Introducción

Todo el mundo conoce esta sensación: llegar a casa y darte cuenta de que no recuerdas nada del viaje. Has vuelto perfectamente con el piloto automático puesto, mientras, al mismo tiempo, estabas inmerso en una especie de sueño diurno o trance. Es como si hubieses estado en una película imaginaria que sucedía en otro lugar.
Las investigaciones sugieren que los seres humanos pasamos la mitad de nuestras horas de vigilia en esos espacios «ausentes». Más extraño aún es que esas mismas investigaciones nos muestran que somos más felices cuando estamos presentes que cuando estamos ausentes, independientemente de lo que nos diga nuestra mente de lo poco que nos gusta la tarea que nos ocupa en ese momento.
¿La mitad de nuestras horas de vigilia? ¡Eso es la mitad de nuestra vida! Imagínate que vas al médico y te dice que tu estado actual ha reducido tu esperanza de vida a la mitad. ¿Y lo que te preocupa es la cantidad de sal que tomas en las comidas?
A lo largo de nuestra vida, resulta interesante ver con qué frecuencia la gente nos recuerda que asistamos a una reunión, o a un evento, o que no deberíamos perdernos una película o dejar de leer un libro. Esto ha sucedido siempre: recordatorios para que vayamos al colegio, al trabajo, a la iglesia, a las bodas de los amigos... Y, sin embargo, nadie nos recuerda que debemos estar presentes en nuestra propia vida.
No importa demasiado no asistir a la boda de un amigo, pero ¿no asistir a nuestra propia vida? ¿Y ser menos feliz en el proceso? Para una especie, en principio, tan inteligente como la nuestra, esta es una situación un poco extraña. Quizá no resulte tan sorprendente que el planeta Tierra esté hecho un desastre si caemos en la cuenta de que siete mil millones de personas están yendo por ahí con el piloto automático la mitad del tiempo.
¿Realmente podemos dudar de que las cosas vayan mejor cuando estamos presentes? Siempre resulta de gran ayuda estar presente, ya sea peleando para que nos salga a devolver el impuesto sobre la renta o paseando con un amigo.
Tienes que preguntarte de qué va todo esto. Parece como si estuviésemos funcionando con una versión de hardware/software que fue diseñada para un tipo de mundo, mientras estamos tratando de vivir en otro. Quizá solo se trate de esto. Hemos estado viviendo en los árboles millones de años. Olvídate de la cantidad de sal que tomas en las comidas. ¡Durante casi todo ese tiempo fuimos felices, simplemente evitando convertirnos en el desayuno de cualquier animal salvaje! Y, además, solo nos preocupaba cazar las mejores piezas para nuestras comidas. Ahora, la única caza en la que estamos empeñados es en rascar aquí o allá tratando de pagar la tarjeta de crédito.
De modo que los siete mil millones de sonámbulos a tiempo parcial que somos nos seguimos complicando la vida a nosotros mismos y a los demás, así como al planeta. Y como estamos medio dormidos, ni siquiera nos damos cuenta de lo que está sucediendo; olvídate de la posibilidad de disfrutarlo.
Al final, alguien tuvo que darse cuenta. Y cuando la gente se fijó en esta circunstancia, fue para descubrir que en eso consiste la meditación: estar presente y despierto.
Para el ser humano contemporáneo, posmoderno, es natural. Tiene más interés en su calidad de vida que en la cantidad de cosas que posee. Está más abierto a lo femenino, a la paciencia, y contempla los valores patriarcales como algo primitivo. Por contra, le interesa menos la autoridad externa, bien sea la religión o la ciencia, y en cambio indaga en su interior sobre qué es lo correcto. Quiere adecuar su vida a él mismo; no es un borrego fabricado en serie en busca de un pastor. Para este tipo de personas la vida en sí misma es un arte, no un medio para quién sabe qué.
