Hatchimals. Un mundo mágico

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Fragmento

Índice
  • Cubierta
  • Portada
  • Dedicatorias
  • Antes de empezar
  • Introducción
  • 1. Dos veces al borde
    • Segunda liga
    • La definición escandalosa
    • ¡Siete a cero!
    • Un siglo más tarde
    • Transpirar en junio
    • Al borde del infarto
    • Keko
    • El desenlace
  • 2. Un equipo con Ángel
    • Cambio de paradigma
    • La racha maldita
    • El ángel de la guarda
    • La previa de la gloria
    • La puesta a punto
    • El aluvión
    • La punta
    • La prueba de fuego
    • Primero hay que saber sufrir
    • Un vacío imposible de llenar
    • La locura
    • El nacional
    • Tomar la Bombonera
    • Derecho a la clasificación
    • La rueda final
    • El frío plato de la venganza
    • ¡Bicampeones!
  • 3. Sportivo ganar siempre
    • Il Commendatore
    • Un equipo nuevo
    • Cambio de hábito
    • La hora de la verdad
    • Una mitad a medias
    • Una rueda en el subibaja
    • Un equipo bipolar
    • Clasificado
    • La transformación
    • Primero vos, después en tu casa...
    • La hora de la verdad
    • ¡Poné los arcos!
    • Barreros y campeones
    • Epílogo
  • 4. El torneo que hizo historia
    • Los candidatos
    • A rodar la bola
    • Fútbol sin vuelo
    • Un sueño de barrilete
    • Primera rueda premonitoria
    • Monumentalazo
    • River holgado, Boca apretado
    • A todo o nada
    • Juego de grandes
    • Lo pedís, lo tenés
  • 5. Un grito de golen la oscuridad
    • El Cilindro
    • Un mundo en Avellaneda
    • Peligro de derrumbe
    • Don Arturo
    • La previa
    • Duelo de estilos
    • Ahora sí: a jugar
    • La atajada cumbre
    • Balance de media final
    • Tiempo de definiciones
    • Una bomba de estruendo
    • Epílogo
  • 6. Sí, el después importa
    • El delirio de un barrio-país
    • Uno por uno
    • El gol fantasma
  • 7. Caída y resurrección de un ídolo
    • La caída
    • El intento
    • Volver a empezar
  • 8. Libres pero violentos
    • La estructura de los estadios actuales
    • Nacimiento, desarrollo e influencia de las barras bravas
    • La “cultura del aguante”
    • Hinchas de la hinchada
    • El origen de la debacle
    • Epílogo
    • Bibliografía, fuentes y documentación
      • Libros y artículos
      • Páginas web
      • Diarios
      • Revistas
      • Créditos fotográficos
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Legal

Estévez, Diego

La final. - 1a ed. - Buenos Aires : Aguilar, 2015

EBook.

ISBN 978-987-735-097-5

1. Investigación periodística. I. Título

CDD 070.4

Edición en formato digital: julio de 2015

© 2015, Penguin Random House Grupo Editorial

Humberto I 555, Buenos Aires.

© Diego Ariel Estévez, 2015

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin permiso previo por escrito de la editorial.

ISBN 978-987-735-097-5

Conversión a formato digital: Libresque

www.megustaleer.com.ar

ANTES DE EMPEZAR

La noche del sábado 22 de noviembre de 2014 fui gentilmente invitado por la gente de Racing, junto al colega Roberto Guidotti, a entregar una plaqueta a los presidentes de la Academia y de River Plate, representantes de las instituciones que protagonizan el clásico entre “grandes” más antiguo del fútbol argentino. Tras la ceremonia, tuvimos la posibilidad de ver, en vivo y en directo y a centímetros de distancia, el ingreso de los dos equipos al campo de juego. El espectáculo fue colosal: sin rubores, confieso que me temblaron las piernas. Dentro de esa caldera, cincuenta mil personastodas de Racingenloquecidas, con gritos, banderas y bengalas, hicieron que el Cilindro de Avellaneda se pareciera a un auténtico circo romano. Fue entonces cuando tomé conciencia de lo que debe de haber sido ese mismo escenario el 22 de diciembre de 1976, colmado por noventa mil personas repartidas entre dos hinchadas, pero no dos parcialidades cualesquiera, sino la de Boca y la de River. Y no en un clásico cualquiera sino en la única final a un solo partido que se ha producido hasta ahora. Si me quedaba alguna duda sobre el acierto de escribir sobre ella, en ese instante desapareció.

