¿Y si al dormir, soñaras?
¿Y si en el sueño fueras al cielo,
y allí cogieras una extraña y hermosa flor? ¿Y si, al despertar...
tuvieras esa flor en la mano?
hS.T. Coleridge
Mario Conde
Sr. D. Luis Valls-Taberner
Querido Luis:
En estos años he pensado en varias ocasiones en ti; me preguntaba si seguirías tu camino, el que un día, en mi casa de Triana 63, dibujaste con trazos precisos, llenos de emotividad.
Abro tu carta y noto que me produce alegría.
La vida es una permanente sorpresa y jamás te sientes suficientemente preparado para dominarla. Dice un viejo postulado que la vida es eso que sucede mientras nos dedicamos a planificarla. Pero ahí, precisamente, reside su mayor atractivo. Si no existiera la sorpresa potencial, vivir sería un ejercicio de tedio. Precisamente por ello, el mejor de los medios para trazar nuestro camino vital es el corazón.
Hazle caso.
Ser valiente es atreverse a hacer caso al corazón.
Claro que la valentía no consiste en no sentir miedo. ¿Conoces a alguien que no sienta miedo? Yo no. Nuestra angustia existencial del origen y fin nos convierte en cazadores de certezas virtuales. La ínfima calidad de muchos de los humanos con los que nos toca compartir el espacio y el tiempo es, para mí, el mayor motivo de miedo.
Ser valiente es saber dominar tus miedos. Actuar con el coraje que solo puede darte el corazón. Todo el mundo es capaz de ser infeliz. Ceder a la infelicidad es sustancialmente un acto de cobardía. Para ser dichoso a lo largo de tu vida se necesita mucha valentía, mucho coraje.
Cuando te sientas libre de verdad porque sabes vivir dominando tus miedos, nadie podrá ponerle puertas al campo de tu vida. Sólo Dios.
Dentro de un trozo de tiempo, si lo tenemos, te veré. Hasta entonces te envío un fuerte abrazo.
Prisión de Alcalá-Meco, a 10 de enero de 2004

Luis J.Valls-Taberner
Sr. D. Mario Conde
Querido Mario:
Ante todo espero que estés bien. Me alegro mucho de que las noticias empiecen a ser esperanzadoras. En estos años también he pensado mucho en ti. En especial cuando voy a comer a El Cacique, cuando visité Tuy mientras estuve de prácticas en JP Morgan o cuando conocí a Alipio Dias (quien me dio recuerdos para ti en Oporto) o a la familia Hachuel. He intentado seguir tu situación de cerca a través de María José Ferrari, Carlos Lasarte y los hermanos De La Sota y quiero que sepas que en ningún momento he dejado de creer en ti, sino al contrario.
Me hizo mucha ilusión recibir tu carta hace aproximadamente año y medio. La he guardado en mi mesita de noche y la he leído en más de una ocasión. He reflexionado mucho al respecto. Al final he entendido tu mensaje final (“Cuando te sientas libre de verdad porque sabes vivir dominando tus miedos, nadie podrá ponerle puertas al campo de tu vida. Sólo Dios.”) y te lo agradezco, ya que ha significado una profunda inspiración en esta fase de mi vida, en la que uno tiene la posibilidad de intentar ser el artífice de su propio destino. Al menos, estoy poniendo toda la ilusión para que así sea. Siempre he sentido mucha simpatía hacia ti y, por supuesto, me haría mucha ilusión que nos volviéramos a encontrar.Tras terminar empresariales en París, me voy a ir a trabajar una temporada a Australia y Asia en el sector bancario para aprovechar al máximo las oportunidades antes de volver a España con paso firme. Esperando verte muy pronto.
Un fuerte abrazo,
París, 8 de agosto de 2005

Mario Conde
Sr. D. Luis Valls-Taberner
Querido Luis:
Durante estos largos años he pensado algunas veces en ti y siempre me preguntaba cómo te iría en la vida. Tu recuerdo siempre me llegaba envuelto en afecto hacia tu persona.
Mi vida ha cambiado a raíz de las decisiones judiciales y administrativas que últimamente han adoptado. Las esperaba hace mucho tiempo. Los abogados también. Pero así son las cosas. No me quejo, entre otras razones porque es inútil. Tengo un buen horario de entradas y salidas, que me permite manejarme en mi vida laboral con total normalidad.
Mi dirección es Torreadrada n.º 1, Aravaca, Madrid 28023 y el número de teléfono el 917400253.
Me gustará verte y charlar un rato contigo.
Espero tu llamada cuando puedas.
Hasta entonces te envío un abrazo.

Jueves, 22 de septiembre de 2005
Querido Mario:
Me ha hecho mucha ilusión volver a hablar contigo. Como tú dices, después de estos años y a pesar de los kilómetros que separan Aravaca de Sidney, parece como si estuviéramos muy cerca. La magia del teléfono nos ha acercado, hasta el extremo que en más de un momento pensé que estaba sentado a tu lado.Hace ya un mes que recibí tu última carta,y desde entonces no he hecho otra cosa que esperar el momento de hablar contigo. Quiero transmitirte mi alegría por esa puerta que se abre para que estemos en contacto permanente. Ese ofrecimiento es un regalo, pero también es un reto. Estoy convencido de que, si soy capaz de aprovechar todos tus consejos, acabaré encontrando ese camino de vida al que todos debemos aspirar.