Luego los académicos se dieron cuenta. Las mejores universidades estadounidenses cuentan con departamentos que están descubriendo que los meditadores envejecen más despacio, padecen menos estrés, están más sanos, son más considerados con los demás, son mejores líderes, más creativos, más productivos... Y por encima de todo, han descubierto que el cerebro es un órgano que tiene plasticidad. Es como un ordenador, que cambia dependiendo de cómo lo uses. ¡Solo depende de ti!
Más tarde, los empresarios se dieron cuenta. ¿Has dicho más productividad? Si estás pagando a alguien por trabajar, y se pasa la mitad del día soñando, seguro que te choca. Y ¿qué pasa con mi propia productividad? ¿No sería lógico estar presente en lo que estoy haciendo? Y ¿has mencionado el estrés y la salud? Dos tercios de las consultas médicas están relacionadas con molestias asociadas al estrés. Y luego todas las bajas laborales... Esto supone una cifra nada modesta de trescientos mil millones de dólares. Sin mencionar siquiera el sufrimiento de la gente.
O dicho de otro modo: ¿no sería bueno para ellos, para la empresa y para la comunidad, en general, una mano de obra implicada, entusiasta y saludable? No resulta sorprendente que en todas partes las empresas se estén moviendo en esa dirección: una cuarta parte de las compañías estadounidenses en este momento están ofreciendo algún tipo de programa para la reducción del estrés. Están comenzando a darse cuenta de que a las empresas con empleados que no están bien, a ellas tampoco les va bien.
Por eso, te importe o no tu propia situación, la de tus vecinos o la del mundo a tu alrededor, la meditación sería el lugar por donde empezar. De acuerdo, por lo menos deberíamos probarlo.
Antes de salir corriendo a ver qué es eso de la «meditación», hay un par de cosas importantes que deberías tener en cuenta. Las personas de hoy en día no son las mismas que aquellas a las que en el pasado les bastaba con «quedarse sentadas». Estamos empezando desde un lugar muy diferente. Vivimos en un mundo extremadamente complejo y sofisticado en el que interactúan ideas y emociones; un planeta y un estilo de vida muy diferentes al de los primeros meditadores. El hecho es que estamos emocionalmente cargados. No es extraño que los principales profesores de meditación y mindfulness se estén dando cuenta de que para la mayoría de las personas no funciona simplemente estar sentados. Y es posible que no funcione del todo para nadie. En pocas palabras: no puedes esperar poder relajarte si te encuentras sentado encima de un volcán.
Por este motivo, en este libro encontrarás una amplia variedad de meditaciones activas que te darán la oportunidad de dejarte ir de verdad, de dejar salir el vapor. Después, siéntate tranquilamente y comprueba la diferencia.
Al final, también te darás cuenta de que el enfoque de Osho sobre la meditación incluye muchos movimientos corporales o meditaciones basadas en el movimiento que a menudo incorporan el baile. Hoy en día todos hablamos de la mente y el cuerpo como una unidad. En el fondo, lo que normalmente queremos decir es que la mente, en realidad, es el amo, pero que el cuerpo no debe ser ignorado. El enfoque científico más reciente sugiere que, en lugar de que el cuerpo esté ahí sobre todo al servicio de la mente —para que pueda hacer todas esas cosas maravillosas, como pensar y soñar y estar en cualquier otro lugar menos en el presente—, podría ser justamente lo contrario. La función de la mente, se dice ahora, es asegurarse de que el cuerpo se mueva de la forma más inteligente posible. La mente es el sirviente del cuerpo.
Lo que esto quiere decir es que, en lugar de luchar con la mente, que no va a cambiar y que mantiene la misma vieja rutina, empieces por el cuerpo. Tú mismo sabes, por ejemplo, lo fácil que resulta determinar, a través de su lenguaje corporal, si una persona es feliz o está deprimida. Pues bien, exactamente del mismo modo, cuando el cuerpo cambia, la mente también cambia. ¡Mover el cuerpo es mucho más fácil que mover la mente! Y mucho más divertido.
