—¿Por qué te aterroriza tanto querer más?
Un gran escritorio de roble me separa de Lynn. Ella se recuesta en la silla y mira por la ventana un instante. Estamos en el piso 42, casi al nivel de la niebla matutina, con vista al océano.
Incluso antes de formular la pregunta, sé que no le va a gustar.
Lynn es una de esas personas que describirías como eficientes al extremo. Es dedicada y resolutiva. Sus puntos fuertes son el pensamiento crítico y el liderazgo. La han ascendido tres veces en cinco años. La gente la admira. Dicen que va por buen camino, que tiene lo que hay que tener.
“Aterrorizada” no es como la mayoría la describiría. Pero yo lo sé.
Ella me devuelve la mirada y empieza a contestarme:
—Bueno, yo no diría que estoy…
Me inclino y niego con la cabeza.
Se detiene y asiente, alisándose el suave cabello castaño. Sabe que no podrá salirse por la tangente en estos momentos.
—Está bien —dice Lynn—. Puede que tengas razón. Tengo miedo de pasar al siguiente nivel.
Le pregunto por qué.
—Porque apenas estoy sobreviviendo a éste.
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Este libro habla de cómo algunas personas se vuelven extraordinarias y por qué otras bloquean esa posibilidad. Demostrará de una forma clara e inequívoca por qué algunas sobresalen, otras fracasan y, demasiadas, ni siquiera lo intentan.
Como coach de alto rendimiento he trabajado con mucha gente como Lynn. Los triunfadores luchan durante mucho tiempo y con muchas ganas para tener éxito, y se impulsan hacia adelante con determinación y energía. Y luego, en algún momento que nunca podrían haber previsto, se estancan, pierden la pasión o se agotan. Para aquellos que los observan puede parecer que son constantes y tranquilos mientras van avanzando. Pero en su interior los triunfadores suelen sentir que están dando vueltas, perdidos en un mar de prioridades y oportunidades. Se sienten inseguros sobre en qué centrarse o cómo replicar o aumentar su éxito con seguridad. Han llegado lejos en la vida, y aun así no disponen de principios uniformes con los que trabajar para mantener su éxito. Aunque son capaces, muchos viven con el miedo constante de que se quedarán atrás o fracasarán estrepitosamente a la hora de manejar las exigencias de la siguiente etapa del éxito. ¿Por qué el miedo y la dificultad? ¿Y por qué algunas personas se liberan de esta realidad, siguen subiendo cada vez más alto y disfrutan del vibrante bienestar que muchos otros envidian o consideran fuera de su alcance?
Para comprender el fenómeno, este libro reúne 20 años de investigaciones, 10 años de conocimientos obtenidos a partir del coaching de rendimiento de más alto nivel y un amplio conjunto de datos sobre personas de alto rendimiento de todo el mundo reunidos mediante encuestas, entrevistas estructuradas y herramientas de evaluación profesionales. Nos revelará lo que se necesita para convertirse no sólo en una persona triunfadora, sino en alguien con alto rendimiento, alguien que cree niveles de crecimiento constante, tanto de bienestar como de éxito externo a largo plazo.
Durante nuestro recorrido expondré muchos de los mitos que prevalecen sobre el éxito, como el motivo por el cual la determinación, la fuerza de voluntad, la práctica y las propias fuerzas y los talentos llamados naturales no bastan para llevarte al siguiente nivel en un mundo que te exige añadir valor, liderazgo y saber gestionar prioridades que compiten entre sí y proyectos complejos. Para alcanzar un alto rendimiento debes tener en cuenta algo más que tus pasiones y esfuerzos individuales, y tendrás que ir mucho más allá de lo que te gusta, lo que prefieres o lo que se te da bien por naturaleza, porque, para ser honesto, el mundo no se preocupa tanto de tus puntos fuertes y tu personalidad, sino por tu servicio y tus aportes significativos hacia los demás.
Cuando termines este libro nunca te volverás a preguntar qué es lo que se necesita realmente para tener éxito al comenzar un proyecto nuevo en el trabajo o perseguir un sueño atrevido e innovador. Te verás fortalecido y dispondrás de un conjunto de hábitos fiables (las investigaciones han demostrado que éstos funcionan con una amplia gama de personalidades y en distintas situaciones) para crear resultados extraordinarios a largo plazo. Tendrás una nueva sensación de energía vital y confianza por saber dónde centrar tus energías y cómo servir con la mayor eficiencia. Comprenderás cómo seguir creciendo después de disfrutar del éxito inicial. Si en alguna ocasión te ves arrojado a una situación en la que debes trabajar o competir con otros a los más altos niveles de desempeño, sabrás exactamente cómo pensar y qué hacer.