Toda esta empatía no sé si se debe a esa capacidad de seducción que te achacan con la gente joven, o sencillamente a mi identificación personal contigo y con tu situación. He leído tanto sobre ti y sobre el caso Banesto que creo que te conozco bastante, aunque en persona sólo nos hayamos visto en una
ocasión. Hace aproximadamente siete años que me invitaste por primera vez a tu casa;y algo más de once desde que mi padre te mandó unas fotos mías montando en bicicleta con el gorro del equipo Banesto de Indurain. Recuerdo que me enviaste un maillot de Banesto con un tarjetón para mí y otro para mi padre que decía,entre otras cosas,«veo que tu hijo sabe elegir bien». No te equivocabas. Lo sigo creyendo firmemente. Me entristece la tremenda injusticia que se ha cometido con tu persona.
La carta que me enviaste el año pasado me hizo mucha ilusión, y reflexioné mucho hasta entenderla de verdad. Hasta hace pocos meses pensaba que mi destino estaba escrito desde que nací, y que hasta ahora había estado teledirigido hacia ese destino que tarde o temprano llegaría. No te voy a negar que esa sensación me causaba cierta fobia.No es un destino que no me guste, al contrario, pero me gustaría ser el artífice de un proyecto personal distinto que vaya más allá. A veces me surge la pregunta de si romper con lo establecido me convierte en un desgraciado. Es una encrucijada difícil pero fascinante al mismo tiempo.Yo creo que hay un camino alternativo y lo estoy intentando definir.
En toda esta reflexión, en los últimos días he pensado mucho en una frase que escribiste en tu penúltima carta: «Cuando te sientas libre de verdad porque sabes vivir dominando tus miedos,nadie podrá ponerle puertas al campo de tu vida.Sólo Dios».
En nuestra conversación mencionaste una visita que mi tío Luis te hizo en tu casa, y un regalo que le llevó a tu hija Alejandra, creo recordar que un osito de peluche.En estos años he intentado construir una relación profunda con mi tío Luis,por quien siento una tremenda admiración. Es curioso, pero esa sensación de cercanía la percibo tanto con él, a pesar de su carácter enigmático, como contigo. Es una sensación difícil de explicar con palabras. Me encantaría saber más de mi tío, conocerle más a fondo. La última vez que le fui a ver a su despacho le comenté que me gustaría compartir con él un proyecto común en épocas distintas. Ese proyecto no tiene por qué ser el Banco Popular, pero no sé si entendió mi mensaje.
Querido Mario, espero que en estos meses podamos ir construyendo una buena amistad. Me haría mucha ilusión. Rezaré para que se haga justicia con tu persona más allá de que muy pronto encuentres la luz al salir del túnel de la justicia.
Un fuerte abrazo.
LuisValls-Taberner
Viernes, 23 de septiembre de 2005
Querido Luis:
Retomar el contacto por escrito contigo me atrae. Noté distinta tu voz cuando me llamaste desde Australia.Sonaba cerca, muy cerca, preñada de afecto, destilando sinceridad y, al tiempo, era una voz madura, de alguien que siente por dentro, que tiene su vida interior protegida de miradas ajenas.Caminar por dentro, ésa es nuestra verdadera misión, convertirnos en caminantes de un camino cuya esencia reside, precisamente, en caminar con honestidad interior hacia uno mismo. Veo que caminas por esos senderos. Eso me gusta.
No sé si el destino está o no escrito en las estrellas, como una vez dije en una junta de Banesto.El destino es sólo el mo
vimiento del instante,las consecuencias del caminar del ahora.
Han sido duros estos años, pero sólo en la superficie, en lo externo,en la carcasa.Personalmente,en ese camino del que te hablo, avancé de una manera imposible si continuaba sometido al ruido del exterior,al griterío de los humanos enloquecidos. Mi familia me ha entendido, y se lo agradezco. Ellos también han caminado por sus senderos, aunque no lo sepan con precisión. Hoy, querido Luis, me siento mejor, mucho mejor, que hace años. He recuperado mucho de un «mí mismo» que andaba aturdido por el ruido de los otros.
No me preocupan las injusticias de los hombres. Tienen poca entidad.Son sólo cuestión de un tiempo:ese que tarda en deglutirse una mentira, lo que inevitablemente sucede por densa que haya sido edificada.Por otro lado,el querer sentir en tu exterior social la reparación de lo injusto puede fácilmente mutarse en egoísmo, en soberbia, en autocomplacencia. Y es temible ese enemigo, destructor por excelencia de todo progreso espiritual. El reconocimiento externo sólo vive en la epidermis del espíritu. Por si fuera poco, tengo la sensación, que percibo con más fuerza cada día,de que son muchos,tal vez demasiados, los que verdaderamente saben qué sucedió y, sobre todo, por qué. Pero no podemos pedir demasiado: la conciencia de complicidad turba en exceso en momentos de soledad. Ése puede ser suficiente castigo.
