Tejas verdes

Hernán Valdés

Fragmento

PRÓLOGO

Una puesta al día

Según variadas informaciones, una buena parte de los jóvenes chilenos de hoy, e incluso de otros no tan jóvenes, tendría una idea bastante vaga de los acontecimientos ocurridos durante los años setenta del siglo pasado en su país: del golpe de estado y de los medios brutales usados por los militares y sus patrocinadores para consolidarse en el poder. O, aún más, se dice que no tendrían idea alguna, o bien que todo aquello les resultaría indiferente. Pero esto no es solo un fenómeno chileno: ocurre algo similar con las generaciones nacidas después de las dictaduras y del fin de sus miserias en otras partes del planeta.

Si doy a la reedición de este texto hoy en día una significación especial, es porque me atrevo a imaginarlo como medio para establecer un puente entre el pasado y la realidad actual que, querámoslo o no, es hija de aquél. Ahora bien, estimo que una reflexión sobre este libro desde otra perspectiva, exterior a Chile, que muestre los alcances de su contenido más allá de sus circunstancias y del lugar de los acontecimientos, resulta necesaria. La incluyo aquí:

«Tejas Verdes es, sin duda, el testimonio más importante publicado sobre los campos de concentración en Chile. No solo por el impacto que ha tenido en varias generaciones de lectores dentro y fuera de Chile desde los años setenta hasta la actualidad, sino por su vinculación con la sociedad actual. ¿Cómo no ver en su precisa descripción de la violencia represiva del régimen militar esa otra violencia, más difusa y naturalizada, pero más propia del sistema, legible en la extrema desigualdad del Chile contemporáneo? Probablemente esa sea la función de la memoria: no ofrecernos una postal inerme del pasado, sino revelar sus nexos, a menudo contradictorios y difíciles de expresar, con el estado de las cosas en la actualidad, en este presente que a menudo nos intentan explicar como sin causa, sin historia, sin densidad, sin conexión con ese pasado violento del que, sin embargo, emerge el Chile actual».

Son palabras de Jaume Peris Blanes, investigador y profesor de la Universidad de Valencia, extraídas de un trabajo inédito que me parece oportuno introducir aquí y en los párrafos siguientes, para dar así una visión históricamente más vinculante de un texto que a menudo se concibe en Chile como un objeto privilegiado del museo de la dictadura.

Tejas verdes. Diario de un campo de concentración en Chile fue escrito hace más de cuatro décadas, en Barcelona, donde aterricé gracias a una singular invitación obtenida por mi amigo, el director del Centro universitario donde yo trabajaba, tras salir del campo de concentración Tejas Verdes y luego de haberme refugiado en la embajada sueca. En un cuarto sin ventanas, en un piso de conspiradores antifranquistas próximo a la Catedral y, como decía en el prólogo original, «al calor de la memoria», me senté frente a la máquina y me largué a escribir sin pensar en cualquier tipo de elaboración literaria y sin otra pretensión que mostrar a la opinión pública la cara oculta, la intimidad —por así decir— de la brutalidad militar chilena, que meses después del golpe de estado, pese a la abundante información periodística en el extranjero, era casi completamente ignorada en lo concerniente a la rutina de la tortura en los campos de concentración. Así, mientras los ruidos de la ciudad vibraban tras los muros, me sometí a revivir la experiencia pasada, hora por hora, día por día, con horror y al mismo tiempo con placer, el placer de decidir yo mismo el momento de mi liberación del horror y entonces de bajar a tomar un buen café en Las Ramblas.

Editar el libro que resultó de aquella experiencia, en la España todavía franquista de 1974, no fue tarea fácil. Prohibido inicialmente por el Ministerio del Interior, la orden fue anulada como graciosa represalia del Ministro de Información y Turismo cuando la dictadura militar chilena canceló un contrato de compra de camiones en beneficio de una firma estadounidense.

El libro fue reeditado en Chile sólo veintitrés años después, en 1996, por LOM Ediciones, tras una serie de oposiciones, ya no de los militares, quienes por entonces eran indiferentes al poder de las palabras, sino por parte de personeros influyentes de los reinstalados partidos de centroizquierda en la incipiente democracia, pues ocurría que el libro —o más bien dicho el autor— no era miembro de ningún partido político ni pertenecía a ninguna organización sindical; en suma, en tanto que víctima, era un intruso, un extraño, un aventurero de la historia, un error de la dictadura. El relato, por lo tanto, no era representativo de las víctimas, y además, el autor se permitía trasmitir en él una concepción crítica de la política realizada por la Unidad Popular. Dieciséis años después, en 2012, a casi cuarenta años del golpe de estado, el libro fue reeditado por Taurus. Ahora va por una nueva edición.

«En 1974 —prosigue el profesor Peris Blanes— Valdés resaltaba en la primera edición el carácter de urgencia y excepcionalidad de su relato. Por ello mismo, advertía su autor, no debía buscarse en sus páginas ningún tipo de elaboración literaria. Sin embargo, la capacidad narrativa de Valdés, que por aquel entonces había publicado dos novelas, diferenciaba su relato del grueso de los textos de denuncia que se publicaron durante esos primeros años de dictadura. La gran tensión narrativa de Tejas Verdes contrastaba, de hecho, con la debilidad de la mayoría de los testimonios de la época y constituía la clave para lograr uno de los objetivos más importantes de su relato: conseguir que los lectores se situaran directamente en la experiencia de la víctima y que, en su mundo privado o en su vida pública, reaccionaran.

[…]

Esa voluntad de situar al lector en la

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