Esto no quiere decir que vayas a convertirte en un superhumano, ni que tengas que serlo. Tienes defectos; todos los tenemos. Aun así, cuando termines de leer este libro te dirás: “Al fin sé exactamente cómo estar siempre en mi mejor momento. Confío en mi capacidad para entender las cosas y soy totalmente capaz de superar la adversidad en mi camino hacia el éxito, durante el resto de mi vida”. Tendrás un sistema mental de trabajo uniforme y un conjunto de hábitos comprobados que conducen de un modo fiable a un éxito a largo plazo en una gran cantidad de situaciones y en muchos aspectos de la vida. En mi trabajo como coach de alto rendimiento he visto cómo estos hábitos transforman la eficiencia de las personas de cualquier estrato social, desde los directivos de las 50 mejores compañías según la revista Fortune hasta artistas, o desde expertos de primer nivel hasta estudiantes de preparatoria. Si alguna vez buscaste un camino formal, respaldado por la ciencia y comprobado sobre el terreno para mejorar tu vida, lo has encontrado en este libro.
Equipado con la información que aprenderás en las siguientes páginas, vivirás una vida en la que tu máximo potencial estará en juego, tendrás un sentido vital de bienestar, serás capaz de liderar a los demás hacia la excelencia y te sentirás profundamente realizado. Asumiendo que tienes una disposición y disciplina totales para conseguir los hábitos de alto impacto, estás a punto de entrar en un periodo muy transformador de tu vida y tu carrera. Estás a punto de convertirte en alguien aún más extraordinario.
¿POR QUÉ ESTE LIBRO? ¿POR QUÉ AHORA?
He tenido la suerte de capacitar a millones de personas en todo el mundo en su crecimiento personal y profesional, y puedo decir que es un sentimiento palpable en todas partes en este momento: la incertidumbre de la gente respecto a cómo seguir adelante y qué decisiones son las adecuadas para ella, su familia y su carrera es enorme. Las personas quieren ascender, pero no las tienen en cuenta. Trabajan muy duro, pero no logran abrirse camino. Están motivadas, pero no siempre saben exactamente lo que quieren. Desean perseguir sus sueños y, al mismo tiempo, tienen miedo de que las llamen locas o de que fracasarán si lo intentan.
Añádele además las constantes tareas, las dudas sobre uno mismo, las obligaciones no deseadas, las abrumadoras elecciones y responsabilidades… todo eso es suficiente para agotar a cualquiera. Muchos tienen la sensación de que la situación nunca mejorará y siempre estarán nadando en un mar revuelto de distracciones y decepciones. Puede que eso te suene extremo, pero es así. La gente es optimista y está dispuesta a cambiar, pero sin la dirección o los hábitos correctos se arriesga a vivir una vida aburrida, incoherente e insatisfactoria.
Claro que muchos viven una vida feliz y maravillosa. Pero la constancia puede ser un problema. Pueden sentirse capaces, incluso pueden sentir que están en “su mejor momento” de vez en cuando, pero siempre está ese abismo al otro lado. Así, se cansan de los altibajos de los mejores momentos. Se preguntan cómo alcanzar un crecimiento y un éxito intensificados y continuos. No necesitan simplemente trucos nuevos para estar de mejor humor o en mejor forma; necesitan habilidades y métodos reales para avanzar de una forma integral en su vida y su carrera.
Eso no es nada fácil. Aunque todo el mundo dice que quiere avanzar en todas las áreas de su vida, a muchos, como Lynn, les preocupa que perseguir sus sueños ocasione daños colaterales: relaciones rotas, ruina económica, ridículo social o un estrés insoportable. Es posible que, en algún momento, todos nos preocupemos por cosas así. ¿No es cierto que, aunque ya sabes cómo hacer las cosas, a veces limitas tu visión del futuro porque estás muy ocupado, estresado o ya te extralimitaste?
No es que seas incapaz de rendir mejor. Sabes que en ocasiones un proyecto en el trabajo lo haces perfecto, pero te cuesta sacar adelante otro parecido. Sabes que puedes ser la estrella de un ambiente social, pero no de otro. Sabes cómo motivarte, pero a veces te odias a ti mismo al final del día por no haber hecho otra cosa más que aventarte un maratón de tres temporadas en Netflix.
Es posible, también, que hayas notado que otras personas avanzan más rápido que tú. Puede que hayas visto a uno de tus colegas pasar grácilmente de un proyecto a otro, con un éxito tras otro, sin importar lo que se interponga en su camino. Es como si, sin importar en qué contexto, equipo, compañía o sector los sitúes, siempre van a ganar.
¿Quiénes son y cuál es su secreto? Son personas de alto rendimiento y su secreto son sus hábitos. La buena noticia es que puedes convertirte en una de ellas, y puedes sacar ventaja de los mismos hábitos, sean cuales sean tus antecedentes, tu personalidad, tus debilidades o tu campo de trabajo. Con la capacitación y los hábitos adecuados, cualquiera puede convertirse en alguien con alto rendimiento, y puedo probarlo. Por eso escribí este libro para ti.
CAMBIO DEL PUNTO DE PARTIDA
Muchos sentimos que hay una brecha entre nuestra vida ordinaria y la vida extraordinaria que nos gustaría tener. Quizá hace 50 años era más fácil ir por el mundo y salir adelante. El punto de partida para el éxito era más directo. “Trabaja duro. Sigue las normas. Mantén la cabeza baja. No preguntes demasiado. Sigue al líder. Tómate tu tiempo para dominar algo que te mantenga en activo.”