Quisiera escribir algo sobre la experiencia de estos años. No es fácil que tantos años de prisión —de una u otra forma— puedan ser relatados en sus aspectos jurídicos, políticos, vitales y hasta económicos por una persona que,reuniendo esas capacidades, al menos sobre el papel, asuma la decisión de relatarlos en primera persona.Seguramente,si al final me decido,será un libro comprometido, con mayor nivel de aproximación al dato real que el contenido en El Sistema.Pienso que tal vez esa experiencia pueda ser un revulsivo de conciencias. Si consiguiera que alguien se diera cuenta de que los derechos y libertades reales no viven en la quietud formal de las normas jurídicas, sino en el movimiento diario del pan nuestro de cada día, ya lo daría por bien empleado.
Ahora me recupero en lo externo, me ajusto a un nuevo ritmo de vida, el propio de esta sociedad, aunque lucho por acomodar sus plazos a los míos, pelea en la que me suelo quedar a medio camino. Puedo vivir completamente libre desde las siete de la mañana hasta las once de la noche. A esa hora me voy a un centro a dormir. Mi habitación es más que decente. Me encuentro bien en ella. Consumo soledad.Trozos de soledad plena. Me habitué a ello y siento su carencia. Soledad y silencio.Tal vez ninguno de ellos en exceso, pero siempre algún tiempo, algún trozo de ese tiempo que nos asignan debe ser fermentado en su compañía.Tal vez rezando, como dices tú, pero el verdadero rezo es el que se pronuncia en el más puro de los silencios: es un hablar con el corazón, sin siquiera insinuar una palabra. Retomado el contacto, seguiremos.
Un fuerte abrazo.
Mario Conde h
Sábado, 1 de octubre de 2005
Querido Mario:
Muchas gracias por tu carta. A mí también me atrae la idea de que podamos retomar el contacto por escrito.Perdona si,a ve
ces, puedo tardar en contestarte. Me gusta reflexionar y darme cuenta de que he avanzado antes de escribir. Es una oportunidad de conocernos mejor, de conocerme mejor a mí mismo e intentar construir una buena amistad de cara al futuro. No me gustaría confundir la afinidad personal con el exceso de confianza. Al fin y al cabo, y aunque me permitas comunicarme contigo de tú a tú,me sigues imponiendo respeto.Sólo quiero transmitirte, aparte de mi apoyo (ese que se expresa con el corazón), toda mi fuerza,optimismo e ilusión,y sobre todo agradezco la oportunidad de poder escuchar tu consejo para afrontar la vida.
Me preguntaba qué es lo más importante que te ha permitido resistir y seguir adelante en estos años de adversidad.También si esa soledad, a la que haces referencia en la carta, es más cruel ahora o antes.
También me causa curiosidad tu relación con mi tío por una razón, le conozco poco, aunque entiendo y respeto tu reserva. Encontrar ese «mí mismo» que mencionas,vencer el peso de la comparación y sobre todo estar a la altura de uno mismo. Es una situación que, en ocasiones, me obsesiona y bloquea, es difícil pero fascinante. No sé si romper implica liberarse o al revés.Jacques Hachuel,tu ex compañero de consejo y padre de mi amiga Leticia, me dijo hace no mucho tiempo que quizá me había rebelado tarde. No creo que sea necesario rebelarse, y menos con veintidós años,pero sí que es necesario evolucionar para romper con el círculo, para, como tú dices, poder caminar hacia uno mismo con honestidad,conocerse alejado del ruido y poder actuar en consecuencia en la vida. Ésta es la razón por la que he venido a Sidney, donde pretendo pasar una temporada que me ayude a orientarme en mi futuro laboral. Quizá puedan verme como cobarde, aunque a mí no me lo parece. En algunos ambientes de Madrid percibo un vacío existencial tremendo y un exceso de autocomplacencia,en definitiva, un ambiente mediocre. Como te decía, tengo mucha ilusión y algunos proyectos interesantes, pero quizá España no es el lugar más interesante en este momento.
Me encantaría saber cómo te vas adaptando al ritmo de vida de esta sociedad y hasta qué punto te identificas con ella. También hacia dónde orientarás tus actividades profesionales en el futuro. Quién sabe si en el futuro podremos también compartir un proyecto común o encontrar sinergias más allá del plano personal y, por qué no, en el plano empresarial. Cuando regrese a Madrid me gustaría pedirte prestado el vídeo con tu comparecencia del Eurobuilding del 13 de enero, en la que hiciste tu primera aparición pública ante los medios para dar tu explicación tras la intervención, y donde pronunciaste esa mítica frase: «El futuro lo deciden las estrellas».También te animo a que escribas ese segundo libro que mencionabas en la anterior carta;me parece que no le vendría mal a más de uno ese revulsivo de conciencias para entender de forma pragmática cómo funciona esto. Me incluyo entre aquellos a los que,a veces,nos vendría bien.Intento hacerme una idea de esa soledad que tan bien describes y quiero creer que te entiendo desde la distancia. Es curiosa esa sensación de soledad cuando las cosas van bien. Estoy solo en Sidney, pero me siento mucho más acompañado que en Madrid,donde todo es vulnerabilidad al ruido y las miradas ajenas.
El otro día volví a ver la película La misión. Me acordé de ti, por eso me permito terminar esta carta con la frase con la que termina: «La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron». ( Juan 1, 5).
