La mentira del 11M: Aznar quería que fuera ETA
Trashorras, el hombre tras la dinamita del 11-M: radiografía del «colaborador necesario»
El 17 de julio de 2008, José Emilio Suárez Trashorras recibió la condena más larga jamás impuesta a un ciudadano español: casi 35.000 años de prisión por facilitar la dinamita utilizada en los atentados del 11-M en Madrid. Desde entonces, su nombre quedó fijado a la mayor herida terrorista de la historia reciente de España y su vida reducida a un itinerario de cárceles, negativas administrativas y silencios. En «Trashorras. Historia del colaborador necesario del 11-M» (Debate, 2026), la periodista asturiana Leticia Álvarez reconstruye, tras decenas de entrevistas y un acceso inédito a documentación personal, la trayectoria del hombre que suministró los explosivos: de traficante de hachís y habitual de reyertas a pieza clave de la trama yihadista. Al habla con la periodista y editora Paloma Abad, la autora reflexiona en LENGUA sobre un libro que amplía el relato humano y judicial del 11-M.
Por Paloma Abad

Estación de Atocha el 11 de marzo de 2014, exactamente diez años después del 11-M. Crédito: Getty Images.
Coincidiendo con el vigésimo segundo aniversario de los atentados del 11 de marzo de 2004, en los que perdieron la vida 193 personas y otras 2.500 resultaron heridas, la periodista asturiana Leticia Álvarez, directora adjunta de El Comercio, presenta Trashorras (Debate, marzo 2026), una suerte de biografía, desde la infancia hasta el presente, de José Emilio Suárez Trashorras, el enlace asturiano que facilitó los explosivos a las células yihadistas.
La obra reconstruye, con rigor y sin sensacionalismo, la infancia, juventud y madurez (de prisión en prisión) del español con mayor condena de la historia (35.000 años de cárcel). Para ello, Álvarez ha contado con un acceso inédito y completo a la documentación que Trashorras fue archivando a lo largo de dos décadas, así como a la correspondencia mantenida en ese tiempo.
A partir de esas fuentes directas y de numerosos intercambios postales elabora un perfil sobrio y ajustado de un hombre diagnosticado con un trastorno bipolar y que ha protagonizado episodios de grandiosidad, cuyos trapicheos con la dinamita dejaron una herida profunda en la historia reciente de España.
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LENGUA: ¿Recuerdas dónde estabas el 11-M? ¿Cómo fueron los primeros días después del suceso en el periódico en el que trabajabas, El Comercio?
Leticia Álvarez: La mañana del 11-M conocí la noticia por la radio. Siempre estoy escuchando la radio. Recuerdo que estaba en casa desayunando, y jamás se me olvidará la voz del presentador. Parecía asustado, sin tener información ni confirmación de todo lo que estaba pasando a esa hora, no eran ni las ocho de la mañana. Por el tono se intuía que era algo incalificable. Me fui al periódico, donde teníamos las televisiones conectadas. Fuimos asumiendo lo que estaba pasando: el horror. Ese mismo día hicimos una edición matinal, un hito histórico que en aquellos años solo reservábamos para el sorteo de la Lotería de Navidad. Los días siguientes fueron de muchísimo trabajo en el diario. Buscábamos víctimas asturianas, mientras los políticos se enzarzaban en discusiones. Finalmente, conocimos la noticia de que un asturiano había sido detenido por su implicación en el atentado. Ahí la conmoción fue ya total.
LENGUA: ¿Por qué has decidido contar la historia de José Emilio Suárez Trashorras, más de veinte años después del atentado en el que su nombre se hizo tristemente famoso?
Leticia Álvarez: Creo que por necesidad y por oportunidad. Que hubiera un avilesino de 27 años implicado en el mayor atentado en la historia de Europa por haber suministrado los explosivos a la célula terrorista es la noticia más impactante que hemos tenido en el periódico en décadas. Esa y que una asturiana, Letizia Ortiz, fuera la mujer destinada a convertirse en Princesa de Asturias. Me decidí a escribirlo porque en el veinte aniversario del 11-M, el 11 de marzo de 2024, confluían una fecha redonda y la perspectiva que da el paso del tiempo. La oportunidad vino de la mano del entorno de Trashorras. Me facilitaron toda la documentación necesaria para adentrarme en el personaje y hacer un perfil periodístico sobre un hombre en medio del capítulo más atroz de la historia de España desde la guerra civil.

Altar espontáneo en la estación de El Pozo el 11 de marzo de 2014. Crédito: Getty Images.
LENGUA: En este libro se explica cómo Trashorras se convirtió en el enlace asturiano del 11-M, pero empieza mucho antes y va mucho más allá, ya que narras todos sus trasiegos y problemas carcelarios, ¿crees que, después de este acercamiento inédito a Trashorras, has descubierto algo nuevo sobre su figura?
Leticia Álvarez: Creo que aporto muchos matices acerca de cómo se sobrevive a una situación así. Emilio Suárez Trashorras se enfrenta a una condena de 35.000 años, sin permisos, con visitas y comunicaciones restringidas, con traslados de cárcel en cárcel cada dos años para que no arraigue y todo ello ha de sobrellevarlo con la mayor de las condenas, que es la mala conciencia. Creo que en todo el relato sobrevuela la sensación, la pregunta, de cómo puede vivir con ello. Y la respuesta la da él mismo: «Hay que estar un poco loco».
LENGUA: ¿De qué manera crees que los terribles atentados del 11-M lo cambiaron?
Leticia Álvarez: A pesar de todo lo que he escudriñado su vida a través de papeles, documentos, cartas y entrevistas, no sé cuánto ha cambiado. La documentación parece reflejar una mente caótica y, sin embargo, se expresa de una manera coherente. Creo que ha cambiado por resignación: es más introspectivo y se apoya en la espiritualidad para encontrar consuelo. Necesariamente ha tenido que cambiar, pero no ha sido doblegado.
LENGUA: ¿Cuál es la lección más valiosa que has aprendido durante la escritura de este libro?
Leticia Álvarez: He extraído varias lecciones. Una de ellas es la vulnerabilidad de las personas. Hablo tanto de la posibilidad de ser víctimas de la noche a la mañana (solo por estar en un lugar inadecuado en el momento más desgraciado) como de las debilidades en las actitudes humanas: pasar de hacer el bien al mal puede suceder en un instante.
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