Introducción
Cuando el hombre vivía en un estado primitivo, lo único que percibía era su realidad inmediata: Lo veo, por lo tanto existe. Comida, agua, albergue, calor, peligro, carencia, procreación, estos eran los elementos de su existencia y la protección de su territorio era lo primordial.
En los tiempos modernos la vida es bastante diferente, experimentamos niveles sin precedentes de seguridad y confort y hemos logrado generar una abundancia de comida, energía, tratamientos médicos, tecnología y otros recursos.
Frente a semejante innovación y desarrollo, ¿por qué es que la humanidad sigue experimentando carencia, segregación, desconfianza y crueldad? ¿Por qué seguimos aferrados a la mentalidad cavernícola?
Aunque hemos evolucionado como raza a través del tiempo, la humanidad aún no ha descubierto su capacidad de evolucionar emocionalmente, de elevarse por encima de sus miedos y llegar a experimentar unidad.
La humanidad todavía no ha reconocido que para cada necesidad hay una solución. Nuestra capacidad de inventar y crear se ha volcado tanto hacia la protección y la separación, que apenas hemos rasguñado la superficie del inmenso potencial que tenemos para proveer a nuestra extensa familia humana, yendo más allá de la percepción limitada de nuestras propias necesidades, deseos y posesiones.
Si tenemos la capacidad de unirnos en la abundancia, ¿por qué elegimos la separación, el miedo y la carencia? Todo depende de nuestro enfoque. Como especie, nos hemos acostumbrado, generación tras generación, a enfocarnos en aquello que nos separa; sobre todo, en nuestras diferencias, en la desconfianza y el miedo. Pero dentro de cada uno de nosotros yace una experiencia que es plena, dichosa, confiada y generosa. Es lo que nos hace humanos y es lo que une a la humanidad más allá de sus diferencias aparentes. Diversas tradiciones alrededor del mundo han reconocido esa experiencia con diferentes nombres y diferentes interpretaciones. Los hindúes la llaman Brahman, los budistas tienen su Nirvana, los cabalistas lo llaman Ein Sof y los sufíes simplemente el “hu”; en las tradiciones cristianas es conocida como la paz que va más allá del entendimiento. Hasta la física cuántica está reconociendo cada vez más el campo subyacente de conciencia que forma la base de toda materia. No es el nombre ni la tradición lo que tiene importancia, sino la experiencia en sí. Yo la llamo amor-conciencia, ¿cómo la llamas tú?
Para que la humanidad se una como una familia global, logrando así superar las atrocidades de la guerra y compartir los regalos de nuestro hermoso planeta, debemos aprender a reconocer aquello que nos une, en lugar de exacerbar lo que nos diferencia.
El propósito de este libro es explorar cómo lograr este cambio de percepción y, luego, a través de la observación del efecto dominó que este cambio produce, descubrir los beneficios que se verán traducidos en las diferentes áreas de la sociedad.
¿Qué es un ciudadano global?
En el 2013 fui invitada por el empresario indio Dr. B. K. Modi a una cumbre de líderes religiosos en la India. Durante el encuentro, anunció la creación del Global Citizen Forum (Foro del Ciudadano Global), una iniciativa diseñada para unir líderes de diferentes áreas para ir más allá de sus diferencias y trabajar en conjunto hacia una meta compartida. Al asumir el puesto de delegada del foro para Latinoamérica, empecé a ponderar lo que significa ser un ciudadano global. De ahí nace este libro.
El concepto de la ciudadanía global no es nuevo, existe hace siglos. En realidad es mucho más natural que las líneas artificiales que trazamos a través de los continentes.
Vivimos en un mundo que parece estar compuesto por diferentes naciones, con divisiones culturales, lingüísticas, raciales, económicas e ideológicas; sin embargo, hay un nivel más profundo de ser que trasciende estas diferencias aparentes y ve lo esencial que todos compartimos: nuestra humanidad. ¿Cuáles son los valores intrínsecos del ser humano, que nos unen más allá de nuestras diferencias en la superficie? Ser un ciudadano global significa celebrar esos valores por encima de todos los demás, cultivarlos dentro de nosotros e inspirarlos en nuestros pares. Ser un ciudadano global significa también poner nuestra hermandad primero y nuestra nacionalidad, religión y personalidad en segundo lugar. Estos atributos no tienen por qué desaparecer por completo, pero al tornarse en algo secundario, la necesidad de defender y proteger nuestras diferencias, de demostrar nuestra propia superioridad por encima de los demás o de excluir al mundo por miedo de perder lo que tenemos, comienza a desaparecer.
¿Cuáles son los valores intrínsecos del ser humano, que nos unen más allá de nuestras diferencias en la superficie? Ser un ciudadano global significa celebrar esos valores por encima de todos los demás, cultivarlos dentro de nosotros e inspirarlos en nuestros pares.
