A Claudio Labarca, el Oso,
que tenía un primo contador de películas.
«Estamos hechos del mismo material de los sueños.»
SHAKESPEARE
«Estamos hechos del mismo material de las películas.»
HADA DELCINE
1.
Como en casa el dinero andaba a caballo y nosotros a pie, cuando a la Oficina llegaba una película que a mi padre —sólo por el nombre del actor o de la actriz principal— le parecía buena, se juntaban las monedas una a una, lo justo para un boleto, y me mandaban a mí a verla.
Después, al llegar del cine, tenía que contársela a la familia reunida en pleno en la pieza del living.
2.
Era lindo, después de ver la película, encontrar a mi padre y a mis hermanos esperándome ansiosos en casa, sentados en hilera como en el cine, recién peinaditos y cambiados de ropa.
Mi padre, con una manta boliviana sobre sus piernas, ocupaba el único sillón que teníamos, y ésa era la platea. En el piso, a un costado del sillón, relumbraba su botella de vino rojo y el único vaso que quedaba en casa. La galería era esa banca larga, de madera bruta, en donde mis hermanos se acomodaban ordenadamente, de menor a mayor. Después, cuando algunos de sus amigos comenzaron a asomarse por la ventana, eso se convirtió en el balcón.
Yo llegaba del cine, me tomaba una taza de té rapidito (que ya me tenían preparada) y comenzaba mi función. De pie ante ellos, de espalda a la pared pintada a la cal, blanca como la pantalla del cine, me ponía a
