de una ocasión que cuando el corazón late muy deprisa, nuestro cerebro no funciona bien. Entender con hondura la relación existente entre los p

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