Sin embargo, 20 años después el punto de partida comenzó a cambiar. “Trabaja duro. Rompe las normas. Mantén la cabeza alta… los optimistas ganan. Pregunta a los expertos. Tú eres un líder. Date prisa y descubre cómo hacerlo.”
En la actualidad, para muchos, el punto de partida se siente lejano, borroso, casi inescrutable. Ya pasaron los días en los que nuestro trabajo era predecible y las expectativas de los que nos rodeaban eran “fijas”. El cambio se aceleró. Ahora todo parece caótico. Tu jefe, tu pareja o tu cliente siempre quieren algo nuevo, y de inmediato. Tu trabajo no es tan sencillo ni está tan compartimentado como antes. Y en caso afirmativo, las probabilidades de que una computadora o un robot te sustituya en breve son altas. Para agravar el estrés, ahora todo está conectado, así que, si echas algo a perder, arruinas toda una red de otras cosas. Los errores ya no son asuntos privados; son públicos y mundiales.
Es un mundo nuevo. La certeza es mínima y, sin embargo, las expectativas son altas. En lugar de mantras sobre trabajar duro, seguir las normas, mantener la cabeza baja o en alto, existe una regla no escrita, aunque sumamente aceptada: “Haz como si no estuvieras trabajando tanto, para que tus amigos queden impresionados con tus publicaciones y fotos de ocio en el desayuno, pero sí, trabaja mucho. No esperes instrucciones, porque no hay normas. Trata de mantener la cabeza en su sitio, porque es un mundo de locos. Haz preguntas, pero no esperes que nadie sepa las respuestas. No hay líderes, porque todos lideramos, así que encuentra tu ritmo para este momento y añádele valor. Nunca resolverás nada, simplemente sigue adaptándote, porque mañana todo vuelve a cambiar”.
Esto no sólo es desconcertante; salir adelante en medio del caos es como tratar de correr bajo tres metros de aguas turbias. No puedes ver hacia dónde vas. Tratas de avanzar a duras penas, pero no lo logras. Buscas ayuda, un borde, una cuerda, lo que sea, pero no encuentras aire ni escaleras que te permitan salir. Tus intenciones eran buenas, así como tu ética laboral, pero no sabes dónde aplicarlas. La gente confía en ti, pero tú no estás seguro de qué dirección tomar.
Incluso aunque no sientas que te estás ahogando, puede parecerte que te estás estancando. O igual tienes la sensación de un barco hundiéndose, crees que te dejarán atrás. Estoy seguro de que hasta ahora has seguido adelante gracias a tu pasión, agallas y trabajo duro. Habrás subido unas cuantas montañas. Pero las siguientes preguntas te están confundiendo: ¿Ahora hacia dónde? ¿Cómo seguir subiendo? ¿Por qué hay otros que suben más rápido que yo? ¿Cuándo, si es que lo logro, podré relajarme y echar raíces? ¿Siempre tiene que sentirse todo tan monótono? ¿De veras estoy viviendo mi mejor vida?
Lo que necesitas es un conjunto de prácticas en las que puedas confiar para dar rienda suelta a tus mejores capacidades. Estudia a las personas de alto rendimiento y verás que disponen de sistemas incorporados en su día a día que dirigen su éxito. Los sistemas son lo que separa a los profesionales de los novatos, y a la ciencia de la filosofía de poca monta. Sin los sistemas, no puedes comprobar las hipótesis, rastrear el progreso ni entregar resultados excepcionales sin cesar. Tanto en el crecimiento personal como en el profesional, estos sistemas y procedimientos son, básicamente, hábitos. ¿Pero cuáles funcionan?
QUÉ ES LO QUE NO ESTÁ FUNCIONANDO
Cuando tratamos de lidiar con las difíciles exigencias actuales, ¿qué consejos recibimos? Los mismos que llevamos oyendo desde hace cientos de años, aunque con algunos giros inesperados:
• Trabaja duro.
• Apasiónate.
• Concéntrate en tus fortalezas.
• Practica mucho.
• Mantente firme.
• Sé agradecido.
No hay duda de que estos consejos son populares, positivos y útiles. Son sólidos y atemporales. No puedes fallar con esta filosofía. Y definitivamente es un gran discurso de apertura.
¿Pero son adecuados estos consejos?
¿Conoces a personas muy trabajadoras que sigan todas estas pautas y, aun así, ni siquiera estén cerca del nivel de éxito y realización que quieren lograr en la vida?
¿No es cierto que hay miles de millones que trabajan muy duro y que son el último eslabón de la cadena? ¿No conoces a decenas de personas apasionadas en tu ciudad que se hayan estancado? ¿Acaso no has conocido a muchísima gente que sabe cuáles son sus puntos fuertes y, a pesar de eso, sigue costándole tener claridad, no tiene ni idea de qué hacer cuando comienza un proyecto nuevo y sigue siendo superada por personas con menos fortalezas?