En palabras de Osho:
«La meditación se ha convertido en algo absolutamente necesario, la única esperanza que tiene la humanidad de salvarse, de que la Tierra siga existiendo. La meditación simplemente significa la capacidad de implicarse y a la vez permanecer desapegado. Parece paradójico; todas las grandes verdades son paradójicas. Tienes que experimentar la paradoja; es la única forma de que lo comprendas. Puedes hacer algo gozosamente y al mismo tiempo ser solo un testigo de lo que estás haciendo, sabiendo que tú no eres el hacedor.
Pruébalo con cosas pequeñas y lo entenderás. Mañana, cuando vayas a dar tu paseo matutino, disfrútalo: los pájaros en los árboles y los rayos de sol, las nubes y el viento. Disfruta de ellos, y mientras tanto recuerda que eres un espejo; estás reflejando las nubes y los árboles, los pájaros y la gente.
A este ejercicio de autorecuerdo, Buda lo llama sammasati, mindfulness correcto. Krishnamurti lo llama conciencia sin elección, los Upanishads lo llaman atestiguar, Gurdjieff lo llama autorecordarse. Todos están diciendo lo mismo. Sin embargo, esto no quiere decir que debas volverte indiferente; si te vuelves indiferente, pierdes la oportunidad de autorecordar.
Sal a dar un paseo, y sigue recordando que no eres eso, que no eres el paseante sino el observador. Y poco a poco percibirás su sabor... Es un sabor, llega lentamente. Y es el fenómeno más delicado del mundo; no puedes tener prisa. Requiere paciencia.
Come, saborea el alimento y sigue recordando que eres el observador. En un primer momento te resultará un poco problemático porque nunca has hecho estas dos cosas a la vez. Al principio, sé que si empiezas a observar, te darán ganas de dejar de comer, o si empiezas a comer, te olvidarás de observar.
Nuestra conciencia es de una única dirección; en este momento es así, solo va hacia el objetivo. Pero puede ir en las dos direcciones: puede comer y a la vez observar. Puedes permanecer fijo en tu centro y puedes ver la tormenta a tu alrededor; te puedes convertir en el centro del huracán. Y ese es el mayor milagro que puede sucederle a un ser humano, porque esto te dará libertad, liberación, verdad, divinidad, dicha, bendición».
Dr. JOHN ANDREWS
miembro del Royal College of Physicians
Prólogo a la nueva edición

Estamos muy contentos de presentarte esta nueva edición actualizada de Meditación: La primera y última libertad.
Esta obra es una guía práctica de meditación y una ayuda para presentar al lector las técnicas de meditación contemporáneas creadas por Osho y para compartir todo lo que ha dicho sobre el proceso de adentrarse y profundizar en la experiencia de la meditación. Algunas de las técnicas presentadas en este libro requieren reservar algo de tiempo por parte del lector, mientras que otras integran la meditación en nuestras actividades cotidianas.
Desde que se publicó la primera edición de este libro, se ha convertido en una de las obras más conocidas de Osho y se ha traducido a más de treinta idiomas.
Esta nueva edición ha sido reestructurada para facilitar su uso al lector, convirtiéndolo en un auténtico «libro de ejercicios» para ser utilizado una y otra vez. El libro contiene una amplia introducción a las Meditaciones Activas OSHO® —un grupo específico de técnicas que incluyen la Meditación Dinámica OSHO® y la Meditación Kundalini OSHO®—, junto con una variedad de otras técnicas de meditación, algunas menos conocidas, que te conducirán a experimentar la relajación y el silencio a través de diferentes caminos.
En esta nueva edición encontrarás meditaciones que no habían sido incluidas con anterioridad, algunas de las cuales fueron desarrolladas por Osho después de publicarse la primera edición. Para preparar esta edición, hemos respondido a comentarios y preguntas de los meditadores, hemos aprendido de la experiencia de los facilitadores de las meditaciones OSHO en todo el mundo y realizado un esfuerzo para referirnos aquí a esos intereses y sugerencias.
