Índice
- Río Bravo
- Agradecimientos
- Prólogo: Todo se transformó
- 1. Partidos por la frontera
- 2. Página en blanco
- 3. Cómo llegamos aquí: Estados Unidos
- 4. Octogenarios por la Casa Blanca
- 5. Un verano en el que todo cambió
- 6. Una elección histórica
- 7. Cómo llegamos aquí: México
- 8. La sombra sobre las campañas
- 9. Dos mujeres
- 10. Asuntos pendientes: narcotráfico
- 11. Migración
- 12. Armas
- 13. Democracia
- 14. Entrevista con Kamala Harris
- 15. La no entrevista con Donald Trump
- 16. Dos victorias apabullantes
- 17. Lo que viene
- 18. La frontera, el campo de batalla
- Epílogo: Una reflexión final
- Sobre este libro
- Sobre el autor
- Créditos
A Fernanda, Santiago, Isabela y Jerónimo.
Y a mis papás.
AGRADECIMIENTOS
Todo se lo debo a mi esposa y a mis tres hijos, que me entendieron y me apoyaron durante estos tres años de cubrir las precampañas, las campañas y el inicio de dos nuevas presidencias en los dos países, siempre a bordo de un avión. Y encima, después ponerme a escribir un libro sobre lo que había visto.
No hubiera podido hacer este libro sin el trabajo de los periodistas de Noticias Telemundo. Me apoyé en lo que reportamos todos los días para tratar de entender lo que pasa. Gracias a cada uno de ellos.
Gracias a mi editor, César Ramos, y a Jorge Zarza por ponerme en contacto con él. A Gemma García y a Luis Fernández por su confianza. Gracias a Mirta Ojito, por prestarme sus ojos para leer lo que escribí.
Gracias a las personas que me dieron su tiempo para hablar conmigo. Quienes toman decisiones importantes en México y Estados Unidos, y quienes se ven impactados por esas decisiones. Gracias por contestar a mis preguntas. Espero, de verdad, haber estado a la altura de su confianza y haber cubierto sus historias con justicia.
Gracias a mis papás, siempre.
Y gracias a este oficio, que nos da la suerte de convertirnos en testigos privilegiados de la historia.
PRÓLOGO
Todo se transformó
Cuando comencé este libro, Donald Trump y Claudia Sheinbaum todavía no eran presidentes. El mundo era otro. La elección de México en junio y de Estados Unidos en noviembre de 2024, sacudieron el panorama político, mediático y cultural. Y también la relación bilateral entre los dos países.
Ahora, escribo estas líneas con Sheinbaum en Palacio Nacional y Trump como presidente electo, apenas unos días después de su triunfo histórico en las urnas y a unas semanas de que regrese a la Casa Blanca. Estados Unidos está al borde de una transformación que definirá los años que vienen y el mundo se encuentra sumido en un esfuerzo por comprender lo que se avecina.
Peronnel is policy, solía ser una frase famosa del gobierno de Ronald Raegan en los años 80. Dime de quién te rodeas y te diré lo que harás en tu gobierno. En la lista de Trump: Robert F. Kennedy Jr., excandidato presidencial independiente, quien se ha manifestado en contra de las vacunas, es el nominado para el Departamento de Salud. Pete Hegseth, un presentador de Fox News que sirvió en el ejército, pero no tiene experiencia en seguridad nacional, y que enfrenta acusaciones de acoso sexual y abuso del alcohol, para el Departamento de Defensa. La gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem, con posiciones duras a favor de la seguridad fronteriza, para el Departamento de Seguridad Nacional y Marco Rubio, un halcón con los ojos puestos en América Latina, para el Departamento de Estado. Como embajador de Estados Unidos en México, Ron Johnson; un ex oficial de la CIA y ex miembro de fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos, experto en inteligencia y seguridad. Una elección que confirma que México para Trump es, sobre todo, una preocupación de seguridad nacional.