Puede que todos ellos tengan que practicar más, ¿no crees? ¿Qué tal si ponen en acción la teoría de las 10 mil horas? Sin embargo, a pesar de las muchas horas de práctica, siguen perdiendo campeonatos. ¿Será cuestión de actitud? ¿Acaso deberían simplemente ser más agradecidos y conscientes? Pues también hay mucha gente que persevera agradecida en trabajos y relaciones sin futuro.
¿Cuál es el problema?
MI BÚSQUEDA DE UN CAMINO MEJOR
Yo era una de esas personas. De joven era de los que me ahogaba. A los 19 años estaba abatido y tenía tendencias suicidas después de mi ruptura con la primera mujer que había amado. Fueron tiempos oscuros. Irónicamente, lo que me sacó de ese desastre emocional en ese momento de mi vida fue un accidente de auto. Mi amigo iba manejando y nos salimos de la carretera a unos 140 kilómetros por hora. Los dos acabamos llenos de sangre y aterrorizados, pero vivos. El accidente cambió mi vida, ya que me dio lo que llamo “motivación de la mortalidad”.
He escrito sobre mi accidente en mis libros anteriores, así que sólo compartiré lo que aprendí: la vida es valiosa más allá de las palabras, y cuando se te da una segunda oportunidad (y cada mañana, cada decisión, puede ser esa segunda oportunidad) debes tomarte un tiempo para definir quién eres realmente y qué es lo que en verdad quieres. Me di cuenta de que no quería suicidarme; quería vivir. Me habían roto el corazón, sí, pero seguía queriendo amar. Sentía que me habían dado una segunda oportunidad, así que quise que valiera la pena, que marcara la diferencia. Vive. Ama. Importa. Esas tres premisas se convirtieron en mi mantra. Fue entonces cuando decidí cambiar. Fue entonces cuando comencé a buscar respuestas para vivir una vida más cargada y conectada y contribuir a la vida.
Hice todo aquello que es de esperar: leí todos los libros de autoayuda. Tomé clases de psicología. Escuché audios de programas motivacionales. Fui a seminarios de crecimiento personal y seguí la fórmula que todos apoyaban: trabajé duro, fui apasionado, me concentré en mis puntos fuertes, practiqué. Me empeñé en ello. Me sentí agradecido en ese viaje. ¿Y sabes qué? Funcionó.
Esos consejos cambiaron mi vida. Tras unos años terminé en un buen trabajo, con una buena novia, un buen grupo de amigos y un lugar decente en el que vivir. Tenía mucho por lo que sentirme agradecido.
Pero entonces, incluso cuando aún seguía poniendo en práctica todos esos buenos consejos básicos, me estanqué. Durante seis o siete años mi vida no avanzó tanto. Era exasperante. Hay algo frustrante en trabajar duro, ser apasionado y agradecido y, aun así, no avanzar, no sentirlo. También hay algo agotador al respecto: sobresalir en ocasiones, pero también sentirse exhausto muy a menudo; tener determinación y recibir una remuneración, pero no sentirse recompensado; estar motivado, pero no crear un impulso real; relacionarse con los demás, pero no llegar a conectar del todo; añadir valor, pero no marcar la diferencia. Ésa no es una visión de la vida que deseamos.
Poco a poco me fui dando cuenta de que había tenido algo de éxito, aunque no podía decir por qué. No era tan disciplinado como quería, estaba lejos de encontrarme entre los mejores y tampoco estaba contribuyendo al nivel que yo deseaba. Quería un plan estricto sobre lo que tenía que hacer cada día, y en cada situación nueva, para así aprender más rápido, contribuir mejor y, además, disfrutar más del trayecto.
Me di cuenta de que el problema con la vieja fórmula para el éxito —trabaja duro, apasiónate, concéntrate en tus puntos fuertes, practica mucho, empéñate en ello, sé agradecido— es que gran parte está dirigida hacia los resultados individuales y el éxito inicial. Todo eso te mete en el juego y te mantiene en él. Pero ¿qué ocurre después de haber obtenido esas primeras victorias? ¿Qué ocurre después de haber obtenido esas clasificaciones, logrado algo de pasión, conseguido ese trabajo o comenzado ese sueño, logrado algo de pericia, ahorrado algo de dinero, haberse enamorado, obtenido un poco de impulso? ¿Qué es lo que ayuda a estar entre los mejores, a liderar, a crear un impacto duradero por encima de ti mismo? ¿Cómo puedes generar la confianza que necesitas para alcanzar el siguiente nivel de éxito? ¿Cómo puedes mantener el éxito alegremente a largo plazo? ¿Cómo puedes inspirar y facultar a otras personas a que hagan lo mismo?
La respuesta a estas preguntas se convirtió en una obsesión personal y, finalmente, en mi profesión.