Asimismo, hemos tenido en cuenta los temas más buscados en osho.com. Esto nos ha conducido a ampliar el capítulo «Dejarse llevar, la muerte y el morir», a añadir uno nuevo, «Los niños y la meditación», e incluir una sección sobre el uso de la música específica de varias de las meditaciones. Después de fijarnos en los temas recurrentes que aparecen en los medios de comunicación relacionados con el estilo de vida actual, hemos decidido añadir una técnica de meditación sobre la alimentación, una sección ampliada sobre el trabajo físico y el ejercicio, y un nuevo capítulo: «Gestionar los sentimientos».
Una nueva meditación particularmente importante incluida en este volumen actualizado es la Meditación Encuentro del Atardecer OSHO: al terminar el día, en el Resort de Meditación OSHO International el momento culminante es una celebración y una meditación basada en la escucha. Gracias a la extendida disponibilidad de los servicios de streaming online, esta meditación se puede hacer ahora prácticamente en cualquier lugar del mundo, bien sea a solas o en grupo.
Para hacer espacio para todo este nuevo material, se han eliminado algunas meditaciones que aparecían en ediciones anteriores— en concreto, las de El libro de los secretos. Esos métodos siguen estando disponibles en ese título, en donde Osho habla de una forma accesible para lectores contemporáneos de cada uno de los 112 antiguos métodos de meditación del Vigyan Bhairav Tantra.
Finalmente, gracias a los renovados esfuerzos por traducir las charlas de Osho del hindi, se ha podido añadir nuevo material a algunas de las descripciones de las meditaciones, que ayudarán a los lectores a entender mejor cómo acercase a estos métodos, y las dificultades o preguntas que podrían surgir en el camino.
CÓMO UTILIZAR ESTE LIBRO
El texto de esta edición ha sido dividido en dos partes principales. La primera parte trata sobre la meditación e incluye la perspectiva fundamental de Osho sobre que es la meditación. La segunda parte contiene las meditaciones en sí mismas, con instrucciones claras sobre como practicarlas. Puedes leer el contenido de una y otra en cualquier orden, puedes adelantar o volver atrás como consideres más oportuno.
A medida que explores el libro, experimenta con las meditaciones que te parezca en ese momento, y continúa durante unos días.
Como dice Osho:
«Necesitamos métodos que proporcionen resultados rápidos. Si una persona se compromete durante una semana, al terminar ese periodo debería empezar a sentir que le ha sucedido algo. Debería convertirse en siete días en una persona diferente... Por eso digo: practica hoy y siente el resultado inmediatamente».
Cuando percibas que has encontrado tu método, continúa practicándolo hasta que notes que lo has completado. Entonces habrá otro método esperando con el que harás el clic necesario que te permita proseguir tu camino.
Cualquiera que sea la actividad —y este libro ofrece múltiples posibilidades para experimentar—, Osho siempre vuelve al proceso de la conciencia, de atestiguar.
I
SOBRE LA MEDITACIÓN
1
¿Qué es la meditación?

Observar es meditar. Lo que observes es irrelevante. Puedes observar los árboles, puedes observar un río, puedes observar las nubes, puedes observar a unos niños jugando a tu alrededor. Observar es meditar. Lo que observes no es importante; el objeto no es la cuestión. La naturaleza de la observación, la cualidad de ser consciente y estar alerta, eso es la meditación.
Recuerda: la meditación significa conciencia. Cualquier cosa que hagas con conciencia es meditación. No se trata de la acción en sí, sino de la cualidad que le imprimas a la acción. Andar puede ser una meditación si lo haces estando alerta. Estar sentado puede ser una meditación si lo haces estando alerta. Escuchar a los pájaros puede ser una meditación si escuchas con conciencia. Escuchar el sonido interno de tu mente puede ser una meditación si permaneces alerta y vigilante. Lo esencial es permanecer consciente. Entonces cualquier cosa que hagas será una meditación.
