INTRODUCCIÓN

La quiromancia es una de las más antiguas artes esotéricas. Las personas se han fascinado con las manos desde el comienzo de los tiempos. Hay impresiones de palmas en las partes más profundas de las cuevas de Santander, en España, que muestran lo importante que eran las manos para la gente en la Edad de Piedra.
El momento más importante de la evolución humana ocurrió cuando el hombre empezó a tener una postura erguida. Esto significaba que las manos, que hasta entonces habían sido usadas como pies delanteros, ahora podían emplearse para otros propósitos. De hecho, se convirtieron en una extensión de la mente humana. Se ocupó más espacio en el cerebro para las diferentes actividades de nuestras manos que para cualquier otro órgano del cuerpo. Es fascinante ver cómo los bebés recién nacidos interactúan con el mundo usando las manos. Incluso algo tan simple como tocar debe ser aprendido.
El cerebro envía mensajes a las manos, dándoles instrucciones para que desarrollen un número de tareas complejas, muchas de las cuales han tenido que ser aprendidas en principio, pero se vuelven automáticas tan pronto como son dominadas. Escribir con un lapicero es un buen ejemplo de esto. Las manos también envían información al cerebro. Si alguna vez ha tocado algo caliente, sabrá exactamente lo rápido que es transmitida la información al cerebro. En algún momento la gente se dio cuenta de que cada mano era diferente, y de este descubrimiento surgió la quiromancia. El hecho de que no hay dos manos iguales debe haber intrigado a los primitivos. Una explicación de esto puede ser encontrada en la Biblia: “Selló la mano de todo hombre, para que los hombres todos reconozcan su obra” (Job 37:7).1
El hombre primitivo también pudo hacer uso práctico de esta información. La impresión del pulgar y las huellas dactilares se utilizaban en lugar de firmas. En China hay numerosos ejemplos de papeles importantes que han sido “firmados” con la impresión del pulgar del emperador.
Hace 2 600 años, Aristóteles escribió un libro sobre quiromancia para Alejandro Magno, y nada en ese libro es cuestionado por un quiromántico moderno. Por consiguiente, los principios básicos de la quiromancia existen desde hace mucho tiempo.
La quiromancia ha tenido una historia muy variada. En algunas épocas ha sido venerada, mientras en otros periodos fue considerada obra del demonio. Desafortunadamente, diferentes supersticiones fueron adicionadas a la quiromancia a lo largo de los años, y éstas hicieron que muchas personas desacreditaran el tema sin evaluarlo a profundidad.
La quiromancia fue tratada por primera vez de manera científica en Francia durante el siglo XIX. Fue Adolphe Desbarrolles quien realizó investigaciones acerca de la quiromancia con la intención de refutarla. Sin embargo, sus estudios lo convencieron de la validez del asunto y finalmente escribió un monumental libro de acerca de este tema.2
En la misma época, un oficial retirado del ejército llamado Casimir Stanislas d’Arpentigny, descubrió algo extraordinario. Se había hecho amigo de una pareja que solía hacer fiestas regularmente. Encontró que la mayoría de los invitados en las reuniones organizadas por el esposo tenían manos cortas y embotadas. En cambio, los invitados que iban a las veladas de la esposa tenían manos proporcionadas, delgadas y con dedos largos.
D’Arpentigny empezó a estudiar la quiromancia y desarrolló un sistema de clasificación de manos que es usado por muchos quirománticos actualmente. También escribió un libro sobre el tema.3
En 1900, el norteamericano William Benham publicó su monumental libro The Laws of Scientific Handreading. En este trabajo, el autor explica cómo leer las palmas de las manos científicamente. Hasta entonces existía la idea de que se debía ser psíquico para leer la mano. Sin embargo a partir de esta época un mayor número de personas ha seguido los pasos de Benham. Los psicólogos se interesaron en qué tan precisa era la quiromancia para revelar el carácter, y muchos libros se han escrito desde una perspectiva psicológica. El primero de ellos fue publicado en 1848 por el doctor Carl Gustav Carus, quien era el médico personal del rey de Sajonia. En su libro, Die Symbolik der Menschlichen Gestalt und Ueber Grund und Bedeutung der Verschiedenen Formen der Hand