El senado de Estados Unidos debe confirmarlos para que puedan asumir el cargo. ¿Pasarán la prueba? Imposible saberlo hoy. Pero hay otras posiciones que no necesitan la aprobación de los legisladores. Tom Homan, quien fue director de ICE en el primer gobierno de Trump, ahora como Zar de la Frontera, por ejemplo. O Stephen Miller como jefe adjunto de Gabinete y asesor de Seguridad Interna. Los dos, encargados de diseñar y ejecutar la política migratoria del nuevo gobierno. Homan y Miller fueron los arquitectos de las medidas de Tolerancia Cero de la primera administración de Trump, que incluían la separación de familias. Desde julio de 2017, el primer gobierno de Trump puso en marcha esta medida con la que la patrulla fronteriza separaba a niños de sus padres en la frontera. En total, de acuerdo con una investigación posterior, más de 5,000 familias fueron separadas cuando entraron a Estados Unidos y hoy todavía hay unos 70 niños que no han podido reunirse con sus padres.
Ahora Homan y Miller son los encargados de poner en marcha las deportaciones masivas de Trump.
El hombre más rico del mundo, Elon Musk, se ha convertido en una de las figuras más influyentes en el entorno de Donald Trump. En 2024 pasó de ser un donante a miembro de alto perfil en la campaña republicana, además de asesor cercano al oído del presidente. La noche de la elección, estuvo junto a la familia Trump en la residencia de Mar a Lago, Florida. Y hay reportes de que se unió a la primera llamada telefónica con el presidente de Ucrania. En la semana posterior a la victoria electoral, Trump le dio la tarea de encabezar un nuevo departamento enfocado en hacer más eficiente al gobierno. Este es un rol que pone a Musk en una posición para contratar y despedir empleados federales y reestructurar por completo la administración en Washington. Pero está claro que su influencia puede llegar mucho más lejos.
Musk ya tiene contratos por más de 300 mil millones de dólares con numerosas agencias del gobierno, como la NASA y el Departamento de Defensa. Y mantiene una guerra con reguladores federales que han iniciado más de 20 investigaciones a sus empresas, una de ellas a Tesla por el software de sus autos y otra a Space X por la contaminación del agua en una planta en Texas. “Es justo asumir que Musk intentará eliminar esas investigaciones y buscará formas para que sus compañías operen con mayor libertad en el futuro”, publicó el periódico The New York Times.
Trump y Musk están de acuerdo en algunos temas (como inmigración). Y están en desacuerdo en otros (como el cambio climático y el uso de vehículos eléctricos). Pero el hecho es que la persona más rica del mundo unió fuerzas con el líder político más poderoso del planeta, a quien ayudó a llegar al poder, y esto ha creado una alianza sin precedentes en Estados Unidos.
Estamos en territorio desconocido. El sitio de internet Axios describió el contexto después de 2024 así: “el futuro de la información y la política nunca volverán a ser lo mismo”. Y enlistó los cambios más importantes: la red social X desplazó a Fox News como la plataforma más relevante para el movimiento republicano; los medios de comunicación convencionales quedaron debilitados y profundamente fragmentados; Elon Musk y otros magnates emergieron como fuerzas públicas en la política estadounidense; los debates sobre el comercio y la inmigración se movieron decididamente en una dirección más conservadora; demócratas y republicanos coinciden en que China es la amenaza más importante para occidente, y los votantes hispanos son ya el grupo de electores más potente y de más rápido crecimiento en Estados Unidos.
La transformación es profunda y tiene consecuencias en la geopolítica, en la forma en que nos informamos todos los días, en la manera en que se generan más negocios y nuevas oportunidades, y en la forma en que se tomarán decisiones desde el gobierno. Debajo del simple resultado de la elección de 2024 hubo un terremoto. Pero ¿qué implican estos ajustes para la relación entre México y Estados Unidos?
Más personas votaron por Donald Trump que por Kamala Harris. La diferencia fue de poco más de 2,600,000 votos. Trump es el primer republicano que gana el voto popular desde 2004. Pero la distancia fue mínima, menos de 2%. Estados Unidos es un país dividido por la mitad y ninguno de los dos partidos tiene garantizada una clara mayoría en el futuro. Significa que, si antes se creía que los demócratas eran el partido de la clase trabajadora, ahora tanto demócratas como republicanos lucharán por esos votantes para ganar elecciones que se decidirán por márgenes muy estrechos. Y eso explica las posiciones en cuanto a comercio y migración.
