«Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores», de Roberto Chuit Roganovich: ¿Cómo decir el territorio?
El español es un territorio compartido y en permanente transformación, un espacio donde conviven voces diversas que amplían los límites de la literatura. Desde esa mirada surge Mapa de las Lenguas, la iniciativa de Alfaguara y Random House que cada año identifica y proyecta las narrativas más significativas escritas en nuestro idioma. En su edición 2026, el mapa se compone de ocho libros que atraviesan géneros, estilos y geografías: del testimonio a la distopía, de la fábula a la crónica. Ocho propuestas que dialogan con el presente y desafían fronteras literarias y simbólicas. Aquí, Roberto Chuit Roganovich escribe sobre «Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores» (Alfaguara).

Roberto Chuit Roganovich. Crédito: Alejandra López.
En «Del rigor de la ciencia», Borges conjetura un Imperio pasado y remoto en donde la cartografía habría logrado tal nivel de perfección que la representación de una única provincia tenía el tamaño de una ciudad, y la representación del Imperio tenía el tamaño de una provincia entera.
Si bien «desmesurados», tal como Suárez Miranda los llama, estos mapas nunca lograron satisfacer los deseos de los altos hombres, por lo que el Colegio de Cartógrafos mandó a hacer un nuevo mapa. Se trataba de uno del Imperio, pero que fuera tan grande como él, que coincidiera punto a punto con él, que fuera idéntico, de cabo rabo, en su extensión y en todas las cosas que contenía.
Ahora bien, ¿de qué tipo de semejanza se trataría? No podría ser nunca una metafísica, ontológica. Fabricar un imperio nuevo, idéntico a uno previo, ya existente, no sería más que replicarlo, elevarlo en su potencia de realidad: así, cada flor sería a su vez otra flor, la misma; cada montaña y río serían, también, otra montaña y otro río, iguales en su altura y en su fluir, en sus colores y aromas; cada ballena, la misma ballena.
En tal caso, los cartógrafos, más que dibujantes, se asemejarían a la figura del dios, aquel que solo crea con el verbo, vuelve materia lo informe, lo todavía no hecho, para finalmente colocar, sobre un mundo ya real, otro, igual al anterior, en una especie de multiplicación que podría tender al infinito.
Pero bien sabemos, desde Spinoza, que el concepto de perro no ladra, que quien ladra es el perro, como también sabemos que el concepto de círculo no es circular, y que quien es circular es el círculo y no su idea.
Entonces, no. El reino creado en el mapa, aparentemente idéntico al reino real, material, que percibían los ojos y las manos del Rey, de los nobles con sus ejércitos, de los campesinos, no era más, no podía ser más que una mera representación. En suma, un juego; y un juego siempre «desmesurado», casi ilógico y contraintuitivo, out of joint.
El mapa del Imperio no podía ser más que la pretensión de una identidad puesto que un mapa, por definición, no es más que imagen, pero, a la vez, y tal como sostenía Platón en el Capítulo X de La República, una «imagen verdadera».
El Imperio verdadero, y la imagen verdadera del reino verdadero. En esa distancia insalvable entra toda la literatura y toda la historia de la filosofía.
En Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores un ser vivo (un organismo antiquísimo y a caballo entre el reino vegetal, el reino animal y el reino fungi), oculto bajo la tierra, emerge a superficie y se muestra a los ojos de todos en momentos críticos de la historia.
¿Cómo decir, entonces, el territorio? ¿Cómo decir un ser vivo fuera de todas las taxonomías diseñadas y practicadas por la ciencia, la religión, la política? ¿Cómo escapar mediante el arte a las cuadrículas de pensamiento diseñadas por nuestra propia especie y fuera de las cuales parece imposible ejercer el pensamiento? ¿Cómo practicar una palabra literaria que no pretenda ser un mapa ni la representación de un Imperio o, en este caso, el mapa o la representación de una experiencia viva –un bionte– fuera de toda regla?
Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores pretende, espero, todavía quisiera pensar eso, abordar de forma práctica estas preguntas: acercarse a la imposibilidad del decir a través de la llamada «literatura de género»; cercar lo no decible, lo imposible de ser dicho, a través del giro en falso, del ocaso de la gramática; señalar «lo sublime», apenas rozarlo, indicarlo temeroso y lavada ya toda intención de clasificación, de sistematización y jerarquización,
Tal vez, en formas no miméticas, no representativas de la literatura, encontremos una manera franca de hacernos cargo del territorio que nos pertenece y que a la vez nos excede; del territorio del que nos hemos hecho dueños, pero que estaba ya allí antes de nuestra aparición desde el mar, y que va a seguir allí, todavía vivo y punzante, cuando ninguno de nosotros respire.
El español es un territorio compartido, un espacio diverso habitado por múltiples voces que lo transforman cada día. Desde esa mirada nace Mapa de las Lenguas, una iniciativa conjunta de Alfaguara y Random House que, cada año, traza una cartografía de la mejor narrativa escrita en nuestro idioma.
Cada país selecciona las obras más prometedoras, relevantes o singulares de su escena literaria: títulos que merecen ser leídos más allá de sus fronteras. Mapa de las Lenguas es la plataforma que les permite expandirse y ser publicados de manera simultánea en todo el ámbito del español. Una colección que refleja la temperatura de lo que está ocurriendo en la literatura de cada país.
En 2026, ese mapa se dibuja con ocho libros que revelan la amplitud y la diversidad de la narrativa contemporánea: del testimonio histórico a la distopía, de la fábula poética a la crónica de lo real. Cada uno de estos libros es una forma de resistencia: contra el realismo, contra el olvido, contra las fronteras.
Desde Argentina, Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores de Roberto Chuit Roganovich combina el terror ecológico y la ciencia ficción para crear una criatura que atraviesa la historia y las entrañas del planeta; mientras que en México, Soñarán en el jardín de Gabriela Damián Miravete convierte la fantasía especulativa en un acto de resistencia y esperanza.
En España, Presentes de Paco Cerdà reconstruye la memoria desde la no ficción con la intensidad de una novela, y Laura Chivite, con El ataque de las cabras, transforma la rareza de crecer en una celebración del humor y la imaginación.
Desde Colombia, Andrea Mejía deja fluir en La sed se va con el río una prosa poética que une lo humano y lo natural, mientras Antonio García Ángel mezcla sátira y vértigo en Que pase lo peor, una fábula brillante sobre el desorden contemporáneo.
En Chile, Alfredo Andonie irrumpe con Serpiente, una novela queer y nocturna que captura el deseo y la historia en los años setenta; y desde Perú, Dany Salvatierra imagina con Criaturas virales una Lima distópica donde la belleza se abre paso en medio del colapso.
Mapa de las Lenguas no busca fijar una geografía, sino mostrar su movimiento: el idioma como materia viva, la literatura como territorio en expansión.
Te damos la bienvenida a nuestro MAPA DE LAS LENGUAS 2026.