LECCIONES SOBRE EL ALTO RENDIMIENTO
Este libro es la culminación de los 20 años transcurridos desde que comencé a buscar respuestas a tres preguntas fundamentales:
1. ¿Por qué algunas personas y equipos tienen éxito con mayor rapidez que otras y mantienen dicho éxito con el tiempo?
2. De aquellos que lo logran, ¿por qué algunos son desdichados y otros felices durante el trayecto?
3. ¿Qué motiva a la gente a recurrir a niveles más altos de éxito, en primer lugar, y qué tipo de hábitos, capacitación y apoyos la ayudan a mejorar más?
Mi trabajo y mis investigaciones respecto a estas preguntas —lo que se conoce ahora como estudios sobre el alto rendimiento— me llevaron a entrevistar, capacitar o entrenar a muchas de las personas más felices y con más éxito del mundo, desde directivos a famosos, desde emprendedores de primera a artistas como Oprah o Usher, desde padres a profesionales en docenas de sectores y a más de 1.6 millones de estudiantes de 195 países de todo el mundo que han tomado mis cursos en línea o han visto mis videos.
Esta aventura me llevó a entrar en salas directivas llenas de tensión y en los vestidores del Super Bowl, a pistas olímpicas, subí a helicópteros privados con multimillonarios y me senté a la mesa de muchas personas en todo el mundo, donde hablé con mis estudiantes, los participantes en mis investigaciones y gente corriente que se esforzaba por mejorar su vida.
Este trabajo me ayudó a crear el curso en línea más famoso sobre alto rendimiento, el boletín más leído relacionado con el tema y el mayor conjunto de datos sobre las características de las personas de alto rendimiento contadas por ellas mismas. También culminó con la fundación del High Performance Institute, donde, junto con un equipo de académicos, llevé a cabo una investigación sobre cómo piensan las personas de alto rendimiento, cómo se comportan, cómo influyen a otros y cómo ganan. Hemos creado la única evaluación sobre rendimiento aprobada en todo el mundo, además del primer programa de certificación profesional sobre este campo: Certified High Performance Coaching™. Hemos tenido la suerte de poder entrenar, capacitar y dar seguimiento a más personas de alto rendimiento que cualquier otra organización en el mundo, y yo personalmente certifiqué a más de 200 coaches de alto rendimiento de primer nivel al año.
Este libro está lleno de todos los conocimientos obtenidos gracias a dichos esfuerzos. La investigación no sólo abarca 20 años de mi propio crecimiento personal y experimentación, sino que también incluye información sobre intervenciones de coaching con miles de clientes, evaluaciones detalladas del antes y el después de miles de asistentes a los talleres, entrevistas estructuradas con cientos de personas en la cumbre de sus áreas, conocimientos recogidos a partir de críticas de textos académicos y cientos de miles de comentarios codificados de mis estudiantes y de mis videos gratuitos de capacitación en línea, que han recibido más de 100 millones de visitas.
Gracias a este vasto conjunto de datos y a dos décadas de experiencia he encontrado hábitos que han sido probados y comprobados tanto en contextos personales como profesionales. Esto es lo que aprendí:
Con los hábitos correctos, cualquiera puede aumentar drásticamente sus resultados y convertirse en una persona de alto rendimiento en casi cualquier campo.
El alto rendimiento no está muy correlacionado con la edad, la educación, los ingresos, la etnia, la nacionalidad ni el sexo. Esto significa que muchas de las excusas que utilizamos para explicar por qué no podemos tener éxito son erróneas. El alto rendimiento no se logra por ser un determinado tipo de persona, sino gracias a un determinado conjunto de prácticas, a las que llamo hábitos de alto impacto. Cualquiera puede aprenderlos, sean cuales sean sus fortalezas, su experiencia, su personalidad o su cargo. Las personas a las que les cuesta avanzar pueden usar este libro para revitalizar su vida, seguir adelante y alcanzar su potencial. Y aquellas que ya tienen éxito pueden usar estas páginas para pasar al siguiente nivel.
No todos los hábitos se crean de la misma forma.
Resulta que hay hábitos malos, buenos, mejores y excelentes para alcanzar tu máximo potencial en tu vida y tu carrera. Es importante saber qué prácticas en tu vida van en primer lugar y cómo se ordenan para crear hábitos eficientes. Si hay algo especial sobre el trabajo de mi equipo de investigadores es que hemos descifrado el código y hemos descubierto qué hábitos son los más importantes y cómo puedes establecer prácticas que los fortalezcan y los mantengan. Sí, puedes comenzar un diario de agradecimientos y esto te hará más feliz, pero ¿es eso suficiente para impulsarte hacia el progreso real en todos los aspectos de tu vida? Sí, puedes comenzar una nueva rutina por las mañanas, pero ¿será eso suficiente para mejorar de forma significativa tu rendimiento y felicidad en general? (La respuesta es no, por cierto.) Entonces, ¿dónde enfocarse? Hemos descubierto que seis hábitos conscientes pueden hacer que la balanza se incline para ayudarte a alcanzar el alto rendimiento en múltiples áreas de tu vida. También descubrimos que hay hábitos para avanzar de forma estratégica y hábitos estratégicos para disfrutar de la vida. Los aprenderás todos.
