Malvinas. Una guerra argentina

Federico Lorenz

Fragmento

Prólogo a esta edición definitiva

PRÓLOGO A ESTA EDICIÓN DEFINITIVA

Hace más de quince años, la primera edición de este libro se proponía ofrecer una versión integral de la guerra y la posguerra de Malvinas destinada a un público masivo. Buscaba ponerse por encima de algunas discusiones apoyada en la más reciente bibliografía, testimonios publicados e inéditos, y, en suma, intervenir en la discusión sobre el pasado reciente haciendo foco en un tema al que los historiadores dedicados a ese período aún no le prestaban mucha atención.

El panorama hoy es diferente. Hay más investigadores dedicados a estudiar el “tema Malvinas”, aunque en general siguen abocados a algunos aspectos relativos a las memorias del conflicto y a su impacto cultural. Se ha ampliado el campo a las experiencias civiles, y a la participación de las mujeres en la guerra. Por supuesto, desde 2009 han aparecido decenas de nuevos libros testimoniales, documentales, recopilaciones de fuentes e iniciativas públicas de conmemoración y divulgación, siendo la más notoria de ellas la creación del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur en 2014.

No obstante, al revisar las páginas que siguen, encuentro con gran satisfacción que mantienen su vigencia. Quien quiera tener un panorama del conflicto bélico del Atlántico Sur desde el punto de vista de las modernas aproximaciones a la historia de la guerra, quedará satisfecho.

Ahora bien, así como encontramos diferencias, también aparecen alarmantes retrocesos. En primer lugar, el libro tuvo una gran difusión en el sistema educativo y universitario, en tanto no había un texto actualizado que cubriera los distintos aspectos de la guerra. La demanda que tuvo y las diversas formas en las que circuló dan cuenta de que hace menos de veinte años las políticas públicas activas en el espacio educativo y de la investigación generaban una masa crítica demandante de materiales para formarse y discutir. Hoy, el panorama es el opuesto: asistimos a agresivas políticas de desguace tanto de la educación pública como del sistema científico nacional.

Desde el punto de vista de la aproximación crítica al pasado, sucede algo parecido: la memoria, la verdad y la justicia, pilares de la democracia argentina desde 1983, están bajo ataque como pocas veces. En ese sentido, Malvinas, una causa nacional que produjo una guerra, se presta a las políticas de olvido, en tanto la justicia del reclamo, para muchos actores, se coloca por encima de las circunstancias de la guerra. Por acción u omisión, quienes ven la guerra y sus consecuencias de esa manera despolitizan la discusión, llevándola al terreno intangible de lo sagrado.

Yo no lo veo así. No se puede escindir la guerra de su contexto. Las Fuerzas Armadas que combatieron en Malvinas son las mismas que reprimieron a su propio pueblo, a cuyos hijos enviaron a combatir en pésimas condiciones. Qué haremos con eso dirá mucho acerca de qué tipo de sociedad queremos ser. En todo caso, escribí Malvinas. Una guerra argentina desde la total certeza de que no deseo que mi país se parezca, bajo ninguna circunstancia, al que fue a la guerra en 1982.

FEDERICO LORENZ, Ramos Mejía, 2026

Mapa de las Islas Malvinas. Representa la Isla Gran Malvina al oeste y la Isla Soledad al este, detallando accidentes costeros, ríos y asentamientos rurales. Incluye nombres clave como Puerto Argentino, el Estrecho de San Carlos y diversos montes con sus alturas, además de una escala gráfica en kilómetros, principales ciudades, puntos de elevación hidrografía y zonas de asentamientos.

INTRODUCCIÓN

El 3 de enero de 1833 se produjo un hecho destinado a tener profundas consecuencias en la historia política y cultural argentina. Ese día, una nave de guerra británica, la Clío, expulsó a las autoridades rioplatenses de las Islas Malvinas, iniciando un proceso de ocupación sólo interrumpido fugazmente entre abril y junio de 1982, cuando tropas argentinas volvieron a izar la bandera celeste y blanca en la capital del archipiélago. Sucesivos gobiernos argentinos han reclamado ininterrumpidamente la restitución a la soberanía argentina de las Islas Malvinas. La cuestión diplomática es, pues, de larga data, y éste es uno de los elementos centrales para comprender el profundo peso que el archipiélago austral tiene en la historia argentina.