Cuando no estás haciendo nada en absoluto —ni físicamente, ni mentalmente, ni a ningún otro nivel—, cuando ha cesado toda la actividad y simplemente eres, simplemente estás, eso es la meditación. No puedes hacerla, no puedes practicarla; solamente tienes que entenderla.
Siempre que puedas encontrar tiempo simplemente para ser y dejar de hacer… Pensar también es hacer, la concentración también es hacer, la contemplación también es hacer. Aunque solo sea por un instante, si no estás haciendo nada y estás en tu centro, completamente relajado, eso es meditación. Y, una vez que le hayas cogido el truco, podrás permanecer en ese estado tanto tiempo como quieras, hasta que finalmente puedas permanecer las veinticuatro horas del día.
Cuando te hayas dado cuenta de que esa forma de «simplemente ser» puede permanecer imperturbable, entonces, manteniéndote atento a que tu ser no se altere, lentamente podrás empezar a hacer cosas. Esa es la segunda parte de la meditación. Primero, aprender a ser simplemente; después, aprender a llevar a cabo pequeñas acciones —como limpiar el suelo o ducharte— pero manteniéndote centrado. Después podrás hacer cosas más complicadas.
Por ejemplo, yo te estoy hablando, pero mi meditación no se interrumpe. Puedo seguir hablando, pero en mi propio centro ni siquiera hay un murmullo; solo silencio, un silencio absoluto.
Por tanto, la meditación no está en contra de la acción. No hay que huir de la vida. Simplemente te enseña una nueva forma de vivir, te conviertes en el centro del huracán.
Tu vida prosigue, y en realidad lo hace más intensamente, con más alegría, más claridad, más creatividad, con mayor visión; sin embargo, estás por encima, eres solo un espectador que contempla desde la cima de la colina todo lo que está ocurriendo a tu alrededor.
Tú no eres el hacedor, eres el observador.
Ese es todo el secreto de la meditación: que te conviertes en el observador. El hacer continúa a su propio nivel, no hay ningún problema: cortar leña, sacar agua del pozo... Puedes hacer cualquier cosa, ya sea grande o pequeña; solo hay una cosa que no está permitido hacer: no debes perder tu centro.
Esa conciencia, esa observación, debe permanecer absolutamente clara e inmutable.
En el judaísmo hay una escuela de misterio rebelde llamada jasidismo. Su fundador, Baal Shem, era un individuo extraño. Solía regresar del río a mitad de la noche. Tenía esa costumbre, pues por la noche en el río había absoluta calma y quietud. Solía sentarse allí, simplemente sin hacer nada, observándose a sí mismo, observando al observador.
Una noche, cuando estaba de regreso, al pasar frente a la casa de un hombre rico, se cruzó con el guarda apostado en la puerta.
El guarda, extrañado porque cada noche, exactamente a la misma hora, pasaba este hombre, salió y dijo:
—Perdóname por interrumpirte, pero ya no puedo contener más la curiosidad que me azuza día y noche, cada día. ¿Qué es lo que haces? ¿Por qué vas al río? Muchas veces te he seguido y allí no hay nada. Te sientas allí durante horas y a medianoche regresas.
—Ya sé que me has seguido muchas veces, porque la noche es tan silenciosa que puedo oír tus pisadas. Y sé que cada día te escondes detrás de la puerta. Pero no eres el único que tiene curiosidad, yo también. ¿A qué te dedicas? —le contestó Baal Shem.
—¿Que a qué me dedico? Soy un simple vigilante —respondió el guarda.
—¡Dios mío, me has dado la palabra clave! ¡Yo también lo soy! —exclamó Baal Shem.
—No lo entiendo. Si eres un vigilante, deberías estar vigilando alguna casa, algún palacio. ¿Qué vigilas allí, sentado en la arena?