Un fuerte abrazo.
h
Lunes, 3 de octubre de 2005
Querido Luis:
Mis relaciones con tu tío nunca fueron intensas. Su carácter, al menos lo que externamente se percibe como tal, no parece propicio al acercamiento humano. Resulta quizá inevitable la percepción de que algo se interpone entre dos seres humanos que conversan, una barrera de naturaleza magmática, de contornos imprecisos, no necesariamente inquietante, pero presente, continuamente presente. En pocas ocasiones intercambiamos pareceres; en muy pocas mantuvimos encuentros solitarios. Ello impidió una relación y, al menos por mi parte, un conocimiento mutuo. Así que nada diferente a cuanto acabo de escribir puedo decirte.Lo demás serían impresiones que carecen de base suficiente para ser explicitadas.
La soledad, Luis, no es cruel, sino dulce. Antes que nada conviene definirla. No es la ausencia de gente; no es la marginación completa de la vida social No es abrazar la vocación de ermitaño físico. La soledad consiste en vaciarte al máximo posible de las «diez mil cosas», por emplear la terminología taoísta, en evitar que en tu interior se almacene la «polvareda del mundo». La soledad reside en no aferrarse al pasado, ni vivir instalado en el futuro. Pasado y futuro son la compañía preferida de quienes se niegan a reconocerse a sí mismos.Instalados en el recuerdo de lo que no saben si fue y abrazados a la falsa esperanza de lo que no saben si será, se pierden el instante, lo disponible, lo más parecido a lo real, porque lo real, lo único que realmente es, es un gerundio, el «siendo». Renunciar a conjugar los verbos; instalarte en la realidad del «siendo», es el camino del espíritu.La soledad consiste en la comprensión del «ahora eterno» que decía Eckhart. Solitario es, en esta primera aproximación, aquel que vive «consigo mismo», con ese «consigo mismo» tan difícil de localizar que cuando lo has conseguido ni siquiera él,el consigo mismo,tiene entidad.Fundidos en la divinidad percibimos la ilusión de la forma. El sí mismo del materialismo es algo definido meramente por una forma tan efímera como inconsistente: el cuerpo. Profundizar en nuestros niveles: pensamientos, emociones, sentimientos, nos permite alcanzar la conclusión de que el amor carece de estructura racional o lógica. No hay un sujeto que ama y otro que es amado; como te decía, el amor es sólo un gerundio: «amando». Por ello es tan complejo y difícil, porque elimina la noción de causa para concentrarse en el efecto de amar.De ahí que el conocimiento metafísico sea sólo experiencia. Nadie podrá demostrarme que no es lo que siento en un sintiendo real en plena soledad interior. Por ello mismo, la soledad, querido Luis, no es cruel; es sencillamente una felicidad. Pero es tan difícil conseguirla...Porque cuando la has alcanzado,cuando estás absolutamente solo, cuando ninguna de las cosas del mundo se instala en tu interior, cuando el ayer y el mañana desaparecen fundidos en su naturaleza de meras ilusiones, esa soledad genera un exquisito vacío, y ese vacío es la morada de la divinidad. Por eso, Luis, limpia tu interior a diario; la polvareda del mundo se deposita en él imperceptiblemente.Y ahuyenta lo divino.
Un abrazo.
h
Sábado, 8 de octubre de 2005
Querido Mario:
Muchas gracias por tu carta que, una vez más, he tenido que leer en más de una ocasión hasta entenderla. Durante la semana estoy con la cabeza en el trabajo y prefiero esperar al fin de semana, que estoy más fresco, para contestarte.
Al leer tu carta he visto que de alguna manera corroborabas algunas ideas importantes que a lo largo de estos años he defendido, con ilusión en lo personal, aunque me ha costado más de una incompresión. Y esta misma sensación la he tenido con todo lo referente a tu persona. Siempre me he sentido atraído por las personas que conocen los dos sabores del éxito. El contraste de ambos debe de ser muy enriquecedor.Y de lo que a veces no nos damos cuenta es que esa realidad, que en muchas ocasiones ignoramos,nos muestra el camino del conocimiento propio, que es el que nos permite actuar en consecuencia. Quiero creer que estoy empezando a disfrutar lo fascinante que es caminar por ese camino,«conjugando el siendo», como tú dices, y, por qué no, manteniendo una sana ilusión (dejando atrás el temor y la incertidumbre) ante el futuro.
Para esas personas que en estos años no hemos dejado de creer en ti,ver alimentada la fe al escuchar tus planteamientos es quizá una buena forma de comprobar que no nos equivocábamos, que lo que defendíamos sigue vigente.Decías que en esta vida es importante saber controlar tus miedos,y que «el mayor motivo de miedo es compartir espacio y tiempo con gente de ínfima calidad humana». La soledad en este caso puede actuar de escudo.
También me preguntaba si es compatible disfrutar del conocimiento espiritual,fruto de esa soledad,con adaptarse al ritmo de vida de esta sociedad,es decir,si es posible disfrutar de la soledad y a la vez sentirse integrado.En una cosa importante he avanzado desde que empezamos a escribir cartas:en reflexionar sobre la importancia del «siendo» y no temer al futuro, sobre todo cuando el presente es bueno, aunque mejorable.
