Introducción
En 1918 tuvo lugar la brutal epidemia de la llamada “influenza española”, que ni fue influenza ni fue española, y que dejó un reguero de muertos, casi tantos como 100 millones de seres humanos. Un siglo después, los científicos e historiadores aún no se ponen de acuerdo sobre el origen de la enfermedad: si ocurrió en las trincheras del frente francés, en el centro de los Estados Unidos (entre tipos que se acuestan con sus primas y tocan el banjo) o China donde... ¡bueno!, donde cualquier cosa puede pasar. Los científicos de nuestro país, encabezados por el Doctor en Ciencias Cotorras, Guillermo Guerrero, han propuesto el origen mexicano de la pandemia en la llegada de una paca de ropa de segundo cachete en la colonia "Gertrudis Sánchez".
Durante dos años, ya que el brote, el rebrote y sus rebrotitos, terminaron hasta 1920, la enfermedad puso a prueba a la sociedad de su tiempo que se enfrentaba a algo nunca antes vivido. Reaccionaron de formas que van desde las más heroicas a las más pendejas, pasando por todos los matices. Por ejemplo, los médicos de ese momento recomendaban tener las ventanas de las habitaciones abiertas de par en par para evitar la permanencia del virus en el ambiente. Muchos no les hicieron caso. Lo mismo italoamericanos en Nueva York o rusos en Odessa, mantuvieron las ventanas totalmente cerradas convencidos de que los "espíritus" o las "miasmas del aire corrompido" eran los causantes de la enfermedad.
Las Coronanews habían nacido. El tiempo pasó y como especie se nos olvidó la pandemia. Cuando llegaron las primeras noticias del covid-19, coronavirus o el SARS-CoV-2 ya estábamos, como sociedad, echados a perder en materia de enfermedades mortíferas y apocalípticas por las películas de Hollywood. Contagio, Soy Leyenda, Epidemia o Guerra Mundial Z, nos hicieron creer que los gringos siempre tienen un as bajo la manga. Algún personaje como Will Smith, Brad Pitt o hasta Dustin Hoffman, con todo y su nariz alcanzaqueso, salen de una profunda crisis social, ambiental y hasta personal con una cura mágica hecha en un laboratorio. Otras películas apocalípticas nos enseñaron que siempre hay que tener a la mano un rifle, ropa de cuero con picos y trajes industriales.
Pero la realidad ha sido completamente diferente: en vez de eso, la gente se pelea por un bote de desinfectante, se echa cloro en los zapatos, vende a su madre por un “Lysol” y el artículo más deseado es el papel de baño. Cambiamos la ropa de cuero por chanclas viejas, nuestras cómodas babuchas y poder trabajar desde casa. Las telecomunicaciones, que en las películas son de uso exclusivo militar, se usan para subir videos de Tik Tok haciendo imitaciones de comediantes y cantar canciones de Timbiriche. No hay un Tom Cruise que nos salve: en vez de eso, nos mandaron a Trump que hasta recomendó hacer vacunas de Pinol. Los abuelitos se guardaron en su casa para ver películas de Pedro Infante y los políticos se pelean por convencernos de que todo va relativamente bien, hasta que empieza a ir todo completamente mal.
Éste es un recuento de noticias de todo el mundo acerca del comportamiento más curioso, extraño e involuntariamente humorístico de la pandemia que nos azota… todo verídico. De he