—Hay una pequeña diferencia: tú vigilas para que nadie pueda entrar en el palacio; yo vigilo a este vigilante. ¿Quién es este vigilante? Ese es el esfuerzo de toda mi vida: me vigilo a mí mismo.
—Extraña ocupación. ¿Quién va a retribuirte?
—Es tal la dicha, tal la alegría, tan inmensa la bendición, que es en sí misma una recompensa. Todos los tesoros no son nada comparados con uno solo de estos momentos —afirmó Baal Shem.
—Es extraño. He estado vigilando toda mi vida y nunca tuve una experiencia así de hermosa. Mañana por la noche iré contigo; enséñame. Porque yo sé vigilar, pero parece ser que debe hacerse en otra dirección; tú observas en una dirección distinta.
Solo hay un paso, y ese paso tiene que ver con la dirección, con la dimensión. Podemos centrarnos en lo exterior, o bien cerrar los ojos al exterior y permitir que toda nuestra conciencia se centre en nuestro interior. Y entonces sabrás, porque eres un conocedor, eres conciencia. Nunca la has perdido. Simplemente la tienes enredada en mil y una cosas. Deja de dirigir tu atención a todas partes, permite que la conciencia repose en ti y habrás llegado a casa.
La mente es una sombra de la existencia, es como cuando uno está mirando un espejo y comienza a pensar: «Estoy dentro del espejo». Tú no estás dentro del espejo, el espejo está reflejando algo que está delante del espejo. La mente es un espejo, un hermoso espejo, muy práctico, pero es muy fácil quedarse atrapado en él porque no te conoces, y todo lo que conoces de ti mismo lo conoces a través de la mente. Solo conoces tu mente gracias al espejo; el espejo se convierte en algo muy importante. Y todo lo que uno conoce a través de la mente es un reflejo, no es real. Lo real tiene que conocerse sin la mente; hay que dejar la mente a un lado. Uno tiene que confrontarse inmediatamente, sin la mente. Y eso es todo, toda la ciencia de la meditación: cómo dejar la mente a un lado, cómo estar sin mente durante unos momentos.
Al principio son unos momentos diminutos, unas gotas de «sin mente», pero inmensamente iluminadoras, inmensamente transformadoras. Si incluso una gota de «sin mente» penetra en tu ser, habrás probado algo de la realidad. Y ese sabor permanece en la lengua para siempre, no lo puedes olvidar.
Solo tras ese sabor eres capaz de ver que la mente solo está reflejando cosas, porque entonces puedes comparar. Sin esa experiencia no hay forma de comparar. ¿Con qué compararlo? Tú sabes todo lo que te dice la mente, y todo viene de la mente. Hay que conocer algo que no sea de la mente, y entonces verás que esta comienza a palidecer. De pronto te das cuenta de que la realidad es totalmente diferente, completamente diferente.
Así pues, hay que hacer esto, y es posible conseguirlo. La mente no es imprescindible; se puede dejar a un lado. Es una actividad; se la puede poner a descansar. Es como caminar: cuando te hace falta caminar, caminas; cuando no te hace falta, dejas que las piernas descansen. La mente es una actividad, más sutil que caminar, pero no hace falta que continúe las veinticuatro horas del día. Cuando sea necesaria, úsala; es un bioordenador, muy útil en el trabajo. Pero cuando no sea necesaria, déjala a un lado, dile que desacelere, dile que se vaya a dormir y a descansar.
Al principio, no te obedecerá porque la has estado escuchando durante muchas vidas. El sirviente se ha convertido en el amo, y el amo ha estado comportándose como el sirviente. De modo que en este momento no te va a hacer caso si le dices, «¡para!». Pero si continúas, poco a poco, el amo despliega su maestría y el sirviente empieza a comportarse. La mente es un hermoso sirviente, pero es un diablo como amo. Cuando tú eres el amo y la mente te obedece igual que un criado, es un hermoso instrumento, un gran mecanismo para usar. Puede ayudarte de muchas maneras, pero solo como un sirviente.