Me gustaría formarme en el mundo y en el negocio de la banca, y me gustaría hacerlo sin dejarme llevar por el peso o la dirección predefinida de la tradición familiar.El sector financiero me parece interesante para formarse, pero poco propicio para desarrollar la creatividad de las personas. Por lo poco que he visto hasta ahora, en general me parece un sector muy parásito, con una mentalidad que, en muchas ocasiones, da muy poca importancia a las necesidades reales de los clientes. Estoy seguro de que nadie mejor que tú, que conoces los entresijos del mundo de la abogacía,empresarial y bancario,puede aportar una visión más curtida de lo que intento transmitirte.
Muchas gracias también por las líneas referentes a mi tío Luis. A veces creo que el silencio y la mirada que otorgan los años y la experiencia pueden ser un buen reflejo del acercamiento humano entre dos personas. Quiero creer que es así, y no me queda más remedio que aceptarlo. Me esfuerzo por ser agradecido y, precisamente por ello, me gustaría estar a la altura de lo que se puede esperar de mí. Lo contrario me convertiría en un desgraciado.Te decía que quería encontrar un camino sin romper necesariamente con el que tengo establecido. Llegué a la fácil conclusión de que no quería seguir en la autocomplacencia, pero tampoco en la rebeldía. Puede que haya otro camino más fascinante, y ése es el que estoy definiendo. Eso sí, desde ahora en adelante intentaré ser más concreto.
No sé si a esta edad conjugar demasiado el «siendo» es algo que nos podemos permitir cuando queremos darle una dirección apropiada a nuestras vidas. Quizá sea la mejor manera de encontrar esa dirección. Cuando termine mi estancia en Aus
tralia me gustaría tener claras algunas ideas, y me gustaría que el próximo mes de septiembre ya pueda dar un paso firme.Entre otras cosas estaba pensando capitalizar mi pequeña experiencia de análisis para introducirme en el private equity de la mano de un buen mentor personal y profesional con el que tengo confianza en París.
Seguí con mucho interés la aventura editorial que emprendiste con la revista MC y tu candidatura política encabezando la lista del Centro Democrático y Social.¿Crees que de haberlo intentado unos años más tarde (por ejemplo de aquí a un par de años) el desenlace hubiera sido distinto?
Un abrazo.
h
Lunes, 17 de octubre de 2005
Querido Luis:
Estos últimos días han traído dolor a personas a las que quiero. Mi hija Alejandra se casó el pasado 2004, en julio, en nuestro campo andaluz, en el sopié de la sierra sevillana. Su suegra, de apellido de soltera Vega-Penichet, era una mujer muy guapa, en plena vida, atravesando uno de esos momentos en los que te apetece vivir.La ceremonia resultó maravillosa y la comunicación entre nosotros bastante afortunada. Poco después, unos tres meses más tarde, en una montería en La Salceda, el campo que tenemos en Ciudad Real, comenzó a sentirse algo mal, pero sin que se mostraran al exterior signos de gravedad. Hoy, a las doce de la mañana, después de una agonía larga y penosa que comenzó el pasado martes, ha muerto.Tenía cincuenta y ocho años. La responsabilidad directa recae en un cáncer de pulmón. La mediata en el incognoscible orden del cosmos. Su padre también corrió la misma suerte a una edad algo más tardía, recién cumplidos los sesenta y dos, pero al igual que Margarita —así se llamaba— formó parte de las víctimas de ese cáncer que, según cuentan, cuando «da la cara» es ya demasiado tarde. Mi hija ha sufrido mucho. Su marido también. En el fondo,además de la tragedia del morir,subsiste la brutalidad de la posibilidad de que algo semejante se transmita por herencia. Comprendes que algo así añada temor sobre el dolor, y eso, al fin y al cabo, significa dolor sobre el dolor.
Hace unos días, conversando con ocasión de mi cumpleaños en los jardines de nuestra casa deTriana, le decía a Fernando, el marido de Alejandra,que la madurez de nuestra existencia reside,en gran medida,en deglutir lo inevitable,en convivir armoniosamente con lo insoportable.No podemos desentrañar las reglas de las Leyes superiores, dado que en nuestra insignificancia ni siquiera conocemos los más livianos pormenores de nuestro origen y destino, y consumimos nuestra existencia tratando de buscarle algo tan elemental como su propio sentido. Por ello, llevados de un inconcebible modelo llamado Razón,asignamos separaciones tajantes donde sólo existe continuidad, identificamos sujetos diversos donde sólo existe humanidad. Creamos «certeza» donde la ley para los humanos es simple incertidumbre,y todo ello nos reclama fijarnos en laVida como entidad absoluta. Escondemos la Muerte. La aceptamos como un inevitable pero no forma parte diaria de nuestras decisiones. Es,incluso,de mal gusto referirse a ella,como si se tratase de un pariente perdido cuya pertenencia deseamos ocultar a nuestra familia. Pero la Muerte es en esencia la misma Vida. Un día escribí algo así en una especie de diario íntimo de pensamientos que confeccioné en mis madrugadas carcelarias: «Me
asomé a la ventana de la morada de la Muerte y en su interior vi cómo refulgía exultante la Vida».Vida y Muerte, los dos aspectos inseparables de la existencia. Morir forma parte esencial de vivir.Pero nuestra cultura —por así llamarla— de Occidente no sitúa a la muerte en su plano adecuado y por eso, cuando llega, es una ceremonia triste, vestida de negro, incluso para los más fervorosos creyentes en laVida Eterna de contemplación del Padre, lo que, en gran medida, representa una contradicción profunda, porque ¿qué dolor puede causar la certeza de caminar hacia una vida superior? La certeza de muchas creencias no pasa de ser un refugio del miedo que proporciona la inevitabilidad de la duda. Algo así como bálsamo de angustias. Funciona, no me cabe duda,pero tiene una entidad más bien epidérmica.