“Los dos partidos están luchando por el alma de los trabajadores en Estados Unidos,” me dijo la exembajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena. Son los votantes que más han padecido la inflación y el alto costo de vida en los últimos años. Muchos de ellos ven una amenaza en las personas que vienen de fuera porque creen que pueden ocupar sus puestos de trabajo y porque el gobierno usa recursos en atender a los recién llegados. Y muchos de ellos quieren ver a más empresas generando empleo en Estados Unidos.
Por eso en la contienda electoral era difícil encontrar diferencias entre Kamala Harris y Donald Trump en temas como China y la frontera. Si bien Harris no habló de deportaciones masivas como Trump, sí propuso restringir la entrada de personas a Estados Unidos. Y su administración, con Biden, mantuvo los aranceles que Trump había impuesto en su primer gobierno sobre los productos chinos. El ánimo de Estados Unidos se mueve en esa dirección.
En más de una forma, México está vinculado a todo esto: la mayor población de inmigrantes sin documentos en Estados Unidos es mexicana, y China es el segundo socio comercial de México, después de Estados Unidos. Más aún, los votantes de origen mexicano forman parte del grupo de votantes hispanos que cobran cada vez más fuerza y que en el futuro podrán decidir el resultado de cualquier elección.
Cuando estas líneas se publiquen, Trump estará en los primeros 100 días de su gobierno, cuando la agenda y el tono quedan definidos, y Sheinbaum habrá llevado los primeros meses en el poder. Los comienzos suelen ser difíciles. Los dos gobiernos apenas arrancan en sus respectivos países y, a la vez, buscan una nueva relación entre ellos. Con la velocidad y la volatilidad con la que se han dado los últimos cambios, quién sabe dónde estaremos parados entonces. Pero la intención de este libro no es hacer predicciones sobre lo que va a ocurrir, sino tratar de entender qué nos trajo hasta aquí en un momento en el que, tanto Estados Unidos como México, inician un nuevo gobierno; cuáles son los asuntos pendientes entre los dos países y cómo el ánimo nacional de los dos lados del Río Bravo puede definir nuestro futuro compartido.
1. PARTIDOS POR LA FRONTERA
Hubo un tiempo en el que la frontera no existía. Hubo otro en el que estaba más al norte, con el Río Nueces. Y ya se sabe que lo que ahora es Nuevo México, Utah, Nevada, Arizona, California, Colorado y Texas, pasó de México a Estados Unidos por la firma de un tratado que dejó una cicatriz en la región. Lo que yo no sabía, es que hay lugares en los que el ojo engaña y parece que la frontera todavía no existe.
La primera vez que fui a la frontera trabajaba como reportero en el canal local de Telemundo en Los Ángeles. Manejamos tres horas por la autopista 5 en el tráfico del sur de California. Íbamos a entrevistar a la activista Elvira Arellano, una madre mexicana que se convirtió en símbolo de los derechos de las personas migrantes sin documentos en Estados Unidos. Su nombre ganó fama internacional cuando en 2006 se refugió en una iglesia de Chicago, en un esfuerzo por evitar que la deportaran lejos de su hijo. En 2007 finalmente la expulsaron, pero en marzo de 2014 se presentó otra vez en la garita de Otay Mesa, en California. Nosotros queríamos hablar con ella antes de que se entregara. Su historia y su fuerza me impresionaron. Llegamos así a Playas de Tijuana, la esquina más occidental de México, y ahí también me impresionó ver cómo la valla de metal oxidado que define la frontera, atraviesa autoritaria a Tijuana y San Diego, dos ciudades que podrían ser una misma. Pero, cuando llega al océano, el muro se hunde y desaparece en las olas. Es como si el mar se lo tragara. Sobre el agua, a la frontera no le queda más que ser imaginaria.
Eso explica que, de acuerdo con datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, en las costas de California los incidentes de tráfico humano por mar hayan aumentado 10 veces en los últimos ocho años. En Noticias Telemundo hemos presentado videos de lanchas que cruzan la frontera invisible en el agua, llegan a toda velocidad a la playa y de ahí brotan decenas de migrantes que saltan en una carrera despavorida por sus sueños ya en suelo estadounidense.