Los logros no son tu problema; el posicionamiento, sí.
Si estás leyendo estas palabras significa que los logros no son el problema. Ya sabes cómo fijar objetivos, hacer listas de comprobación o resolver pendientes. Te preocupas por sobresalir en el campo que elijas. Sin embargo, lo más probable es que estés pasando por una fase de cierto estrés y agobio. Puedes cumplir, seguro, pero vas a aprender algo que todo triunfador debe descubrir: sólo porque la gente quiera cargarte de trabajo porque eres bueno no significa que debas dejarla hacerlo. Lo que puede lograrse no siempre es lo importante. Hay muchísimas cosas que puedes hacer. Por eso, la pregunta esencial cambia de “¿cómo puedo lograr más?” a “¿cómo me gustaría vivir?” Este libro es un plan de escape de la singular y antinatural búsqueda del éxito externo por el único motivo del logro por el logro en sí mismo. Se trata de reposicionar tus pensamientos y comportamientos de modo que puedas experimentar crecimiento, bienestar y realización conforme vayas avanzando.
La certeza es la enemiga del crecimiento y del alto rendimiento.
Hay demasiadas personas que quieren tener certeza frente al caos de este mundo. Pero la certeza es el sueño de los tontos y, por lo tanto, la ventaja para los charlatanes. La certeza acaba por cegarte, te establece límites fijos o falsos y crea hábitos “automáticos” que se convierten en pensamientos pésimos y predecibles y abren las puertas a tus competidores para que te sobrepasen. Las personas que tienen certeza están más cerradas a aprender, son más vulnerables al dogma y tienen mayor probabilidad de que las ataquen por la espalda y que sean rebasadas por aquellos que innovan. Aprenderás que las personas de alto rendimiento dejan atrás su necesidad juvenil de certeza y la sustituyen por curiosidad y auténtica confianza en sí mismas.
La tecnología no nos salvará.
Nos han vendido la idea de esa visión seductora de un mundo en donde los nuevos dispositivos nos harán más inteligentes, más rápidos y mejores. Pero muchos ya estamos comenzando a ver más allá de los focos mediáticos. Las herramientas no pueden sustituir a la sabiduría. Podrás tener todos los dispositivos del mundo y meterte de lleno en el movimiento del “yo cuantificado” (quantified self), en donde cada paso, cada segundo de sueño, cada latido del corazón y cada momento de tu día se registran, se puntúan y se ludifican. Sin embargo, aunque mucha gente está conectada y registrada, sigue teniendo problemas y estando sola. Demasiada gente se está registrando en todas las aplicaciones y estadísticas y, aun así, sigue perdiendo el contacto con sus ambiciones reales y su espíritu. En medio de todo el entusiasmo generado por la tecnología que mejora nuestra vida, resulta que lo que más sirve para cumplir con el trabajo son los sencillos hábitos humanos de alto rendimiento.
¿QUÉ ES EL ALTO RENDIMIENTO?
Para los fines de este libro, el alto rendimiento se refiere a tener éxito por encima de las normas estándar de una forma constante y a largo plazo.
Sea cual sea el modo en el que definen el éxito en cualquier campo, alguien de alto rendimiento (sea una persona, un equipo, una compañía o una cultura) simplemente lo hace mejor durante periodos más largos. Pero el alto rendimiento no se trata sólo de mejoras que nunca terminan. Una simple mejora no siempre acaba en alto rendimiento. Muchas personas están mejorando, pero no por eso se están superando; se van moviendo paso a paso hacia adelante, al igual que todos los demás. Mucha gente logra progresos, pero no un impacto real. Quienes alcanzan su máximo rendimiento incumplen las normas. Exceden constantemente las expectativas y los resultados esperados.
El alto rendimiento también es muy distinto al simple desarrollo de la experiencia. La misión no consiste sólo en aprender una nueva habilidad u otro idioma, o convertirse en un maestro del ajedrez, un pianista de fama mundial o un directivo. Aquellos que alcanzan el alto rendimiento en cualquier campo no nada más son buenos en una tarea o habilidad; también aprendieron las competencias adyacentes necesarias para complementar una destreza determinada. No son estrellas efímeras con un único éxito. Disponen de numerosos conjuntos de habilidades que les permiten tener éxito a largo plazo y, lo que es más importante, liderar a los demás. Ponen en práctica metahábitos (hábitos que los ayudan a manejar sus hábitos) que les permiten sobresalir en múltiples áreas de su vida. Un mariscal de campo ganador del Super Bowl no sólo sabe cómo lanzar el balón. Tiene que dominar la fortaleza mental, la nutrición, la autodisciplina, el liderazgo de equipo, la fuerza y la condición física, la negociación de contratos, el fortalecimiento de la marca, y muchos otros temas. Alguien que alcanza un alto rendimiento en cualquier profesión debe ser competente en muchas de las áreas que se interrelacionan con dicha profesión.