Luego de casi dos años de trabajo arduo, éste es el resultado. Y así como es una gran satisfacción contemplar la tarea terminada, es imprescindible expresar un gran agradecimiento a las personas que ayudaron a lograrla. El más especial y sentido es para Ezequiel Fernández Moores, por la confianza infinita, la buena onda permanente y el impulso continuo. Pero tampoco quiero olvidarme de Andrés Burgo, Gustavo Farías, Javier Roimiser, Víctor Hugo Kurhy, Arturo Andrés Ithurralde, Horacio Pagani, José Luis Barrio, Roberto Alfredo Perfumo, Rubén José Suñé, Victorio Nicolás Cocco, Sergio Brignardello, Guillermo Schoua, Oscar Rubén Barnade, Patricio Nogueira, Alejandro Fabbri, Mario Nicasio Zanabria, Eduardo Aliverti, Miguel Ángel Bertolotto, Raúl Hugo Ramírez, Edgardo Imas, Patricio Minig y Gustavo Grabia, por su buena predisposición y sus valiosos testimonios y aportes. Sin ellos, este libro no habría sido posible.

Diego Ariel Estévez

Es como si todos —absolutamente todos— entraran en un solo cuerpo y compartieran sensaciones. Pero sensaciones de las buenas, de las fuertes. Sensaciones casi únicas...

Podríamos empezar por la mente de esos millones de hinchas que desde el domingo anterior vienen soportando una contradicción lacerante: quieren enfrentar al eterno rival, pero en realidad... no quieren. Porque “no hay nada más lindo que ganarles una final, pero si la perdemos, ¿dé qué nos disfrazamos?”.

“Si hubiera ganado Huracán estaríamos un poco tensos, pero no mordiéndonos los codos como ahora. Y encima hay que aguantar hasta el miércoles...”, decían los de River. “Si hubiera ganado Talleres no tendríamos que bancarnos estos tres días de nervios terminales. Es inhumano...”, decían los de Boca.

El toque poco profundo del Globo había sucumbido ante esa estocada rápida y filosa del “Heber” Mastrángelo, en cancha de Independiente. Y la tan talentosa como inocente armada cordobesa había sido hundida por ese cabezazo demoledor de Daniel Passarella, en la Bombonera. Talleres y Huracán, pese a su mejor fútbol, no habían podido evitar lo inevitable: Boca y River eran finalistas. Las cartas estaban definitivamente echadas. No había vuelta atrás.

Y si la mente de los hinchas se revolvía en semejante turbulencia emocional, qué decir de la de los jugadores... Tres días de encierro, entrenamientos livianos, especulaciones tácticas, recuperación de lesionados... Con el cerebro completamente alborotado por la incertidumbre, mientras la boca trataba de tapar las dudas con palabras, a veces más forzadas que sinceras:

“Para esta época se siente mucho más el esfuerzo porque llevamos muchos partidos encima. Contra Boca hay que dejar la vida...” (Robeto Perfumo).

“Boca anda derecho, y creo que repetimos lo del Metropolitano” (Francisco Sá).

“Labruna ya puede contar conmigo para la final con Boca. Ésa no me la quiero perder. Además de ser un partido aparte, esta vez nos jugamos el campeonato” (Juan José López).

“La macana es para mí, que no voy a poder estar en la final. ¡Justo en ésta!” (Jorge Benítez).

“Estoy con unas ganas locas de jugar. Ya te dije que soy un maldito. Tengo tanta fe que me siento capaz de atajar a Boca yo solo...” (Ubaldo Fillol).

“Hay una saturación bárbara. No aguantamos más. Partidos los domingos, los miércoles, concentraciones... No tenés descanso... Menos

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