Lo mismo sucede en algunas regiones inhóspitas del desierto de Nuevo México: no hay cerca de láminas o barrotes oxidados que dividan a México de Estados Unidos. Con un solo paso es posible hacer un viaje internacional sin darnos cuenta. Incluso se puede estar en los dos países al mismo tiempo, con un pie de cada lado.
Igual que en el Valle del Río Grande, Texas. Aquí el muro se levanta alto e imponente. Pero hace un par de años me llevaron a un punto digno de fotografía en el que, de pronto y de golpe, el muro termina. De repente hay muro y de repente ya no. Unos kilómetros adelante la valla aparece otra vez, pero en medio queda el vacío: un hueco gigante en nuestra frontera. Cosas extrañas entre vecinos.
En otras zonas, como Eagle Pass y Piedras Negras, en cambio, el gobierno de Texas recientemente se ha dado a la tarea de que no haya ni un centímetro abierto. Kilómetros de alambres de púas se extienden en espiral a un costado del río, como en una zona de guerra, para evitar el paso de migrantes. Detrás de ellos, elementos de la Guardia Nacional y agentes de la Patrulla Fronteriza, preparados para lo que algunos han llamado “una invasión”. ¿Funciona este despliegue de fuerza y seguridad en la frontera? Depende a quién se le pregunte. El gobernador Gregg Abbott asegura que es la única forma de evitar más cruces irregulares, aunque abundan las imágenes de personas que atraviesan el río y cuando llegan al otro lado se retuercen como pueden entre los alambres, algunos con bebés en brazos, para conseguir entrar a Estados Unidos y entregarse a las autoridades.
En mayo de 2023, una tormenta de polvo azotó el oeste de Texas y un grupo de migrantes la enfrentó de pie, clavados en el suelo del desierto, envueltos en una nube de arena, en la fila para entrar al otro lado. Hombres, familias, mujeres y niños que resistieron el filo del sol y el golpe del viento por horas. Desde el lado mexicano los vi: eran cientos de ellos a las puertas de Estados Unidos. Querían pedir asilo. Uno a uno, la Patrulla Fronteriza les abría paso y del otro lado del muro se los llevaba en camiones para procesar sus casos. Ellos no lo sabían, pero casi todos iban a ser deportados.
—La necesidad tiene cara de perro —me dijo Víctor, un migrante venezolano que conocí todavía en Ciudad Juárez. Era uno de los que quería cruzar a El Paso—. Ver a los hijos de uno pedir comida y que uno no tenga, es lo peor. Uno tiene que escapar de esa miseria.
Víctor había caminado por meses desde Caracas con su esposa y sus dos hijos, de 5 y de 3 años. Cruzó la selva del Darién, avanzó por México y en Ciudad Juárez durante días esperó sin un techo, sin ropa limpia, sin comida y sin agua. El sueño americano sale caro. Y eso es lo que tiene la frontera: el costo de la esperanza se exhibe con crudeza.
La frontera se extiende por más de 3 mil kilómetros, es la décima más grande del mundo, pero quizá la más activa y la más volátil. Esta línea que nos divide, tan porosa y tan compleja, tan burda, tan hostil y tan dolorosa, está en el centro de la relación entre México y Estados Unidos. Es el choque entre dos fuerzas opuestas. El fallecido editor del periódico Los Angeles Times, Frank del Olmo, escribió alguna vez que la frontera es el encuentro entre dos grandes culturas: la tradición angloamericana de Estados Unidos y Canadá, al norte, y la tradición ibérico-india de América Latina, al sur. Y quienes viven en esa región (no solo geográfica, también emocional), entre los dos países, son el puente entre las dos culturas y los dos idiomas.
Cuando mi hijo mayor tenía cinco años me preguntó: “Papá, ¿yo soy de México o de Estados Unidos?” Le dije que de los dos. Pero, aún todo este tiempo después, todavía no sé bien cómo se vive eso de pertenecer a ambos países. Hay muchos que sí lo saben y comparten la experiencia de