En nuestra definición de alto rendimiento, “constantemente” seguido de “a largo plazo” puede parecer redundante. Sin embargo, los dos son, de hecho, distintos. Por ejemplo, quienes alcanzan alto rendimiento no “terminan” con éxito en el último minuto de una década de esfuerzos. Ni se estrellan en la línea de meta del éxito. Son constantes. Superan las expectativas con regularidad. Hay una constancia en sus esfuerzos que elude a sus colegas. Por esa razón, cuando los miras después de su éxito, te das cuenta de que no son ganadores por sorpresa.
Como aprenderás, para cumplir esta definición de “tener éxito por encima de las normas estándar de una forma constante y a largo plazo” son necesarios hábitos que protejan tu bienestar, conserven relaciones positivas y te garanticen que sirves a los demás según vas ascendiendo. No puedes vencer las normas si has dejado la piel trabajando. Resulta que el éxito sostenido de los que alcanzan un alto rendimiento se debe en gran medida a su planteamiento positivo para enfrentarse a la vida. No sólo se trata de los logros en una profesión o en un solo tema de interés. Se trata de crear una vida de alto rendimiento, en la cual experimentes una sensación continua de compromiso, alegría y confianza total que provenga de ser la mejor versión de ti mismo.
Ésa es la razón por la que la estrategia del alto rendimiento va más allá de esos conceptos conocidos, como “concéntrate en tus fortalezas” y “dedícale las 10 mil horas”. Muchas personas tienen unas fortalezas personales increíbles, pero acaban con su salud en su búsqueda del éxito y, por tanto, no pueden mantener un alto rendimiento. Muchos practican o le dedican de forma obsesiva las horas hasta tal punto que destruyen las relaciones que necesitan para apoyar su crecimiento constante. Alejan al coach que estaba ayudándolos a avanzar; arruinan una relación, y las repercusiones emocionales los sacan del juego; decepcionan a sus inversionistas y, de repente, ya no entra capital para que puedan seguir creciendo.
Yo me preocupo por que tengas éxito y, además, una vida agradable llena de emociones y relaciones positivas.
El alto rendimiento, según mi definición y como confirman los datos, no se trata de avanzar a toda costa. Se trata de formar hábitos que te ayuden tanto a sobresalir como a enriquecer todos los aspectos de tu vida.
Las organizaciones también se mueven en la escala del alto rendimiento. Hoy más que nunca las organizaciones mundiales luchan por permanecer al frente de forma constante. Muchos altos directivos están luchando contra las culturas organizativas indiferentes o de bajo rendimiento. Buscan desesperadamente asumir visiones audaces y presionar más a sus empleados, pero ya se dieron cuenta de que éstos se están agotando. Por eso a los ejecutivos les encantará este libro: estarán felices de saber que sus organizaciones pueden estar saneadas y tener un alto rendimiento. De hecho, para conseguir lo último es necesario lo primero. Los hábitos que aparecen en este libro funcionan tanto para equipos como para las personas por separado.
Para aquellas personas muy exitosas y los líderes que quieran ayudar a sobresalir a sus organizaciones: confíen en que pueden alcanzar el siguiente nivel del éxito de forma más sensata, rápida y segura que la última vez. De hecho, hay una mejor manera de vivir y liderar, y la buena noticia es que no es ningún misterio. Los hábitos de alto impacto que aparecen en este libro son precisos y factibles, pueden repetirse cuantas veces quieran, pueden expandirse y son sustentables.
QUÉ SABEMOS DE QUIENES ALCANZAN UN ALTO RENDIMIENTO
¿Qué sabemos sobre las personas que tienen éxito por encima de las normas estándar de una forma constante y a largo plazo?
Las personas de alto rendimiento tienen más éxito que sus colegas y, aun así, están menos estresadas.
La creencia de que tenemos que sonreír y soportar cada vez más cargas y ansiedad conforme vamos teniendo más éxito no es cierta (siempre que tengamos los hábitos adecuados en la vida). Puedes vivir una vida extraordinaria muy distinta a la batalla que libra la mayoría de las personas al luchar por sobrevivir o experimentar logros únicamente por accidente. Esto no quiere decir que aquellos que alcanzan un alto rendimiento nunca se sientan estresados —también les pasa—, pero lo sobrellevan mejor, resisten más y experimentan menos bajadas de rendimiento causadas por el cansancio, las distracciones o los agobios.
A las personas de alto rendimiento les encantan los retos y se sienten más seguras de que lograrán sus objetivos a pesar de la adversidad.
Son demasiadas las personas que evitan cualquier riesgo que implique dificultad en su vida. Temen que no puedan soportarla o que las juzgarán o rechazarán. Las personas de alto rendimiento son distintas. No es que no alberguen ninguna duda en sí mismas. Es que están deseando probar cosas nuevas y creen en sus capacidades para sacarlas adelante. No se encogen ante los retos y eso no sólo las ayuda a progresar en la vida, sino que también inspira a los que las rodean.