Esta madrugada y muchas madrugadas medito sobre el morir. Como le comentaba a Fernando, a los humanos acostumbrados al manejo de la Razón les resulta inconcebible la idea del «jamás»;porque no pueden asumir el infinito,y sin esa percepción la capacidad de penetrar en estados superiores de conciencia es sencillamente nula.¿Te acuerdas de aquella definición de paralelas como dos líneas que confluyen en el infinito? Incluso así utilizan la expresión «confluyen», adornada de infinito,para no tener que escribir que no confluyen jamás. Aceptar el jamás es el paso siguiente en el proceso de deglutir con madurez lo inevitable. Pero si la vida y la muerte son sólo los dos aspectos de la existencia, percibes cómo vivir y morir son, sin solución de continuidad, las caras del «siendo». Sólo percibiendo su identidad de naturaleza comprendes la eternidad del ser, que se manifiesta en la vida y en la muerte, ambos como manifestaciones de la pura potencialidad del ser.
No me molesta en absoluto hablar del pasado y ni siquiera es capaz de producirme dolor;a día de hoy,no provoca siquiera un mínimo de irritación, como no sea por la propia ingenuidad de la que hice gala al creer durante tantos años de mi vida en el producto «individuo».Pero volvería por el mismo sendero si repitiera la existencia. Supongo que como yo muchos otros antes que yo y muchos otros después de mí.A la vista está que con tantos miles de millones de años de vida del producto siguen entre nosotros situados los mismos problemas que no sólo no somos capaces de darles solución sino que, al contrario, aumentamos en dimensión cuantitativa y cualitativa.Es lacerante asumir que en pleno siglo xxi el número de niños que mueren a diario, de personas que sufren hambre, pura y dura hambre,es mayor que en cualquier otro momento de la humanidad. Por ello, mis problemas sólo son reconducibles a un subproducto de los terribles desperfectos que causa el individuo en cuanto tal.Lo peor no consiste en haberlos sufrido sino en la conciencia de que carecen de solución, al menos mientras el individuo siga siendo educado del modo y manera en que se educa en la actualidad. La contumacia en el error es, al margen de la literatura confeccionada con palabras como solidaridad, amor, bondad y otras, lo que realmente nos define.
Me integro bien pero la brecha abierta en mi interior es profunda. Demasiadas cosas carecen ya del menor sentido. No habitan en mi interior, como te he contado en varias ocasiones, sentimientos de rencor,odio,venganza u otros de la familia. Al contrario: siento en muchos momentos profunda lástima por quienes consumen su existencia en el cultivo de las plantas de la crueldad, la envidia, el odio. Se pierden la verdadera dimensión humana de nuestra existencia. Ocurre que, al profundizar sobre el interior de uno mismo, al alcanzar algunos diminutos escalones de ascenso en el camino del espíritu, te alejas unos grados, y de modo definitivo, de situaciones que ya no aportan más que trozos de vanidad escritos en papeles inservibles de cara a la eternidad.
Me has recordado, con tu fin de semana, un trozo del viaje que Alejandra y Fernando realizaron cuando se casaron.Nunca he estado en Australia. Sentía curiosidad por conocer ese continente; ahora, a fuerza de sinceridad, se me ha pasado. Mi curiosidad se circunscribe a algo mucho más próximo y al tiempo más lejano: el viaje al interior de uno mismo.
Seguramente tendremos ocasión de vernos cuando vuelvas por aquí,pero mucho antes de que eso suceda seguiremos contándonos cosas.
Bueno, Luis, te dejo.Voy a ver si veo a mi hija.Volveremos pronto con nuestra correspondencia.
Un abrazo.
h
Viernes, 18 de noviembre de 2005
Querido Mario:
Ya te escribiré con calma,pero no quiero terminar el día sin comentarte tres cosas. La carta que me has enviado ha sido toda una carga de profundidad, me ha sorprendido porque no esperaba algo tan directo. Intentaré madurarla con calma. Anoche leí una noticia en internet en la que se decía que te habían concedido la libertad condicional; todo llega, y seguro que algún día también llegará la justicia. Camila ha venido a visitarme, grandes expectativas, ya te contaré. Gracias por tu amistad y sinceridad.
Un abrazo.
h
Sábado, 19 de noviembre de 2005
Querido Luis:
He pensado en ti en estas últimas semanas. Me alegro de ver que sigues bien y de que tu novia haya recorrido el mundo para verte. Gracias por tu felicitación, pero en realidad no es noticia porque de hecho en esa situación me encuentro desde julio pasado,de manera que la concesión actual me aporta más palabra que sustancia. Como me decía un periodista de raza hace unos minutos: «La noticia es por qué se convierte en noticia de portada de El País y El Mundo lo que en su fondo no es noticia». Así son las cosas. Espero tu carta.