Sin embargo, ésta no es una historia de la disputa diplomática por la soberanía de las islas, sino una aproximación a la guerra librada entre la Argentina y Gran Bretaña entre abril y junio de 1982, que tiene su origen remoto en el hecho de fuerza ilegal producido por los británicos. No se encontrarán aquí más que las referencias imprescindibles al contexto diplomático, pues el objeto de esta obra es ofrecer un panorama de conjunto sobre la experiencia social de la única guerra librada por la República Argentina durante el siglo XX, en el marco de la peor dictadura militar de su historia, contra la segunda potencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en el contexto de la Guerra Fría, en un período de un gran aislamiento internacional.

Este libro quiere, más que nada, ofrecer elementos para pensar qué marcas deja una guerra en la vida de las personas, hayan combatido en ella o no.

Durante muchos años, he dedicado mis esfuerzos como historiador a estudiar la guerra de Malvinas, y siempre me llamaron la atención una serie de cuestiones que parecen intrínsecamente asociadas a su historia. Por oposición a la densidad explicativa que están ganando los estudios sobre el pasado reciente argentino, en particular el período de la dictadura militar, la guerra del Atlántico Sur ha quedado anclada en una serie de simplificaciones —que tienen parte de verdad y que por supuesto funcionan como tales, como todas las imágenes sociales— construidas con fuerza en la inmediata posguerra durante la década del ochenta.

Si la sociedad civil y el Estado han asumido en forma creciente —con altibajos e imperfecciones— determinadas deudas con el pasado, no puede decirse lo mismo en relación con la guerra de Malvinas. En primer lugar, allí, siempre a la mano, está el discurso patriótico escolar para borrar las discusiones políticas sobre una guerra a caballo de esas convicciones. Un sentido común construido durante décadas en torno a una “causa nacional” compartido tanto por muchos de los que fueron a las islas, como por muchos de los que acompañaron la aventura desde el Continente, lo que creo un contexto en el que fue muy difícil oponerse a ella. Una causa nacional (sagrada) que produjo muertos en su defensa (santos laicos) no permite el disenso.

En el otro extremo, está la reducción de la guerra a un hecho absurdo en el que murieron jóvenes inmaduros víctimas de sus superiores, y que por ende no merece mayor explicación. Cualquiera que desee descomponer analíticamente ambos cuadros, se encontrará en un lugar bastante incómodo, que tiene por extremos calificaciones dispares. Para algunos, explicar que los isleños vivieron la presencia argentina como una ocupación significa ser “escritor a sueldo de los británicos” o “terrorista histórico”. Para otros, señalar que muchos exsoldados valoran positivamente su experiencia militar en las islas, nos transforma en “reivindicadores de la dictadura”. Acaso sea ésta una buena ocasión para aclarar que ni la corona británica me paga sueldo, ni recibo estipendio alguno por parte de los procesistas.

Pero lo cierto es que, de un extremo al otro, Malvinas aparece como un tema histórico que, o tiene dueños exclusivos, que vomitan del coto nacional a los tibios (y es todo lo inexpugnable que no fueron las islas en 1982), o es un barco con una tripulación progresista y democrática que lo dejó al garete hace tiempo, sólo para ver que, como si fuera el buque fantasma del holandés errante, reaparece de entre la bruma cada tanto para recordarnos nuestros temores (y nuestras deudas).

El lugar común de ambas posiciones es que en ellas campean una intolerancia peligrosa y simplificaciones que tienen su origen en un arco de posibilidades que van desde la pereza intelectual, pasando por una ignorancia muchas veces ramplona (hija de la primera), para llegar a la mala fe. Ignorancia que suele anclarse, por una parte, en la imposibilidad o nula vocación de entender a la República Argentina como una realidad amplia y diversa, y que en ella se desarrollaron, en consecuencia, experienci

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