Las personas de alto rendimiento gozan de mejor salud que sus colegas.
Comen mejor. Hacen más ejercicio. El 5% de los mejores dentro de los que alcanzan un alto rendimiento tienen 40% más de probabilidades de hacer ejercicio tres veces a la semana. Todo el mundo quiere estar sano, pero es posible que crean que tienen que canjearlo por el éxito. Están equivocados. En una encuesta tras otra descubrimos que los de alto rendimiento gozan de más energía, tanto mental como emocional y física, que sus colegas.
Las personas de alto rendimiento son felices.
Todos queremos ser felices. Pero muchas personas son triunfadoras infelices. Logran resolver muchos asuntos, pero no se sienten satisfechas. No ocurre lo mismo con las personas que alcanzan alto rendimiento. Resulta que cualquiera de los hábitos de alto impacto que hemos descubierto, incluso aunque se practiquen sin los demás, aumenta la felicidad de la vida en general. Aplicados en su conjunto, los seis hábitos que aprenderás aquí no sólo te llevarán a la excelencia, sino que te harán más feliz… y los datos lo demuestran. Las emociones positivas de compromiso, alegría y seguridad que definen el estado emocional de aquellos que alcanzan un alto rendimiento pueden ser las tuyas.
Las personas de alto rendimiento son admiradas.
Sus colegas las respetan, aunque quienes alcanzan un alto rendimiento consigan mejores resultados que ellas. ¿Por qué? Porque para convertirse en una persona de alto rendimiento el ego pasa a un segundo plano frente a la actitud de servicio. Las personas de alto rendimiento han dominado el arte de influir en los demás de tal forma que éstos se sienten respetados, valorados y apreciados, y con mayores probabilidades de convertirse también en personas de alto rendimiento.
Las personas de alto rendimiento obtienen mejores calificaciones y alcanzan puestos de éxito de mayor nivel.
El alto rendimiento está estadísticamente correlacionado con el promedio general. En un estudio con 200 atletas universitarios, descubrimos que cuanto mayor era su puntuación en el indicador de alto rendimiento (High Performance Indicator, HPI) —una herramienta de evaluación para medir el potencial de alto rendimiento— mayor era su promedio. Aquellos con alto rendimiento también tienen mayor probabilidad de convertirse en directivos y altos ejecutivos. ¿Por qué? Porque sus hábitos los ayudaron a liderar a otras personas y a subir en el organigrama.
Las personas de alto rendimiento trabajan con pasión, no dan importancia a las recompensas tradicionales.
El alto rendimiento no tiene correlación con la compensación económica. Esto significa que lo que te pagan no afecta tus probabilidades ni tu capacidad para funcionar a un alto nivel. Las personas de alto rendimiento no trabajan duro por el dinero, sino por algo llamado necesidad, de la que hablaremos enseguida. No les importan los trofeos, los premios ni las bonificaciones; les importa el significado. Por eso, en las encuestas, las personas de alto rendimiento casi siempre indican que se sienten bien recompensadas sea cual sea su nivel de ingresos. En muy pocas ocasiones sienten que su trabajo es poco agradecido o que los demás no valoran su arduo trabajo. No es porque su trabajo sea único o sea siempre su trabajo soñado. Más bien es que se lo plantean con un propósito, y eso las ayuda a sentirse más comprometidas, competentes y satisfechas.
Las personas de alto rendimiento son asertivas (por los motivos correctos).
Se meten en experiencias y se expresan, no para “conquistar”, ni siquiera para competir; son asertivas porque tienen el hábito del valor para compartir ideas nuevas, participar en conversaciones complejas, expresar sus verdaderos pensamientos y sueños y defenderse. Los datos también muestran que hablan en nombre de los demás y defienden las ideas de otros con mayor frecuencia. Es decir, están perfectamente enfiladas para llegar a ser líderes directos e inclusivos.
Las personas de alto rendimiento sirven y ven más allá de sus fortalezas.
Existe la creencia de que deberíamos centrarnos en nuestras “fortalezas” innatas. Pero la época de mirarse el ombligo pasó hace mucho tiempo. Debemos ver más allá de lo que nos es dado de forma natural y convertirnos en lo que tenemos que ser para crecer, servir y liderar. Las personas de alto rendimiento lo consiguen. Se preocupan menos por “encontrar sus fortalezas” y más por “adaptarse y servir” —por eso investigan qué es lo que necesita arreglarse y se convierten en la persona que puede hacerlo—. No se preguntan con tanta frecuencia “¿quién soy y para qué soy bueno?”, sino más bien “¿qué se necesita para ser útil aquí y cómo puedo convertirme en ello o liderar a los demás para que lo logren?” Las personas de alto rendimiento no informan que trabajan en sus fortalezas más que otras personas, por lo que ese planteamiento no es lo que les da la ventaja.
Las personas de alto rendimiento son singularmente productivas: han llegado a dominar la producción prolífica de calidad.
Sea cual sea el campo, producen más resultados de calidad relevantes para dicho campo. No quier