Un abrazo para los dos.
h
Domingo, 20 de noviembre de 2005
Querido Mario:
¿Qué tal estás? Gracias por tu anterior carta y perdona el retraso en contestarte.Te estoy escribiendo desde el Hunter Valley, que se podría decir que es La Rioja australiana; es una zona donde se hace un buen Semillon Sauvignon Blanc, y donde elaboran un vino de una uva muy típica, shiraz, mezclada con un 8 % de viognier, una variedad de uva blanca. Me estoy aficionando mucho. Hemos venido el equipo de inversiones el fin de semana a hacer equipo y,con la excusa,jugar al golf y catar vino.
Estas dos últimas semanas,entre el trabajo y con Camila en
Sidney,he estado algo despistado.Llevamos saliendo casi cinco años y estoy contento porque me voy dando cuenta de que tiene todo lo que se le puede pedir a una novia:es buena,inteligente, cariñosa, atractiva y compartimos muchos valores e ilusiones. Creo que a su debido tiempo me casaré con ella, aunque por el momento ambos estamos siendo egoístas con nuestras oportunidades profesionales. Ella trabaja en París, en la revista Vogue americana,y yo estoy intentando capitalizar mi formación internacional al máximo,en lo que espero sea la semilla de un camino profesional firme, ya sea dentro de la banca, como algunas personas de mi entorno intuyo que esperan de mí,o creando circunstancias que me permitan dedicarme a otra actividad empresarial con independencia y éxito.Ésos son por el momento los dos caminos que contemplo en el horizonte. Quizá surja un tercero, quién sabe.
A veces pienso en la frase de ese gran pensador americano, Ralph Waldo Emerson: «No vayas a donde el sendero pueda llevarte, ve a donde no haya sendero y deja huella». Confío en que, a medida que me vaya conociendo más a mí mismo, pueda tomar decisiones e ir creando circunstancias que, como tú dices, me permitan caminar hacia mí mismo con honestidad. Experiencias como la de Australia son un auténtico lujo del que procuro sacar el máximo provecho. Cuando tenías mi edad, ¿tenías una idea clara de lo que querías hacer en la vida? ¿Cuál ha sido la persona que más te ha marcado en la vida?
¿Dónde estuvieron Alejandra y Fernando en Australia? Australia es un país que te encantaría, como intuyo que ya te habrá comentado tu hija.Desde la distancia se respira una sensación de libertad extraordinaria. Creo que, en muchos aspectos, los españoles tenemos mucho que aprender de los australianos. Desde aquí se ven las cosas desde otra perspectiva. A medida que tengo oportunidad de conocer Australia en mis fines de semana, cada vez me gusta más. De hecho no me importaría trabajar y vivir aquí. Aquí no hay miradas ajenas.Tú, que de verdad las has vivido,disfrutarías mucho si tuvieras ocasión de venir,conociendo un país tan moderno,fascinante,interesante y lejano. En definitiva, y es de las cosas que más me han llamado la atención, Australia es un país que no entiende de complejos históricos.
Menuda ingenuidad la mía. En algunos casos prefiero no enterarme demasiado de lo que pasa en España tal y como está el patio. Es posible que cuando regrese poco quede de España si Zapatero sigue,como hasta ahora,en planTerminator.Me da la impresión de que son pocos los periodistas que, presumiendo de independencia, no acaban cayendo en las garras de los grandes editores,algo por otra parte fácil de comprender.Quizá esa frase de un periodista a la que hacías referencia en la última carta sea en parte reflejo de ello.
Como tanta gente,aunque quizá de forma un poco prematura, desde mis catorce años disfrutaba con la lectura de esos libros que, de forma tan distinta, daban su versión de lo sucedido en España antes de la llegada del Partido Popular al gobierno, y en especial aquellos en los que aparecías como protagonista, antes y después de la intervención. ¿Cuál es el que más te llamó la atención de todos? De Jesús Cacho me atrajo el título que dio a uno de sus libros, M.C. Un intruso en el laberinto de los elegidos, aparte, por supuesto, de los históricos Asalto al poder (que bien podría parecer tu biografía autorizada) y Duelo de titanes.Recuerdo el libro de Raúl Heras La cacería como uno de los mejores; y tampoco puedo olvidar Banca y poder de González Urbaneja, y Los cómplices de MC de Pilar Ferrer y Luisa Palma. En otro orden, Camila me trajo el libro de César Vidal Los masones. Al ojearlo me fijé en la parte final que no hacía referencia a tu persona. Nunca entendí esas afir
maciones que te vinculaban con la masonería y, quizá, nunca he entendido qué es exactamente la masonería.
Recuerdo que fue mi madre quien, al encontrarse contigo en el AVE, te comentó mi curiosidad por el caso Banesto e hizo posible nuestro encuentro. Ella también se alegra mucho de que las cosas se vayan arreglando, y me ha pedido que te lo transmita.Mi padre siempre me comentó que Mario Conde es una de las personas más brillantes que ha conocido.Como en el caso de mi tío,desconozco con exactitud el tipo de relación entre vosotros;intuyo que cordial y respetuosa desde la distancia.
Hace aproximadamente seis meses que me propuse conocerme de verdad antes de emprender ningún camino firme. Coincido plenamente contigo en la importancia de este viaje (me estoy empezando a dar cuenta de ello), empiezo a ser consciente de la importancia de desconectar y disfrutar de la dulce soledad para encontrarnos con nosotros mismos. Siempre tuve un entorno demasiado protector a mi alrededor y ésa es la razón por la que disfruto tanto de la libertad, de la lejanía y la soledad.También creo que es desde la distancia cuando más cerca sientes a las personas a las que quieres.
