Índice
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Índice
¡Importante!
Bienvenida
1/ADOLESCENCIA
¿Qué le está pasando?
¿Por qué no entienden?
¿Se adelantó la pubertad?
Adolescencia, pubertad, tweens, adolescencia expandida y otros milagritos
Los adolescentes en la actualidad
Me da pavor esta etapa
¿Cómo piensan los adolescentes?
Tipos de adolescentes
Recordando tu adolescencia
2/COMUNICACIÓN
¿Cómo ser papá hoy?
¿Soy buena(o) mamá / papá?
No tengo idea de cómo comunicarme con mis hijos
Qué no hacer
Cómo saber más de ellos
Diez puntos básicos para que un adolescente hable
Hablar con ellos y ayudarlos, (¿se puede todo junto?)
3/¡¡REBELDE CON CAUSA, SIN CAUSA Y TE VALE!!
La rebeldía al cien
Mamá detective
Mi adolescente cambia de ánimo como de calcetines (de hecho, cambia más de ánimo)
SOS: se pelea todo el día con sus hermanos
Los amigos (las buenas y las malas influencias)
Ya no puedo con ellos, ¡¡¡no sé cómo controlarme!!!
¿Mamá / papá amigo?
La llave mágica: amor, firmeza, amor, confianza, amor y amor
Los valores
Líneas de ayuda
4/LÌMITES, REGLAS Y CONSECUENCIAS
Los límites
¿Cómo pongo reglas?
¿Cómo pongo límites y hablo de las consecuencias?
¿Funcionan los premios y los castigos?
Los tres niveles de faltas de los adolescentes y ¿qué hacer? ¿Qué es normal y qué no?
Límites de emergencia
¡¡¡Cuando llegue tu papá vas a ver!!!
5/SEXO
Cómo, cuándo y dónde lo asesoro sobre sexo
La sexualidad de los jóvenes de hoy
¿Cómo hablar con tus hijos de sexo?
Abstinencia, virginidad
Mi hijo / hija es gay
Miedos y mitos
Líneas de ayuda
6/ALCOHOL Y DROGAS
Un tema delicadísimo
Prevención
Límites
Precauciones para el alcohol y otras drogas
Intervención
Líneas de ayuda
7/INTERNET, CELULARES , REDES SOCIALES Y LA ESCUELA
En plena era de las comunicaciones, ¿o incomunicaciones con los padres?
Límites tecnológicos
¿Cómo proteger a tus hijos de internet y el texteo en los celulares?
La escuela y las malas (o pésimas) calificaciones
¿Qué hacer?
Expectativas, consecuencias… y recompensas
8/DIVORCIO Y SEPARACIÓN
La dura realidad de la separación (y sus derivados)
¿Qué siente el adolescente en el momento de la separación?
Los errores que cometemos los padres solteros con los hijos
La adolescencia de mis hijos: la peor época de mi matrimonio
Madrastras y padrastros
Líneas de ayuda
9/NECESITO AYUDA: DEPRESIÓN Y SUICIDIO
Depresión
Bulimia, anorexia y algo más
Suicidio
Líneas de ayuda
Conclusión
Agradecimientos
Dedicatoria
Bibliografía
Créditos
Grupo Santillana

“Yordi, me quiero suicidar…”. Así me dijo Alejandro, un chavo que se me acercó después de un programa de televisión que estábamos grabando. Me quedé congelado. Yo, que no puedo dejar de hablar, no supe qué decirle. Después de como cuatro segundos de silencio (que se me hicieron como cuatro horas), me preguntó “¿qué hago?”. No sabía. Empecé a decirle miles de cosas, a hacerme bolas yo solito, a repetir lo mismo veinte veces y a aconsejarle que no lo hiciera, pero me di cuenta de que no entendía lo que él estaba sintiendo y que, por lo mismo, él tampoco entendía lo que yo trataba de explicarle. Le pedí su teléfono y me lo apuntó en un papelito. Me fui preocupadísimo porque no podía dejar de pensar en lo que podría hacerse.
Llegué a mi casa y empecé a buscar en varios libros el tema del suicidio. No había mucho, así que le marqué a un psicólogo que conozco muy bien, me explicó algo, pero me pidió que le marcara a otro doctor que era experto en ese tema. Le llamé y hablamos como cuarenta minutos. Me platicó de la situación que llevaba a un chavo a llegar a un momento así y de cómo se veía a sí mismo, me recomendó dos libros sobre el tema, y me dio unos teléfonos de una línea de ayuda a la que marqué. Ahí me explicaron qué decirle y cómo animarlo para que él marcara. Sentí que ya tenía la información mínima para decirle qué hacer, así que le marqué por teléfono.
Estaba ocupado. Marqué por mucho tiempo y seguía igual. Esa noche casi no pude dormir pensando en él. Al otro día en la mañana fui a la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo a comprar los libros, los empecé a hojear mientras seguía marcando y marcando por teléfono, pero llamaba y no contestaban. Continué leyendo lo más que podía, y me empecé a poner muy ansioso con el teléfono, me preocupaba que lo hubiera hecho.
Después de marcar como veinte veces más, cuando estaba a punto de volver a colgar contestaron…. Era una voz de señora. No conocía a ningún Alejandro. El número estaba equivocado. Quizá se puso nervioso y escribió mal su número de teléfono.
Yo sentí horrible, no podía dejar de pensar si estaba bien o no. Me enojé conmigo por no haber hecho todo más rápido, por no haber verificado el teléfono, por no haber sabido qué decirle. Pensé en cómo localizarlo, pero no había forma. Hasta la fecha pienso en él y me pregunto si estará bien.