Cambiando el mundo desde
adentro hacia fuera
Un mundo pacífico está compuesto por ciudadanos globales; cualquier individuo que esté enfocado en nutrir aquello que nos une a todos está contribuyendo de manera activa al fomento de una cultura de paz. Cuando hallamos paz en el alma, irradiamos paz a todo nuestro entorno. Los que entran en contacto con nosotros serán tocados por nuestra paz, aunque no estén conscientes de ello. De hecho, no hay manera más concreta de contribuir al final de los conflictos, el odio, la carencia y la desigualdad en nuestro mundo que tomar responsabilidad por nuestro propio ambiente interno, lo que yo llamo el “aspecto interior”.
Cualquier individuo que esté enfocado en nutrir aquello que nos une a todos está contribuyendo de manera activa al fomento de una cultura de paz.
En este mundo de tantos extremos y matices, a menudo es más fácil perdernos en nuestras disparidades que enfocarnos en las cosas que tenemos en común. Pero nuestra diversidad sólo se percibe en la superficie, debajo de todo, nuestra esencia brilla como un solo ser.
Este libro explicará cómo cada uno de nosotros, al nutrir nuestro aspecto interior, puede traer más compasión, empatía y solidaridad al mundo. Nos llevará a un viaje hacia las profundidades del ser, y luego mostrará cómo nuestra propia paz interior se desborda hacia la sociedad.
La primera parte del libro, El cambio comienza en casa, se refiere a nuestro hogar interior y nuestras relaciones personales, pues es ahí donde debe iniciarse la transformación global. La segunda parte, Transformando la educación, examina el área de la sociedad que considero más necesitada de reformas, ya que si pudiéramos enseñar a los niños a nutrir su aspecto interior, inculcando en ellos los valores del amor propio y la compasión, estaríamos invirtiendo en la futura paz y armonía de la humanidad. La tercera parte, Ondas expansivas: Las repercusiones de la paz interior en el mundo, explora cómo nuestro cambio interior se manifiesta en el resto del mundo, en las áreas de la ciencia, los negocios, el cuidado ambiental, la religión, los medios de comunicación, la tecnología y la política.

Capítulo 1
Lo primero es lo primero: Los fundamentos
de la transformación interior
Cuando miramos al mundo, vemos muchas cosas que están “mal”, los conflictos, la desigualdad, el hambre, la crueldad, la violencia, la corrupción, el fanatismo y el calentamiento global. Cambiamos de gobierno, derribamos dictadores y establecemos nuevas leyes, pero los problemas parecen seguir igual. Esto se debe a que el buscar cambio exterior equivale a regar las hojas de un árbol deshidratado: si no nos ocupamos de la raíz del problema, nunca lograremos cambios reales. Estos asuntos son agravados por una cultura construida con una perspectiva individualista de miras estrechas, donde lo mío debe ser protegido del mundo grande y peligroso. Un ciudadano global, al nutrir el sentimiento de conexión que surge al identificarse con aquello que une, naturalmente trasciende estos comportamientos egoístas y se pone al servicio de su mundo.
Así que el primer paso para convertirte en ciudadano global es desarrollar una conexión más profunda contigo mismo. Si no te conoces a ti mismo, ¿cómo puedes encarar los “problemas” del mundo? Sólo a través del lente de las opiniones e ideas de terceros, personas que a su vez no se conocen a sí mismas, pues si se conocieran, de entrada no hubieran buscado inculcar sus opiniones en otros.
En este primer capítulo, exploraremos varias actitudes que, si las cultivamos, nos ayudarán a movernos hacia una percepción más global de nosotros mismos y del mundo.
El primer paso para convertirte en ciudadano global es desarrollar una conexión más profunda contigo mismo.
Reconoce que puedes estar equivocado
¿Alguna vez has estado discutiendo con un amigo, pariente o pareja, para de pronto darte cuenta de que ni te acuerdas por qué razón empezaron a pelear? A menudo nuestras discusiones surgen no de una diferencia de opinión fundamental, sino simplemente de nuestra necesidad de sentirnos validados o importantes al conseguir que el otro acepte nuestro punto de vista. Esta necesidad de tener la razón es sumamente perjudicial cuando toma precedente sobre la necesidad de ver qué es lo mejor dentro de una situación dada. Nos lleva a pelearnos con aquellos que más amamos, y en el lugar de trabajo, también puede ser altamente dañina para la moral del equipo y el sentido de colaboración. Si alguna vez tuviste un jefe que no fuese capaz de escuchar un buen consejo, simplemente porque vino de un subordinado, entonces sabes cómo esa actitud contribuye a un ambiente de trabajo desmotivado y carente de inspiración. La necesidad de tener la razón es quizás más aparente en la política moderna que en cualquier otro ámbito, pues la defensa rígida de las posiciones de los partidos, a menudo conduce a los políticos a odiar a sus oponentes, lo cual no fomenta en absoluto el manejo cohesivo y armonioso de un país.