El primer paso para ser consciente es ser sumamente observador de tu propio cuerpo. Poco a poco, uno toma conciencia de cada gesto, de cada movimiento. Y a medida que te vas volviendo consciente, empieza a ocurrir un milagro: muchas cosas que solías hacer antes simplemente desaparecen, tu cuerpo se vuelve más relajado, más armónico, una profunda paz empieza a reinar en tu cuerpo, una música sutil vibra en tu cuerpo.
Después, empiezas a darte cuenta de tus pensamientos; el mismo proceso ha de seguirse con los pensamientos. Son más sutiles que el cuerpo y, desde luego, más peligrosos. Cuando seas consciente de tus pensamientos, te sorprenderá descubrir lo que está sucediendo dentro de ti. Si escribes lo que está sucediendo en tu mente a cada momento, te llevarás una gran sorpresa. No creerás lo que está ocurriendo en tu interior.
Ponte a escribir durante diez minutos. Cierra con llave las puertas y las ventanas para que no pueda entrar nadie y puedas ser totalmente honesto. Después lo podrás echar al fuego, ¡para que nadie más lo lea! Y sé totalmente honesto; escribe todo lo que se te pase por la mente. No lo interpretes, no lo cambies, no lo edites. Ponlo en el papel tan desnudo y exacto como sea.
Pasados unos diez minutos, léelo, ¡verás que hay un loco dentro de ti! Al no darnos cuenta, toda esa locura nos arrastra como una corriente de fondo. Afecta a todo lo que haces y a todo lo que no haces; afecta a todo. ¡Y la suma total de ello es lo que será tu vida! Por tanto, hay que transformar a este loco. Y el milagro de la conciencia es que no necesitas hacer nada excepto ser consciente.
El propio fenómeno de observar lo cambia todo. Poco a poco la locura desaparece, poco a poco los pensamientos empiezan a encajar dentro de una pauta; ya no hay caos, se convierte en un cosmos. Entonces, prevalece una paz más profunda. Cuando tu cuerpo y tu mente estén en paz, verás que están en armonía el uno con la otra, que hay un puente. Ya no corren en direcciones distintas, no cabalgan sobre caballos distintos. Por primera vez hay acuerdo, y ese acuerdo es de una ayuda inmensa para trabajar en la tercera etapa, que consiste en ser consciente de tus sentimientos, emociones y estados de ánimo.
Esta es la etapa más sutil y la más difícil, pero si puedes ser consciente de los pensamientos, solo es un paso más. Se necesita una conciencia más profunda para empezar a reflejar tus estados de ánimo, emociones y sentimientos. Una vez que seas consciente de estas tres cosas, todas ellas se unen en un mismo fenómeno. Y cuando estas tres cosas sean una, funcionando juntas perfectamente, en armonía, podrás sentir su música: se habrán convertido en una orquesta. Entonces se llega a la cuarta etapa, y lograrla no está en tus manos. Ocurre por sí misma. Es un regalo, una recompensa para aquellos que han recorrido las tres etapas anteriores.
La cuarta etapa es la conciencia suprema que le convierte a uno en un ser despierto. Uno se vuelve consciente de su propia conciencia. Esta es la cuarta etapa, la que hace que uno sea un buda, el que está despierto. Solo en ese despertar se llega a saber lo que es el estado de beatitud. El cuerpo conoce el placer, la mente conoce la alegría, el corazón conoce la felicidad. El que alcanza la cuarta etapa conoce la beatitud. Esa dicha suprema es la meta de sannyas, de ser un buscador, y la conciencia es el camino para ello.
La meditación es ir más allá del tiempo. El tiempo es mente. La mente consiste en el pasado y el futuro; no tiene experiencia del presente. Se cree que el tiempo tiene tres momentos: pasado, presente y futuro. Yo no estoy de acuerdo, mi propia experiencia es totalmente diferente: el tiempo se compone de solamente dos momentos: pasado y futuro. El presente no es pa