Como un año después de eso, no sé si fue coincidencia, destino, casualidad (o como dicen en los exámenes de opción múltiple “ninguna de las tres anteriores”), me invitaron a dar una plática para adolescentes. Después de lo que había vivido con Alejandro no lo dudé ni un segundo: investigué y preparé unos temas. Tengo que aceptar que me costó trabajo subirme a dar la plática, pero les costó mucho más trabajo bajarme.
Usé la imagen que tenía en la televisión, las bromas, mi programa de radio, en fin, ahora si que aproveché todo lo aprovechable para poder conectarme con los chavos, y una vez que estábamos en la misma sintonía, les daba información importantísima sobre todos esos temas que los pueden meter en problemas muy serios. Me encantó hacerlo. Hoy llevo catorce años dando conferencias para adolescentes y he escrito tres libros sobre estos temas.
Es común que cuando acabo una plática, tengo una fila de chavos que quieren platicar conmigo en privado para contarme sus problemas (a veces, la mayor privacidad a la que llegamos es alejarnos cuarenta centímetros de los demás). Ellos me dicen “esto es algo que jamás le platicaría a mis papás”. Los problemas van desde situaciones sencillas hasta algunas muy, muy serias. Yo busco ayudarlos, darles información, escucharlos, referirlos con un especialista si el caso lo amerita y, principalmente, intentar que mejoren la relación con sus papás.
De unos años para acá, muchos adultos empezaron a ir a las conferencias y algunas veces también se acercaban a preguntar sobre sus hijos (era muy chistoso, las mamás no querían que sus hijos oyeran nada y ellos estaban rondándonos como moscos en la noche cuando apagas la luz, para ver si se enteraban de algo). El asunto es que en cada conferencia había dos o tres mamás que querían platicar, y cada vez se fueron sumando más. Un día no lo podía creer, había más papás que chavos, que querían platicar. Pero si eso me había sorprendido, no sabía lo que venía.
Los papás no sólo estaban muy preocupados y sin pistas de qué hacer. De hecho, estaban más asustados que sus propios hijos. Un día, una mamá se soltó a llorar y me dijo: “No puedo más, estoy cansada, ya no sé qué hacer. Ya lo he castigado con todo, Yordi, y no encuentro la manera. No sólo no me respeta, sino que se burla de mí en mi cara, y yo sólo busco que esté bien.”
Me quedé impresionado de verla llorar y me cayó el veinte de que la mamá estaba llorando aún más que una niña que había pasado unos minutos antes, que me platicó que su novio le pegaba. Jamás se me va a olvidar, porque en la cara de la mamá vi miedo. Un adulto con miedo es algo fuertísimo, porque no estamos acostumbrados a verlo. Un adulto con miedo es alguien completamente vulnerable.
Empecé a ver a más papás y muchos estaban preocupados, desesperados, enojados, y siempre con las preguntas:
• ¿Qué hago?
• ¿Cómo resuelvo esto?
• ¿Es para siempre?
Ahí me di cuenta de que urgía un libro que hablara de todos estos temas. Que los papás necesitábamos una herramienta que nos ayudara a saber qué estaba pasando en cada caso y cómo enfrentarlo. Un libro que tuviera una respuesta para cada uno de los “¿qué hago?”
Desde ese día que vi a la señora llorar, pensé en este libro, y decidí buscar y hablar con los expertos más preparados sobre varios temas para que me explicaran cada una de las situaciones más difíciles por las que pasan los papás. Pensé que sería buenísimo tener un manual prácticamente de “primeros auxilios para padres de adolescentes” y que, por más trabajo que tuviera y por más tiempo que tuviera que dedicarle lo iba a hacer.
Cinco años después aquí está. Este libro es el resultado de los consejos de todos esos expertos, de las entrevistas con más de 250 padres de adolescentes que me hicieron el favor de regalarme su tiempo (y sus problemas), de una amplia bibliografía y de lo que he podido aprender de los adolescentes en estos catorce años que he tenido la oportunidad de trabajar con ellos.
Después de todo esto siento que no sólo tengo dos hijos, sino que he sido papá de más de cuatrocientos adolescentes en los últimos años de mi vida (afortunadamente no he tenido que mantenerlos). Lo que más quiero de este libro es aprender de cada uno de los que me han ayudado, además de RECORDARTE que la adolescencia de nuestros hijos puede ser una etapa INCREÍBLE (si entendemos lo que ellos están viviendo), y, especialmente, ayudarte a encontrar una respuesta a cada una de esas preguntas de las que no tenemos ni la más mínima idea de cómo contestar.
En fin, muchas gracias por tu confianza y recuerda que atrás de cada comentario de este libro hay mucha gente que trabaja todos los días con adolescentes. Y por favor, no te preocupes, aunque haya momentos en que no veas lo duro sino lo tupido con la adolescencia de tus hijos… esto va a pasar. Te pido, te sugiero, bueno, te imploro que te tatúes en la cabeza que esto es sólo una etapa y que si sientes perdidos a tus hijos sepas que SÍ los vas a recuperar. Y te digo algo de todo corazón: estoy seguro de que ese día no sólo vas a estar contento de haber pasado con éxito esta etapa, a la distancia vas a extrañar la adolescencia de tus hijos.
Mucha suerte y ánimo, ¡¡¡todo va a salir bien!!!
Con mucho cariño,
Yordi