Los adolescentes a menudo adoptan esa actitud como una manera de rebelarse contra la autoridad de sus padres. Sin importar qué recomendación les den sus padres, ni cuán práctica o útil pueda llegar a ser para ellos, suelen rechazarla automáticamente. Este comportamiento es una manera de explorar nuestro propio poder e individualidad, pero si nos impide recibir la sabiduría que nuestro mundo tiene para ofrecernos, entonces no es muy productivo. Recuerdo a mi madre insistiendo en que yo aprendiera francés y la vehemencia con la cual yo me resistía. Viendo en retrospectiva, me hubiera servido muchísimo en mi vida hacerle caso, y mi dificultad para aprender otras lenguas seguramente sería menor si hubiese desarrollado la habilidad a edad temprana. De la misma manera, cuando empecé a escribir canciones a los treinta y tantos, lamenté amargamente el haberme resistido a asistir a las clases de violín, que mi madre deseaba tanto que yo tomara.
Para poder superar la necesidad de tener la razón, cuestiona tus ideas. Las ideas y las opiniones yacen en el reino del intelecto, desde una perspectiva limitada de la vida. En el estado unificador del ser —o el amor-conciencia— las cosas se perciben sin juicio ni opinión. La perspectiva universal no sostiene ninguna posición rígida, abraza todo tal cual es.
Para poder superar la necesidad de tener la razón, cuestiona tus ideas.
No estoy sugiriendo que todas tus ideas estén “equivocadas”, sino simplemente que la incuestionable convicción de que sean correctas no es una manera saludable de relacionarte con tu mundo, ya que eso genera fanatismo, facciones y una actitud engreída y despectiva.
Cuestiona tus ideas con la claridad de que si algo es una verdad universal, resistirá la prueba de tus cuestionamientos. Solamente aquello que es falso, basado en prejuicios y opiniones adoptadas de otros, se derrumbará. Y si es falso y tú en realidad eres un buscador de la verdad, la honestidad y la justicia, entonces estarás dispuesto a cambiar tu percepción de las cosas sin importar cuán intensamente hayas luchado para defenderlas en tu pasado. Es por eso que Mahatma Gandhi, al cancelar una marcha que había convocado a miles de manifestantes pacíficos, muchos de los cuales habían viajado grandes distancias, respondió a su desilusión diciendo “estoy casado con la verdad, no con la consistencia”. El buscador de la verdad no teme admitir que su percepción previa estaba equivocada, al contrario, lo hace con gusto, ya que al reconocerla como limitada, sabe que encontrar errores en su punto de vista es una señal de progreso.
Descubre lo que yace más allá del pensamiento
El Corán dice que Alá está más cerca de nosotros que nuestra vena yugular.1 Un estado de plenitud, dicha absoluta y liberación del deseo está ciertamente más cerca de nosotros de lo que pudiéramos imaginar. Al salir corriendo en los pensamientos tras sueños y deseos, perdemos de vista la única cosa que puede satisfacer el anhelo constante de la mente humana: experimentar el ser, nuestra esencia pura, más allá del pensamiento. La realización del ser humano comienza y termina dentro de nosotros mismos. Sólo puede ocurrir aquí y ahora, ya que mientras sigas entretenido con sueños a futuro o con arrepentimientos del pasado, continuarás alimentando el problema; seguirás distrayéndote en las fantasías de tu mente, alejando la mirada de tu ser, el cual es la fuente de toda la vida y toda la dicha.
El conocerte a ti mismo profunda e íntimamente te aporta una visión más clara de los demás.
Vuelve a ti, aunque te parezca aburrido el sólo estar presente contigo mismo, vuelve. Deja de abandonarte en el entretenimiento sensorial. Haz que la conciencia de ti mismo sea más importante que lo que está ocurriendo en tu entorno. El hacerlo no significa evitar los placeres o demandas del mundo material; puedes escucharte a ti mismo sin importar dónde te encuentres, qué estés haciendo o con quien estés. Simplemente significa no perderte a ti mismo en el hacer.
De hecho, cuando logras permanecer anclado en ti mismo en medio de la actividad, tu capacidad de disfrutar de las cosas que amas en tu mundo se verá incrementada infinitamente, ya que estarás verdaderamente presente, con todo tu ser volcado a las maravillas que la vida te trae en cada momento. El establecerte en el nivel del ser trae consigo la liberación del miedo, la autoaceptación, una confianza absoluta y la capacidad de abrazar lo que es; de vivir plenamente, sin preocupaciones, distracciones e inseguridades.
Hay muchas técnicas para trascender la mente y todas son valiosas, pero a la hora de elegir una, la simplicidad es una buena regla general. Al intelecto le fascina la complejidad y a menudo le atraen las teorías detalladas, las tradiciones místicas y la interpretación de textos difíciles. Pero el amor yace mas allá del entendimiento, y frecuentemente, el aspecto más útil del estudio de lo divino es que nos lleva a dar vueltas y vueltas en círculo hasta que tiramos la toalla y finalmente nos damos por vencidos. Es ahí cuando el verdadero viaje puede empezar, el viaje desde la cabeza al corazón.
El Sistema Isha, que he desarrollado como herramienta para expandir la experiencia directa de nuestro ser interno, está enfocado en la simplicidad y diseñado para aprender a sostener estados profundos