Me llamó la atención cuando en una de tus cartas afirmabas que cometiste la ingenuidad de creer en el producto «individuo». ¿Cuál crees que es el verdadero cáncer de esta sociedad occidental incapaz de solucionar los verdaderos problemas? También me llamó la atención, aunque soy consciente de que probablemente tenga que esperar al libro,la afirmación de «que las normas legales residen en el movimiento diario del pan nuestro de cada día». Respecto a tus planteamientos en El Sistema, en el que describes con maestría las estructuras del poder en las cloacas del Estado, diez años después de su publicación es una pena comprobar manifestaciones de ello todos los días,en todas las parcelas de las relaciones de poder político-económicas en
España. Cuando lo leí por primera vez me costó entenderlo; ahora creo que puedo hacerme una idea de a qué se refería Manuel Pizarro, por poner un ejemplo, con motivo de la defensa de la OPA de Gas Natural sobre Endesa al referirse a «la arquitectura institucional de este país».¿Crees que algo ha cambiado para bien o para mal desde que formulaste esos planteamientos en 1994? Supongo que en algunos aspectos te recordará en algo la OPA de Gas Natural sobre Endesa a la del Banco de Bilbao sobre Banesto. En definitiva, y volviendo a tus planteamientos en El Sistema, me preguntaba si es posible salirse por la tangente del sistema sin necesidad de enfrentarte a él.
Cambiando de tema, debo reconocerte que me llamó la atención verte tan delgado en una de las fotos recientes. Espero que estés bien y que te vayas recuperando a pesar de las circunstancias y la dureza de estos últimos años.Tal vez sea cierta esa afirmación, creo que de Camilo José Cela, de que en este país «el que resiste, gana».
Un abrazo.
h
Lunes, 21 de noviembre de 2005
Querido Luis:
No sabría contestar a la pregunta de cuál es la persona que más me ha influido en mi vida; seguramente mi padre, porque me condicionó —en el buen sentido— en mi decisión de acudir a Deusto y en convertirme en abogado del Estado.Cierto que, al final,mi estancia en este cuerpo jurídico fue extraordinariamente corta —apenas tres años—,pero el mero hecho de per
tenecer a él condicionó mi andadura vital en determinados cruces de caminos existenciales. Por eso creo que la respuesta más sincera que puedo darte es mi padre.
Nunca tuve una idea exacta de qué quería hacer en la vida. Más bien he sentido influjos distintos y en muchos casos contradictorios. Como te digo,mi vocación por la abogacía del Estado se debe exclusivamente a mi padre; nunca me sentí atraído por lucir una toga para defender a un ente abstracto como ése. La enseñanza siempre me gustó y por eso dediqué esfuerzos a ser preparador de abogados del Estado en una época feliz de mi vida. La vocación empresarial surge a golpe de los hechos, no como un impulso a priori.En fin,que la vida ha abierto sus caminos en cada momento, en unas ocasiones debido a unas circunstancias y en otras a motivaciones o impulsos diversos. Supongo que es así como funciona todo; no creo que podamos disciplinar nuestro futuro con un cálculo previo de impulsos, costes y oportunidades. La vida se manifiesta como viene,como es,llena de imprevistos que son los que la convierten en atractiva. En la vida de casi todos los hombres que han tenido una trayectoria singular en un sentido u otro siempre se encuentra una encrucijada que los aleja de sus planes de juventud y hasta de sus impulsos primarios.Me parece que te escribí aquella frase de Einstein: «Vivo como un físico y muero como un místico». Resume en profundidad la búsqueda del verdadero camino que, como tantas veces nos hemos escrito, sólo reside en el interior de uno mismo. ¿Qué quisiera ser? Ese viajante hacia el interior de mí mismo que camina sin prisas,sin propósitos, deteniéndose en cada uno de los descansaderos del camino para contemplar la belleza del paisaje. Ayer, durante el almuerzo en La Salceda, comentaba con César Mora acerca de este asunto. Demasiadas cosas pierden sentido cuando las encuadras en una visión más global. Al profundizar en tu existencia, los aspectos, digamos, profesionales cobran un sentido meramente instrumental y es difícil que una persona llegue a «realizarse» (como dicen algunos) en una labor meramente profesional. Son,no me cabe duda,importantes,pero situados en ese justo contexto. Las estructuras sociales gozan de la misma cualidad instrumental.El hombre vive en sociedad en cuanto comparte espacio y tiempo con terceros, y ello exige el respeto a unas normas de comportamiento variables en el tiempo, pero que en nada conectan con la profundidad de su interior.
Creo que nunca quise ser nada que no haya sido, salvo, por ejemplo, catedrático de universidad, algo que me habría encantado. Por lo demás, las cosas externas no me preocupan. Desde siempre sostuve aquella frase de «yo no soy mis cosas», y en ese concepto de «cosas» incluyo, desde luego, el estatus profesional y el mundo social.Un poco lo que decían los sufíes: vivir en este mundo sin ser de este mundo.
Desde mi juventud Australia ejerció en mí una fascinación notable.No tengo idea exacta del porqué;tal vez por la noción de antípodas, pero me parece demasiado rebuscado; quiz
